Profundizando
3. La luz de Efraim
El Amor, La Mujer Judía y El Matrimonio
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¿Cómo estar seguro de que es tu media alma?

“La pregunta es”, comentó Adam, “¿cómo puede el hombre estar seguro de que una mujer es su verdadera media alma, especialmente si aceptamos que podemos haber tenido otras vidas? Y usted me enseñó, Rab, que después de la muerte del hombre, se reúne con su verdadera compañera del alma en Edén”.

“Lo que quise decir es esto: cada vez que se encuentra en cierta encarnación, debe tener la conciencia que junto a él está su verdadera compañera del alma; o sea, que la mujer con la que se casó después de infinitas cavilaciones, es su media alma. Debe tener fe y creer que el hecho de que esté casado con ella no es porque terminó por decidirse, sino que es una señal que Dios se la escogió y arregló que se casara con ella. Si se comporta ella de forma antagonista, le está dando la oportunidad de rectificar sus defectos de carácter. El hecho de que están juntos significa que Dios les confió a los dos un tikkún que sólo pueden cumplir al estar juntos, un trabajo que sólo puede él hacer con ella, y ella con él”.

“Es muy difícil aceptar eso que ha dicho”, musitó Rajel. “Y en cuanto a las relaciones conyugales, ¿también ahí debe empujarles el deber?”

“Es la manifestación física de un elemento espiritual, y como tal, puede considerarse un deber en el sentido que es una mitzvá—llamada oná—pero, ¡es muchísimo más que eso! Por lo tanto, cuando están ambos en un grado elevado de conciencia Divina, se juntan con la intención de cumplir esta mitzvá, sabiendo que si efectúan el acto conyugal con modestia y kedushá, aumentarán el grado de unión entre las fuerzas celestiales. Al mismo tiempo, sin embargo, ¿qué duda cabe que su acto exprese la profundidad de sus sentimientos mutuos?”

“Por favor, háblenos de este aspecto íntimo de la unión matrimonial, Rab”, pidió Adam. “Hasta ahora nos hemos enfocado mayormente en el lado negativo del acto sexual. ¿Cuáles son las expresiones de su lado correcto?”

“Tienes razón. Ha llegado el momento de hablar de ello. Según la mitzvá de oná el hombre debe satisfacer a su esposa, no sólo físicamente sino también emocionalmente. El marido debe comprender que ella tarda más tiempo que él en estimularse, y debe ajustar su ritmo al de ella tanto antes como en el proceso de las relaciones. Y si tienen problemas deben de consultar a una especialista en el tema”.

“Como decía, aunque las relaciones matrimoniales deben llevarse al ritmo de la mujer, ella también debe estar conciente del ritmo de su marido. El grado de sensibilidad de cada cónyuge hacia el otro refleja su nivel de humildad.

“Y quiero añadir una recomendación, basado en las enseñanzas de la dimensión interna de la Torá: después de que la mujer haya estado con su marido, es importante que no se separe de él de inmediato. Debe esperar hasta que él sienta, por la flacidez de su miembro, que ya se ha vaciado todo el esperma. Además de eso, ella debe permanecer acostada un rato más, como diez minutos, después de que se separa de ella.

“Ambos cónyuges deben tener la intención de santificar sus relaciones matrimoniales, y el modo de hacerlo es igual que para cualquier otra mitzvá; es decir, evitar pensamientos ajenos, y tratar de enfocarse en pensamientos de kedushá. Tienen que concentrarse en la intención y súplica al Todopoderoso de traer al mundo hijos temerosos de Dios, o bien en el deseo de brindar placer y plenitud uno al otro.

“Otros niveles de intención pueden incluir el profundo deseo de causar la dicha celestial aumentando la unificación entre El Altísimo y la Shejiná“.

“¿El acto matrimonial tiene tanta influencia arriba?” preguntó Rajel.

“¡Por supuesto! Les vengo diciendo que cualquier acto de este mundo tiene directa repercusión en el ámbito celestial”.

“¡El matrimonio es un gran desafío!” exclamó Adam. “Probablemente por eso es lo que más ayuda al hombre a lograr la plenitud espiritual. ¡Pero no depende sólo del individuo poder casarse!”

“Es innegable que existen algunos individuos temerosos de Dios que han sido incapaces de encontrar consorte, a pesar de su genuino esfuerzo. Tal es el decreto Divino respecto a ellos, por razones que sólo pertenecen a El Altísimo, pero como dicen, `la excepción confirma la regla`. Nadie puede determinar que en su propio caso, no vale la pena seguir tratando, y considerarse en este último grupo”.

Simcha Benyosef

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