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¿Cómo alimentar el alma?

Extraído de Hacia una vida plena de sentido

¿POR QUé SEMEJANTE CONFLICTO ENTRE EL CUERPO Y EL ALMA?

El cuerpo y el alma están en perpetuo combate; todo conflicto humano surge de la dicotomía de cuerpo y alma, de la tensión entre nuestro yo corporal y la necesidad de trascendencia. ¿Por qué sucede esto?
Porque Di-s creó el cuerpo y el alma en dos fases distintas, tomando polvo de la tierra y soplando luego en él el aliento y alma de vida (Génesis 2:7) ¿Por qué creó nuestro cuerpo y alma por separado, a diferencia de lo que hizo con todas las otras criaturas? Para que el hombre siempre reconociera que hay dos fuerzas distintas en la vida, la material y la espiritual. El lado material es bajo, como el polvo de la tierra, mientras que el lado espiritual viene del sitio más profundo posible, de Di-s.
En el comienzo, cuerpo y alma estaban unidos. El cuerpo reconocía su papel como vehículo para la expresión del alma, y el alma reconocía su necesidad del cuerpo para concretar la voluntad de Di-s. Adán y Eva, en consecuencia, (Génesis 2:7) no se avergonzaron de su desnudez,’ pues ésta era tan inocente como la desnudez de un recién nacido.

Pero el primer pecado creó la conciencia del Yo; el yo egoísta independiente había nacido, divorciado de la voluntad e intenciones de Di-s. Los ojos de Adán y Eva ‘se abrieron’ y se avergonzaron de su desnudez, porque experimentaron sus cuerpos como una entidad distinta y percibieron su sexualidad como algo separado de su divina misión. Lo humano se dividió en dos: nuestros deseos materiales y nuestros deseos espirituales. Desde ese momento, nuestra misión incluye la restauración de la armonía entre cuerpo y alma.

De modo que en realidad estamos compuestos de dos elementos distintos, como los hermanos gemelos jacob y Esaú, peleando dentro del vientre de su madre. jacob era el hombre manso, el estudioso, mientras que Esaú era el guerrero, el hombre de acción.’ El cuerpo es el guerrero dentro de nosotros, la fuerza agresiva con capacidad para dominar los elementos de este mundo. En este mundo material, el cuerpo sirve para proteger al alma vulnerable. Un cuerpo sin alma, sin embargo, sería un agresor peligroso sin objetivo ni conciencia.

Y aun así la escisión persiste. Para el alma, el cuerpo es inicialmente una presencia tosca que necesita constante indulgencia. Mientras el alma quiere alcanzar el éxtasis espiritual, el cuerpo necesita comer y dormir. Para el cuerpo, el alma es inicialmente una molestia, una conciencia, que siempre está limitando la conducta del cuerpo.

¿Por qué creó Di-s el potencial para semejante conflicto?
Porque el alma necesita ser desafiada y el cuerpo refinado, y la tensión entre los dos en última instancia saca a luz lo mejor de ambos. En última instancia, el cuerpo y el alma deben comprender que son más fuertes con el otro que sin él. Es la resistencia misma del cuerpo la que revela la creatividad al alma, mientras que la orientación del alma le permite al cuerpo usar su fuerza para bien. Un río tormentoso tiene una cierta cantidad de energía, pero cuando, se pone un dique y esa energía es controlada, puede multiplicarse muchas, muchas veces.

¿QUé PODEMOS HACER CON ESTE CONFLICTO?

El primer paso en el tratamiento de este conflicto entre cuerpo y alma es reconocer que el combate existe, y tomar conciencia de las dos fuerzas distintas. En tanto pensamos que somos una entidad monolítica estamos sufriendo una confusión existencias, y esa confusión causa parálisis. Oscilamos entre las demandas del alma y el cuerpo sin reconocer nunca la necesidad de fundirlos en uno. Un día somos virtuosos, al siguiente somos egoístas; un día estamos motivados, al siguiente postergamos todo trabajo.

El modo de aliviar la tensión entre el cuerpo y el alma no es negar a uno de ellos sino integrarlos con vistas a la consumación de un objetivo: espiritualizar lo material. Todas las fuerzas y experiencias del cuerpo están dirigidas a asistir a las
nobles y trascendentes tareas del alma.

El único modo de unir cuerpo y alma es reconocer que Di-s está mucho más alto que nuestras limitadas personas, es mucho más grande que cuerpo y alma juntos. Esto exige un grado de humildad, pues la persona tiende a ser autocomplaciente por naturaleza. El alma, en razón de su naturaleza trascendente, puede elevarse por encima del egoísmo con más facilidad que el cuerpo, y puede disciplinar al cuerpo, mediante el estudio y la acción, a reconocer su verdadera misión. Sólo entonces puede el cuerpo alzarse a su verdadera importancia: cuando sirve como vehículo para el alma en lugar de actuar bajo su propio impulso, movido por sus propias necesidades. Podemos análogamente experimentar “arrogancia espiritual’ al aislarnos y descuidar el cuerpo y sus necesidades. Pero el ascetismo no es una opción. Di-s nos dio un cuerpo para refinarlo y elevarlo, para unirse al alma en su viaje.

Una herramienta importante para enfrentar el conflicto entre cuerpo y alma consiste en permitir que el alma anhele, que se remonte hacia lo sublime. ¿Qué significa esto en términos prácticos? Reconocer siempre que no somos totalmente materiales. Sí, tenemos que comer y dormir y pagar las cuentas, pero no es por eso que estamos aquí; estamos aquí para sacar a luz lo mejor de nuestra alma, y para refinar el cuerpo. Pero en razón del elemento físico de nuestro cuerpo, corremos el riesgo cierto de quedar empantanados en el lodo del materialismo. Hay una cierta tristeza en eso, que hace llorar al alma. De ahí que debamos escuchar cuando el alma pide un alimento mejor que el que se le está dando; escuchemos la voz interior que expresa duda y tristeza cuando nos hundimos exclusivamente en cuestiones materiales. Confiemos en nuestras voces.

Pero incluso mientras el alma anhela trascender, debe embeber el cuerpo y las necesidades materiales. Como nos enseñan los Sabios: ‘Corre como una gacela… para hacer la voluntad de tu Padre en el cielo”.’ El alma debe correr, debe anhelar, pero debe correr como la gacela, que, aun en plena carrera “vuelve la cabeza al sitio desde donde corre 11.2 Así también nuestra ansia de trascendencia siempre debe tener un ojo puesto en la realidad material de la que estamos huyendo, con la conciencia de que el objetivo de toda huida a los cielos es un regreso a la tierra.

Una vez que reconocemos el alma, debemos empezar a aprender cómo funciona. Advertimos que el alma viene de un sitio espiritual más grande, y que está tratando de introducir Divinidad en nuestra vida. Aprendemos que el alma es lo que nos conduce hacia una vida plena de sentido, y para alimentarla debernos estudiar y familiarizarnos con la sabiduría de Di-s. La plegaria es la escalera emocional que nos conecta desde abajo; la plegaria, no el materialismo, nos da un hogar real, un sitio dentro del cuerpo donde el alma puede hallar paz y perspectiva. Es por eso que es importante rezar al comienzo del día, para poner nuestro mundo material cotidiano en la debida perspectiva.

Por último, el cuerpo y el alma convergen al realizar actos virtuosos. No basta con alentar el alma y educarla; debemos hacer real al alma poniéndola en sociedad con el cuerpo. Socorrer a un vecino necesitado, escuchar a un extraño en problemas, ayudar a proveer de comida y ropa a alguien que no puede pagarlos. Estos actos se vuelven más que simples buenas acciones; se vuelven el alimento vital del alma, y un medio de poner el cuerpo físico al servicio espiritual apropiado. Cuando el alma es alimentada con conciencia, generosidad y una conducta refinada, emerge plenamente en nuestras vidas con el calor y la intensidad de una llama real, alzando al cuerpo consigo.

Un hombre ‘ fue una vez a visitar a un gran sabio. Cuando llegó, preguntó dónde encontrarlo, y le mostraron una choza ruinosa en las afueras de la ciudad. Adentro, no había más que una cama desvencijada y una mesa cubierta de libros, donde un anciano estaba estudiando. El viajero estaba asombrado: ‘¿Dónde vive el sabio?”, preguntó.
‘Es de mí de quien hablas” ‘ dijo el anciano.
¿ Qué te está perturbando tanto?”
‘Es que no entiendo. Sois un gran sabio, con muchos discípulos. Vuestro nombre es conocido en todo el país. No parece adecuado que viváis en un cuarto como éste. Deberíais estar viviendo en un palacio. “
¿ Y dónde vives tú?’, preguntó el anciano.
‘Vivo en una mansión, una casa espléndida, con hermosos muebles.”
Y cómo te ganas la vida?’
El hombre explicó que se dedicaba a los negocios, y viajaba dos veces por año a una gran ciudad a comprar materiales que luego vendía a comerciantes locales. El sabio escuchó atentamente, y le preguntó dónde se alojaba cuando estaba en esa ciudad.
‘Me alojo en un pequeño cuarto en una pequeña posada “y fue la respuesta.

‘SI alguien entrara en ese pequeño cuarto, ¿no podría decir., ‘Cómo es que un rico empresario como tú está viviendo en un cuarto así? Y tú le responderías: ‘Sólo estoy en viaje por breve tiempo, así que esto es todo lo que necesito. Ven a mi verdadera casa, y verás que es por completo diferente.’ “Pues bien, amigo mío, lo mismo sucede aquí’, siguió el anciano. ‘Yo también estoy en viaje. Este mundo material es sólo un viaje. En mi casa también es diferente. Ven a mi casa espiritual, y verás que vivo en un palacio.’

¿CóMO NUTRIMOS AL ALMA HOY?

El combate entre cuerpo y alma es más duro ahora que nunca antes. El mundo material, al que nuestro cuerpo es atraído, está en un período de prosperidad sin precedentes. Nuestro nivel de vida es alto y tenemos la tecnología para dominar muchos de los problemas que antes nos abrumaban. Pero al mismo tiempo, nuestra alma individual y colectiva sufre hambre y clama por alimento.

Debemos alimentar el alma más que nunca, y la educación y la virtud son la comida del alma. Es por eso que es tan importante empezar a enseñar y modelar valores espirituales lo antes posible. Y el desafío sigue en pie. La clave es no torcer la batalla entre el cuerpo y el alma sino comprender su propósito, hacer las paces con el desafío. Una vez que el cuerpo reconoce el predominio del alma, y hace las paces con su hermano mellizo, la tensión puede ser controlada adecuadamente. El cuerpo entonces se vuelve una fuerza que impulsa al alma a un sitio más grande que el que cualquiera de los dos podría haber alcanzado por su cuenta.

Esta armonía entre cuerpo y alma se extiende al mundo en general, ayudando a unir el cuerpo y el alma, la materia y el o entero. La clave del sentido y la felicidad en la vida, entonces, está en nuestras propias manos: comprendiendo la simetría y el ritmo de nuestros propios cuerpo y alma.

La próxima vez que te mires al espejo, pregúntale: ¿Qué tengo ante mí? Reconozco mi cuerpo, ¿pero puedo reconocer mi alma adentro? Presto atención a todas mis necesidades corporales, ¿pero le estoy dando igual atención a mi alma?
Y por último: sé lo que necesito. ¿Pero sé para qué soy necesario?

Una vez el Rebe alentó a un estudiante talentoso para usar su tiempo libre inspirando a sus condiscípulos a dedicarse no sólo a sus estudios académicos sino también a los espirituales.
‘Mi agenda ya está tan cargada que no sé cómo podría agregarle algo más’, dijo el estudiante. Pero de inmediato, comprendiendo que la agenda del Rebe estaba mucho más cargada, dijo:
‘Francamente, no comprendo de dónde sacáis la fuerza y la energía para trabajar como lo hacéis.
“Toda persona tiene un cuerpo y un alma’, dijo el Rebe. ‘Es como un pájaro y sus alas. Imagínate que un pájaro no supiera que sus alas le permiten volar; en ese caso, para él serían sólo un peso extra. Pero una vez que bate sus alas, se remonta hacia el cielo. Todos tenemos alas, nuestra alma, que puede elevarnos tan alto como precisamos ir. Todo lo que debemos hacer es aprender a usarlas. ‘

Simon Jacobson

2 comentarios
  1. Andrés Villagran

    Muchas gracias por el artículo muy edificante y oportuno para la vida del mundo de hoy.

    Bendiciones
    Andrés

    16/02/2017 a las 10:57
  2. abelardo

    muy imteresante, me gustaria saber mas cual son los metodos y las estrategias para cumplir con este rpoposito de alimentar el alma..

    18/08/2017 a las 19:29

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