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Ciencia: una pregunta terrenal

por Yaacov Hanoka. El Dr. Yaacov Hanoka es un físico investigador. Trabaja para la Mobil Solar Energy Corporation

Envejeciendo Antes de Tiempo

En el Epcot Center de Orlando, Florida, hay una exhibición de energía muy hábilmente diseñada que retrata dramáticamente la vida y defunción de los dinosaurios. El mensaje de esta muestra es que las acumuladas muertes de estas criaturas gigantes conjuntamente con plantas y árboles en el curso de muchos millones de años han producido los yacimientos de lo que ahora denominamos “combustibles fósiles” — petróleo, gas, etc., tal como se encuentran dentro de la tierra.
Todo está retratado como una clara, lógica, y universalmente aceptada imagen tanto de lo que sucedió con los dinosaurios así como cómo se originaron los combustibles basados en fósiles. El único problema con todo esto es que teorías y descubrimientos recientes indican que podría estar totalmente errado.

Este cuadro del origen del petróleo y el gas en verdad es parte de una óptica más grande adoptada por los geólogos clásicos y que dominó la mayor parte del pensamiento geológico hasta muy recientemente. Su exponente más conocido fue Charles Lyell, originalmente un abogado, quien publicó su clásico “Principios de Geología” en 1830. Este libro tuvo una importante influencia sobre la geología durante muchas décadas después de su publicación y también jugó un rol muy significativo en dar forma a las opiniones de Darwin acerca de la evolución.

En el período anterior y posterior a la publicación del libro de Lyell había dos escuelas principales de pensamiento respecto de los procesos geológicos. Una se llamaba Catastrofismo y la otra Uniformismo. Como su nombre lo implica, el catastrofismo personificó la idea de que sucesos catastróficos súbitos en la historia de la tierra habían dado origen a los aspectos geológicos actuales.
La otra y opuesta opinión era que los cambios geológicos observados hoy en día, tales como las tasas de sedimentación, tasas de erosión y desgaste, etc., son las mismas ahora que en el pasado. Además, de tener un período lo suficiente largo de tiempo, tales procesos lentos y comparativamente suaves podrían haber producido cambios masivos y de ese modo producido las montañas, lagos, valles, etc., que caracterizan ahora nuestro planeta.

Esta última perspectiva es la que Lyell defendió en su libro. En sus propias palabras: “…ninguna causa que fuere, desde el tiempo más remoto al que podemos ahora mirar retrospectivamente, hasta el presente, ha actuado alguna vez, más que aquellas que actúan ahora; y nunca actuaron con grados diferentes de energía que como lo hacen ahora…”[1].
Una declaración más contemporánea de este enfoque puede encontrarse en un libro de texto para estudiantes universitarios publicado en 1982:
“El principio fundamental que subyace a la mayor parte de la geología es simplemente que los procesos que ocurren actualmente sobre la tierra han sucedido a lo largo del tiempo geológico”[2].

Examinaremos ahora la viabilidad del punto de vista uniformista a la luz de descubrimientos muy recientes en la geología y la geofísica.
Alrededor de 1912, un geólogo alemán, Alfred Wegener, propuso una idea que fue ignorada o incluso despreciada por la mayoría de sus colegas. Unos 40 años después, su idea se convirtió en la base misma del pensamiento geológico actual. Wegener lo llamó, en alemán, “Die Vershiebung der Kontienente” –“el Desplazamiento de los Continentes”. Tal como suena, desplazamiento continental significa que los continentes estaban originalmente unidos y se movieron miles de millas sobre la superficie de la tierra después de separarse.
Si esta noción parece asombrosa, entonces el lector puede tener una cierta idea de la intensa oposición que la teoría generó después de ser propuesta. Las siguientes dos citas darán una muestra de los sentimientos de muchos integrantes de la comunidad científica.

En una reunión científica en 1926, un participante dijo: “Si hemos de creer la hipótesis de Wegener, entonces debemos olvidar todo lo que se ha aprendido en los últimos setenta años y comenzar nuevamente” [3], y en una conferencia sobre evolución mantenida en 1949, uno de los científicos presentes tuvo esto para decir: “Confieso que mi razón se rehúsa a considerar `desplazamiento continental’ como algo posible… así, la teoría de desplazamiento continental es un cuento de hadas… es una fantasía fascinante que ha capturado la imaginación”[4].
A pesar de toda esta resistencia a aceptar la teoría del desplazamiento continental, los descubrimientos hechos durante los pasados veinte años han sido tan persuasivos que lo que ayer era herejía hoy es la ortodoxia en los círculos geológicos. No sólo eso, sino que el desplazamiento continental es parte de una teoría aún más abarcante que observa la corteza terrestre como compuesta por enormes secciones o placas de corteza, al grado de que todos los sucesos geológicos importantes de hoy, como los sismos, volcanes, etc., son explicados como debidos al choque y la “fricción” de estas placas. Además, la teoría entera encierra la idea de que la tierra ha alterado las direcciones magnéticas de sus polos (volviéndose el polo austral el polo norte, y viceversa) un número de veces en su historia, habiendo una cantidad considerable de evidencia para apoyar la existencia de estas inversiones magnéticas.
Así que, del desplazamiento continental, vemos que la “Terra Firma” no es tan firme; de hecho, según la teoría, los continentes siguen todavía en movimiento.

Ideas como éstas son claramente indicadoras de desigualdades en la historia geológica. Sin embargo, por más dramáticos que estos ejemplos pudieran parecer, el siguiente es quizás más difícil de imaginar.

Una Catástrofe Cósmica

En 1979, un equipo de cuatro investigadores, uno de ellos un físico ganador del Premio Nobel, su hijo (un geólogo), y dos químicos nucleares, hicieron un descubrimiento que indudablemente será catalogado como uno de los más importantes de este siglo.
La hipótesis que surge de este descubrimiento ha sido de tan largo alcance que fuerza a las personas en campos tan diversos como la biología, la paleontología y la geología, a replantearse totalmente algunas de sus teorías más apreciadas.
Saltearemos los detalles técnicos de este descubrimiento y procederemos a la hipótesis usada para explicar y predecir las observaciones. La hipótesis dice que un meteoro más grande que la montaña más grande de la tierra (el Monte Everest) golpeó la tierra, resultó en la muerte de todos los dinosaurios en un período súbito y breve medido en meses, cambió el nivel del mar, y en general tuvo una serie de otros efectos duraderos.5 6
Para poner este suceso en perspectiva, el peso de este meteorito fue estimado en entre 100.000 y 1.000.000 de toneladas. Se estima que golpeó la tierra a una velocidad 20 veces más rápida que la de una bala de rifle, produciendo sismos de un valor de 13.5 en la Escala de Richter (el sismo más grande registrado alguna vez fue de 8.5 en esa escala) y generando tanta energía como 5.000 millones de bombas atómicas del tamaño de las que fueron arrojadas sobre Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial! ¡Un suceso que realmente hace temblar la mente!

Como mencioné, esta teoría ha encontrado oposición por parte de muchos paleontólogos porque una súbita y muy breve destrucción de todos los dinosaurios no se ajusta a algunas de sus teorías. También los biólogos que creen en la teoría de Darwin de selección natural se han opuesto a esta teoría porque, como al menos un autor lo ha dicho, “esta catástrofe cósmica también implica la muerte de la teoría de selección natural — una parte muy fundamental en la teoría de evolución de Darwin” [7].
El éxito de la teoría del impacto meteórico en explicar una muy impresionante serie de observaciones ha hecho que ésta, no importa cuán inicialmente sorprendente sea, es ahora ampliamente aceptada. Indudablemente, todas sus implicancias llenarán publicaciones científicas por algún tiempo durante el futuro.
Resulta difícil imaginar un suceso más dramático que represente un suceso catastrófico y que no pueda adaptarse a ningún tipo de nociones uniformistas.

De Regreso a Orlando

Volviendo ahora al tema inicial del artículo, si los dinosaurios murieron tan repentinamente, es difícil imaginar entonces que su lenta descomposición durante “millones” de años, el cuadro clásico, podría haber ocurrido. ¿Hay otras explicaciones posibles para la existencia de hidrocarburos tales como el petróleo y el gas?
En particular, hay una teoría propuesta por un muy renombrado astrónomo de la Universidad Cornell, Thomas Gold, llamada Hipótesis del Gas de Tierra Profunda [8]. Básicamente, esta teoría sugiere que el origen de los hidrocarburos es extraterrestre. Esto es, que hay hidrocarburos en el espacio exterior — y sugiere que cuando se formó la tierra, gigantes bolsones de estos hidrocarburos quedaron profundamente atrapados dentro de la tierra y luego se volvieron petróleo y gas. Mientras que esta teoría no es aceptada hasta ahora por muchos geólogos del petróleo, hay cierta evidencia para apoyarla y más evidencia está siendo buscada.
Como algunos de los ejemplos dados aquí han demostrado, las nuevas ideas no son asimiladas fácilmente por la comunidad geológica. Un aspecto interesante de la teoría es que predice una enorme, casi ilimitada, cantidad de estos combustibles si se encontrara alguna manera de extraerlos.

Tratemos ahora de relacionar todos los sucesos mencionados con lo que la Torá tiene para decir.
Como el lector puede haberlo adivinado, usaremos como punto de partida el Diluvio ocurrido en los días de Noaj.
Ante todo, ¿qué nos cuenta la Torá que sucedió durante el Diluvio?
Además de los versículos explícitos en Génesis, hay declaraciones en el Midrash y en el Talmud que serán relevantes aquí. El cuadro general es este: Di-s trajo un Diluvio que básicamente cubrió el mundo entero, las aguas vinieron tanto desde los cielos –lluvia– como desde la tierra –sismos y aguas termales– a una escala masiva. Según el Talmud, el agua, en muchas áreas al menos, hervía. Este agua cubrió la tierra por unos 150 días. Durante este período, toda la vida, excepto la de los peces en el mar, los animales que milagrosamente cabían en el Arca de Noaj y la familia inmediata de Noaj, pereció en el Diluvio.
Rabí Sampson Raphael Hirsch, en su Comentario a la Torá [9], cita un Midrash (Bereshit Rabá) en el que Rabí Itzjak cuenta que antes del Diluvio sobre la tierra siempre era primavera; no había estaciones, y la temperatura era templada en toda la tierra. El versículo 22 del capítulo 8 de Génesis, declara: “Continuamente, todos los días de la tierra, tiempo de siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, día y noche, no cesarán”. Este versículo de la Torá se entiende entonces como significando que las estaciones, tal como las conocemos ahora, sólo comenzaron a regir después del Diluvio.
Como el Malbím, un conocido comentarista bíblico del Siglo XIX, lo expresa, el Diluvio hizo que la tierra fuera rotada en dirección norte-sur de modo que después del Diluvio el eje de rotación de la tierra era de 23 1/2º en relación con el plano de la órbita elíptica [10]. Este giro a 23 1/2º es lo que ahora nos da las estaciones.

El mismo Midrash al que nos hemos referido antes también hace la asombrosa declaración de que todos los continentes estaban conectados antes del Diluvio y sólo se separaron como resultado de éste.
El Netziv, otro comentarista de la Torá, dice que originalmente el Monte Ararat era el más alto del mundo [11]. El resultado del Diluvio fue producir otras montañas mucho más altas que el Ararat.
Así que tenemos aquí, junto con las sugerencias del Malbím de muchos sismos que acompañaron al Diluvio, la idea de que gran parte de nuestra geología actual se produjo como resultado del Diluvio. A este respecto, vale la pena mencionar que los geólogos han conocido ya hace algún tiempo que inundaciones, grandes diques y lagos hechos por el hombre, pueden producir sismos [12.]

Finalmente, simplemente para ofrecer un posible vínculo con la teoría del impacto meteórico mencionada arriba, deberíamos notar que el Talmud (Berajot 59a) cuenta que cuando Di-s decidió comenzar el Diluvio, tomó dos estrellas de cierta constelación, y cuando decidió terminarlo, tomó dos estrellas de otra constelación. Así que tenemos aquí un posible indicio de un suceso extraterrestre en torno al Diluvio.
En base a todo lo que se ha escrito arriba, yo sugeriría que las condiciones catastróficas y extremas que acompañaron al Diluvio bien podrían ser idénticas a las condiciones asociadas con la separación de los continentes y la extinción de los dinosaurios. Creo que con diversos datos mencionados arriba, se podría suponer que los importantes aspectos geológicos que tenemos hoy son resultado del Diluvio. En términos generales, al menos, e incluso en una serie de casos específicos, el acuerdo entre las conclusiones de los hallazgos geológicos más recientes y las declaraciones de la Torá apoyan semejante conclusión. Mientras que no puedo aportar demostración — pienso que es razonable llegar a tal conclusión.

De todos modos, y esto debe enfatizarse hasta el cansancio, toda esta vinculación no es más que un juego intelectual-científico. Nuestra fe no reconoce un mundo con millones de años de gestación (de hecho, incluso en el plano científico, estas mediciones del tiempo son altamente cuestionadas, cada vez con mayor vehemencia), sino apenas 5756 desde su Creación por Di-s. Cómo lo creó, es algo que escapa a nuestro entendimiento. Pero, es indudable, no precisa ajustarse a ninguna teoría humana.

Notas:
1. Como lo cita A. Hallam. Great Geological Controversies, Oxford University Press, 1986, p. 48.
2. Burchfiel, et?al, Physical Geology, Chas. E. Merrill. 1982, p. 2.
3. A. Hallam, op. cit., p. 151.
4. A. Hallam, op. cit., p. 136.
5. L. W. Alvarez, Physics Today, Julio 1987, p. 24?33.
6. M. Allaby y J. Lovelock, The Great Extinction, Doubleday & Co., 1983.
7. Kenneth J. Hsu, The Great Dying: Cosmic Catastrophe, Dinosaurs, and The Theory of Evolution, Harcourt Brace Jovanich, 1987.
8. T. Gold y S. Soter, Scientific American, Junio 1980.
9. Rabí S. R. Hirsch, Comentario a Génesis, Traducción Inglesa de Isaac Levy, L. Honig & Sons, Londres, 1959, p. 167.
10. Comentario a la Torá, Malbím ? Vol. I ? Traducido por Zvi Faier, M.P. Press, Israel, 1982, p. 397?400, véase también p.375?376.
11. Artscroll Tanach Series ? Vol. 1 ? Bereishis, Mesorah, N. Y., 1977, p. 255.
12. Understanding The Earth, M.I.T. Press, 1974, Capítulo 23, p. 327?332.

 

(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).

 

Yaacov Hanoka

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