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Cartas de consuelo (9 de Av)

La siguiente carta fue escrita por el Rebe de Lubavitch a uno de los renombrados generales de la Guerra de los Seis Días:

Me causó hondo desconsuelo oír acerca de su enorme pérdida, la trágica muerte de su hijo, que descanse en paz.
No se nos ha dado la capacidad de conocer las sendas del Creador.
Durante la guerra, durante los momentos de peligro, fue Su voluntad que se salvara. De hecho, usted fue uno de aquellos que logró la victoria para nuestro pueblo de Israel contra nuestros enemigos, cuando los muchos fueron entregados en manos de los pocos. Y sin embargo, en el hogar, y en tiempos de paz, sucedió esta terrible tragedia.
¿Cómo puede comprender un mortal las sendas del Creador? No podemos comparar nuestras mentes a la Suya. No nos sorprende que un niño pequeño no comprenda las sendas y conductas de un hombre sabio y anciano, aunque la diferencia entre ellos es apenas relativa.

Este no es un intento de minimizar el alcance de su dolor y congoja, y yo, también, comparto su duelo, pese a que estoy tan lejos.
Incluso en una enorme tragedia como ésta, se puede encontrar alivio en las palabras de nuestra expresión tradicional de consuelo a los dolientes, una expresión santificada por la ley y tradición de muchas generaciones de nuestro pueblo: “Que el Todopoderoso te reconforte entre los demás dolientes de Tzión y Jerusalén”.
Podríamos preguntar, ¿por qué mencionar a aquéllos que guardan duelo por “Tzión y Jerusalén” cuando se reconforta a un individuo por su pérdida personal?

Un análisis más profundo, sin embargo, revelará que el doliente encontrará confort precisamente en esta comparación de su pérdida con la Destrucción y el exilio de Tzión, por varios motivos:
Primero, el luto por la Destrucción de Tzión y Jerusalén es compartido por los judíos de todo el mundo. Es cierto que quienes viven en Jerusalén y ven concretamente el Muro Occidental y nuestro Santo Templo en ruinas sienten la angustia más hondamente, pero incluso quienes viven muy lejos sienten duelo. Similarmente, el individuo o la familia golpeados por la congoja encontrarán consuelo en el pensamiento de que “todos los hijos de Israel son como una entidad”, y que su duelo es compartido por todo nuestro pueblo.
Segundo, confiamos plenamente en que Di-s reconstruirá las ruinas de Tzión y Jerusalén; El reunirá los remanentes dispersos de Israel desde los confines de la tierra a través de nuestro justo Mashíaj, y los traerá con alegría para ser testigos del regocijo de Tzión y Jerusalén. Estamos igualmente seguros de que Di-s cumplirá Su promesa de que “…los moradores del polvo (los muertos) despertarán y darán alabanza”. Grande, de hecho, será la felicidad y el regocijo de entonces, cuando todos se encontrarán después de la Resurrección de los Difuntos.
Tercero, los babilonios y los romanos sólo pudieron destruir el Santo Templo de madera y piedra, oro y plata, pero no pudieron dañar el “Santo Templo” interior en el corazón de cada judío, pues éste es eterno. Del mismo modo, la muerte puede tocar sólo al cuerpo, pero el alma es eterna; simplemente ha ascendido al Mundo de la Verdad. Cada buen acto que nosotros hacemos según la voluntad de Di-s, el Dador de la vida, suma méritos para el alma del difunto, así como también para su bienestar espiritual.

Sea la voluntad de Di-s que usted y su familia no sepan más de dolor ni angustia. Que encuentre verdadero consuelo y alivio en sus emprendimientos comunales, defendiendo la Tierra Santa, la tierra “sobre la que los ojos de Di-s, tu Señor, están depositados desde el principio del año hasta el fin del año”, así como también en esos empeños de su vida privada — observar la mitzvá de tefilín, trayendo una mitzvá otra, y otra, en su tren.

* * *

(segunda carta)

Me apenó oír de la desaparición de su esposa…, la paz sea con ella.
Extiendo a usted y a toda la familia mis sinceras condolencias, y la bendición tradicional:
“Que Di-s lo reconforte, y a todos los miembros de su familia, junto a todos los que guardan duelo por Tzión y Jerusalén”.

El texto de esta “Bendición al Doliente”, consagrada por la tradición de muchas generaciones, es importante y significativo.
A primera vista, la comparación del luto personal con el luto nacional es algo incoherente, pues el primero es fresco y vívido, mientras que el último, aunque inolvidable, tiene aproximadamente 2.000 años de antigüedad.
Sin embargo, precisamente en la asociación de los dos se esconde el aspecto interior del consuelo.
Pues así como la pérdida de la antigua gloria de Jerusalén y el Beit HaMikdash [el Santo Templo] es compartida por todos los judíos, del mismo modo una pérdida personal es compartida por todos los judíos, por cuanto que el pueblo judío es como una familia, de hecho como un organismo, como lo expresaron nuestros Sabios.

Además, tal como el consuelo por la congoja nacional indudablemente vendrá con la reconstrucción de Jerusalén, la Ciudad Santa, y el Beit HaMikdash, como ha sido fielmente prometido por Di-s a través de Sus sagrados Profetas, tan ciertamente cumplirá Di-s Su promesa de la resurrección y el despertar de los Durmientes en el Polvo, para levantarse y cantar loas a Di-s.

Hay otro punto compartido por ambos, la congoja personal y la congoja nacional: Tal como en el caso de Tzión y Jerusalén, fueron sólo sus aspectos materiales, la madera, piedra, oro y plata, los que fueron consumidos, en tanto que el verdadero Santuario, “El Beit HaMikdash que mora en el corazón de cada judío”, permanece intacto, pues es indestructible — así es en el caso de la pérdida personal de un ser cercano y querido: sólo el cuerpo físico es mortal, mientras que el alma es eterna, meramente partiendo hacia un mundo más alto, el Mundo de la Verdad.

Por consiguiente, cada mitzvá y el acto bueno realizado aquí en la tierra por aquellos que quedaron atrás, que coinciden con la Voluntad del Dador de la Vida, es también una fuente de gratificación para el alma desaparecida; de hecho, un crédito y mérito para el alma…

También he tenido oportunidad de mencionar que incluso durante la travesía del alma por esta vida, cuando estuvo investida en un cuerpo físico, el verdadero vínculo entre gente y miembros de una familia no es uno de carácter físico sino espiritual, pues la persona verdadera no es su carne y huesos, sino su carácter, esto es, sus cualidades espirituales. Así, este nexo perdura, y todos los que amaron profundamente a la persona deberían tratar más aún de traer gratificación y elevación espiritual continua a su alma eterna mediante un mayor apego a la Torá, la Torá de la Verdad, en general; y particularmente, en el plano directamente relacionado con el alma del difunto, uno debe observar lo que se ha prescripto para el período de shivá, pero no extenderlo.

Permítame agregar un punto más, breve: sería conveniente que tuviera presente que usted y toda su familia han sido privilegiados con ocupar una posición de liderazgo e influencia. Su conducta ejemplar y cada mejora adicional de las mitzvot se refleja y multiplica en todos aquellos que lo observan y se ven inspirados por usted. Por lo tanto, aun si implica un esfuerzo especial, seguramente no es de ninguna consideración en relación con los beneficios que acumulan todos los que se encuentran a su alrededor. Ni falta hace mencionar cuán cuidadoso hay que ser para no dar una impresión errada, especialmente cuando usted está en el campo de la educación, y su conducta obligadamente tendrá un impacto.

Confío en que aceptará lo enunciado en el espíritu con que se dijo. Lo importante es continuar la vida diaria según la Torá, que es la Torá de la Vida y la Torá de la Verdad. Y Di-s seguramente habrá de recompensarlo por toda la congoja, aun cuando en este momento es todavía incomprensible cómo se realizará

(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).

 

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