Ascendiendo
Capítulo 1
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Brit Milá, Bar-Mitzvá y matrimonio

Brit milá Bar-Bat mitzvá y Matrimonio son tres niveles de iniciacion que, sumados a la vivencia que se alcanza mediante el estudio de la leyes espirituales -Tora- y la practica de actos de bien mitzvot, brindan el marco para la transformacion del deseo egoista inconciente en conciencia altruista. De esa forma el hombre puede lograr la plenitud y alcanzar su maxima identidad: el Kadosh Baruj Hu.

 

Toda indole de egoismo que durante la existencia corporal no fuera transformada en altruismo sera una obstruccion, un lastre que aferra a la neshama (alma) al plano material-sensorial. Esta identificacion dificulta y hace «angustiante» su pasaje a los planos espirituales.

La muerte

La «experiencia» de la muerte ayuda a la desidentificación con el plano corporeo. Dicha experiencia es «vivida» por cada neshama en forma diferente de acuerdo a la conciencia espiritual que alcanzó en el mundo material.
La neshama, aun despues de la muerte, se «dirigira» siempre hacia donde su atraccion la impulsa y lo que no ha sido resuelto en el plano material-sensorial la hara volver a este para completar la transformacion del egoismo en altruismo. A este proceso se lo denomina guilgul, o sea el mecanismo que hace que el deseo de la neshama rote por los diferentes estratos de la realidad, tanto material como espiritual, hasta que supere concientemente todas las formas que el egoismo adquiere.

La educación judia, cuando es aplicada correctamente, nos brinda la comprension de los principios espirituales para sobreponernos a los estados inferiores-egoistas de la realidad que desembocan en el caos personal y colectivo.

A traves del altruismo logramos despertar nuestra conciencia superior de la realidad donde todo es Luz y armonia infinita.

11. Brit milá

Es la etapa preliminar para la formación de la voluntad espiritual. Mediante la realización del brit milá les damos a nuestros hijos la posibilidad de sobreponerse a las influencias más burdas del deseo .
La fuerza de los instintos es insaciable; en cambio, cuando la ubicamos en su justo lugar nos proporciona la energía para revelar luz y plenitud en todos los ámbitos de la vida.

El brit milá es una iniciación. No obstante, para que el camino espiritual judío se concretice debemos darle continuidad a través de una educación que fortalezca constantemente la voluntad altruista. Por ello las mitzvót actúan directamente en el deseo del hombre manteniéndolo en estado de alerta contra el mayor de sus enemigos: el egoísmo (consultar item 1).


12. Bar-Bat mitzvá

Cuando el niño y la niña llegan a la adolescencia surge la fuerza de la energía creadora, fuente de vida y plenitud.
Como toda energía requiere sumo cuidado, dado que con ella podemos construir y recibir inmenso placer o, si la empleamos incorrectamente, puede ser la fuente de los mayores sufrimientos.

A modo de ejemplo:
Antes de la adolescencia el niño es como una persona que posee unas pocas monedas. ¿Cuánto bien o mal puede hacer con tal suma? En cambio, el adolescente es como un gran financista. Cuando se posee millones, hace falta criterio para emplear el dinero correctamente. Ahora son necesarios abogados, contadores, cajas fuertes, guardias, computadoras, etc.

En el momento en que surge en el adolescente la energía creadora, es deber de los padres y educadores brindarle los principios para que sepa utilizar su energía en forma correcta.
En dicha etapa la Torá nos indica que llegó el momento de iniciar a los jóvenes en las leyes de manifestación y contención del deseo (ver item 16). De esa forma colaboramos en la creación de una sociedad altruista basada en principios universales y no simplemente en el sentir momentáneo.

13. Matrimonio

De acuerdo a la Torá el hombre y la mujer deben encauzar positivamente sus energías en pro de la continuidad†de la vida. Por dicha razón el ideal judío es la familia, ya que nos brinda el marco propicio para que el hombre y la mujer se realicen plenamente manifestando sus instintos, emociones y pensamientos en forma armónica. En familia aprendemos a compartir y asumir la responsabilidad por nuestros hijos y a entender a nuestros semejantes y a la sociedad.

El matrimonio es el estado que permite a cada uno de los integrantes de la pareja pasar del período pasivo y receptivo que prevaleció hasta entonces, a una etapa en la cual lo fundamental es el dar y el comprender: a su pareja, a sus hijos y a la sociedad. Es la posibilidad de concretizar realmente el altruismo.
En esta etapa el hombre (Adám) puede lograr el desarrollo espiritual armónicamente, puesto que su conciencia empieza a trascender los límites egocéntricos. Comprometiéndose con las necesidades del prójimo se expande a nuevos aspectos de la realidad. Ahora actúa como el Kadósh Barúj Hú: da de sí mismo.

14. Muerte

Las tres etapas mencionadas Brit milá, Bar-Bat mitzvá y Matrimonio son tres niveles de iniciación que, sumados a la vivencia que se alcanza mediante el estudio de la leyes espirituales -Torá- y la práctica de actos de bien –mitzvót, brindan el marco para la transformación del deseo egoísta inconciente en conciencia altruista. De esa forma el hombre puede lograr la plenitud y alcanzar su máxima identidad: el Kadósh Barúj Hú.

Toda índole de egoísmo que durante la existencia corporal no fuera transformada en altruismo será una obstrucción, un lastre que aferra a la neshamá (alma) al plano material-sensorial. Esta identificación dificulta y hace «angustiante» su pasaje a los planos espirituales.
La «experiencia» de la muerte ayuda a la desidentificación con el plano corpóreo. Dicha experiencia es «vivida» por cada neshamá en forma diferente de acuerdo a la conciencia espiritual que alcanzó en el mundo material.
La neshamá, aún después de la muerte, se «dirigirá» siempre hacia donde su atracción la impulsa y lo que no ha sido resuelto en el plano material-sensorial la hará volver a éste para completar la transformación del egoísmo en altruismo. A este proceso se lo denomina guilgúl, o sea el mecanismo que hace que el deseo de la neshamá rote por los diferentes estratos de la realidad, tanto material como espiritual, hasta que supere concientemente todas las formas que el egoísmo adquiere.

La educación judía, cuando es aplicada correctamente, nos brinda la comprensión de los principios espirituales para sobreponernos
a los estados inferiores-egoístas de la realidad que desembocan en el caos personal y colectivo.

A través del altruismo logramos despertar nuestra conciencia superior de la realidad donde todo es Luz y armonía infinita.

15. El discernimiento

Turnus Rufus le preguntó a Rabí Akiva cuáles acciones son más bellas, si las divinas o las humanas. Tras responder las humanas colocó delante del romano espigas de trigo y pan preguntándole a su vez cuál prefería.

Rabí Moshé Jaím Luzzatto, conocido como el Ramjal, expresa en la introducción a su libro sobre la lógica y el discernimiento, Séfer haIgaión, que la Creación debe ser completada por el hombre.
Es así que vemos a un árbol dar mejores frutos cuando fue cultivado por el hombre que cuando está librado a la naturaleza.

Lo mismo ocurre con el intelecto humano: si no está entrenado, sus resultados son incomparablemente inferiores que si lo ha sido. El intelecto debe actuar permanentemente asimilando nueva información sobre su entorno, pero también es necesario que adquiera la Sabiduría de cómo conocer, para no confundirse y así poder aprehender la realidad correctamente.

Nuestros Sabios alcanzaron el arte del discernimiento el cual nos permite ordenar nuestras percepciones intelectuales, haskalá, en función de que éstas sean comprendidas correctamente, havaná, y así nos ayuden a alcanzar la verdad, hasagá, como será explicado a continuación.

16. Haskalá – Havaná – Hasagá
(Intelectualización – Comprensión – Alcance, Aprehensión)

El proceso que nos conduce a percibir objetivamente la realidad pasa por tres etapas:

Haskalá
Es nuestra intelectualización de los conceptos. En esta etapa limitamos la realidad a nuestra percepción mental.

Havaná
Es el proceso que atraviesa nuestra comprensión hasta que logramos asir la realidad en forma objetiva.
En la primera etapa, haskalá, aún limitamos la realidad a nuestro entendimiento. En cambio, en esta segunda etapa, nuestra percepción se expande más allá de nosotros mismos, ya que dejamos de justificar nuestra comodidad, carencias y egoísmo en pos del bien y la verdad objetivos. De esa forma trascendemos nuestros límites mentales y comenzamos a comprender la vida tal como es y no como en la primera etapa, haskalá, en la que reducimos la realidad a nuestras necesidades y sentir momentáneo.

Hasagá
La hasagá, el nivel más alto de comprensión, surge como resultado del discernimiento basado en los principios que generan la realidad en todos sus ámbitos y su concretización en la vida (ver item 1d).
La hasagá incluye la haskalá y la havaná ya resueltas.
La hasagá armoniza todos los planos de la vida, producto de nuestro esfuerzo perseverante en trascender las propias limitaciones que surgen a causa de nuestra percepción subjetiva y muchas veces egoísta de la realidad.
Mientras nuestra percepción de la realidad no trascienda el ámbito especulativo y filosófico, toda conclusión a la cual lleguemos estará basada en el efecto que producen las impresiones mentales y emocionales desligadas de «la realidad». En lugar de ayudar al hombre a entender la vida como un todo, lo conducen a una ruptura y división entre los planos emocionales e intelectuales y el plano espiritual: ética-estética, arte-ciencia, espíritu-materia, etc. Ello genera una tendencia a adaptar y justificar la realidad a uno mismo, desembocando en un estado de impaciencia e intolerancia con respecto a las necesidades de nuestro semejante. La realidad deja de ser objetiva; todo depende de cómo yo percibo y siento momentáneamente lo que son las cosas y no cómo las cosas son realmente.
Esta percepción parcial de la realidad conduce al hombre a subjetivizar y, consecuentemente, a dividir su comprensión alejándolo más y más de los ideales de la Torá. El judaísmo se basa en la havaná, comprensión y amor al prójimo, resultado de una educación que fortalece permanentemente la voluntad de dar. La educación judía nos orienta a comprender que yo y mi semejante somos parte de una misma realidad. Así logramos asir objetiva y gradualmente la realidad: hasagá.

17. La función del intelecto

Y los maskilím brillarán como el esplendor del firmamento…
Daniel 12:3

El vocablo maskilím proviene del concepto haskalá (ver item 25) y se refiere, en el contexto de la Torá, a quienes se esfuerzan en discernir en los principios objetivos universales hasta pensar, sentir y actuar «naturalmente» de acuerdo a ellos. O sea que finalmente logran también captar a nivel intelectual (haskalá) la realidad espiritual (hasagá).

El intelecto es el instrumento y la mente es el espacio donde el hombre puede discernir concientemente las consecuencias de la concretización de sus deseos. Para que ello suceda debemos previamente educarnos en base a parámetros objetivos que nos orienten en la dirección correcta: en pos del bien colectivo.

Final del capitulo 1

Jaim Zukerwar

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