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Bitajon (Confianza en D-s)

Un amigo mío y yo estábamos hablando de bitajón (confianza en Di-s) y enfermedad, aquel tipo de enfermedad para la que los médicos bondadosamente proveen tasas de curación y estadísticas de supervivencia.

El decía que bitajón existe en un nivel enteramente diferente al de las estadísticas. En otras palabras: no es que uno confía que estará entre los que conforman el porcentaje de los que sobreviven, sino que en el nivel de bitajón no hay cosa tal como supervivencia. El concepto no existe. No hay tasa de curación, cuando uno confía que él o ella estarán entre los que se han curado, mientras que otros, Di-s libre, no.
Según mi amigo, simplemente hablamos de manzanas y naranjas. Dos especies diferentes. Cuando hablamos de bitajón y estadísticas, estamos a mundos de distancia.
Pensé sobre esto durante mucho tiempo. No podía aceptarlo. Por más fuerte que lo intentara.

Pero entonces ocurrió un destello — de esos que me permiten saber que hay un pensamiento que merece ahondarse entre la maraña de ideas que se pasean por mi cabeza, un pensamiento que me acosará hasta la distracción si es que no lo completo.
Ven conmigo, mientras completamos juntos este pensamiento.
Bitajón es vida. Y donde hay vida, no hay supervivencia. Ambos no pueden existir a la vez. Porque donde hay vida, no hay futuro ni pasado. Sólo hay vida — aquella que está frente a ti en cualquier momento determinado, aceptada a pleno y sin juicio.
Bitajón es Di-s, porque Di-s es vida, y donde está Di-s no hay nada más. Ni siquiera supervivencia. Donde está Di-s no hay nada para sobrevivir; sólo está Eso.
Nada existe fuera de Di-s; así, nada existe fuera de la vida. No hay manera de separar ninguna de las experiencias de vida en Vida y No Vida. Todas las experiencias de vida son vida. Mi vida. Tu vida. La vida.

Tenemos la libertad de elección para fingir que podemos hacer esta separación. Y cuando la hacemos, entramos al mundo de las estadísticas y tasas de curación. Lo hacemos nosotros mismos. Tomamos un ascensor y apretamos el botón que dice “abajo”. El ascensor sigue tu orden. No tiene voluntad. Abandonaste tu bitajón. El ascensor hace lo qué tú quieres.
Pero si escoges no pulsar el botón “abajo”, sólo hay vida. No hay salud y enfermedad. Hay simplemente estados de ser. No hay longitud de vida. Hay simplemente estar vivo. Si estás vivo en este momento, ¿qué te importa el próximo?
Y si te importa, estás trepando. Estás tratando de aferrarte a algo que no es tuyo. Estás robando; te has vuelto un ladrón que quiere más de lo que se le ha dado. ¿Estás vivo ahora? ¿No es eso suficiente?
¿Por qué no estás tan exquisitamente presente en este momento, como para que nada quede dentro de ti con lo que pensar sobre el próximo? ¿Qué le falta a este momento que te tiene preocupado acerca del futuro?

Si Di-s lo es todo, con nada que falte, perfecto de todas maneras, creando el universo de nuevo a cada momento, ¿por qué malgastas el regalo de lo que tienes? Si no puedes saber esto, si no puedes vivir esta verdad… entonces te falta bitajón. No te molestes en pulsar el botón “abajo”. Ya estás en tu camino.
¿Cómo haces esta separación? ¿Divides tu vida en placer y dolor? ¿En si se cumplen tus expectativas o no? ¿En si es bueno o malo según alguna definición a la que tú has llegado artificialmente? ¿En si el rostro que Di-s te presenta es uno que te gusta o no? ¿Has creado categorías de crueldad y bondad, las has juzgado y puesto en columnas llamadas Vida/No Vida; Di-s/No Di-s? ¿No vienen todos de la misma fuente?
¿O miras cosas como justo e injusto? ¿Sientes que mereces más o menos? ¿Te sientes aturdido por la no-creencia de que esto podría estar sucediéndote a ti? ¿Como si otros de algún modo lo merecen más? ¿O son más fuertes y pueden tolerar mejor la carga? ¿O eres tú héroe o víctima? ¿El héroe convencido de que la enfermedad nunca lo puede tocar y por lo tanto nunca llora ni siente el miedo, el pánico, los lamentos que también son parte integral de su condición? ¿La víctima segura de que estará entre lo peor de las estadísticas, y por lo tanto nunca enfrenta su denuedo ni siente el poder trascendente de alzarse por encima y desterrar la muerte de su conciencia, siquiera por un momento?

Ninguno de ellos tiene bitajón. Porque ambos contemplan el futuro, ambos consideran su destino pero opacan el momento en desilusión y miedo, ambos niegan la plenitud de sí mismos y por lo tanto la plenitud del momento que Di-s ha propuesto.
¿Y qué del futuro? ¿Vivimos en un mundo donde sólo existe el hoy? ¿Sólo este momento sin ningún pensamiento de qué traerá? ¿Lanzamos nuestro destino al viento sin preocupación, sin interés en las consecuencias, sin planes en absoluto?
¿Qué de la bar mitzvá de Moshé? ¿La boda de Jani? ¿El banco y la cita con el dentista?

Todo existe dentro de este momento. Cada interés es parte del tapiz. Todo sucede en un destello, en un tejido parecido al milagroso funcionamiento de tu cuerpo donde billones de eventos ocurren simultáneos fuera de tu conciencia pero impactando sobre tu ser.
Cuando estás presente, completamente presente en cada momento, también estás presente con el futuro contenido en ese momento. Es una distinción sutil. Hay un futuro que no es real — tus proyecciones artificiales de qué será o debería ser; y hay un futuro que está contenido en la realidad de cada momento.
Cuando paso tiempo con mi hija, por ejemplo, intento estar completamente con ella en cada momento. Totalmente presente para su ánimo, pensamiento, expresión facial, respiración, entonación vocal, el problema que está presentando, la broma que cuenta, las lágrimas de su desilusión, la frustración de una expresión fracasada, el temor al fracaso o el miedo de la noche. Estoy presente para ella, tan bien como puedo, y cuanto más puedo me centro en este momento con un corazón abierto y una mente atenta. Y aún así, por más que estoy en el ahora, soy consciente de las consecuencias de mis acciones y palabras, mis expresiones, la mirada en mi ojos. He vivido demasiado como para no saber que cada acto deja su marca, y que esa marca ahora está alojada en el alma del otro, y la indentación está grabada y ahora es parte del ser –mi hija– a quien hablo y con estoy. Soy consciente de estas cosas y luego podré meditar sobre el efecto de estos grabados a medida que modelan su carácter y respuestas.
Pero en el presente simplemente actúo con conciencia e interés, trayendo todo lo que soy a esta interacción; estando tan plenamente presente en ello como puedo. Pues el amor me hará ser el mismo ya sea si éste es el primero o el último de muchos momentos o el momento que fue alguna vez.

Y, en verdad, si yo actuara sin esa conciencia, simulando que el futuro estaba bajo mi control, que cada momento podría no siempre ser el último, que el mañana no es desconocido, estaría actuando con deshonestidad, y semejante deshonestidad e ilusión podrían permitirme enojarme más rápidamente de lo que debiera, u olvidar decirle a mi hija cuánto la amo cada oportunidad que tengo, pues podría pensar que hay más oportunidades que las que existen. Pues, en verdad, la única oportunidad que existe es ahora.
Siempre hay tiempo para el amor. Y eso, he logrado ver, es bitajón. No es solamente vida. Es amor a la vida. Amor a la vida en cada forma que existe. En cada gusto y sensación. Es una apreciación y aceptación inmensa y exquisita de cada cara de Di-s que El nos permite ver. Es pararse con los ojos bien abiertos e inocentemente dispuesto a descubrir las revelaciones de Divinidad, en todos lados, siempre, y con gratitud.
Con bitajón, no queda tiempo para pensar en supervivencia. No hay razón para ello.



(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).


 

Jay Litvin

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