Notas destacadas
Notas (330-340)
+100%-

Bebés de Plegaria

Extraido de Revista Kesher. Jabad Uruguay

Para nosotros la maternidad funcionaba con la precisión de un mecanismo de relojería. Había tenido tres hijas en un período relativamente corto de tiempo con un intervalo de exactamente dos años entre cada nacimiento

Pero con mi cuarta hija, Moriá, las cosas fueron diferentes. Después del nacimiento de mi tercera hija volví a quedar embarazada y, una vez más tenía fecha de parto en la fecha del segundo cumpleaños de mi tercera niña. Y entonces, por primera vez en mi vida, perdí el embarazo.

Los meses entre la pérdida de mi embarazo y el comienzo de la gestación de Moriá fueron uno de los períodos más tristes de mi vida. Lloré a ese bebe del que nunca iba a ser su madre y, cada mes que pasaba volvía a sentir la misma sensación de pérdida que había experimentado ese terrible día de invierno cuando perdí mi embarazo. Durante ese tiempo, mi pérdida echaba una sombra sobre todos y cada uno de los momentos de mi vida, ya fuera durante las mañanas en las que pasaba escribiendo, mis tardes en el parque atajando a mis sonrientes niñas mientras bajaban por el tobogán, mis anocheceres en los que devolvía llamadas telefónicas mientras lavaba las mesadas de la cocina.

Nunca antes había rezado como lo hice durante esos meses en que anhelaba volver a quedar embarazada. El día en que me enteré que estaba embarazada de Moriá, me dirigí a D-os plena de agradecimiento y sollocé de alegría. En cada uno de los días de ese embarazo una y otra vez pedí ser bendecida con una “criatura perfecta y saludable”.

A menudo iba hasta el Muro de los Lamentos, llevando un libro de oraciones y un paquete de pañuelos descartables. Para cuando volvía a mi casa el paquete estaba prácticamente terminado. Finalmente, el nombre que le pusimos a nuestra cuarta hija fue Moriá, en honor del Monte Moriá donde está ubicado el Muro de los Lamentos. Elegimos este nombre para honrar el anhelo, las oraciones y las lágrimas que derramé en ese sagrado lugar y que colmaron los meses que nos llevaron a la concepción de Moriá y su tan deseado nacimiento.

Moriá es una beba especial para mí. Aunque siempre he creído que el nacimiento de cada niño sano que llega a este mundo es un regalo de D-os, la intensidad de mis oraciones mientras esperaba el nacimiento de Moriá me transformaron en una persona que, con cada fibra, realmente cree en la verdad de este milagro. Hasta el día de hoy, mi convencimiento que esta niñita es un regalo de D-os palpita a través de mi conexión con ella.

Si bien los ocho meses que siguieron a la pérdida de mi embarazo fueron traumáticos para mí, no son más que un episodio insignificante en comparación con el sufrimiento de una de las siete mujeres casadas que, según las estadísticas, en algún momento de sus matrimonios podrían sufrir de infertilidad. Estas mujeres se someten a tratamientos y más tratamientos, año tras año, e incluso década tras década con un sentimiento de anhelo que hace que mi breve experiencia sea insignificante en comparación con lo que ellas han pasado.

La diferencia entre mi anhelo y el de ellas es como la diferencia entre una persona que realmente necesita salir para tomar una bocanada de aire fresco y quien se está ahogando y respira entrecortadamente en busca de oxígeno. Aún así, e independientemente de lo corta que fue mi experiencia, logré abrir mis ojos a esas mujeres que muchas veces sufren en silencio.

Desde la pérdida de mi embarazo, llevo una lista de las mujeres sin hijos por las que rezo, tanto de mi comunidad como de todo el mundo. Y, para mi sorpresa, todos los años borro de mi lista a dos o tres de esas mujeres sin hijos, que se han convertido en madres. Cuando llego a conocer a esos bebes tan deseados, que llegan a este mundo envueltos en miles y miles de oraciones, los veo rodeados de un brillo especial. Son niños que están formados en partes iguales de carne, sangre, lágrimas y anhelo. Son bebés de plegaria.

Son bebes como Hodaiá, de seis meses. Hodaiá llegó al mundo después de cinco años de matrimonio de sus padres, tres años de tratamiento de fertilidad y un embarazo de alto riesgo durante el cual su madre pasó internada la mayor parte del tiempo. O como Tehilá, quien nació dos meses antes de la fecha y que estuvo dos meses en una incubadora. Recé todos los días por esta bebita tan deseada. Cada bebe que veo me hace sonreír.

Pero ayer, cuando vi a Tehilá por primera vez, dormida en su cochecito, se me puso la piel de gallina. Estos son los bebes como Rafael, de ocho meses. Cinco años atrás la madre de Rafael tuvo una niña. Fue una beba enferma que falleció a las pocas horas de nacida. Dos largos años le llevó a la madre de Rafael poder quedar embarazada de nuevo y ese embarazo también terminó trágicamente a los tres meses, con un aborto espontáneo. Rafael fue concebido un año más tarde.

Por lo general, cuando recibo un e-mail colectivo anunciando un nacimiento se lo reenvío a mi esposo, y respondo con un rápido mensaje deseando “Mazal Tov!” Pero cuando recibí el e-mail con la noticia del nacimiento de Rafael, lloré. Luego llamé por celular a su madre, que estaba todavía mareada después del parto, para que me contara todo. Para mí, esos niños representan la imagen máxima de la esperanza. Cada bebé es un milagro, pero las sentidas oraciones dedicadas a estos “bebés de plegaria” nos hacen ver que son milagros. Nuestras oraciones por ellos nos hacen abrir los ojos y permiten ver a esos niños por lo que realmente son. Por lo que son todos los niños. Ese es el regalo de la oración.

En Rosh Hashaná leemos las historias de tres mujeres estériles: Sara, Rajel y Janá. Son sus historias, del anhelo por tener sus propios “bebés de plegaria”, las que deberían inspirarnos en esta fundamental semana que nos conduce a Iom Kipur. ¿Por qué las mujeres estériles son un tema tan central en los Días Solemnes? Porque en el mundo hay pocas personas que puedan llegar a rezar con la intensidad con que lo hace una mujer que anhela tener un hijo. Estas grandes mujeres nos enseñan cómo el poder de la plegaria puede transformar a una mujer en matriarca, y a un niño en líder del pueblo judío.

En gran parte la oración logra esto al dejar en claro lo que es verdaderamente importante. Tú no rezas por tu auto, o por el arreglo de tus uñas, o por tu conexión de Internet. Rezas por tus hijos, para que sean buenas personas que harán cosas buenas. Que sean la clase de judíos que en el curso de sus vidas irradiarán una gran luz para iluminar la oscuridad.

Los “bebés de plegaria” son tan valiosos porque nuestras oraciones por ellos nos hacen abrir los ojos para darnos cuenta que estos niños nos fueron enviados como ‘correo especial’ por el Señor del Universo. Que en los días previos a Iom Kipur, así como en el día más sagrado de todo el año, podamos continuar con la tradición de nuestras matriarcas y recemos por nuestros hijos como nunca lo hayamos hecho. Y recemos por quienes aún no tienen sus propios hijos. Y démosles fuerza a quienes no saben si llegarán algún día a tenerlos.

Pero, lo más importante es que podamos rezar, para descubrir a los “bebés de plegaria” de nuestros propios hogares ya sea que tengan un mes, cuatro años o treinta y cinco. Tanto si fueron concebidos después de diez años de tratamientos de fertilidad o antes del primer aniversario de la boda de sus padres. Todo bebé puede tener el brillo especial de un “bebé de plegaria”. Lo único que tienes que hacer es abrir tu boca y tu corazón

Chana Weisberg

2 comentarios
  1. Jacqui Escandarani

    El bebé que acabamos de perder, es un bebé plegaria. De alma, cuerpo, espíritu y corazón.
    Pedí a D’is todos los días, en especial en Shabbat, para conocer un hombre bueno y formar una familia. Mi esposo , es un esposo plegaria. Una vez casada, cada mañana antes de hacer absolutamente nada y reforzando cada encendido de las neirot, he pedido por ese bebé que acabamos de perder y por el cuál tengo roto el corazón. Estoy de duelo , se que es un proceso… Pero no dejo de pedir a D’is por ser madre y por que cuide a mi hijo que ya no está formándose dentro mío.
    Gracias por sus palabras.

    Besos y abrazos.

    31/10/2016 a las 09:21
  2. selene aristizabal

    Llevo 2 años y medio esperando quedar embarazada y hasta ahora no he recibido una respuesta por parte de mi Padre Creador.
    Pero yo no pierdo las esperanzas. Le pedí al Eterno que por favor me abriera una cuenta celestial a nombre de mi hermosa nena que deseo concebir y que cada acto de bondad, cada encendido de las candelas en Sabbat que yo realice sea depositado en la cuenta celestial a nombre de mi niña. Sé que el Eterno me permitirá concebir a mi niña cuando la cuenta tenga los suficientes fondos que se requieren. Shalom

    12/01/2018 a las 15:52

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top