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Atención, Aprecio y Afecto

Extraido de Cultivar rosas entre espinas, por Rab Noaj Orlowek

El Rab Moshe Aarón Stern, zt”l, el amado y extrañado Mashguiaj de la Yeshivá Kaminetz de Jerusalem, sostenía que la base de un matrimonio feliz podía expresarse con la “Triple A”: atención, aprecio y afecto (el orden es mío). La importancia de las tres se aplica a todas las relaciones cercanas, y yo me tomaré la libertad de explicar en mayor profundidad lo que entiendo que significan cada una de estas “A”.

1. ATENCIóN
Mi definición de respeto es: “Tú ocupas lugar en mi disco duro”. Esto significa que cuando tú dices algo a mí me importa. Tus sentimientos, tus ideas y tus deseos son importantes para mí y por eso los recuerdo. Amar a alguien de verdad está ligado profundamente con el hecho de conocerlo; y conocer a un niño depende de su voluntad de que sepamos quién es. Si prestamos atención, la gente habla. Tengo un ejemplo de esto dentro de mi propia familia:

La primera “palabra” poli-silábica que oí de uno de mis hijos fue “entigliaro”. La recuerdo porque fue su primer gran paso hacia el mundo del habla humana. Sin embargo, puesto que ni mi esposa ni yo lográbamos entender lo que significaba, el niño no conseguía lo que quería y muy pronto quitó la palabra “entigliaro” de su vocabulario. Por su parte, cuando su hermano más pequeño usó la palabra “nini” refiriéndose al chupete, nosotros lo entendimos y él recibió lo que deseaba. La palabra se popularizó, y nuestro hogar se convirtió en el único lugar de toda la Vía Láctea en donde la palabra “nini” era usada en vez de “chupete”.

Es muy triste hablar y no ser escuchado. Por esa razón, las personas que no son oídas dejan de hablar; porque las personas sanas, aunque sean muy jóvenes, dejan de hacer cosas que las lastiman.

De más está decir que el niño también se cerrará si sus propias palabras son usadas en su contra. A veces dejará incluso de transmitirnos voluntariamente sus pensamientos más superficiales. Este corte absoluto de comunicación prepara el terreno para muchos problemas, entre ellos enfermedades emocionales y rebeldía ante los padres.

Tal como es el caso con todo proceso de resolución de problemas, debemos encontrar una pequeña brecha desde la cual comenzar a trabajar. Lo ejemplificaremos con la siguiente situación, que lamentablemente es una historia real:
Una niña de once años de edad, la más pequeña de muchos hermanos, se había cerrado completamente a la comunicación con sus padres. éstos, quienes ya eran mayores de lo que es la norma para una niña de su edad, habían “perdido la sintonía” con su edad y su temperamento; perdiendo finalmente también todo contacto con ella misma. Eficiente, consciente y cariñosamente, los padres tomaban todas las decisiones relativas a la niña sin consultarla.

Ellos vinieron a verme buscando consejo respecto a cómo lograr que su hija volviera a hablarles. Mi consejo fue que le preguntaran qué le gustaría que la familia comprara o preparara de postre para el Shabat. A la niña no le quedó ninguna duda de que sus palabras serían importantes, así que les habló.

Esta pequeña apertura finalmente llevó a mayores niveles de comunicación.

DE QUé MANERA LOS NIñOS SE VUELVEN “CERRADOS”
Las personas nunca nacen cerradas, sino que se vuelven así. Cuando los niños hablan y no son escuchados, dejan de hablar. Como adultos, también nos sentimos de esa manera, pero por alguna razón no aplicamos las mismas reglas de la naturaleza humana cuando se trata de nuestros hijos.
Debemos asegurarnos de escuchar a nuestros hijos, tal como lo haríamos con cualquier persona a quien consideramos importante.

¿QUé ES ATENCIóN, Y QUé NO?
Debemos prestar atención a lo que dicen nuestros hijos. Eso no significa que debamos obedecer todos sus deseos, ni que el niño deba ver que los que lo rodean cumplen con sus palabras en forma total e inmediata. “Recibir atención” en su nivel más básico significa que las palabras del niño son aceptadas con cortesía, se empatiza con ellas y, cuando es posible, se hace algo a modo de respuesta. Recordemos que, siempre que sea posible, es sumamente deseable efectuar algún cambio en respuesta a las palabras del niño, ya que esto lo alentará a expresarse nuevamente en el futuro.

2. APRECIO
De manera simple, apreciar es notar lo que está bien respecto a algo o a alguien.
Todos tendemos a notar aquello que está mal. Básicamente esto deriva del hecho de que cuando todo está bien, se supone que así debe ser. Pero cuando algo sale mal, nos sentamos y nos preguntamos: ¿Qué pasó?
Superar esta tendencia requiere trabajo arduo, pero el fruto de ese trabajo vale la pena.

NOTAR LO QUE ESTá BIEN
Es más fácil adquirir un nuevo hábito que suprimir uno viejo. En otras palabras, en vez de tratar de evitar un mal hábito, lo mejor es intentar canalizar ese comportamiento habitual hacia una acción positiva, y hacer que se vuelva un nuevo hábito.

Mi sugerencia es que al notar algo que está mal incorporemos el hábito de buscar también algo que esté bien. Esto ayudará a bajar nuestra “temperatura emocional” y nos dará una perspectiva más equilibrada de la situación. Puesto que es más fácil lograrlo con objetos inanimados que con personas -especialmente con personas con quienes estamos conectados emocionalmente, tal como es el caso de nuestros hijos-, al comenzar nuestra nueva carrera de volvernos menos críticos y menos enfocados en lo negativo, podemos probar el siguiente ejercicio:

Si por ejemplo ves un cuadro que te parece que no merece ser llamado “obra de arte”, toma nota del bello marco que le pusieron. Si en tu opinión también el marco es de mal gusto, nota qué bien colgaron el cuadro en medio de la pared. Y si no está bien centrado, ¡por lo menos valora lo bien que el cuadro cubre el enorme agujero que hay en la pared!

Sólo cuando notamos aquello que está bien podemos manifestar genuina apreciación verbal. Las palabras que les decimos a nuestros hijos deben partir de nuestro corazón. Antes de expresar palabras de aprecio debemos ajustar nuestro espíritu crítico.
El aprecio alienta a las personas a continuar realizando aquellas cosas que hicieron bien. La palabra hebrea para aliento es idud y yo creo que comparte la raíz con od, la palabra hebrea que significa “de nuevo”. Si queremos que algo se repita, debemos alentarlo. Para muchos niños, en especial para los más pequeños, los momentos más dulces son aquellos en los cuales sus padres les demuestran aprecio y los alientan. Si tan sólo comprendiéramos cuán importante es alentar, lo haríamos con mayor frecuencia.

3. AFECTO
La tercera “A” es afecto, y en esta sección del libro usaremos esta palabra de manera intercambiable con “amor”. El afecto puede expresarse emocionalmente, de manera verbal o a través del contacto físico. El afecto paterno debe parecerse lo más posible al amor de los padres hacia un bebé, es decir, lo más incondicional posible. Así como el amor básico de Hashem hacia nosotros no depende de nada, de la misma manera nuestro amor hacia nuestros hijos debe ser lo más incondicional que sea posible.

El amor y el afecto, sin ser ciegos, nos permiten dejar pasar hasta cierto punto los defectos de quien amamos, e incluso sus errores. Cuando las personas conviven durante largos períodos de tiempo, tal como ocurre en una familia, este amor les permite dejar pasar y perdonar aquellas características del otro que les resultan dolorosas.

Así como las posibilidades que tiene una planta de sobrevivir e incluso de florecer en la tundra se incrementan si primero se le da la oportunidad de desarrollar raíces fuertes y saludables en un invernadero, de la misma manera nuestros hijos sobrevivirán y también prosperarán en un ambiente extraño si tienen las raíces profundas y saludables que les brinda un hogar afectuoso a aquéllos que respiran su atmósfera y se nutren de ella. Entonces la atención y el aprecio hacia las cualidades únicas de cada niño producirán una rica cosecha de frutos deliciosos.

El afecto es el terreno fértil en el cual pueden crecer la atención y el aprecio. Con estos tres elementos trabajando juntos, se va desarrollando una conexión entre padre e hijo que no puede encontrarse en la calle. Esto ayuda al niño a mantener su lealtad con el hogar y todo lo que allí se valora, ya que allí es donde él recibe atención, aprecio y afecto en abundancia, de una manera que no va a encontrar en ninguna otra parte.

Rab Noaj Orlowek

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