Profundizando
1. Perspectiva del Amor desde la Torá
El Amor, La Mujer Judía y El Matrimonio
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Aprendiendo lo básico para convivir

Selección extraída de “El río, La olla y el pájaro” escrito por Aharon Feldman

El primer paso en el matrimonio es crear la relación elemental que debe existir entre dos personas que están viviendo juntas. Desafortunadamente, es necesario enfatizar que una mujer merece ser tratada no menos decentemente que un compañero de cuarto, un compañero de trabajo o un compañero de viaje. Uno debe esforzarse por asegurar que la consideración, la amabilidad, la cortesía y la apreciación (y todo lo que es conocido como conducta civilizada) no están implícitas una vez que la prometida se convierte en la esposa.

Conozco a un gran maestro de una Yeshivá que llamaba a cada uno de sus estudiante antes de casarse para decirles que no se olvidasen de decir “por favor” a sus esposas cuando les pidieran algo y decirles “que tengas un buen día” cuando se marcharan de casa. Este maestro debería ser aclamado por la sabiduría de reconocer la necesidad de este consejo básico, ya que la negligencia de tal sentido común está bastante difundida.

Algunos sostendrán que este tipo de formalismo puede crear una atmósfera artificial que inhibe la intimidad que debe prevalecer en el hogar. Es verdad que el formalismo no tiene lugar en el matrimonio,[1] pero la amabilidad no tiene por qué sufrir por ello. Decir “perdón,” “gracias” y “buenos días”, es una norma aceptada de conducta humana, y lo es por una buena razón: expresan respeto y preocupación por los sentimientos del otro. Ya que esta manera de actuar hace sentir a la esposa que ella no es una concesión innata y construye intimidad de una manera real.

Además de la amabilidad, otras formas de conducta que utilizamos en el contexto social ordinario también tienen lugar en el matrimonio. Es obligatorio, por ejemplo, estar en la compañía de la mujer tan gustosamente como lo estamos en la compañía de extraños. El Rambam escribe que el esposo nunca debe estar triste en presencia de su mujer.[2] Entre extraños tratamos de demostrar nuestro buen humor y mostrarnos permanentemente alegres; no tenemos menos obligación de hacerlo en casa. Actuar de esta manera crea calor y una atmósfera amigable, necesaria para nutrir un matrimonio exitoso. Uno de los más grandes eruditos de la Torá de nuestro tiempo, hablando desde el punto de vista espiritual, aconsejó a un joven recién casado enfatizar una actitud ligera y relajada en el matrimonio la cual, dijo, muchas veces es más valiosa que una actitud seria.[3]

Un esposo está obligado a tratar a su esposa por lo menos con el mismo respeto que le concede a otros. La forma básica de demostrar respeto a la esposa es poner atención cuando habla; ésta es una demostración de respeto hacia ella. Escucharla sólo a medias es una buena manera de insultarla, o si vamos a eso, a cualquier otra persona.

Un joven que regresó al judaísmo en su vida de adulto (ahora él mismo es maestro de Torá) me dijo que la impresión más profunda de su vida judía, hecha por aquél que lo atrajo a la Torá, tuvo lugar cuando él era un invitado para Shabat de cierto rabino erudito. Notó que el rabino (que era una personalidad mundialmente famosa) nunca falló en reaccionar o comentar con respeto cualquier cosa que la esposa decía. El rabino obviamente tenía el hábito de demostrar su preocupación por ella. Más que nada, esta sensibilidad -que claramente era producto del aprendizaje y la manera de ver la vida de este rabino- atrajo a este joven a los caminos de la Torá.

1. Carta del Jazón Ish z”l [Rabino A. Y. Karelitz, fallecido en Jeshván del año 5714 (1954), principal autoridad halájica de su generación]. Publicado muchas veces, más recientemente en “Veyadata ki Shalom Ohaleja,” pág. 12, por el rabino Jaim Friedlander, Benei Brak, 5746.
2. Rambam, Ishut 15:19.
3. Carta mencionada en la nota

Aharon Feldman

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