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Anorexia del alma

Duele -él apoya su mano sobre su corazón- “Aquí. Hace mucho. Un año, quizás diez. O desde siempre”.
– “¿Puede darle un nombre a eso?”.
– “¿Usted sabe como hace un cuervo cuando mata a una ardilla que quiere cazar? Como eso, como una puñalada”.
– “¿Qué lo hace sentir mejor?” – La pregunta lo confunde. Mira hacia la ventana, como si la respuesta que él busca, tan elusiva, estuviera en cualquier lado, pero no en él mismo.

El tiene 15 o 50 años; es blanco o negro; su pelo es rubio o negro, o estriado con gris; usa un arete o evita las joyas, o es panzón. Como con la anorexia, él puede ser ella. Pero llamémosla un hombre, y digamos que es judío.
él piensa que su vida marcha bien, pero no es tan así. Bueno, al fin y al cabo, él es exitoso. Trabaja en una gran escuela, o está por terminar su doctorado. Tiene sus propios negocios, o piensa que su jefe es un idiota. Es casado, soltero, divorciado. Su esposa es maravillosa, su novia es tramposa, su amante está viendo a alguien más. Cuando no está ocupado hay un dolor. Pero su habilidad para descubrir por qué, lo ha abandonado. Como la anoréxica, cree que ha logrado él mismo, con su fuerza de voluntad, llevar sus emociones a la no-existencia. Transformando su hambre en alguna otra cosa, sin embargo, se siente desdichado. Aunque él se considera madura y bien plantado, sigue sintiendo internamente una herida. Sufre una cierta forma de anorexia en el alma.
Finalmente habla -“¿Qué me hace sentir mejor? No sé. Pero cuando veo un hermoso cuadro… por un momento, soy perfectamente feliz. Y quiero pintar”.
– “¿Y entonces?”.
El sonrie con tristeza. “Entonces veo la pintura siguiente”.
“Y por qué no pinta?”
“Siempre hay algo más, algo…” Se quiebra. Espero.
Dice -“Cuando era un niño, acostumbraba a pasar por esta sinagoga. No veníamos, no me preguntaban por qué. Los sábados, cuando iba con mi mamá a la confitería, pasábamos; recuerdo a la gente saliendo, los hombres hablando, los niños riendo, y las mujeres juntas…”
Parece como si él necesitara mirar hacia otro lado antes que a mí. -“Cuando recuerdo que hubiera sido lindo estar con ellos, entonces es que el dolor viene, y siento…”
– “¿hambre?”
– “Sí. Como contenerme de pintar. Y cuando más pienso en esto, más duele”, dice, aclarando su garganta.
– “No lo entiendo, ¿No logra descubrir el motivo?”
– “¿Qué quiere decir?”
– “La religión… es algo que la gente hace para llenar el vacío”.
– “¿Un vacio del alma?”
– “Si. Como sentarse sobre una montaña para ver la puesta del sol…. ese temblor interno… Es de ahí de donde viene la idea de Di-s. ¿Por qué la gente ora? Porque saben que son pequeños, que morirán. Pero si oran, son parte de algo más grande. Quizás cuando ellos oran, encuentran esa pequeña parte de Di-s en su interior. Y el dolor se desvanece”.
Vacila, impactado por lo que acaba de escuchar. Los minutos pasan. Luego le pregunto: -“¿En qué está pensando?”
El ríe sin alegría. -“En comer. Pero no tengo hambre. Pienso en una exhibición que hay en el museo, y en un nuevo restaurante que abrieron en las afueras de la ciudad. Pero el dolor no es en mis entrañas”. Nuevamente pone su mano sobre su corazón “Es aquí; estoy vacío y trato de llenarme, pero no puedo”.
-“¿Usted está convencido que realmente trató?”
-“Hice mucho…”

* * * * *

Cualquiera puede tener muchas ocupaciones, ¿Pero, está usted satisfecho? Usted puede renunciar a alimentar su alma, pero le apuesto a que nunca podrá sacarse de encima la necesidad de ejercitarla. Lea el diario, mire las noticias, como el almuerzo, cierre ese trato, tome un trago… Como su cuerpo, su alma necesita sus “vitaminas” y, como su cuerpo, su alma probablemente no se dé cuenta cúan hambrienta está hasta que usted la escuche y la alimente.
Usted quiere pintar, pero sigue de largo.
Usted ve una sinagoga, pero no se anima a entrar.
Usted está maravillado por el mundo y piensa que hay un Di-s, pero usted no dedica unos instantes para orar.
Entonces, usted está hambriento.
Pero en lugar de alimentar su alma, se pierde usted mismo planeando cómo se divertirá, dónde irá a comer, dónde pasará el fin de semana….
Usted hace de todo, menos permitirse el alimento que el alma necesita.
– “¿Por qué padece hambre? Usted dice que la gente en la sinagoga estaba feliz. Usted está ocupado, pero es infeliz. ¿Por qué no quiere comer?”
– “¿Usted quiere decir…”. Busca las palabras un momento “¿usted quiere decir ir?”
– “Tome un pincel. Vaya aprenda”
Me mira fijamente como si yo hubiera perdido la cabeza.
“¿Ir? ¿Yo? ¿A la sinagoga? El mira, listo para saltar de la silla pero algo lo detiene. “Oh, no, usted no entiende. Posiblemente yo no pueda hacer eso”.

(extraído de la Revista Aieka,

Lisa J. Brik

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