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Amor al prójimo…Continuación

(selección extraída del libro «Autoestima» por Ezriel Tauber, © Ed. Jerusalem de México)

…continuación de Amor a tu prójimo

El Error de los Discípulos

La pregunta es: ¿por qué murieron los discípulos de Rabí Akiva? Aun asumiendo que su conducta fue medida con un estándar más alto debido a su grandeza y de que la falta de respeto entre ellos fue mínima comparada con la persona promedio, ¿cómo puede ser que ellos, de todas las personas, hayan exhibido alguna falta de respeto?
El Sokajover Rav explicó que su error emanaba de la ingenuidad de la gente buena más que de la perniciosidad de la gente mala. Su gran énfasis en la unidad del conjunto los condujo a descuidar su individualidad. Voy a explicar.
El judaísmo empezó con un individuo: Abraham. él se sobrepuso a los enormes obstáculos del mundo en el que nació, y continuó para cambiar a la humanidad para siempre como nunca nadie lo había hecho. Las Torres de Babel, pirámides y templos eran construidos; los jeroglíficos y el lenguaje escrito se estaban desarrollando; no obstante, el Creador del cielo y la tierra le dio más significado a las acciones y pensamientos privados de Abraham que a todos los monumentos públicos construidos y los descubrimientos lingüísticos revelados en sus días. Y porque él lo hizo, Abraham se convirtió en el vehículo a través del cual el Creador empezó el lento trabajo de la resurrección del mundo. Abraham, y no los arquitectos de la Torre de Babel; Abraham y ninguno de los políticos eruditos, profesores, poetas y sacerdotes de Babilonia.
La historia del pueblo judío es la historia del poder individual. Abraham es la roca de la cual el pueblo judío se labra. (Hasta los conversos son conocidos como «ben Abraham»). Así, a cada judío se le ha conferido la capacidad de ser ese individuo que cambia el mundo con la fuerza de su ser.

La Mishná enseña:

«¿Por qué Adam fue creado como un individuo único (mientras que los animales, por ejemplo, fueron creados en multitud)? Para enseñar que si una persona destruye a un sólo individuo, es como si destruyera el mundo entero. Y si él construye un sólo individuo, construye el mundo entero». (Sanhedrín 37a)


Los Sabios nos dicen que una persona debe saber y creer: «Para mí fue creado el mundo entero». Yo soy la persona sobre la que el mundo entero se mantiene, si yo fallo, el mundo falla. ¿Pensamos en esos términos? Alguna vez has mirado un espejo y pensado: «el mundo entero ha sido creado para mí -para mí solo. Si no hago mi parte, el mundo se viene abajo».
Si un judío se da cuenta de la posición en la que se encuentra, ¿podría alguna vez desesperarse? ¿Puede alguna vez sentir que no tiene control sobre la situación? Puede no votar en el Congreso, pero puede hacer mucho más: puede realizar una nueva mitzvá para D-os en cada momento. Puede ser que no hable con el presidente de los Estados Unidos, pero siempre está en primera línea para hablar con el Creador del cielo y la tierra, el Uno que provoca todos los acontecimientos.
Cada uno de nosotros tiene el potencial de Abraham dentro de su alma. Hashem nos creó de tal manera – dotándonos con cierta naturaleza única y colocándonos en circunstancia particulares -que cada uno de nosotros puede realmente decir: «Para mí fue creado el mundo entero».
Sefirá es el tiempo para preparar a am Israel (la nación judía) para su misión en este mundo: ser un conducto para la Torá. ¿Cómo nos preparamos? Primero, hacemos salir la individualidad del «yo». Desarrollo mi yo y después de poner de manifiesto la individualidad que Hashem me dio, me entrego a klal Israel.
Aun Abraham, el gran ayudante de otras personas, empezó por ser primero un gran ayudante de sí mismo. Y después que Abraham desarrolló su individualidad única y bella, (el rasgo de jésed, benevolencia hacia otros) su hijo Yitzjak desarrolló su carácter individual y único (el rasgo de guevurá, fuerza interna), Yaakov, en cambio, desarrolló su rasgo único (tiféret, belleza y verdad, que mezcla jésed y guevurá). Y así sucesivamente con los descendientes de Yaakov: Yosef, Moshé, Aarón, David, – cada uno desarrolló su propio enfoque individual y solamente después se fusionó con el grupo.
(Esto, por cierto, explica las 49 midot, rasgos de carácter, que corresponden a cada noche de sefirat haomer. Abraham, Yitzjak , Yaakov, Yosef, Moshé, Aarón, David, cada uno representa un rasgo de carácter único y, cada uno se combina con otro cada noche del omer para hacer un total de 49 combinaciones. Durante cada una de las siete semanas de sefirá debemos esforzarnos por mejorar el rasgo individual de carácter del antecesor de esa semana).
Hillel dijo: «Si yo no soy para mí mismo ¿quién lo será? No obstante, si yo (permanezco siempre solamente) para mí mismo, ¿qué es lo que me hace?» El orden aquí es crucial. Primero, uno tiene que desarrollar su individualidad única, después tiene que encauzar sus talentos a las necesidades de otros.
Desafortunadamente, mucha gente se esconde detrás de un velo de altruismo. Antes de llegar a la raíz de quiénes son ellos, viajan a lugares lejanos o construyen ciudadelas de caridad -todo lo que venga – mientras que no tengan que poner gran esfuerzo en desarrollar su individualidad. Otros evitan la responsabilidad de hacer salir su individualidad uniéndose a un grupo. Dicen: «No quiero hacer o saber mucho de mí mismo. Solamente déjame unirme a un grupo -en mi opinión, el mejor grupo – y seguir todo lo que me digan que haga». Estas personas están renunciando a su individualidad.
Las últimas personas describen a los discípulos de Rabí Akiva de acuerdo al Sokajover Rav. Su error fue que persiguieron la unidad, y descuidaron su individualidad. Y cuando una persona pierde su individualidad en el grupo, también pierde respeto por otros o, a lo más, tiende a tomar el respeto de otros por seguro. Por ejemplo, cuando dos personas se acercan a una puerta, por respeto, una dejará pasar primero a la otra. Sin embargo, cuando tú pasas solo a través de una puerta, no te paras en la puerta y piensas: ¿a cuál pierna debo dar más respeto, a mi derecha o a mi izquierda?
Los discípulos de Rabí Akiva estaban tan unidos bajo su mentor – se habían unido tanto – que no sintieron la necesidad de trabajar más en su propia individualidad y, consecuentemente, carecían de la capacidad para relacionarse unos con otros como individuos separados. Eran hombres idealistas del más alto calibre que se unían bajo la inspiración y liderazgo de uno de los más grandes seres humanos que jamás haya vivido. Sin embargo, hicieron esto a expensas de su crecimiento individual.
¿Cómo pudieron hacer esto?
Creían en el hombre, no en su mensaje. El enfoque de Rabí Akiva era revolucionario. Anteriormente, los grandes líderes enfatizaban en unificar «como un solo hombre con un solo corazón». Sin embargo, Rabí Akiva estaba tratando de enseñar a sus discípulos algo más: ama a tu prójimo como a ti mismo; con el mayor énfasis en ti mismo. Primero tú tienes que construir tu yo antes de poder amar a tu prójimo. No obstante, ellos no pusieron atención a las palabras de Rabí Akiva. Y probablemente la razón es porque estaban cegados por el aura de su grandeza. Querían ser como él para evitar desarrollar su individualidad. ése fue su error. Un error fatal.
Cuando el pueblo judío estaba parado al pie del Monte Sinaí «como un solo hombre con un solo corazón», también se unificaron como uno, sin embargo no les quitaron su vida. La razón es porque la unidad era su objetivo. Anular su individualidad por el conjunto era su finalidad. En el tiempo de Rabí Akiva, no obstante, ocurrió un cambio en el tejido básico de la vida de Torá. La tarea en ese tiempo era desarrollar primero la grandeza personal -individualidad.
De modo que, en tiempos de Moshé cuando todo el pueblo unificado estaba parado ante el Monte Sinaí cuando Hashem les habló, y sus almas abandonaron sus cuerpos, éstas les fueron restauradas. La unificación era su objetivo y así, cuando ellos se unificaron como uno, como se esperaba de ellos, se les regresó la vida. No obstante, cuando los discípulos de Rabí Akiva unificados como uno perdieron sus almas, la vida no les fue restaurada porque la unidad no era su primera prioridad. De hecho, su unidad trabajó en contra de ellos. Se unieron de una manera que les impidió fomentar el desarrollo como individuos. Por sí misma, su vida era un impedimento para crecer y no les fue devuelta.
Finalmente, ambos elementos – el individual y el comunal – son esenciales en cada uno de nosotros para satisfacer el propósito para el cual fuimos creados. Y esto está reflejado en las bendiciones dichas para sefirat haomer cada noche, en las cuales se mencionan dos tipos de estructuras de tiempo: días y semanas. (Por ejemplo, decimos, «Hoy es el decimoquinto día que es (lo mismo que) dos semanas más un día del omer» La halajá requiere que digamos ambos conceptos de tiempo a fin de cumplir nuestra obligación.)

En un nivel más profundo, los días individuales corresponden al judío individual mientras que las semanas corresponden al judío colectivo. Uno que desarrolla su individualidad pero no la entrega a la comunidad, ha contado los días pero no las semanas. Por el contrario, uno que se une a un grupo para evitar el difícil trabajo de desarrollar su individualidad, está contando las semanas pero no los días individuales. Debemos contar ambos, los días y las semanas.
Los discípulos de Rabí Akiva, en efecto, contaron las semanas pero no los días. Estaban tan unificados bajo su gran líder, que perdieron su individualidad. En consecuencia, no podían apreciar realmente la individualidad de sus colegas. El resultado fue que no tenían el grado de respeto necesario para preparar a am Israel para recibir la Torá.

Ezriel Tauber

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