Ascendiendo
Reshit Jojmá (El principio de la Sabiduría)
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Amar es entregarse

Extraído del Portal del amor. Del Rab Eliahu de Vidas, traducido por Simcha Benyosef

Enseña el Tikuné Zohar que el amor Divino en su esencia supone entregarse en cuerpo y alma para santificar Su Nombre [3]:

Dice el versículo [4], “Y los sabios resplandecerán”; “los sabios” son los iniciados en la explicación esotérica del segundo precepto, al cual alude la expresión “bereshit-En el principio”. Es decir, el primer precepto es de temer a Dios, y el segundo de amarle sin esperar nada a cambio.

¿Cómo puede verse la alusión al precepto de amar a Dios en la expresión bereshit-En el principio? El valor numérico de las letras de la palabra hebrea ahavá-amor es 13. El valor de la expresión bereshit es 913; pero las cifras 9, 1, y 3 también suman 13. El hecho que tanto ahavá-amor como bereshit-En el principio sumen 13, implica que la fuente del amor se encuentra en la sefirá jesed-bondad. El valor numérico de la palabra jesed es de 72, que alude al Nombre Inefable de Setenta y Dos, derivado de los versículos 19 al 21 del capítulo catorce del libro éxodo, cada uno de los cuales contiene 72 palabras.

La primera palabra de cada uno de estos tres versículos comienza con la letra Vav: (“vayisa’, vayavo, vayet“). El valor numérico de las letras que forman la palabra “Vav” es 13, tal como el de la palabra ejad-uno, y la palabra ahavá-amor. Hay aquí una referencia al primer dicho de la Creación – “Bereshit-En el principio” – acerca del cual nos enseñan[5], “¿No podía [el mundo] haberse creado con un solo dicho?” Es decir, los conceptos bereshit-en el principio, ejad-uno, y ahavá-amor, se vinculan por su idéntico valor numérico – 13.

He aquí el significado de “amor intenso”: al enunciar la palabra “uno” en la Shemá, has de entregar tu alma por el amor a tu Hacedor. Es por esta razón que a continuación del versículo Shemá’ Israel está escrito, “amarás al Eterno, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todos tus recursos.” En otras palabras, por amor a él, has de disponerte a ofrecerle lo que más estimes, tu cuerpo (padeciendo sufrimientos), tu alma (tu vida), o tus recursos financieros, inclusive en tiempos de crisis.

La prueba que habrá de sobrellevar Israel durante los últimos setenta años del exilio que será el último [6], en el que serán más severas las tribulaciones, es la pérdida financiera. El Talmud compara el pobre al muerto, lo que en este sentido significa que si se pierden los recursos financieros es equivalente a la pérdida del alma.

Si tu cuerpo, tu alma y tu dinero tienen igual importancia a tus ojos, ofrece al Todopoderoso lo que más estimes, para santificar Su Nombre. Al hacerlo, estás simultáneamente uniéndote a El con la palabra ahavá-amor, que, como hemos visto, alude a bereshit-En el principio. En ese momento, es como si el mundo hubiese sido creado para ti.

Si el hombre no entrega su alma, su cuerpo o su fortuna por amor al Todopoderoso en tiempos de persecución religiosa, decidiendo vivir en este mundo como un incircunciso gentil, consideran en el cielo que ha destruido el mundo, volviéndolo a su estado pre-creativo en que “la tierra estaba desolada y vacía”. Vemos el vínculo entre bereshit-En el principio y ahavá-amor en el versículo “la tierra estaba desolada y vacía,” ya que éste sigue al versículo que comienza con “En el principio”.

La persona que entrega su cuerpo, su alma y su fortuna, en un gesto de amor a su Hacedor, alcanzará el nivel más elevado en el mundo venidero. Tan sólo cuando tu amor a Dios se manifieste con el cumplimiento de los 613 preceptos, puede maljut-reino existir como entidad cohesiva y transmitir la Providencia Divina al hombre, como lo sugiere el versículo[7], “¿Por qué desafías la orden del rey?” El cumplimiento de los preceptos mantiene el mundo.

La mala tendencia, llamada en Kabalá “la malvada sirvienta”, causa la destrucción del mundo incitando a los hombres al pecado. Por tanto, se relaciona con el versículo “la tierra estaba desolada y vacía.” El Altísimo creó a esta “malvada sirvienta” para otorgar recompensa e imponer castigo a los hombres.

Hay distintos modos de entregar el alma para santificar el Nombre de Dios, y quien ama a Dios con su alma, su cuerpo y su fortuna con miras a que Dios le proteja de las penas de este mundo, ama con interés. Cuando el amor del hombre se basa en lo que Dios le da, su motivación no es el amor, sino los resultados de ese amor. En este caso, si sucediera que el Altísimo le quitase la fortuna o el cuerpo, su reacción natural sería negar la existencia de Dios.

No puede decirse que el amor a Dios es la fuerza motriz de tu vida hasta que no estés listo a entregar tu alma para santificar Su Nombre por el amor de tu Hacedor. Y si los tres elementos – la vida, el cuerpo y el dinero – tienen igual importancia a tus ojos, entrega los tres por Su amor. éste es el amor fundamental. Quien ama a Dios de este modo causa que las Fuerzas Masculinas de la Providencia fortalezcan a maljut-reino, iluminándola con jesed-bondad hasta que pueda maljut-reino funcionar como entidad cohesiva, capaz de transmitir shefa-energía. Cuando está iluminada por guevurá-reserva, maljut-reino se vincula con el temor de Dios y cuando su iluminación proviene de jesed-bondad, maljut-reino se vincula con el amor a Dios.

El valor numérico del vocablo Torá es 611. La Torá fue entregada a Israel por medio de las fuerzas Divinas de jesed-bondad y guevurá-reserva, que corresponden al amor y al temor de Dios. Con éstas se completa la Torá, y equivale a 613, el número de preceptos en la Torá. La Torá Escrita representa la línea central y la influencia armoniosa de tiferet-armonía; tiferet conecta y fusiona las líneas de bondad y de reserva, fortaleciendo a maljut-reino, quien ahora se identifica con el versículo, “La Ley del Eterno es perfecta.” Las Fuerzas Masculinas de la Providencia representan la Torá Escrita, mientras que maljut-reino representa el precepto, ya que, como hemos visto, la capacidad de maljut de transmitir energía Divina depende del cumplimiento de los 613 preceptos.

La fuente fundamental de los 613 preceptos es el Tetragrama como aparece inicialmente en el Libro de éxodo, seguido por la explicación Divina[9]: “Este es Shemí-Mi Nombre por siempre y para siempre y ésta es Zijrí-Mi memoria de generación en generación”. El valor numérico de Shemí-Mi Nombre, al cual se le añade el de las dos primeras letras del Nombre, Yud y Heh, es 365, el número de preceptos “negativos” o prohibiciones de la Torá. El valor numérico de Zijrí-Mi memoria, al cual se le añade el de las dos letras finales del Nombre, Vav y Heh, es 248, el número de preceptos “positivos,” – es decir, de sentimiento y acción – de la Torá. 365 y 248 suman 613, que, como hemos visto, representa a maljut-reino. Todos los 613 preceptos que constituyen a maljut están incluidos en la Torá Escrita que Dios nos dio a Su imagen y semejanza — es decir, como microcosmos de las Fuerzas Masculinas de Providencia, que representan la Torá Escrita. Por tanto, maljut-reino es también un microcosmos de las Fuerzas Masculinas de la Providencia en el sentido que contiene todos los preceptos de la Torá Escrita que representan estas fuerzas Divinas.

Rabí Shimón bar Yojai explica la relación entre amar a Dios y entregarse a santificar Su Nombre[10]:

El segundo precepto – temer a Dios – incluye el primero – amar a Dios – y se une a él, ya que quien le ama, teme el mero pensamiento de irritarle. Estos dos preceptos nunca se separan. En consecuencia, como hemos de ver, hay indicación de ambos en la luz del primer día de la Creación.

Ahavá-amor y la sefirá jesed-bondad tienen una fuente común, como derivamos de las palabras Divinas a Abraham[11], “Anda ante Mí y sé íntegro”. Podemos comparar este mandato Divino a otro versículo, acerca de Noé, quien[12] “andaba con Dios”. El hecho que Noé anduviese con Dios significa que necesitaba la ayuda y el apoyo Divino; por tanto, su amor no se considera perfecto por estar combinado con su agradecimiento al Todopoderoso debido a la ayuda que había recibido. En cambio, Abraham, cuya raíz de alma se encontraba en la sefirá jesed, recibe el mandato de andar “ante Dios,” es decir, sin depender del apoyo Divino. En consecuencia, el amor de Abraham se considera “perfecto”.

Está escrito que en la narrativa de la Creación, dijo Dios, “Haya luz”. En Kabalá, la luz representa la sefirá jesed-bondad; por tanto, explica el Zohar, el amor perfecto equivale al “amor intenso”. El precepto de amar a Dios nos enseña cómo hemos de quererle.

Dijo Rabí Elazar a su padre: “Padre, he oído la explicación del amor intenso”. Dijo su padre, “Dilo ante Rabí Pinjas, hijo mío, ya que ése es el nivel en que él se encuentra”. Dijo Rabí Elazar, “El amor intenso es un amor perfecto de ambos lados, es decir, el amor perfecto presupone amar a Dios, te esté él tratando con amor y ternura o con justicia estricta. Si tu amor no incluye ambos lados, no es un amor perfecto. Hemos aprendido que estos dos lados definen el modo en que hemos de amar a Dios. Un hombre puede amar a Dios porque tiene dinero, vida larga, hijos que le rodean, éxito en sus confrontaciones con sus enemigos, o simplemente porque lleva una vida acomodada. Si – Dios nos libre — sucediese que cambiara su situación, si el Altísimo fuera a cambiar la dirección de Su rueda y le tratase con justicia estricta, pronto comenzaría a estar en contra de Dios. Un amor de esta índole no constituye el amor fundamental porque se basa en una segunda intención: si este motivo cesase de cumplirse, también desaparecería el amor.

Un amor a Dios total e íntegro presupone ambos lados, te trate él con justicia estricta, o con amor y ternura haciendo que tengas éxito en la vida. […]

3-Zohar, Introducción, p. 10b.
4-Daniel 12:3.
5-Avot 5:1.
6-O sea, setenta años antes de la redención.
7-Ester 3:3.
8-Salmos 19:8.
9-Exodo 3:15.
10-Zohar Bereshit 11b.
11-Génesis 17:1.
12-Génesis 6:9.

Simcha Benyosef

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