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Accediendo a la Kabalá

Extraido de Teosoros Ocultos. Cómo Concretar Nuestro Potencial. Basado en la Kabalá y en las enseñanzas del Rabí Najmán de Breslov

Si bien la Kabalá contiene los misterios de la Creación y en verdad, de la vida misma, ¿cómo puede la persona común encontrar en ella las respuestas que busca?

Incluso un estudio superficial de la Kabalá muestra que la mayor parte de sus textos hablan de los Nombres de Dios y de sus aplicaciones correspondientes. Dado que la Kabalá tiene por objetivo revelar que Dios está en todas partes, tiene sentido que todo sea un paralelo de Dios y de la Divinidad. Sin embargo, la gran mayoría de la gente no comprende estos paralelismos, especialmente en los extensos textos de la Kabalá. E incluso si tenemos algún conocimiento del misterio de la presencia de Dios, ¿cómo nos ayudaría eso a aplicar este conocimiento a nuestras vidas diarias?

Esta pregunta es importante, pues refleja una enseñanza Kabalista fundamental. Cuando Dios creó al hombre, le dio el poder de elegir libremente hacer el bien o el mal. Cuando el hombre lleva a cabo buenas acciones, permite que la luz de Dios brille sobre este mundo material. Cuando realiza actos malvados, produce una obstrucción de la luz de Dios. Irónicamente, cuanto más se distancia uno de Dios, más grande es la revelación de la Divinidad que se necesita para retornar a él.

Una persona puede saltar sólo unos cuantos metros hacia arriba y esto con mucho esfuerzo, pero sólo el poder de sofisticados cohetes puede elevar al hombre desde la tierra hasta la estratosfera. De la misma manera, aquél que está distante de Dios requiere de una revelación mucho más grande de él (es decir, una energía más poderosa que la comúnmente accesible) para saltar desde esta ciénaga material hacia la libertad espiritual.

Durante las primeras generaciones, los profetas, los sabios y aquellos con un alma pura, conocían muy bien la Torá Escrita y Oral. Eso era suficiente para que experimentasen a Dios con una elevada conciencia, sin recurrir a las profundidades de la Kabalá. En esos días, el sistema Kabalista estaba reservado a unos pocos “iniciados”, a quienes se les permitía profundizar en sus misterios, tal como vemos en el Talmud (Jaguigá 11b-14b) y en el Zohar.

Sin embargo, en las generaciones siguientes, la gente comenzó a alejarse de Dios y a hundirse en niveles inusualmente bajos. A medida que las generaciones caían iban perdiendo su unión con los Mundos Superiores y más elevados. Ahora, en estos tiempos tan difíciles, la única energía que realmente puede llegarnos se encuentra dentro de las enseñanzas de la Kabalá. Es el nivel de Keter, el nivel más elevado e inefable, que aún ilumina los lugares más oscuros y que sustenta a cada individuo (ver Parte III, capítulo 1). Es específicamente ese nivel el que desciende hasta nosotros, nos nutre y nos da sustento.

Enseña el Rebe Najmán:

¡Debes saber! La Torá investida en los más profundos ocultamientos es específicamente la Torá elevada [es decir, la Kabalá], que es la energía que Dios utiliza para sustentar los mundos inferiores. Es la energía que se encuentra en los lugares más bajos, dentro de aquellos que han pecado tanto que Dios está totalmente oculto de ellos… esto corresponde a (éxodo 12:12, y Hagada de Pesaj), “Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto”, Yo, y no un ángel; Yo, y no un mensajero, “porque Yo soy Dios, Yo, y ningún otro”. En la tierra de Egipto, donde el ocultamiento era muy grande, Israel estaba sumergido en las Cuarenta y Nueve Puertas de la Impureza, y así, específicamente allí, Dios Mismo está investido y oculto (Likutey Moharán I, 56:4).

Keter es también el nivel que provee las respuestas a los misterios de la vida. Otorga el consejo necesario para desarrollar nuestro potencial de modo que podamos enfrentar y superar los desafíos de la vida.

Pero, ¿cómo podemos nosotros, quienes tanto necesitamos de las enseñanzas de la Kabalá, acceder y comprender sus profundidades ocultas?

En un asombroso vuelco de la historia, el conocimiento de la Kabalá, que una vez estuvo reservado a un selecto grupo de “iniciados”, comenzó lentamente a revelarse a más y más personas, hasta que el Baal Shem Tov, fundador del Jasidismo, y su bisnieto, el Rebe Najmán de Breslov, hicieron que esas enseñanzas no sólo fueran accesibles sino pertinentes a todos.

La decisión de revelar la Kabalá a las masas no fue algo fácil. Hasta la destrucción del Segundo Santo Templo en el año 68 E.C., y en los años que siguieron inmediatamente a ese cataclismo nacional, el conocimiento de la Kabalá estaba fuertemente restringido debido al temor de que sus ideas y el continuo uso de los Santos Nombres de Dios alentaran a que gente indigna realizara milagros invocando esos Nombres, extraviando más aún a la nación sometida en el exilio. Este temor fue validado por el Zohar mismo, que enseña que el principal motivo del largo exilio y de su opresivo sufrimiento se debe a que los misterios de la Torá han sido revelados a los indignos (Tikuney Zohar #56, p.90a: cf. Zohar III, 128a).

Pero al aumentar las presiones del exilio, la opresión de la Iglesia, el nacimiento del Islam, la aparición de las sectas Karaitas y otras distorsiones de la Torá y del auténtico judaísmo, los Kabalistas decidieron finalmente expandir sus círculos. Esta expansión estaba dirigida originalmente a pequeños grupos de iniciados, pero creció rápidamente luego que la Iglesia estableciera la Inquisición durante el siglo XV.

Con el advenimiento del Ari en el siglo XVI, la Kabalá comenzó a propagarse más aún. Muchas autoridades Halájicas, reconociendo la importancia de estas enseñanzas en su impacto sobre la gente común, comenzó a incorporar enseñanzas Kabalistas en sus decisiones. Esto fue especialmente así en el período que siguió a las masacres de Chmelnitzky (1648-1649), que comenzaron en Ucrania oriental y se difundieron a lo largo de Europa, dejando cerca de un millón de judíos muertos y miles de comunidades judías en ruinas. Las masas buscaron esperanza y salvación entre las ruinas, anhelantes de todo le que pudiera sacarlas de su desesperación.

Desafortunadamente, los temores de aquellos que proponían restringir la Kabalá debido a los indignos que pudieran abusar de su poder, se concretaron en ese tiempo. En el año 1666, un carismático predicador judío llamado Shavetai Zvi comenzó a propugnar la Kabalá, utilizándola como base para sus heréticas interpretaciones de sí mismo, proclamándose como el tan esperado Mesías. Logró engañar a muchos miles de personas, entre ellas a líderes rabínicos de la generación, y fue responsable, por sí solo, de la destrucción de cientos de comunidades judías alrededor del mundo, las que lo siguieron hacia la apostasía. El Shavetanismo continuó bien entrado el siglo XVIII, carcomiendo las bases de la fe y distanciando a miles de judíos de sus raíces.

Como secuela del desastre de Shabetai Zvi, la Kabalá volvió a ser el foco de una agitada discusión: “¿Debía ser revelada…?”. “¿Realmente la necesitamos para mantenernos…?”. Al tiempo en que estas discusiones se transformaban en debates y los debates degeneraban en abiertas batallas, el Baal Shem Tov hizo su aparición en escena.

Jasidut

Nacido en Ucrania en el año 1698, el Baal Shem Tov alcanzó increíbles niveles de espiritualidad. Su comprensión fue tan penetrante que pudo llevar las enseñanzas más esotéricas sobre Dios al nivel de la gente más ignorante. Expuso sobre el carácter central del hombre en la creación y cómo Dios considera a todos con gran amor. Dios está siempre conectado con el hombre (ver arriba Parte I, capítulo 1). Sin embargo, depende del hombre desarrollar esa conexión y volverla sólida. (Ver Esta Tierra es Mi Tierra, Parte VI, para una descripción de la revelación de la Kabalá durante el siglo XVIII).

El Baal Shem Tov conocía muy bien los misterios ocultos de la Torá y podía abrevar en su energía. Tomó los misterios más profundos de la Torá y los explicó revelando la Torá por lo que ella es, una guía para la supervivencia y la vida en este mundo. El Baal Shem Tov fundó el movimiento Jasídico que, desde su comienzo, fue capaz de inspirar hasta las personas más bajas con un sentimiento real y profundo de la Divinidad.

El Baal Shem Tov no sólo sobresalió en su transmisión de la Torá, sino que pudo también infundir en sus seguidores más importantes, grandes Kabalistas y hombres rectos de por sí, la misma capacidad de transmitir ese mensaje oculto para que los demás pudieran aprovechar la energía secreta de Keter. Keter es un paralelo del nivel de Atika Stima (el Anciano Oculto), de donde emana la Torá que será revelada en los tiempos del Mashíaj. El Mashíaj mismo es llamado Pele Ioetz (Consejero Maravilloso), reflejando el hecho de que la Kabalá y los niveles ocultos de la Torá contienen el consejo que necesitamos para enfrentar los desafíos de la vida y poder superarlos.

El mundo de la Kabalá es único en el hecho de que de todos los textos de la Torá que podemos estudiar, las enseñanzas Kabalistas son las que más profundamente tocan al corazón. Incluso un estudio superficial de los escritos jasídicos revela enseñanzas que resuenan e inspiran al exponer sobre los misterios de la vida de una manera totalmente práctica. “¡Esto es algo con lo cual me puedo relacionar!” y, “¡Esto fue dicho especialmente para mí!”, son algunas de las reacciones más comúnmente citadas luego de una sesión de estudio jasídico. Todos los maestros jasídicos desarrollaron sus propios y únicos estilos para trasmitir con elocuencia estas enseñanzas a aquéllos que seriamente buscaron la Divinidad en todas cosas.

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