Festejando
El mes previo a Rosh Hashaná: Elul
Rosh Hashana
+100%-

7 Niveles de Teshuba.

Nivel 1: Arrepentirse de inmediato

En su libro Menorat haMaor, el rabino Isaac Abohab, que vivió en España durante el siglo XIV, escribe (Pag. 668-669) que hay siete niveles de Teshuba o arrepentimiento. Estos niveles están divididos en términos de tiempo y circunstancias del remordimiento , es decir, ¿cuándo y por qué tiene lugar el arrepentimiento?

El primer nivel de Teshubá, que también es el más alto, es cuando uno se arrepiente de lo que hizo mal inmediatamente, por iniciativa propia, sin la intervención de terceros y sin estar motivado por factores externos. Cuando esto sucede, dice el rabino Abohab, es una indicación de que la conciencia de este individuo está despierta y activa.

Intentaremos comprender un poco mejor esta profunda idea.

Imaginemos a una persona que bebe demasiado alcohol y se emborracha.

En un primer escenario, este individuo conduce su automóvil, pasa un semáforo en rojo, es detenido por la policía, es multado y le quitan la licencia de conducir. En este escenario, inevitablemente, este individuo se arrepentirá de haber bebido en exceso simplemente porque está sufriendo las consecuencias de conducir en estado de ebriedad.

Segundo escenario. Una persona se emborracha en una reunión social y se porta mal delante de todos, y avergüenza a su esposa e hijos. Una vez sobrio, su esposa o sus amigos le reprochan su comportamiento y le muestran el daño y el dolor que causó a sus seres queridos. Después de esta advertencia, este hombre seguramente se arrepentirá de haber bebido.

Tercer escenario. Un individuo se emborracha pero afortunadamente su embriaguez pasó desapercibida. Estaba demasiado cansado para portarse mal y no llegó a avergonzar a nadie. Condujo su coche pero no le pasó nada. En resumen: no sufrió ninguna consecuencia seria de su embriaguez. Es muy posible que en este escenario el hombre no se arrepienta de haberse emborrachado. ¿Por qué? Porque tuvo suerte y no sufrió ninguna consecuencia negativa de su terrible error. Y gracias a estas circunstancias positivas, irónicamente, es probable que este individuo siga bebiendo en exceso y se vuelva a emborrachar. Ahora bien, si en este último escenario una persona lamenta sus acciones, “a pesar de que no le pasó nada grave”, su arrepentimiento es considerado del más alto nivel. ¿Por qué? Porque su remordimiento proviene directamente de su conciencia y no de un factor externo que le abrió los ojos: un accidente o la intervención de un tercero.

Este tipo de arrepentimiento “directo” refleja que el individuo tiene una voz interior, una conciencia activa (neshamá) que nutre la extraordinaria capacidad de reconocer nuestros errores por nuestra cuenta y corregir nuestro mal comportamiento sin que otro factor o persona nos tenga que abrir los ojos.

Otro ejemplo común de Teshubá inmediata.

Imaginemos que ofendí a otra persona diciéndole una palabra inapropiada. Si me disculpo de inmediato y digo: «Lo siento, no quise decir eso; no quise ofenderte; me equivoqué y usé las palabras equivocadas, etc.» En la mayoría de los casos, mis disculpas serán aceptadas , mucho más fácilmente que si me disculpo más tarde, es decir, cuando lo vea la próxima vez.

El rabino Abohab explica que cuando uno comete una transgresión hacia Dios o hacia los demás y se arrepiente inmediatamente y por sí mismo, esa «transgresión» se considerará más como un error, un desliz, una acción impulsiva, y no un acto ofensivo deliberado.

El rabino Abohab concluye la exposición de este primer nivel de TESHUBA citando un texto de la Guemará en Berajot (10a) que dice: «Si viste a un erudito de la Torá cometiendo una transgresión durante la noche, por la mañana debes asumir que ya ha lamentado ”. ¿Por qué damos este beneficio de la duda? Porque una persona que estudia Tora, como cualquier otro ser humano, no es inmune a cometer errores. Pero el estudio de los Preceptos Divinos de la Torá nos ayuda a desarrollar una ética interna mecanismo que mantiene nuestra conciencia despierta y activa, y la alarma interna se dispara cuando hacemos algo mal, empujándonos a arrepentirnos, a disculparnos e impidiéndonos repetir el mismo error antes de que se convierta en un mal hábito.

Nivel 2: cambiar los malos habitos

Sin embargo, cuando un individuo no se arrepiente de inmediato de su error y lo repite, se enfrenta a un desafío diferente, más difícil de corregir, que el rabino Abohab llama «el segundo nivel de Teshubá»: cambiar los malos hábitos.

Una vez instalados en el cerebro, los hábitos son difíciles de cambiar. ¿Por qué? Porque nos acostumbramos a hacer algo mal hasta el punto de que ya no nos damos cuenta que está mal. Cuando un comportamiento se convierte en un hábito, ya no se trata de cambiar lo que hacemos, sino de cambiar lo que somos.

Si dices una mala palabra o una vulgaridad, debes darte cuenta de tu error de inmediato, arrepentirte -pedir disculpas si las circunstancias lo requieren- y tomar la decisión de no volver a cometer el mismo error. Pero cuando esto no sucede, ignoramos la primera alerta y reiteramos una y otra vez las mismas vulgaridades, nos «adaptamos» a ese nuevo vocabulario, lo toleramos y en muy poco tiempo se convierte en una nueva normalidad. En parte de la rutina.

Los psicólogos explican que los hábitos, tanto buenos como malos, se forman cuando nuestro cerebro aprende algo nuevo y, a fuerza de la repetición, el cerebro se siente «cómodo» con ello y deja de evaluar o juzgar el nuevo comportamiento. Esto nos pasa en muchos ámbitos de nuestra vida diaria: comer o beber en exceso, fumar, etc. y también en cuestiones más subliminales que afectan nuestra espiritualidad y moralidad. Muchas veces lo que vemos en los medios, películas, shows, etc. contribuye a la internalización de los malos hábitos. Siguiendo el ejemplo anterior: Si me expongo a ver películas en las que las vulgaridades son «normales» me va a ser mucho más difícil identificar la formación de este hábito en mi personalidad. Y lo mismo sucede –en un nivel mucho más serio y peligroso –cuando me expongo a ver en los medios la falta de respeto hacia los padres, la infidelidad en el matrimonio, las relaciones íntimas descartables, etc. Cuando lo veo, de alguna manera, lo acepto. Y cuando lo acepto, estoy un paso más cerca de hacerlo…. Todo esto contribuye a la profundización del problema de los malos hábitos.

«El hombre es un animal de costumbres», dijo el famoso escritor inglés Charles Dickens. Cuando un valor inmoral se convierte en rutina, la conciencia ya no se despierta por sí misma, como lo hace en el primer nivel de Teshubá. Se adormece. Y necesitamos un estímulo externo para despertar nuestra conciencia y darnos cuenta de que estamos haciendo mal «aunque todos estén haciendo lo mismo».

El mes de Elul es precisamente cuando nos dedicamos a este tipo de arrepentimiento profundo, es decir, a reevaluar nuestros hábitos diarios, que se han hecho «normales». Durante todo este mes nos levantamos una hora antes para recitar la Selijot y despertar nuestras conciencias «dormidas». Las Selijot nos invitan a reflexionar y evaluar nuevamente nuestras acciones diarias. Permitiéndonos observarnos «desde el balcón» para identificar los malos hábitos que ahora forman parte de nuestra personalidad y no nos damos cuenta. Solo cuando somos capaces de identificar y reconocer nuestros malos hábitos, estamos en condiciones de cambiarlos.

Nivel 3

El tercer nivel, que veremos hoy, es cuando uno se arrepiente una vez que ya no puede repetir su mal proceder.

Ejemplos:

1. Un empleado de un supermercado roba mercadería y se la lleva a su casa sin que nadie lo vea. Como no se arrepiente de inmediato, este accionar persiste por un tiempo y se convierte en un hábito que el empleado perfecciona para no ser atrapado. Su conciencia no solo que ya no le dice nada sino que ahora le ayuda a inventar excusas imaginarias : “Los dueños son muy ricos». «No les afecta en nada lo que yo me llevo”.”No me pagan lo suficiente». «Yo trabajo más que los otros empleados”. “Merezco cobrar más y hace mucho que no aumentan mi sueldo“, etc, etc. El robo sigue y el arrepentimiento no aparece. Pero un día, el empleado llega a su trabajo y ¡oh sorpresa! Los dueños han instalado cámaras de seguridad en el supermercado. Las circunstancias ahora son diferentes. Ya no puede robar sin que lo vean. Su cerebro deja de inventar justificaciones. Irónicamente, eso le permite darse cuenta de que hizo algo mal durante un largo tiempo y finalmente se arrepiente. El rab Abohab indica que aunque la conducta de este individuo cambió debido a que las circunstancias cambiaron y ya no tiene las mismas oportunidades para robar que antes, este “arrepentimiento”, aunque imperfecto, es considerado por la Torá como válido.

2. Un hombre viaja al exterior por negocios. Y allí, donde nadie lo conoce, se deja llevar por la tentación y procede de una manera errada en el área sexual. Luego, de regreso en su hogar, se arrepiente de lo que hizo. Claro que donde todos lo conocen ya no puede repetir su mal proceder. Y de alguna manera, como dice Maimánides, el arrepentimiento es más creíble cuando alguien se arrepiente mientras está en condiciones de repetir el mismo error pero ahora elige no hacerlo gracias a un mejor entendimiento de lo que significa la infidelidad, etc. De cualquier manera, dice el rab Abohab, aunque este acto de arrepentimiento ocurre cuando uno ya no tiene la posibilidad de repetir el error, esta contrición es válida y su Teshubá, aunque no sea perfecta, es aceptada por Dios.

3. Durante muchos años un individuo pasa por un estado económico muy bueno. Algunas personas necesitadas se acercan él para pedirle ayuda, pero dice “NO” y se niega a ayudar al prójimo. Con el correr del tiempo, este individuo persiste en su conducta egoísta y no se da cuenta (o no se quiere dar cuenta) que está actuando mal. Cada año, durante el mes de Elul, Rosh haShaná y Yom Kippur dice las Selijot, escucha el Shofar, y aprende acerca de la importancia de dar Tsedaqá, pero ¡no se arrepiente! y sigue negándose a asistir a los pobres. Luego de algunos años, sus negocios le salen mal y pierde gran parte de su fortuna. El dinero no le sobra e irónicamente, ahora, que ya no puede ayudar, se arrepiente de no haber ayudado a los demás cuando podía. Este arrepentimiento, dice el rab Abohab, si bien no es el ideal, es válido y aceptado por el Creador.

Los Sabios explican que si nos arrepentimos mientras la oportunidad de seguir actuando mal todavía existe, se alcanza el máximo nivel de Teshubá.

Pero también dijeron que las puertas de la Teshubá no se cierran. Y que HaShem siempre está dispuesto a aceptar nuestro arrepentimiento, aunque no sea perfecto.

Nivel 4

Ahora exploraremos el cuarto nivel: El arrepentimiento que tiene lugar cuando nos damos cuenta de las consecuencias de nuestras malas acciones. El nivel más alto de Teshubá es cuando el arrepentimiento nace espontáneamente de la autorreflexión, cuando finalmente entendemos que lo que estábamos haciendo es incorrecto en sí mismo; cuando el arrepentimiento proviene del despertar de nuestra propia conciencia, o de un renovado deseo de reconciliación con nuestro Creador. El arrepentimiento en este nivel refleja nuestro amor por Dios (תשובה מאהבה).

El rabino Abohab explica que el cuarto nivel de Teshubá ocurre, por ejemplo, cuando un maestro o un amigo que nos conoce personalmente o un rabino en uno de sus sermones nos advierte directamente sobre las consecuencias negativas de nuestras acciones. Nuestra conciencia se despierta por un estímulo externo y por el temor a las consecuencias.

Menorat haMaor trae un ejemplo de este cuarto nivel de Teshubá. El caso de los habitantes de la ciudad de Nínive. Allá por el año 780 antes de la era común, HaShem se reveló al profeta Yoná ben Amitai y le dijo que debía ir a una ciudad asiria no-judía, que tenía más de 120.000 habitantes (en ese momento este alto número de habitantes era muy inusual) para advertir que la ciudad sería destruida por sus múltiples ofensas hacia Dios y hacia sus compañeros.

No vamos a analizar todos los detalles de esta fascinante historia. Pero muy brevemente: después de un intento fallido de fuga y un intento de suicidio, Yoná llegó a la gran metrópolis asiria y advirtió a sus ciudadanos que la ciudad sería destruida en 40 días. Inesperadamente, los habitantes de Nínive escucharon la reprimenda de Yoná, tuvieron miedo del castigo Divino y se arrepintieron. HaShem suspendió Su decreto y perdonó a la ciudad.

Ahora echaremos un vistazo a dos detalles de esta historia.

1. Los Sabios del Talmud elogiaron la forma en que tuvo lugar este arrepentimiento. Los habitantes de Nínive no solo se dedicaron a la oración y al ayuno, sino que también, y principalmente, modificaron su comportamiento. El abandono de nuestros malos hábitos y nuestra mala conducta es la evidencia final y el objetivo más alto del proceso de Teshubá. Los Sabios valoraron tanto este mensaje de la historia de Yoná que la establecieron como la lectura oficial de la Haftará en Yom Kippur en la oración de la tarde (Minjá). Indicando así lo que se espera de un Yehudi cuando termina Yom Kipur: un cambio real y positivo en su comportamiento, y no solo el ayuno, o el hacer resoluciones vacías o promesas de cambio. También aprendemos que HaShem está dispuesto a perdonar y «cancelar» el castigo cuando nuestro arrepentimiento resulta en una mejora de nuestro comportamiento.

2. Pero si bien el hecho de que los habitantes de Nínive creyeran en el mensaje del profeta Yoná es muy loable (algo que desafortunadamente no siempre sucedió con nuestra propia gente …), desde el punto de vista de la motivación, es decir, de cómo comenzó la Teshuba, este tipo de arrepentimiento se considera de un nivel inferior, ya que la razón fundamental para ello fue la autopreservación, es decir, el temor a la retribución Divina. En cualquier caso, el arrepentimiento por temor al castigo divino, aunque no se considera como la forma ideal del arrepentimiento, es aceptado por HaShem. Porque como vemos claramente en el libro de Yona, Dios escucha las oraciones de los habitantes de Nínive, los perdona y no destruye a la ciudad.

Nivel 5

El 5to nivel mencionado por el Rab Abohab es cuando uno se arrepiente después de haber experimentado las consecuencias de sus malas acciones o luego de haber sufrido dificultades. Esas dificultades no siempre están relacionadas con nuestro errado proceder. Veamos.

Las experiencias negativas que vivimos –por ejemplo un problema de salud, o dificultades laborales o económicas,–son vistas por nuestros Sabios como vivencias con el potencial de transformarnos y hacernos más humildes y más sabios. Las experiencias negativas, ironicamente, nos inspiran y nos pueden empujar a restablecer nuestra relación con el Creador.

Hay un párrafo muy famoso en la Torá, en el libro de Debarim (Deuteronomio) capítulo 30, versículo 4 que se refiere a la Teshubá colectiva, al arrepentimiento del pueblo de Israel cuando finalice su exilio. Así dice la Torá: «Y al final de los días, cuando hayas vivido en medio de todos esos [sufrimientos y persecuciones], regresarás a HaShem tu Dios y obedecerás su voz.» Este texto bíblico asume que el arrepentimiento llega como consecuencia de haber sufrido dolor y persecución en manos de las naciones en las que fuimos exiliados

Este tipo de Teshubá, la que proviene de madurar luego de sufrir, no es la ideal, ya que no nace de un profundo examen de conciencia, sino de factores externos a nosotros y que no están en nuestras manos, pero creo que es la razón más frecuente por la cual el proceso de arrepentimiento comienza.

Muchos Yehudim se acercan más a Dios y a la Torá, por ejemplo, después de haber perdido a un ser querido. Cuando uno pierde a un familiar es muy posible que al principio se rebele y dependiendo de las circunstancias ,un doliente a veces «se enoja» con el Todopoderoso. Pero luego, en la medida que uno avanza en las etapas del duelo y llega a la aceptación de la nueva realidad, es muy posible que uno se reconcilie con el Creador. Y que esa reconciliación lleve al individuo a un nivel espiritual superior al anterior, a una relación con Dios que es ahora más cercana que la que tenía antes de sufrir su pérdida.

Sufrir, lamentablemente, es a veces la única manera de madurar, crecer, entender y valorar. Cuando nada nos falta y tenemos recursos y salud para disfrutar de una vida material confortable, nos podemos olvidar muy fácilmente de Dios, y sin planearlo asfixiamos nuestra vida espiritual. Equivocadamente, actuamos como si Dios está allí solo para pedirle lo que necesito…. Y ni se nos ocurre agradecerle por habernos dado todo lo que tenemos.

Todos los meses, el padre le enviaba dinero a su hijo que estudiaba en el exterior. El padre lo llamaba al hijo muy seguido, pero el hijo nunca tenía tiempo para hablar con él. Y nunca le nacía llamar a su padre ni se le ocurría agradecerle por ayudarlo y apoyarlo económicamente. Entonces el padre decidió no enviarle más dinero. Al principio el hijo no dijo nada, pero a los dos meses, cuando se le acabó el dinero, llamó a su padre por teléfono y le dijo. “¡Querido papá!, ¿cómo estás? Hace mucho tiempo que no hablamos….te extraño mucho. ¡Ah! Dicho sea de paso, hace dos meses que no me mandas dinero ¿que ocurrió? ¿te olvidaste de mí?” El generoso padre, que nunca se olvidó de su hijo, se vio obligado a interrumpir su proceder para que su hijo pasara por privaciones y aprendiera a valorar todo lo que su padre estaba haciendo por él.

El Rab Abohab explica que muchos seres humanos (probablemente la mayoría de nosotros) nos acordamos de Dios solo cuando lo necesitamos, lo llamamos para pedirle y no para agradecerle. Y es posible que, como en el ejemplo del padre y el hijo, el último recurso Divino para llamar nuestra atención, y empujarnos a que nos comuniquemos con Él, sea interrumpir las bendiciones que nos concede y que damos por sentadas: nuestra salud, nuestro sustento, nuestra paz, etc.
Desde este punto de vista, dice el Rab Abohab, las privaciones y el sufrimiento deben ser interpretados siempre como llamados de atención para volver a acordarnos de Él.

Nivel 6

El arrepentimiento, no importa qué tan tarde suceda, siempre tiene algún valor.  Nos referimos al arrepentimiento por ofensas o daños que hayamos causado a otras personas, sino más bien al arrepentimiento por lo que hicimos mal en el área de valores religiosos o morales; en nuestra relación con Dios. Si abandonamos el judaísmo, por ejemplo, o si hemos transgredido los principios de la Torá, o si nos hemos alejado de Dios, etc.

En todos estos casos, el arrepentimiento tardío, aunque no sea ideal, sigue siendo positivo. Consideremos por ejemplo el caso de un individuo judío que vivió toda su vida alejado de la observancia de la Torá y comienza a darse cuenta de la importancia de su identidad judía cuando ya tiene 65 o 70 años … Se necesita mucho valor para admitir que uno ha vivido “equivocado toda su vida”, y se necesita mucho valor para reexaminar el pasado propio a una edad avanzada. Y es por eso que no se puede subestimar el gran mérito de esta forma de arrepentimiento. Especialmente cuando se convierte en «instrucción». Como en el caso de un amigo mío que vivió su vida alejado del judaísmo y cuando cumplió los 70 años, les dijo a sus hijos: “No quiero que sigan mi camino. Aprendan hebreo. Asistan a la sinagoga y acérquense más a nuestra religión”. El arrepentimiento tiene en este caso un efecto educativo muy importante, y tiene el poder de influenciar a los hijos o a otras personas para que actúen bien.

Algo similar, pero en un terreno diferente, sucedió con una famosa actriz que de joven solía lucir los abrigos de piel más excéntricos. Luego de muchos años de ostentación, cuando cumplió sus 60 años, decidió dedicar el resto de su vida a abogar por la protección de los animales. Este es un ejemplo de arrepentimiento reparador, que aunque ocurre tarde en la vida —y tal vez por eso se considere cuestionable — tiene valor y no debe subestimarse.

Hay otros casos de arrepentimiento tardío.

A menudo leemos en las noticias sobre algún escándalo que involucra a un funcionario público, que fue descubierto en una situación inmoral: una relación ilícita o un acto de corrupción, etc. Muchas veces después de que el tema se hace público estas personas se paran frente a las cámaras de televisión y confiesan públicamente su error, expresan su pesar y piden perdón por haber decepcionado al público que confiaba en él, a su esposa, a sus familiares, etc. Esto es sin duda un gesto valiente de arrepentimiento y contrición, aunque sea cuestionable en términos de credibilidad, particularmente porque el proceso de arrepentimiento y disculpas no sucedió “antes” de que esta persona fuera “atrapada”, sino como consecuencia de haber sido descubierta. Es probable que lo que impulsó a este individuo a arrepentirse no sea la conciencia y la convicción sino la conveniencia: el miedo a perder su trabajo, su reputación, su familia, etc.

Según Maimónides, el arrepentimiento más creíble tiene lugar cuando ocurre mientras un individuo está involucrado, por ejemplo, en una relación inmoral y se da cuenta de su error y se detiene antes de que alguien más lo sepa. Este hombre aún tiene la posibilidad de cometer el mismo acto equivocado, teniendo la misma energía y deseo que antes, pero ahora se abstiene gracias a un proceso de introspección que generó un nuevo entendimiento. O gracias a una renovada apreciación de los principios religiosos y su resolución de cambiar y ser una mejor persona.

Este sería el escenario de una Teshubá completa y más creíble.

El rabino Abohab explica, sin embargo, que incluso cuando el arrepentimiento ocurre en un momento posterior a la falta o luego de ser descubierto y está lejos de ser ideal, aún así, el Todopoderoso lo acepta y lo valora.

Nivel 7: Confesion final

Llegamos al último de los Siete Niveles de Teshubá (arrepentimiento) que el rabino Isaac Abohab describe en su libro Menorat haMaor: el arrepentimiento antes de la muerte. Aclaremos que según nuestros Sabios, la posibilidad de hacer Teshubá, arrepentirse por las transgresiones cometidas, nunca caduca, ni siquiera en los momentos previos a la muerte. La Teshubá ideal, sin embargo, también incluye la resolución de no repetir nuestros errores en el futuro (azibat hajet), algo que en el momento de la muerte inminente, obviamente, no es realizable. Pero de todos modos, esta Teshubá es aceptada y es absolutamente crítica. Los Sabios dicen (ver el texto hebreo mencionado arriba) que si un individuo se arrepiente sinceramente de sus faltas antes de morir, obtiene el perdón Divino y su alma accede al Mundo por venir (vale aclarar que este «perdón» se refiere a los pecados cometidos contra Dios y los principios de Su Torá, y no se refiere a los pecados y ofensas que uno cometió contra sus compañeros, vecinos, amigos y familiares, que deben resolverse con los afectados por mi comportamiento antes de ser perdonado por Dios). Hay un Viduy (confesión) especial escrito especialmente para el individuo que sabe que va a morir. En esa confesión uno articula las transgresiones que cometió y se arrepiente de lo que ha hecho mal.

ARREPENTIRSE MIENTRAS SE PUEDA

Hoy en día, poder hacer esta confesión en el lecho de muerte es un poco más inusual que en el pasado. ¿Por qué? Porque en el pasado cuando alguien se enfermaba, tenía fiebre o una simple infección, la muerte era inminente. Y el paciente solía mantener su consciencia hasta el momento final. La confesión / arrepentimiento siempre fue visto como una parte integral de «prepararse para morir». Pero hoy en día que B»H tenemos tantos métodos de curación, reanimación y prolongación de la vida, en muchos casos los pacientes están inconscientes en los momentos terminales de sus vidas, intubados, sin poder hablar, o bajo la influencia de morfina u otros medicamentos muy fuertes que ayudan al paciente a no sentir dolor pero le impiden la posibilidad de hablar y comunicarse. Por ello, es recomendable realizar este Viduy mientras uno está consciente. Y no hay por qué temer que este Viduy sea un presagio negativo. Al contrario, muchos consideran este Viduy como un acto meritorio que podría otorgar al individuo una prolongación de su vida.

MANTENER LA ROPA LIMPIA

Los Sabios nos enseñaron que la mejor manera de vivir nuestra existencia es visualizando que cada día que vivimos puede ser el último. Cuando somos conscientes de nuestra mortalidad, vivimos con intensidad y propósito e identificamos el balance diario de nuestras vidas. No debemos esperar hasta el «último día» para arrepentirnos, porque nadie está seguro de cuándo será el último día de su vida. Los Sabios de Guemará explicaron esta idea a partir de un verso de Kohelet 9: 8: “Tu ropa debe estar limpia todos los días”. “La ropa” representa metafóricamente “nuestras vidas” y este pasuq significa que tenemos que estar siempre listos para presentarnos ante Dios … En otras palabras, debemos arrepentirnos y reparar lo que hicimos mal «a diario», ya que no sabemos cuándo seremos llamados ante el Trono Celestial, y por eso debemos lucir permanentemente presentables, con ropa limpia, es decir, sin faltas no-perdonadas, ni conflictos sin resolver, en caso de que debamos comparecer repentinamente ante el Creador.

REFLEXIÓN FINAL

Como les pasa a muchos otros rabinos, he visitado en el hospital a personas que sabían que se estaban muriendo. Y hay un tema que se repite en casos de pacientes terminales. Al final de sus vidas, las personas no sienten tanta angustia por los errores cometidos (hay excepciones). En los últimos momentos de la vida, que es cuando los recuerdos de todo lo que vivimos pasan por la mente, la gente principalmente lamenta lo que debería haber hecho y NO HIZO. No haberse reconciliado con un ser querido. No haber pasado más tiempo con los hijos o la familia . O por haber postergado ad infinitum grandes proyectos o ideas para ayudar a otros. En esos momentos sagrados – que es cuando uno está plenamente consciente de la irrecuperabilidad del tiempo – la gente lamenta haber perdido demasiado tiempo tratando de «tener más» en lugar de haberse dedicado a «dar más», «ayudar más», «compartir más». En esos momentos, cuando uno examina el último balance de su propia vida, nadie piensa en el dinero que queda en el banco. Lo que importa no es lo que acumulamos durante nuestras vidas, sino lo que hemos hecho y lo que hemos logrado.

Rab Iosef Bitton

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top