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4) El fortalecimiento de la fe – Parte IV

(extraído del libro “Cuerpo y Alma, por Rab Yoel Shwartz, (c) Edit. Jerusalem de México)

7.

“Algunos de los que hablaron con el doctor Mody pensaban que el amor, la voluntad intensa o las oraciones de otros fue lo que les hizo regresar. Una mujer contó lo siguiente: “Escuché al médico decir que yo estaba muerta, y me sentí sumamente bien. Sin embargo, fui atraida de nuevo con fuerza a través del túnel obscuro. Cuando abrí los ojos ví a mi esposo y a mi hermana parados al lado de la cama, estupefactos y llenos de lágrimas en los ojos.” Hay otros que no se acuerdan del momento en que regresaron a sus cuerpos: “No me acuerdo del instante en que entré de nuevo a mi cuerpo. Me dormí, y cuando regresé me encontraba de nuevo aquí.” Otros, en cambio, se acuerdan perfectamente de su regreso: “Estaba arriba y contemplaba a los demás trabajar sobre mí. Ví que colocaban el aparato de electro-choques sobre mi pecho y ví a mi cuerpo convulsionarse a causa de la corriente eléctrica. En ese momento caí de nuevo, como si fuera un fardo pesado, a mi cuerpo”.”

La posibilidad del efecto de una oración en un suceso similar la hallamos en el Zohar, en donde se relata el caso de Binoka, el cual rezó por su padre, pues necesitaba de él para estudiar, y éste fue salvado de la muerte.

8.

“A dos conclusiones llegaron aquellos que haban contemplado sus vidas: que era necesario amar al prójimo y que era sumamente importante estudiar, estudiar mucho. Uno de ellos dijo: “Tuve la sensación de que este proceso de aprendizaje debía continuar y que nunca jamás iba a terminar, sino que se prolongaría para siempre”.”

Ya hemos mencionado que nuestros sabios dijeron que en el Mundo Venidero se declara: “Afortunado es aquel que viene aquí con su estudio en la mano.” También afirmaron que en el Mundo Venidero los justos se dedican al estudio de la Torá (ver, por ejemplo, Baba Metzía 85 sobre la discusión que hubo entre D-os y la Academia Celestial). Por otro lado, se ha prometido que los que olviden su estudio en este mundo lo recordarán en el Mundo Venidero, si es que lo olvidaron por causa de fuerza mayor (Shulján Aruj HaRav, Hiljot Talmud Torá 82:10, en el nombre del libro “Per Etz Jadash”). Es cierto que aquí no nos estamos refiriendo a gentiles, los cuales no se dedican al estudio de la Torá . No obstante, también ellos están obligados a estudiar las maravillas del Creador, así como meditar en la grandeza de D-os que se manifiesta en la creación. A este respecto señalaron nuestros sabios (Shabat 75): “Todo aquel que sepa reflexionar acerca de los ciclos del tiempo y los movimientos de las constelaciones celestes, pero no lo hace, a él se le aplica el versículo “y los actos del Eterno no contemplaron, ni tampoco vieron la obra de Sus manos” (Isaas 5; ver además el libro “Jovot HaLevavot”, Shaar HaBejiná, captulo 2, quien aporta fuentes adicionales acerca de esta obligación.) Además de ello, los gentiles pueden dedicarse al estudio de los Siete Mandamientos Universales que les corresponden. El Talmud afirma a este respecto que el gentil que se dedica al estudio de los Siete Mandamientos Universales es comparable al Cohen Gadol (Sumo Sacerdote; ver Sanhedrín 59).
El amor al prójimo constituye uno de los principios fundamentales de la Torá, y el mundo se sostiene sobre tres pilares básicos: la Torá, el servicio divino (Avodá) y los actos de bondad al prójimo (Gemilut Jasadim). La Torá declara a este respecto: “El mundo está edificado sobre la bondad” (Salmos 89). Sin lugar a dudas que el judío está obligado a cumplir los 613 mandamientos de la Torá, pero a pesar de ello estos mandamientos poseen una importancia singular, ya que en el Mundo Venidero se otorgará recompensa por ellos, además de que en este mundo también se disfrutará de sus frutos (Mishná al principio del orden Pea). Por lo demás, el Talmud señala que “el que quiera salvarse de los sufrimientos que acompañarán a la venida del Mesías, que se dedique al estudio de la Torá y a los actos de bondad al prójimo” (Sanhedrín 98). La razón de ello radica en que estos mandamientos constituyen principios generales muy grandes que tienen el poder para incitar al ser humano al cumplimiento de toda la Torá.

“La doctora Klaber-Ross, el doctor Mody, el doctor Tuamalu y otros individuos relacionados con este tema piensan que los testimonios de las personas que continuan llegando -aún después de que el tema salió a la luz- poseen la capacidad de provocar una revolución en el pensamiento de la gente. El miedo a la muerte dará paso a un sentimiento de seguridad y confianza de que después de la muerte no todo terminará.
“”Lo que nosotros sabemos hoy en da constituye el primer peldaño que nos acerca al mundo supra-terrenal”, dijo la doctora Klaber-Ross. “Existen otros peldaños más que no podemos conocer.” Ella hiperboliza y afirma que es posible que ellos guardan una semejanza con lo que nosotros concebimos acerca del Jardn del Edén y el infierno: “Quizás no de la forma en que nuestras mentes lo conciben actualmente. El infierno podra ser el reflejo de la culpa individual -después de nuestra vida material- que sentimos por cosas que debieron haber sido hechas y no lo fueron, así como por la falta de amor, de comprensión y de estudio.””

Pos supuesto, no poseemos la capacidad para saber con exactitud lo que es el Jardín del Edén y el Gehinom (infierno o purgatorio). No obstante, nuestros sabios nos han legado descripciones tanto del Jardín del Edén como del Gehinom (ver a este respecto los tratados “Gan Edén” y “Gehinom”). Sin embargo, es claro que todo lo que dijeron eran expresiones que apuntaban a conceptos espirituales profundos, tal como lo se al el Rambam en su introducción al captulo “Jelek” de la Mishná de Sanhedrín. (Ver también más adelante el capítulo 12 de este libro.) Aquí citaremos como ejemplo la explicación al tema que dio Rabenu Yona al castigo del “Kaf HaKela”:

“Sabed que el alma del malvado, cuyas pasiones mientras estaba vivo estaban centradas en sus deseos corporales, y que separó su deseo del servicio al Creador y se desarraigó de su raíz espiritual, al morir caerá hacia abajo, a la tierra, hacia el lugar de sus pasiones. Su destino será como el del polvo de la tierra, el cual baja y no sube. Aun así, la subirán hacia las alturas para ser juzgada y para ver cómo fue que cambió el Cielo por el Seol (el lugar de los muertos), de la misma forma que se eleva una piedra mediante una honda (Kaf HaKela). Pero después de que subió al Cielo, su naturaleza la hará bajar a la tierra, de la misma forma que la piedra regresa y cae a la tierra después de haber sido lanzada, como está escrito: “El alma de mi señor (el rey David) estará atada con la atadura de la vida al Eterno, tu D-os; y las almas de vuestros enemigos El las arrojará como del hueco de una honda” (Samuel 25:29). Nuestros sabios declararon: “Tanto las almas de los justos como las almas de los malvados subirán al Cielo y serán juzgadas allí. Las almas de los justos saldrán inocentes del juicio y serán depositadas debajo del Trono de Gloria (Kisé HaKavod); las almas de los malvados caerán de nuevo a la tierra y serán confundidas allí, como está escrito: “y las almas de vuestros enemigos serán arrojadas”. También está escrito que “cuando muere un hombre malvado, su esperanza se perderá” (Proverbios 11:7; Kohelet Rab 3:27). El alma de un malvado no tendrá esperanza de salir de la obscuridad a la luz, como está escrito acerca de las almas de los malvados: “Irá a la generación de sus padres; hasta la eternidad no verá la luz” (Salmos 49:20).

En estos mismos términos hay que entender lo dicho más arriba acerca del sentimiento agradable que esas personas sintieron al salir de sus cuerpos y contemplar la grandeza espiritual del mundo superior. Pero el que no tenga el mérito para ello se lo perder . Estos sufrimientos constituyen una parte de los sufrimientos del Gehinom.

A MODO DE CONCLUSION

Resulta evidente que no poseemos el derecho para explicar todas las declaraciones de nuestros sabios en sentido literal, máxime tratándose de temas cuya esencia misma es espiritual. Además, hay que tener precaución con toda investigación científica que aborde estos temas, ya que la mayoría de sus conclusiones no son sino conjeturas y especulaciones. Sin embargo, el paralelismo tan grande que hay entre las declaraciones de nuestros sabios y este estudio científico hace surgir la sospecha de que quizás las declaraciones de nuestros sabios también se expliquen literalmente. No ha sido nuestra intención emitir opiniones determinantes, ni tampoco presentar la perspectiva de la Torá acerca de este tema. Nuestra intención ha sido mostrar los cambios que han experimentado las opiniones científicas a fin de reforzar en nosotros la fé en la veracidad eterna de la Torá. Y si a la luz de los nuevos estudios científicos los eruditos de la Torá se sienten impulsados a elucidar en profundidad la perspectiva de la Torá sobre el mundo espiritual, entonces esa será para m una buena recompensa.

Rab Yoel Shwartz

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