3) Las lágrimas de Raquel – Rajel
Extraído y adaptado de El Calendario Cabalístico de Ben Itzjak
Durante el mes de Jeshván falleció la matriarca Raquel -Rajel-, la mujer amada de Iaacov -Jacob-.
Raquel -Rajel-personifica e clamor por el retorno espiritual y físico de todos sus hijos, y la que se rehúsa a ser reconfortada hasta que se concrete el retorno de sus seres amados [Jeremías 31:14].
Nuestra matriarca Raquel -Rajel- personifica el poder innato del alma y su devoción conciente de despertar la misericordia de D-os para redimir a Sus hijos del exilio y traerlos a la Tierra Prometida. Esto lo hace con lágrimas y plegaria sincera.
En las palabras del profeta Jeremías:
Así dice D-os: «Una voz es oída en Ramá, lamentación y amargo llanto; Raquel -Rajel- llora por sus hijos, se niega a ser reconfortada, por sus hijos, que no está«. Así dice D-os: «Gurda tu voz del llanto, y tus ojos de las lagrimas; porque hay recompensa por tu esfuerzo, dice D-os; y ellos volverán de la tierra del enemigo. Y hay esperanza para tu futuro, dice D-os, y os hijos volverán a su frontera«.
Recitamos esta profecía como lectura de los profetas –Haftará– en el segundo día del Año Nuevo, Rosh HaShaná. En esta festividad, denominada también Iom HaZikarón, el día de Recordación, es el día en que Rajel, después de haber sido estéril por muchos años, fue recordada por D-os para tener un hijo. Treinta años después, en el mismo día de Rosh Hashaná, su hijo José -Iosef- fue liberado de la prisión y nombrado virrey de Egipto. La frase de la profecía «por sus hijos, que no está», en donde Raquel -Rajel- llora, se refiere en particular a su hijo José -Iosef-, el representante espiritual de las tribus exiliadas de Israel.
En la Cábala se enseña que los doce meses del año tiene dos cabezas: el mes de nisán es el «padre» de todos los meses del año, mientras que tishrei es la «madre». El shofar de Rosh Hashaná simboliza el útero materno, y su sonido el nacimiento de un nuevo año.
El valor numérico del nombre Rosh Hashaná, 861, equivale a la suma de todos los números del 1 al 41 (denominado matemáticamente el «triangulo» de 41), siendo el numero 41 el valor numérico de la palabra em, madre. Este es el valor del nombre beit hamikdash (Templo), que para la mujer, la madre, simboliza la casa y el construir un santuario sagrado para su familia.
Raquel -Rajel- murió el 11de jeshván, el mes que sigue a tishrei, y como este siempre posee 30 días, esta fecha es el día 41 desde el comienzo del año, valor numérico de la palabra em, madre.
Este periodo completo de 41 días puede entonces ser entendido como una continuación y extensión del servicio espiritual de Rosh Hashaná (que es la suma del 1 al 41, como ya dijimos). El aniversario del fallecimiento de Rajel consuma el nacimiento del año (desde el útero materno, en este mismo día da a luz a su segundo hijo, Biniamin, devolviendo en el parto su alma al Creador).
Enseñan nuestros sabios que «los portales de las lagrimas nunca se cierran». Por eso, en la plegaria de la medianoche, conocida como Tikun Rajel (la rectificación de Rajel), reflexionamos sobre que el nombre Raquel -Rajel- equivale a 238, que es igual a 2 x 119, siendo 119 el valor numérico de la palabra dimá, lagrima. Así nuestra madre Raquel -Rajel- personifica las dos lagrimas cósmicas de la Shejiná, la presencia inmanente y revelada de D-os en nuestro mundo, que brota de sus ojos y despierta la misericordia.
Estas dos lagrimas corresponden a los dos días de Rosh Hashaná ( el pasaje de los profetas -Haftará- que se refiere a Raquel -Rajel- se lee en el segundo día, cuando ambas lagrimas ya han sido derramadas).
Encontramos en el Zohar: «Aquel que es pequeño es [verdaderamente] grande». Cuanto más pequeños somos ante nuestros ojos, mas grandes aparecemos a los ojos de D-os.
Cada lagrima de nuestra matriarca Raquel -Rajel- alimenta en la conciencia de sus hijos el sentido de pequeñez. Alimenta nuestra conciencia con sus lagrimas y nos lava, limpiándonos de nuestras imperfecciones espirituales.
La palabra madre (em) se escribe igual que «si» (im). El profeta Isaías dice: «Si (im) D-os ha lavado la suciedad de las hijas de Sión», implicando que es la madre (personificado por nuestra matriarca Rajel, que en particular es conocida en la Cábala como la «madre inferior», en la sefirá de Maljut, cuyo Nombre Divino es Adnut, el Nombre de D-os que aparece en ese versículo) quien lava y limpia la suciedad de las hijas de Sión, las almas de sus hijos.
Podemos ahora visualizar a una de las dos lagrimas de Raquel -Rajel- como nutriendo nuestra conciencia desde dentro, y la segunda lavando nuestras almas desde fuera. Cada una corresponde a un estado de pequeñez, la primera al estado de nuestra pequeñez existencial innata frente al infinito Todopoderoso, y segundo en reconocimiento de nuestro distanciamiento de él debido a nuestra propias iniquidades.
Cuando este estado completo y rectificado de conciencia y reconocimiento es integrado dentro de nuestras almas, la palabra pequeñez, meat, se invierte para transformarse en sabor, taam, el buen «sabor» de los secretos de la Torá, que van a ser revelados por el Mesías.

Todá rabá por compartir esta pagina en memoria de nuestra matriarca Rajel y asi aprender de ella.
Que el Eterno Kadosh…continue bendiciendolos..esta ensenanza en particular la lei con lagrimas…de verdad que llena profundamente nuestro espiritu…alimenta nuestro interior…..shalom