Ascendiendo
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3) El fortalecimiento de la fe – Parte III

(extraído del libro “Cuerpo y Alma, por Rab Yoel Shwartz, (c) Edit. Jerusalem de México)

4.
“Y todos, sin excepción alguna, pudieron ver y oír todo lo que ocurría a los cuerpos materiales que habían abandonado “abajo”. Todos ellos relataron hasta los más ínfimos detalles la mesa de operaciones sobre la cual habían “muerto” o el automóvil destrozado en donde habían “perecido”. Dieron informaciones precisas incluso de los detalles médicos más pequeños. Los médicos que los atendieron no comprendían cómo fueron capaces de registrarlos en los momentos en que estuvieron muertos según los criterios médicos, sin pulso cardiaco, sin respiración y sin registro de ondas cerebrales.
“”Supe que estaba muerta”, contó una de las pacientes, “pero no podía hacer nada, ya que nadie me escuchaba. Salí de mi cuerpo. No tengo duda alguna de que ví mi cuerpo extendido sobre la mesa de operaciones y escuché que los médicos ya me daban por muerta. Me sentí terriblemente, pues no quería morir. De pronto ví una luz; al principio era tenue, pero se intensificó hasta convertirse en una luz poderosa que es imposible de describir. La luz lo rodeaba todo, pero aun así no me cegó y pude continuar viendo el cuarto de operaciones…

“Sin relación alguna con el libro del doctor Mody, sus opiniones son apoyadas por las investigaciones de la doctora Elisabeth Kabler-Ross, psiquiátra que trabaja desde hace veinte años con enfermos incurables. En una de sus conferencias, la doctora dijo lo siguiente: “Yo sé, sin ningún asomo de duda, que la vida existe después de la muerte.” Las declaraciones de esta científica de cincuenta años de edad fueron duramente atacadas por ciertos sectores religiosos (católicos, por supuesto; -el autor) los cuales alegaron que ella se jactaba de “saber” algo que era materia de fé y no de conocimiento. La doctora Kabler-Ross accedió, después de estos ataques, a hablar más en concreto y a abrir los expedientes que contenían los testimonios y las investigaciones que había realizado a lo largo de ocho años con enfermos y víctimas de accidentes automovilísticos, los cuales habían muerto desde un punto de vista médico, pero que después habían regresado a la vida.
“La doctora Klaber-Ross comenzó a investigar este tema después de que decubrió que los enfermos más graves que había tratado habían muerto en su mayoría con una amplia expresión en el rostro. Además de eso, muchos de ellos habían hablado con alguien o haban visto algo en el momento de su fallecimiento. Al principio había pensado que estaban alucinando, pero después se convenció de que estaban en plena posesión de sus facultades mentales y que también la habían reconocido a ella en esos momentos…
“Las investigaciones realizadas por la doctora Klaber-Ross apoyan y complementan los testimonios del doctor Mody. Uno de los hechos mencionados se refiere al de un joven de veinte años que había perecido en un accidente automovilístico. Cuando la polica llegó al lugar del accidente, lo encontraron tendido entre los destrozos del automvil, con la pierna amputada. Todos los esfuerzos realizados para hacerlo vivir resultaron infructuosos y fue declarado muerto. Sin embargo, había permanecido con vida. El contó a la doctora Klaber-Ross lo que había sentido en el momento en que su alma salió del cuerpo y pudo ver su cuerpo tendido sobre la carretera con la pierna amputada. No comprendía lo que le había ocurrido; experimentó un bienestar sublime y se sintió completo, incluso con la pierna amputada. Vio el carro de la polica y después de eso dio detalles precisos de su salvamento, así como del salvamento de los cuerpos de los dos pasajeros que viajaban con él.
“Otro testimonio interesante contenido en los archivos de la doctora relata lo que le ocurrió a un químico que se había quedado ciego como resultado de una explosión en un laboratorio un año antes de que experimentó la “muerte”. Esa persona relató con lujo de detalles su muerte y todo lo que “había visto abajo…”
“A la pregunta de si aparte de estos testimonios existe algún apoyo o explicación científica a estos fenómenos, la doctora respondió que no tenía modo de explicar el hecho de que la gente que había muerto según los criterios médicos, después del suceso habían descrito con todo lujo de detalles lo que había ocurrido con ellos y en torno suyo, en ocasiones con un conocimiento que únicamente podía saberlo el doctor.”

Nuestros sabios dicen al respecto: “Durante los tres das siguientes a la muerte, el alma sobrevuela sobre el cuerpo” (Talmud Yerushalmi, Yevamot 17:3). En otro lugar se dice: “El muerto sabe todo lo que se dice enfrente de él hasta que se cierre la sepultura…Otro afirmó: hasta que la carne se consuma” (Shabat 152); “Rav le dijo a Rav Shmuel bar Shilat: a la hora de mi muerte esfuérzate en lo que dices de mí, pues yo estaré allí y escucharé tus palabras” (ibid.).

5.

“Recurren elementos específicos… una luz intensa y abundante, un “ser” que derramaba amor sin fin. El ser habló con ellos por medio del pensamiento…
“”De pronto ví una luz. Al principio era tenue, pero se intensificó. Iluminó todo mi alrededor, pero no me cegó y pude seguir viendo el cuarto de operaciones. Cuando la luz me preguntó si yo estaba preparado para morir, sentí como si estuviera hablando con un ser humano, pero no era un ser humano; era una luz que que hablaba, que se comunicaba. Me dí cuenta de que la luz sabía que yo no estaba preparada para morir. Tuve la sensación de que se me estaba examinando; me sentí sumamente bien, experimenté un sentimiento de seguridad y de amor. Es difcil describirlo, difcil de explicar…”
“”Cuando estuve allí, en presencia de esta luz tan intensa, me sentí tan bien que no quise regresar”, contó uno de los entrevistados, “pero pensé en mi esposo y en mis tres hijos; es difícil de explicar cómo o por qué, pero supe que yo tenía que decidir entre quedarme o regresar, como si la decisión estuviera en mis manos, y me decidí a regresar.” Otra entrevistada relató: “Estuve fuera de mi cuerpo, pero supe con toda claridad que yo poda decidir quedarme o partir.”
“”Esta luz”, contó otra, “poseía una personalidad tan bella, tan calurosa y buena, que no quería abandonarla.” Otros enfatizaron su sentimiento de que había una línea luminosa entre ellos y el ser de luz, y que sabían con toda claridad que si pasaban de esta línea ya no regresaran. El doctor Mody dijo que en las mentes de los que relataron sus experiencias no había un asomo de duda de la realidad de sus experiencias.
“Los relatos acerca de la luz intensa y acerca de los parientes que venían al encuentro del fallecido también son mencionados en los testimonios de la doctora Klaber-Ross…”

Nuestros sabios dijeron: “Rab Dos dijo -está escrito: “pues el hombre no podrá verme y vivir” (Exodo 33). En sus vidas no ven, pero si ven en la hora de su muerte” (Bamidbar Rabá, al final de la sección de Nasó). Ya mencionamos que el Zohar declara que en la hora de su muerte al ser humano se le permite ver todo lo que no pudo ver en su vida, así como que al morir, D-os se le aparece al ser humano y le dice: “escribe tus acciones”. Esto nos indica que a la hora de la muerte el hombre logra contemplar las revelaciones más grandes, y cada ser humano ve de acuerdo con su nivel espiritual. Por otra parte, sabido es que a las revelaciones espirituales se les asemeja a la luz. El Midrash declara: “Cuando es que el Santo, Bendito sea, muestra la grandeza que les ha preparado? Cerca de la muerte” (Yalkut Shimoni, Tehilim 874). En el “Sefer HaYashar” (del rabino Zerajia HaYevani, pariente de Rabenu Tam), capítulo 14 está escrito: “El Mundo Venidero es extenso, sin límites ni cubiertas; todo lo que hay allí es una luz inmensa que no puede ser comparada con la luz que hay en este mundo.”

6.

“Algunos de los entrevistados hablaron de la desilusión que sintieron al regresar, a pesar de que a ninguno de ellos se le ocurría suicidarse: “No quise regresar. Lloré una semana entera después de la experiencia que tuve. No quise vivir en este mundo después de lo que ví en el otro. De regreso traje conmigo las mismas sublimes sensaciones que tuve allí. Ellas permanecieron conmigo algunos cuantos días, e incluso ahora todavía las siento en ocasiones.” El doctor Mody dedujo que entre más permanecieron los “muertos” en esa existencia espiritual, tanto más les era difícil regresar…”Todo lo que ocurría era alegre…””

En el Zohar (sección de Vaielej) se dice que los justos se alegran en el día de su partida. En otro lugar (secciín de Vaerá , 98) se dice que el alma desea salir de este mundo y disfrutar del placer del mundo espiritual. Por esta razón el día en que un justo (Tzadik) muere se denomina “Hilula” (festividad de júbilo). En otro lugar más del Zohar (sección de Emor, 5) se declara que la salida del alma del cuerpo se opera a través de la alegría del apego a D-os. (En tiempos antiguos era una costumbre judía acompañar a los muertos con música de flautas y con canciones, tal como se menciona en el libro “Gesher HaJayim”, tercera parte, p g. 21). No obstante, todo esto se declara con respecto a los justos; así, pues, la pregunta es si esas personas tenían el nivel espiritual de un justo. Pero también es posible que incluso los que no sean justos son capaces de contemplar el mundo espiritual y su bienestar, aunque no se les permita permanecer allí.

Rab Yoel Shwartz

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