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20 de Adar: Rezar como Joni, Solo depende de Tí

Extraido de Nosotros en el tiempo

LA NECESIDAD PúBLICA

Di-s es considerado con todas Sus criaturas. Es por eso que no exigió al pueblo de Israel que realizara sus peregrinaciones a Jerusalén durante la época de lluvias. Las tres festividades de peregrinación -Pesaj, Shavuot y Sucot- tienen lugar entre la primavera y fines del verano boreal, cuando los días son hermosos y las noches agradables para los viajeros. Durante todo el invierno, la gente se mantiene ocupada en sus diferentes actividades; unos con sus campos, otros con sus viñedos y otros con sus huertas. Al aproximarse el mes de Nisán, todo el pueblo de Israel se regocija y dice: “Vamos, vayamos a la Casa de Di-s”. Desde comienzos de Nisán, las personas partían desde los distintos confines del país para ascender a Jerusalén y ofrendar el sacrificio de Pesaj, para presentarse ante la Divina Presencia, y realizar las demás obligaciones que debían cumplir en Jerusalén.

El 15 de Adar, el beit din (tribunal) enviaba obreros para que repararan las calles dañadas durante la época de lluvias. Las carreteras eran reparadas para los peregrinos que pronto ascenderían a Jerusalén, así como para aquellos que habían cometido homicidios sin querer y huían a las ciudades de refugio. Asimismo, se abrían las cisternas ubicadas a ambos lados de las carreteras para que hubiera suficiente agua para los viajeros y sus ganados.

Puesto que entonces tenía lugar la primera y más importante concurrencia de personas a Jerusalén luego de un período de receso de medio año [desde Sucot hasta Pesaj], se fijaba aquel momento también para ocuparse de las demás necesidades públicas. Así, aquellos involucrados en litigios aprovechaban esta oportunidad para llevar sus casos ante el Gran Beit Din en Jerusalén. Casos que suponían pena capital -que no podían ser arbitrados por las cortes locales de cada ciudad- o la administración de azotes por la transgresión de ciertas prohibiciones, se decidían también en ese momento.

También se realizaban otras actividades públicas que sólo podían llevarse a cabo en Jerusalén. Por ejemplo: la redención de objetos consagrados al tesoro del Templo, la examinación de la sotá [esposa sospechada de infidelidad], la preparación de las cenizas de la pará adumá -vaca roja- [para aquellos que se habían vuelto ritualmente impuros por haber estado en contacto con un cadáver], la ceremonia de la eglá arufá -ternero desnucado- que traían los ancianos de una ciudad cuando se encontraba una persona asesinada en las proximidades de ésta y la identidad del agresor era desconocida; la perforación de la oreja derecha de un esclavo hebreo ligado a su amo por medio de un contrato, y que se negaba a volver a la libertad luego de haber cumplido sus años de esclavitud; y los ritos de purificación del metzorá (leproso).

Todos estos actos permitían al pueblo de Israel purificarse de la profanación y la transgresión para así poder ascender y presentarse ante Di-s en Pesaj.
La participación activa en los trabajos públicos que comenzaban el 15 de Adar -los preparativos para la peregrinación que llegaría próximamente- no se limitaba solamente a los mensajeros enviados por el beit din. Cualquier persona deseosa de fomentar el bien público tenía amplias oportunidades para colaborar. Así, encontramos que numerosos individuos piadosos se dedicaron a la obra pública durante este período. De esta forma fueron merecedores que sus acciones quedaran registradas para las futuras generaciones, y sobre ellos fue dicho: “Todo aquel que beneficia a la comunidad, ningún pecado viene por su intermedio”; tiene asegurada la protección Divina, y del Cielo lo ayudan para que no tropiece con sus acciones.

En el Talmud se relata el siguiente incidente (Bavá Kamá 50a):
Sucedió una vez que la hija de Nejuniá, el excavador de cisternas [así lo llamaban debido a que solía cavar cisternas a ambos lados de la carretera para que fueran usadas por los peregrinos] cayó en un profundo pozo de agua. La gente fue e informó a Rabí Janiná ben Dosá lo acontecido. Durante la primera hora [cuando era posible que la joven aún estuviera viva], Rabí Janiná dijo: “Ella está bien”. En la segunda hora [cuando todavía podía estar con vida], dijo: “Ella está bien”. En la tercera hora [cuando ya no era posible que estuviera viva si aún permanecía en el agua], él dijo: “¡Ella ha salido!”
La gente le preguntó: “¿Quién te ha sacado [del pozo]?”
Ella respondió: “Vino un carnero [el ofrecido en lugar de Itzjak], guiado por un anciano [Avraham]”.
Preguntaron entonces [a Rabí Janiná ben Dosá]: “¿Eres un profeta?”
El respondió: “¡No soy profeta ni hijo de profeta! Me dije: ¿¡Es posible que aquello por lo cual este tzadík [Nejuniá] ha trabajado tan duro [es decir, los pozos que cavó en beneficio público] pueda dañar a su simiente!?”

Un incidente similar es registrado en el Talmud Ierushalmí (Shekalím 5:1):
Había una vez un hombre piadoso que cavaba pozos y cisternas para uso de los viajeros. Cierto día su hija iba rumbo a su propia boda cuando fue arrastrada por el río torrentoso. Todos concurrieron a consolarlo pero él se negaba a aceptar consuelo. También Rabí Pinjás ben Iaír fue a consolarlo, pero no quiso aceptar sus condolencias.
El [Rabí Pinjás] dijo [a los vecinos del lugar]: “¿Ustedes consideran piadoso a este hombre? [es decir, su negación a aceptar el juicio del Cielo parecería indicar lo contrario].
Le respondieron: “Rabí, esto es lo que le sucedió” [y le relataron todos los detalles].
Entonces él dijo: “¿Es posible que aquél que honró a su Creador por medio del agua sea castigado por medio del agua?”
De inmediato comenzó a correr un rumor por toda la ciudad: “¡La hija de este hombre ha regresado!”
Algunos dicen que se sujetó a una rama que apareció milagrosamente y así se salvó; otros, que se le apareció un ángel con el aspecto de Rabí Pinjás ben Iaír y la salvó.

EL VEINTE DE ADAR
En los días de Shimón ben Shétaj y Joní HaMeaguél [hacedor de círculos], se estableció el 20 de Adar como día de celebración. Los fundamentos de ésta se encuentran registrados en Meguilat Taanit [ver una variante en Taanit 19a]:

El 20 [de Adar], cuando la gente estaba desesperada por lluvia, se abrieron los cielos y cayó lluvia para ellos. ¿Qué había sucedido? La Tierra de Israel había sufrido sequía y hambruna durante tres años, y aunque rezaban, la lluvia no caía. Acudieron a Joní HaMeaguél y le dijeron: “Reza para que caigan las lluvias”.
Les dijo él: “Ved y entrad los hornos de Pesaj para que no sean dañados [por las lluvias que están a punto de caer]”.
Rezó, pero aún no llovía. Entonces trazó un círculo y se colocó en su interior, como lo había hecho el Profeta Jabakúk, y dijo: “Amo del Universo, Tus hijos han recurrido a mí ya que me consideran miembro de Tu casa. ¡Juro por Tu gran Nombre que no me moveré de aquí hasta que Te apiades de ellos!”
Entonces comenzaron a descender gotas de lluvia. Sus discípulos le dijeron: “Rabí, esto no es lo que queremos. Pedimos no morir de hambre [es decir, necesitamos lluvias suficientes en lugar de unas escasas gotas]. ¡Nos parece que estas lluvias han venido solamente para absolverte de tu promesa!”
El les dijo: “Hijos míos, no moriréis [de hambre]”. Luego dijo [en plegaria]: “Amo del Universo, esto no es lo que Te pedí. ¡Te suplico que hagas caer lluvias que llenen las cisternas, los canales y los pozos!”
Las lluvias comenzaron a caer a baldazos. Los Sabios estimaron que cada gota tenía la medida de un log [¡una medida de líquido que supera el contenido de una taza, 350 ml. aproximadamente!]
Entonces le dijeron: “Esto no es lo que deseamos. ¡Pedimos no morir! ¡Nos parece que esta lluvia ha venido solamente para destruir el mundo!”

El les respondió: “Hijos míos, no moriréis”. Luego dijo [en plegaria]: “Amo del Universo, esto no es lo que Te pedí. Te ruego hagas caer lluvias de bendición y gracia [que traigan abundancia]”.
Las lluvias comenzaron a caer entonces como de costumbre. Sin embargo, los habitantes de Jerusalén tuvieron que ascender al Monte del Templo [debido a la inundación].
Le dijeron: “Así como has rezado para que comiencen las lluvias, reza para que se detengan”.
El les respondió: “Uno no puede rezar para que el bien se detenga. Mas bien, ved y traedme un buey como ofrenda de agradecimiento”.
Fueron y trajeron el buey. El posó sus manos sobre la cabeza del buey y oró: “¡Amo del Universo! Observa a Tu pueblo Israel, Tu herencia, a quien Tú has sacado de Egipto con Tu brazo fuerte, poderoso y extendido. No pueden resistir Tu enojo desmedido ni Tu enorme bondad. Cuando Te enojas con ellos, no lo pueden tolerar. Cuando los bañas con el bien, no lo soportan. ¡Sea Tu voluntad que haya alivio para ellos!”
Inmediatamente comenzó a soplar el viento, las nubes se dispersaron, el sol brilló, y la tierra se secó. La gente bajó a los campos y vio que de la tierra habían brotado trufas y hongos.

Shimón ben Shétaj envió [a Joní] un mensaje: “¡Si no fueras Joní HaMeaguél, te excomulgaría! Si estos fueran años como aquellos de la época de Eliahu [cuando hubo un decreto Divino de que no habría lluvia], ¿no se hubiera visto profanado el Nombre de Di s por tus acciones? Pero, ¡qué puedo hacer! Tú has suplicado a Di s como un hijo, que siempre logra obtener lo que quiere, suplica a su padre. Si él [el hijo] pide: “Tráeme comida caliente”, el padre se la lleva. Si pide: “Tráeme comida fría”, el padre se la sirve. “Tráeme frutos secos”, él le lleva frutos secos. “Dame granadas”, le da granadas. “Dame un caqui”, ¡el padre se lo da! En cuanto a ti, el versículo expresa (Proverbios 23:25): Alégrense tu padre y tu madre, y regocíjese la que te engendró”.

Así, aquel día fue declarado festivo, puesto que las lluvias sólo caen gracias a los méritos de Israel, tal como declara el versículo (Deuteronomio 28:12): Di s abrirá para ti Su buen tesoro. Nuestros Sabios explicaron: para ti – la cuestión depende sólo de ti.

Elihau Kitov

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