Ascendiendo
Aprehendiendo las sefirot
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16) Guevura [16.5]

Compilación realizada de diversas fuentes de Breslov, en especial “Anatomía del Alma” Por ruthshira@tora.org.ar

El “Arbol Sefirótico de la Vida” se representa tradicionalmente en tres columnas: derecha, izquierda y centro.
A la derecha, correspondientes al cerebro derecho, el brazo derecho y la pierna derecha respectivamente, se encuentran Jojmá, Jesed y Netzaj.
A la izquierda, correspondientes al cerebro izquierdo, el brazo izquierdo y la pierna izquierda, están Biná, Guevurá y Hod.
En el centro, correspondientes al bulbo raquídeo, la espina dorsal y los órganos sexuales están Keter, Tiferet, Iesod y Maljut. La cuasi-Sefirá de Daat se incluye entre las Sefirot cuando Keter no está presente y viceversa.

En la Kabalá, la “Derecha” representa el concepto de la irrestricta e incondicional Misericordia, Amor e Iluminación. La “Izquierda” representa el concepto de restricción y de un dar condicionado (dependiendo del recipiente y de su capacidad para recibir). El “Centro” representa el equilibrio sinergético óptimo de las dos polaridades.
El concepto de derecha, izquierda y centro está aludido en la Introducción al “Tikuney Zohar” (p.17a), llamado “Petijat Eliahú” (El Discurso de Elías), que aparece en muchos Sidurim:

Estas Diez “Sefirot” se ordenan de acuerdo a tres columnas. La columna de la derecha es “larga” [porque representa el amor y la bondad]. La columna de la izquierda es “corta” [porque representa el juicio y el poder de restricción]. La columna del centro o cuerpo se dice que es “intermedia” [porque representa la misericordia, la armonía perfecta entre el amor y la restricción].
[De esta manera las Diez Sefirot sirven como conductos a través de los cuales Dios regula Su interacción con los seres humanos de acuerdo con sus acciones]. Por sobre todo, sólo está él Quien las dirige, pero a él ningún poder lo dirige ni por encima ni por debajo, ni de ningún lado.

Si el amor no es debidamente controlado a través de Guevurá, es decir, del temor a Dios puede llegar a ser muy destructivo. Si el amor es adecuadamente controlado, se vuelve la herramienta más efectiva para la construcción de la humanidad y de la paz.

A nivel práctico, si intentamos estructurar nuestras vidas sólo con la bondad, nos sentiremos abrumados e incapacitados para funcionar. Si tratáramos de vivir una vida regida puramente por el juicio no podríamos existir, pues toda mínima desviación de las responsabilidades demandaría un grave castigo. Así, el equilibrio entre la bondad y el juicio es algo crucial para una existencia sana.

De la misma manera, alcanzar la mezcla perfecta de amor y de respeto a Dios (Jesed y Guevurá) es equivalente a alcanzar Su conocimiento. El amor nos permite entregarnos de manera irrrestricta, mientras que el respeto nos ayuda a mantener la distancia apropiada necesaria para servir a Uno tan exaltado como Dios.

El conocimiento de que la mezcla entre las fuerzas opuestas (Jesed y Guevurá) es algo necesario para mantener la creación puede ayudarnos a comprender cómo la Divinidad está presente en este denso planeta material. El principio básico de la existencia es que Dios permea toda la Creación, desde los niveles más elevados hasta los más bajos. Por un lado, cuanto más elevado sea el nivel al que la persona ascienda, más grande será la revelación de Divinidad que experimente y más será atraída hacia lo espiritual. Por otro lado, en los niveles inferiores de existencia, la presencia de Dios se hace cada vez más oculta, hasta que en el más bajo de los niveles da la sensación de que él no existe, Dios no lo permita.

Dado que Jesed y Guevurá son las “Sefirot” que sirven de interfase directamente con los “mojín” (los poderes del intelecto), ellas expresan pensamientos. El nivel de los pensamientos de una persona representa el límite de su capacidad espiritual, de su alcance. Sus pensamientos determinarán cuánto Jesed y Guevurá utilizará, dependiendo de su nivel. Las manos, representadas por Jesed y Guevurá, también expresan pensamientos mediante los movimientos y gestos con los cuales tienden a acompañar las palabras. Las manos siempre se están moviendo; “hacia qué” lado se muevan depende de las intenciones de la persona.
Por esta razón el Talmud declara (Shabat 14a), “!Manos activas!” pues ellas están expresando constantemente nuestras emociones internas. Así las manos no sólo expresan el límite físico externo, sino también nuestra capacidad espiritual. Como veremos, en ningún otro lugar es esto tan evidente como en la plegaria y en la fe.

En la estructura de las Diez Sefirot, Jesed (Bondad) hacia la derecha y Guevurá (Juicios) hacia la izquierda, vienen inmediatamente después de Biná. Biná, directamente por sobre Guevurá, es de hecho la fuente de todos los juicios, como en (Proverbios 8:14), Yo soy Biná; la fuerza [Guevurá] es mía. Más aún, sabemos que Biná está enraizada en el corazón, que se sitúa levemente hacia la izquierda del cuerpo (Zohar I, 10b; Likutey Moharán I, 41). A partir de esto podemos comprender que Biná, como fuente de Guevurá (fuerza), indica que el corazón tiene un tremendo poder que, apropiadamente canalizado, es capaz de dirigir a la persona hacia Dios.
El Rebe Najmán enseña así que cuando alguien despierta su corazón para servir a Dios, tanto la fuerza como los juicios (que se encuentran en el corazón) lo inspiran con cálidas palabras.

Conceptualmente, los juicios que uno enfrenta son los sufrimientos que uno debe soportar (por ejemplo, los problemas familiares, la confusión, las dudas, la adversidad. Estos juicios inspiran a la persona para que examine sus pensamientos y sus acciones, para ver si están enraizados en el bien o, Dios no lo permita, en el mal. Una vez que ha contemplado la verdad de sus acciones, y se ha visto estimulado a cambiar su comportamiento, o bien sus buenas acciones lo han inspirado a realizar más actos buenos, puede entonces llorar ante Dios, con cálidas palabras de plegaria y con absoluta verdad (Likutey Moharán I, 38:5; ver también ibid. 15:2). Este despertar del corazón
en la plegaria mitiga los juicios, pues servir a Dios con verdad en el corazón revela la elección (es decir, el buen juicio y sinceridad) de los deseos de la persona. Sus palabras de verdad actúan como guía para llevarla por el sendero que finalmente aliviará sus sufrimientos. Así el acto de orar nos confiere el poder de traer al mundo abundante bondad y bienestar, lo opuesto al juicio (Likutey Moharán I, 45, 46).

El habla deriva del aspecto Divino de Guevurá, que denota fuerza y severidad. Por tanto debe ser suavizada mediante el estudio de la Torá y la expresión de palabras de bondad y de santidad. Este es el motivo por el cual debemos tener especial cuidado en evitar todas las formas de hablar degradado, en especial los comentarios peyorativos sobre otra gente. [Likutey Etzot]

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