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1) El fortalecimiento de la fe – Parte I

 

(extraído del libro “Cuerpo y Alma, por Rab Yoel Shwartz, (c) Edit. Jerusalem de México)

“Este mundo se asemeja a una cueva en el desierto que está debajo de la tierra. El que se halle dentro de esta cueva se imaginará que no existe otro mundo más que ese, ya que no verá lo que hay afuera. Pero si saliera de ella, vería que hay tierras extensas, los cielos, los océanos, además de los astros y las estrellas. De la misma forma el hombre, al estar en este mundo, piensa que no existe otro mundo más. Pero si pudiera salir de él se daría cuenta de la amplitud del Mundo Venidero y el esplendor de su grandeza”

(“Sefer HaYashar” del rabino Zerajia HaYevani, también atribuido a Rabenu Tam, captulo12).

El insigne rabino Yejiel Mijal Ticochinsky escribi lo siguiente:

“Nuestra vida sobre la tierra, la cual lo hace pasar del vientre de la madre al vientre de la tierra, junto con todos los demás seres vivos, y de la cual ha sido tomado y a la cual regresará, no es sino un puente que conecta dos tipos de vida fundamentales que se encuentran en los extremos de nuestra existencia: el pasado y el futuro. Bien que ambos son fundamentales y completamente distintos uno de otro, el pasado ya esta determinado, mientras que el futuro es libre y únicamente será afectado por la naturaleza de lo que el hombre haya hecho en este mundo con su voluntad propia.
“El puente que une estos dos extremos es lo que denominamos “la vida”; la salida del vientre materno, “el nacimiento”, y el retorno a la tierra, “la muerte”. En razón a que durante el trancurso de su vida el hombre no experimenta sino su vida inmediata y no alcanza la auténtica vida espiritual sino por medio de sus funciones fsicas, no tiene noción de su pasado ni idea alguna de lo que le depara el futuro.
“Si, estando en las entrañas de su madre con la cabeza entre las piernas, la boca cerrada y comiendo a través de su ombligo, el hombre tuviese el grado de desarrollo que poseen los seres humanos en la tierra, no hay duda alguna de que concebiría la totalidad del mundo como la cavidad del vientre. No podría ser capaz de concebir la existencia de un mundo más grande que el de la cavidad del vientre. Por otra parte, el tiempo de su estadía en este mundo sin duda alguna que lo consideraría como un periodo de tiempo muy largo, especialmente debido a que estaría lejos de los problemas de la vida. Si dos hermanos gemelos se preguntasen entre sí qué es lo que les espera al salir del vientre, no tendrían ningún modo de imaginarse lo que les acontecería aquí en la tierra.
“Si nos imaginamos que uno de estos gemelos cree en la tradición religiosa que habla acerca de la vida futura, mientras que su hermano es una persona secular que no cree más que en lo que su propio intelecto es capaz de comprender y, por lo tanto, no cree más que en este mundo, sin duda alguna que ambos se disputarían entre sí y sostendrían altercados ideolgicos acerca de su visión futura, no menores que los que tenemos nosotros entre el creyente que afirma que el alma no se aniquila y entre el descredo, quien se imagina que el hombre no posee más que su vida inmediata. Cuando el gemelo que crea en la tradición le diga al hermano que al salir del vientre nacerán en una vida nueva y más amplia, y le relata todo lo que ha recibido por tradición, que comerán con la boca y verán de lejos por medio de sus ojos, que oyerán gracias a los oídos, que sus piernas serán extendidas, así como que marchando en posición erecta podrán viajar a las partes más alejadas del globo terrestre, en donde habrá mares y ríos, plantas que crecen, y que por encima de la tierra habrá un firmamento lleno de estrellas y planetas, etc., acaso el otro gemelo -quien no cree sino en lo que su propia mente puede concebir- se reirá de su hermano “ingenuo” por contar acerca de cosas que no tendrán un mañana y le dirá: “Sólo un ingenuo podría creer en toda esa sarta de tonterías que el intelecto no es capaz de comprender”? Y entre más su hermano prosiga relatándole acerca de la multitud de cosas que verán en ese mundo, más el se burlará de él el hermano secular.

“”Y según tí, hermano secular”, preguntará el hermano creyente, “qué es lo que nos espera al salir del vientre?” Su hermano responderá: “Pero si es claro y evidente! Cuando se abra la cavidad que forma nuestro mundo y seamos desarrarigados de aquí, de este lugar en el cual comemos y bebemos alimentos ya preparados, caeremos en un abismo del cual ya no regresaremos y en el cual seremos exterminados.”

Todavía hablando, se abrirá el vientre de su madre y el gemelo “ingenuo” se deslizará y caerá al exterior. Su hermano secular permanecerá en el vientre, aterrorizado de la “desgracia” que le ha ocurrido a su hermano y se lamenterá amargamente por él, diciendo: “Pobre hermano mío! dónde estás?” Tu ingenuidad y tu fé únicamente preguntaba por los dolores del parto; ello te enturbiaron el entendimiento y por eso no te esforzaste en agarrarte fuertemente para no caer en el abismo.” Lamentándose por la pérdida de su hermano, llegará a sus oídos la voz de llanto de su hermano caído precipitadamente del vientre y se lamentará aún más por sus gemidos y dirá: “Sin duda que éste es el último suspiro de su alma al salir de él.” En ese momento, mientras que, por un lado, en el vientre, hay lamentos y gemidos por la “muerte” del hermano, en otro lugar los padres y los parientes exaltan de alegría y exclaman: “Felicidades, felicidades! Nos ha nacido un niño!

Si hay una gran diferencia entre el mundo del vientre y nuestro mundo, entonces la diferencia que hay entre este mundo y el Mundo Venidero -en donde el alma se encontrar al salir de sus límites terrenales- es infinitamente mayor. La vida en el vientre de la madre constituye un umbral que conduce al mundo inferior y limitado que conocemos, mientras que la vida en la tierra es, a su vez, un umbral que desemboca en el mundo superior que no conoce límites.”

Nos resulta difcil comprender la noción de espiritualidad pura, y con mayor razón el placer espiritual del Mundo Venidero, ya que estamos completamente compenetrados de lo material y miramos todo con la perspectiva material de este mundo. No obstante, podemos darnos una idea de ello en el anhelo de honor. El honor es lo más valioso que existe a los ojos del ser humano, como afirmó el autor del libro “Mesilat Yesharim”: “El deseo de honor es muy poderoso, ya que al hombre le sería posible vencer sus ansias de dinero y de los demás placeres si no fuese porque su anhelo de honor se lo impide” (final del captulo 11). El honor no cura enfermedades ni tampoco sacia el hambre, pero a pesar de ello es sumamente valioso para el hombre. Al ser humano le resulta muy difcil sufrir una injuria y muchos han sido los individuos que se han suicidado por la verguenza, aun cuando no hayan sufrido ningn perjuicio ni en sus cuerpos ni en sus propiedades, sino únicamente en su buen nombre. Unicamente en razón de la verguenza que sienten ya no pueden continuar viviendo y prefieren la muerte a la vida a tal grado que llegan incluso a cometer este acto tan terrible. Y qué es el honor?

Algo completamente espiritual: es el reconocimiento de la personalidad y el valor intrnseco del hombre en el mundo. Su fuente se localiza en el alma (consultar al respecto el libro “Nishmat Jayim”, Discurso 1, captulo 9, en donde se citan varios versículos bíblicos que aluden al alma con el apelativo de “honor”) y su propósito no es otro sino la plenitud de la personalidad, sólo que ha sido falsificado por los hombres y desvalorizado por unas fichas de juego. Pero si nosotros somos capaces de reconocer este deseo incluso cuando ha sido deformado y desvalorizado, comprenderemos por ello que el placer espiritual verdadero no puede ser ni medido ni imaginado. El judío que ya haya probado el “sabor” de la Torá y los mandamientos por sí mismos, haya cumplido el Shabat y gustado de su sabor “semejante al del Mundo Venidero”, ya no necesitará de estos ejemplos y le será evidente de inmediato que no es posible igualar a los placeres materiales con los placeres espirituales.

La creencia en la inmortalidad del alma está implantada muy hondamente en el corazón de todo ser humano, incluso si lo niega abiertamente. Esta es la única explicación al hecho de que en todo el mundo -inclusive en las tribus más primitivas- se le otorga un gran respecto a los muertos. Todos saben que el ser humano no desaparece del mundo cuando muere y por ello es necesario tratar el cuerpo del muerto con respeto, el cual le ha servido fielmente hasta ese momento. Resulta interesante el caso de uno de los más feroces defensores de las autopsias en Israel (el Ministro de Salud de uno de los gobiernos anteriores) por quien, al morir, uno de sus parientes luchó con todas sus fuerzas para impedir que se le hiciese la autopsia a su cuerpo, pues en el fondo de su corazón sabía cual era la verdad.
El rabino Ticotinshky escribió a este respecto las siguientes palabras:

“Innumerables individuos están dispuestos a sacrificar sus vidas en aras de los principios más importantes para ellos. Cuál es la razón de esta voluntad de sacrificarse? Ciertamente, al morir, desaparecer de la existencia! En particular, los hombres que sacrifican sus vidas en aras del honor que se les tributará después de su muerte, si realmente no creen en la inmortalidad del alma, qué les importa que reverencen su cuerpo inanimado? Qué diferencia hay entre este cuerpo inanimado de cualquier otro objeto sin vida?
Entre estos individuos encontraréis a los ateos que no creen en lo espiritual ni en nada que no sea tangible. Pero a pesar de ello están dispuestos a entregar su vida por ideales espirituales tales como la justicia (según ellos la conciben) y otros ideales semejantes, sin detenerse a pensar que este acto está en contradicción con su perspectiva materialista de que sólo existe lo que pueda ser percibido por medio de los sentidos. Un ejemplo tpico de esto lo constituye la gran estatua que los soviéticos le hicieron a Lenin, principal legislador de las leyes anti-religiosas, la cual era semejante a los monumentos que los zares y nobles rusos anteriores se erigían a sí mismos y cuya memoria ya se había disuelto en el tiempo. Y cuántas estatuas se erigen a sí mismos los herederos polticos de Lenin! Cuánto anhelan que se les levante monumentos similares después de su muerte! No constituye acaso una gran paradoja que precisamente los que niegan cualquier existencia después de la muerte son los que desean que su memoria sea recordada para siempre?” (op. cit., captulo 7, inciso 2).

Una de las leyes fundamentales de la ciencia es la Ley de la Conservacin de la Materia, promulgada por el físico francés Lavoisier, quien afirmó que nada que sea material desaparece del mundo, sino que sólo se transforma. La cantidad de materia y de energa que existen en el mundo es fija y constante. Ahora bien, es evidente que si esto ocurre con la materia, con mucha mayor razón se aplica al alma humana, la cual es eterna. (Este punto ya fue tratado por el autor del libro “Gesher HaJayim”, as como por el autor del libro “Derosh Or HaJayim”, el mismo que escribi el comentario “Tiferet Yisrael” a la Mishná.) En otras palabras: tanto el sentimiento natural como el pensamiento puro y lúcido dan testimonio de que el alma del hombre es eterna. Más adelante arguiremos que, hasta donde sea posible, también hay testimonios concretos de esto.

Ante todo, quisiera relatar un suceso personal que me ocurrió. Mi padre (de bendita memoria) fue sepultado de un modo provisional en el Monte del Reposo (Shaar HaMenujot) de Jerusalén. En el primer aniversario de su fallecimiento (el 2 de Jeshván del año 5729-1968) lo trasladamos al terreno familiar que se localiza en el Monte de los Olivos. Entonces nos dimos cuenta de un hecho increíble: el cuerpo no se había descompuesto ni apestaba, sino que sólo estaba un poco arrugado. Los miembros de la Jevra Kadisha (la asociación que se ocupa de sepultar a los muertos según la ley judía -N. del T.) y los demás presentes se asombraron mucho de este hecho increíble que maravilló a todos. Pero de hecho encontramos en el Talmud y en los libros santos numerosos sucesos semejantes, y la razón de ello es que “la descomposición le es tan dura al muerto como una aguja en la carne de un vivo” (Berajot 18; ver además el final del captulo 2 de este libro) y hay individuos que alcanzan el mérito de que la descomposición fsica no afecte sus cuerpos. Con mayor razón, entonces, las almas sobreviven y constituye un gran honor para ellas que el cuerpo no se descomponga.

En todos los lugares del mundo existen personas que se ocupan de lo relativo a las almas (los espiritistas). Esta actividad ciertamente que está prohibida por la Torá. Sin embargo, la prohibición misma de invocar a los fantasmas y espíritus demuestra que existe la posibilidad real de tener contactos con los espritus de los muertos. Esto se demuestra a partir del caso bíblico del espiritista de Ein Dor que invocó al espritu del profeta Samuel para que conversara con el rey Saúl (1 Samuel 28). Nuestros sabios también nos han transmitido varios casos de invocación a las almas de los muertos (ver, por ejemplo, Gitín 56-57; Midrah Rab , Bereshit, capítulo 11; y el libro “Nishmat Jayim”, Discurso 3, captulos 7 y 26).

En nuestra época hemos tenido el mérito de que se nos hayan revelado testimonios concretos que demuestran a las claras la inmortalidad del alma. El Jafetz Jayim explicó por qué precisamente en nuestra época fuimos dignos de que se multiplicasen los inventos técnolgicos tales como la radio, el teléfono, la telegrafa inalámbrica y otros inventos parecidos. Las generaciones anteriores creyeron con fé perfecta en lo que nuestros sabios afirmaron: “Sabe lo que está por encima de tí -un ojo que ve y un oído que oye, y todas tus acciones están escritas en un libro” (Pirkei Avot). Empero, en las generaciones más recientes, se debilitó la fé de la gente y ésta comenzó a negar la existencia de todo aquello que no pudiera ser percibido por los sentidos. Por consiguiente, D-os nos ha dado la oportunidad de tener ejemplos concretos y palpables de esta idea. En efecto, un hombre habla aquí y su voz es escuchada en el otro extremo del planeta, y no sólo esto, sino que además no se pierde ningún sonido. Ahora resulta posible grabar en una cinta toda acción que el hombre realice. Por ello, ahora es más fácil creer que cuando el hombre sea llamado a comparecer en el Cielo, pasarán delante de él un registro de todas las acciones que efectuó en la vida y estará obligado a justificar cada una de ellas. E incluso en lo tocante a nuestro tema, la difusión de los inventos modernos constituye una ayuda especial que la Providencia dispensa a nuestra generación, cuya fé se ha debilitado y precisa de fortalecimiento y de fundamentación.

A continuación presentaremos un extracto del artculo aparecido en la revista “Newsweek” (1976) y en el diario israel “Yediot Ajaronot” (29 de Elul 5777-1977). He dividido este artículo en párrafos, y junto a cada párrafo he añadido una comparación con lo dicho por nuestros sabios al respecto.

Rab Yoel Shwartz

1 comentario
  1. stella maris montero

    Encantada…Maravillada!!!!es lo mejor que,me,paso en la vida
    despues, de años de estudiar, con RAV; LAIMAN, me sorprende, cada vez,
    bendito sea EL; CREADOR Y SU SANTO NOMBRE..amen

    28/09/2016 a las 22:06

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