Festejando
Ayuno 9 de Av
Comentarios y reflexiones
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Distanciamiento íntimo

(selección comentarios de R. M.M. Schneerson, © Ed. Kehot Lubavitch)

Cuando los paganos entraron al Gran Templo, vieron los querubines enfrentados uno al otro. Los sacaron a las calles y dijeron: «Estos judíos… ¡¿con esto se ocupan?!» Con ello, degradaron [al pueblo judío], como está escrito: «Todos los que la habían honrado la despreciaron, pues habían visto su desnudez» [1].

— Talmud, Iomá 54b

Los profetas comparan el vínculo entre Di-s e Israel con el vínculo nupcial entre marido y mujer. El profeta Jeremías describe a Di-s recordando el Exodo como «la bondad de tu juventud, tu amor nupcial, tu seguirme al desierto, a una tierra que no fue sembrada» [2].

El Rey Salomón habla del pacto en el Monte Sinaí como «el día de Su boda»[3], pues la Torá, que delinea nuestros deberes como pueblo de Di-s y Su compromiso eterno para con nosotros, es el contrato matrimonial (la ketubá) entre nosotros y Di-s [4].

Cuando hemos violado los mandamientos de la Torá, los Profetas nos amonestaron como una esposa que ha traicionado a su marido; el resultante galut -la destrucción del Gran Templo en Jerusalén y nuestra expulsión al exilio- es visto como un período de distanciamiento y «separación» en el matrimonio; la redención mesiánica es la promesa de la restauración de la relación a su estado original y el forjado de un renovado e incluso más profundo nexo de amor entre la novia Israel y el Novio supernal.

En la cámara íntima del Gran Templo, el «Santo de Santos», había un arca de oro, conteniendo las «Tablas del Testimonio» sobre las que estaban inscriptos los Diez Mandamientos, y el rollo original de la Torá escrito por Moshé. Por encima del arca estaban los keruvím (querubines), dos figuras aladas, una masculina y una femenina, cinceladas de un único bloque de oro puro. Los keruvím representaban la relación entre Di-s y Su pueblo: el Talmud cuenta que cuando el pueblo judío era fiel a su Di-s, los keruvím estaban uno frente al otro, y cuando Israel se rebelaba contra la voluntad del Omnipotente, se daban vuelta [5]; los momentos en los que el amor y la buena voluntad entre Di-s y Su novia estaban en su cúspide se reflejaban en el abrazo de los keruvím «como un hombre se une a su mujer»[6].

El Talmud cuenta que cuando los enemigos de Israel invadieron el Templo, entraron al Santos de Santos, un lugar tan sagrado que el ingreso a él sólo estaba permitido a un único individuo, el Sumo Sacerdote, y ello sólo en Iom Kipur, el día más santo del año. Allí vieron a los keruvím abrazados uno al otro. Los arrastraron fuera del Templo hacia las calles, pervirtiendo y vulgarizando su sagrado significado[7].

La Paradoja

En nuestras plegarias nos recordamos que «a causa de nuestros pecados fuimos exilados de nuestra tierra… y ya no podemos ascender, mostrarnos, y prosternarnos ante Ti… en Tu Casa elegida, en la grande y santa casa sobre la que Tu Nombre es proclamado» [8].

Durante 830 años [9], Di-s moró en un edificio físico sobre la cima de una montaña de Jerusalén, otorgándonos una experiencia táctil de Su presencia en nuestras vidas. Pero nosotros demostramos ser indignos de semejante proximidad e intimidad con la Presencia Divina. El Gran Templo nos fue quitado, y fuimos arrojados al galut -un estado de existencia en el que el Semblante Divino está oculto y el amor de Di-s y Su preocupación por nosotros escondido- para que el vacío en nuestras vidas nos impulsara a arrepentirnos de nuestras conductas y reparar el daño infligido a nuestro matrimonio con nuestros equívocos.

Pero si el galut es una época de distanciamiento entre Di-s e Israel, ¿por qué estaban los keruvím abrazando uno al otro en el momento de la destrucción del Templo? ¿No marca la destrucción del Gran Templo un abismo en nuestra relación con el Omnipotente? Qué mayor paradoja puede haber: el Novio Divino está destruyendo Su hogar marital, permitiendo que Su cámara nupcial sea violentada y Su novia llevada por forasteros, ¡mientras el barómetro de su matrimonio indica el máximo de intimidad y unión!

Tres y Siete

Cada Shabat, siguiendo a la lectura de la Sección Semanal de la Torá, es leída una selección semanal de los Profetas, denominada haftará. Comúnmente, el contenido de la haftará se corresponde con el de la lectura de la Torá de la semana. Sin embargo, hay semanas en las que la haftará refleja en cambio sucesos conectados al momento del año. Tal es el caso de las diez haftarot leídas durante las últimas diez semanas del año, llamadas «Tres de Reprimenda» y «Siete de Consuelo».

Las «Tres de Reprimenda» se leen en conjunción con las «Tres Semanas» que van del 17 de Tamuz al 9 de Av, durante las cuales recordamos y guardamos duelo por la destrucción del Templo y el inicio de nuestro galut.

El 17 de Tamuz del año 3829 desde la creación (69 de la era común), las murallas de la sitiada Jerusalén fueron quebrantadas por los ejércitos de Roma. Tras tres semanas de lucha, durante las cuales los romanos avanzaron con enorme dificultad por la ciudad, lograron forzar la entrada al Templo; el 9 de Av le encendieron fuego [10]. Estas dos fechas son observadas, hasta el día de hoy, como días de ayuno, y el período entre ellas (llamado por el profeta: «entre las fronteras» [11]), como un tiempo de duelo. Durante las Tres Semanas, las lecturas de la haftará consisten en selecciones de los Profetas en las que estos amonestan a Israel por sus iniquidades y crímenes, y por su traición a su pacto con Di-s [12].

Las «Tres de Reprimenda» son seguidas por las «Siete de Consuelo». Durante siete semanas, comenzando con el Shabat siguiente al 9 de Av (Tishá BeAv), las lecturas de la haftará consisten en profecías describiendo cómo Di-s consuela a Su pueblo y cómo se reconstruye la relación entre ambos [13]. Así, cada año reexperienciamos el proceso de reprimenda y condolencia, destrucción y reconstrucción, distanciamiento y reunión.

¿Pero por qué específicamente un proceso de diez semanas? ¿Y cuál es el significado de su división en tres fases de alejamiento y siete grados de reconciliación?

El sabio jasídico Rabí Hilel de Páritch explica que las «Tres de Reprimenda» y las «Siete de Consuelo» se corresponden con los diez atributos del alma, que análogamente se dividen en conjuntos de tres y siete: el alma del hombre posee tres facultades intelectuales básicas (conceptualización, comprensión, y aplicación), y siete impulsos emocionales básicos (amor, temor, armonía, ambición, devoción, nexo, y receptividad). Pues es la interrelación entre mente y corazón lo que nos permite comprender la auténtica naturaleza del «distanciamiento» del galut.

Mente y Corazón

La mente, por naturaleza y necesidad, es distante y separada. Para captar un concepto debe asumir una distancia objetiva, despojándose de toda involucración con, o afinidad a, su tema en cuestión, y adoptando un desinterés reservado, hasta indiferente, por la entidad estudiada. Sólo entonces pueden ser exactos y completos su análisis y comprensión.

El corazón, por otra parte, es involucrado, ligado, gloriosamente subjetivo. El corazón se relaciona con el objeto de sus afectos, salvando distancias, superando las barreras entre «yo» y «otro».

Sin embargo, el vínculo verdadero y perdurable nace solamente de la comprensión. Los sentimientos que se basan en nada más que el impulso o la atracción instantánea, finalmente son tan etéreos como lo ardiente que son, tan pasajeros como lo intenso que son. Son aquellas emociones que se conciben en la matriz de la mente las que poseen profundidad y continuidad; es el amor que se funda en una comprensión y apreciación de lo amado el que puede trascender las fluctuaciones del sentimiento, la vacilación y el letargo, y los numerosos otros obstáculos del tiempo y el cambio. De modo que la aparentemente fría y distante mente es, en verdad, la fuente y esencia de cualquier relación significativa. El distanciamiento asociado al examen racional se ubica, de hecho, en el núcleo de nuestra capacidad emocional de unirnos a otros.

La «Mente» de Di-s

«De mi propia carne percibo a Di-s», dice el versículo [14]. El hombre es una metáfora de lo Divino: al examinar nuestra propia construcción fisiológica y psicológica, aprendemos mucho acerca de la realidad Divina y la manera en que Di-s elige relacionarse con Sus creaciones.

Así, la paradoja mente-corazón -el modo en que el distanciamiento mental es la esencia y fundamento del genuino apego emocional- nos provee de un modelo para la paradoja del galut:

También la relación de Di-s con nosotros incluye elementos tanto «intelectuales» como «emocionales». A veces, percibimos lo que parecerían ser señales de distanciamiento y desinvolucración de Su parte. Di-s parecería haber apartado el foco de Su atención de nuestras vidas, abandonándonos a los antojos de la «oportunidad» y el «destino». Nuestra existencia parece privada de toda dirección y propósito. Di-s Se está «distanciando» de nosotros, dejando de ser nuestras vidas, aparentemente, dignas de Su interés.

En verdad, sin embargo, esta Divina «objetividad» porta las semillas de una conexión mayor. Es un distanciamiento en aras de una relación más perdurable, un alejamiento para crear una cercanía más significativa aún. Ostensiblemente, el galut es un quebranto espiritual, una merma en el nexo entre nosotros y Di-s; en verdad, es la esencia de una identificación más profunda, y de un compromiso, de uno a otro [15].

El ocultamiento del semblante Divino a nosotros en el galut, por parte de Di-s Mismo, es un acto de amor. A pesar de nuestra dolorosa incomprensión, sirve para ahondar nuestro apego a El. En las «Tres de Reprimenda», experimentamos abandono, enajenación y distancia; pero estos dan nacimiento a las «Siete de Consuelo». Privados de las expresiones exteriores de nuestra relación con Di-s, nos vemos impulsados a descubrir su médula, el nexo esencial que trasciende toda distancia física y espiritual. Así, es sólo mediante la experiencia de galut que se concretan las más profundas dimensiones de nuestro matrimonio. Externamente, las Tres Semanas son un período de alejamiento y separación; en esencia, son la cumbre del apego y la conexión.

Así, cuando los paganos entraron al Santo de Santos encontraron a los keruvím en un íntimo abrazo.
Externamente, Israel estaba siendo vencida y expatriada, y el Gran Templo incendiado.
Externamente, el matrimonio se desmoronaba, estando el esposo alienado y siendo la esposa desterrada a una tierra extranjera.
Pero dentro del Santo de Santos -dentro del íntimo sánctum del matrimonio entre ellos- el amor entre Di-s y Su pueblo estaba en su máximo de proximidad y unión.

–Basado en Likutéi Sijot, Vol. II, págs. 359-363; Sefer HaSijot 5749, págs. 609-611; ibíd., pág. 614, nota 45

Notas:
1. Lamentaciones 1:8.
2. Jeremías 2:2.
3. Cantar de los Cantares 3:11; véase Talmud, Taanit 26b.
4. Véase Rashi, Exodo 34:1.
5. Talmud, Bavá Batrá 99a.
6. Ibíd., Iomá 54a.
7. Talmud y Rashi, ibíd. (El Arca del Testimonio, con los keruvím encima de su cobertura, fueron escondidos en una cámara subterránea del Gran Templo 22 años antes de la destrucción del Primer Templo, donde permanecen hasta este día. Así, ni los babilonios ni los romanos podrían haber encontrado el Arca en el Santo de Santos. El Talmud explica que los keruvím que se arrastraron por las calles no fueron los keruvím de encima del arca, sino los relieves que decoraban las paredes del Santo de Santos y que análogamente actuaban como un «barómetro» del estado del matrimonio entre Di-s e Israel).
8. Plegaria de Musaf para las Festividades.
9. El Primer Templo estuvo en pie 410 años, el Segundo, 420.
10. El 9 de Av es también la fecha de la destrucción del Primer Templo, por los babilonios, en el año 3339 (423 antes de la era común). La brecha en las murallas de Jerusalén, en la época de la primera destrucción, fue lograda el 9 de Tamuz; el 17 de Tamuz fue el día en el que fue interrumpido el servicio del Templo. Estas fechas ya habían sido escenario de quebrantos anteriores en la relación entre Di-s e Israel: el 17 de Tamuz fue el día en el que Moshé rompió las Tablas del Testimonio al contemplar la veneración del Becerro de Oro por parte de Israel; el 9 de Av fue el día en que el pueblo de Israel, influenciado por el informe negativo devuelto por los Espías enviados por Moshé para inspeccionar la Tierra Santa, expresó su negativa a entrar a la tierra, y se decretó que la generación entera moriría en el desierto.]
11. Lamentaciones 1:3.
12. Jeremías 1:2-2:3; ibíd. 2:4-2:28, 3:4; e Isaías 1:1-27.
13. Isaías 40:1-26; 49:14-51:3; 54:11-55:5; 51:12-52:12; 54:1-10; 60:1-22; y 61:10-63:9.
14. Iyov 19:26; comp. con Génesis 1:27: «Y Di-s creó al hombre a Su imagen».
15. La enseñanza jasídica también ofrece otra metáfora para la paradoja del galut, esta vez de dentro del mundo del intelecto mismo: Un maestro está en medio de comunicar un concepto a su discípulo. Repentinamente, tiene un destello de inspiración: un nuevo, infinitamente más profundo concepto, ha surgido en su mente; un concepto que él siente inmediatamente que será de gran valor para su discípulo. Prácticamente en medio de la oración, guarda silencio. Sus ojos, que habían estado enfocados en el atento discípulo, se cierran. Las preguntas del discípulo y sus comentarios son repelidos con un abrupto movimiento de mano. Cada energía de su poder mental se concentra ahora en la tarea de absorber y retener el todavía nebuloso concepto que revolotea en la periferia de su mente. El discípulo se siente devastado. ¿Por qué se ha apartado de él su amado maestro? ¿Por qué lo ha callado tan abruptamente? Las cosas pasan de mal a peor. Primero, fue apartado; ahora, está siendo totalmente ignorado. Al principio su maestro cerró sus ojos; ahora le ha dado la espalda por entero. El maestro percibe la angustia de su alumno. Si éste le importara menos, lo hubiera tranquilizado con una palabra o dos. Pero sabe que la más leve desviación, en este momento crítico, menoscabaría sus esfuerzos por capturar totalmente su nueva concebida idea antes de que el destello de iluminación retroceda. El es reacio a abandonar siquiera un único matiz del concepto que tanto enriquecerá a su discípulo. Por lo que pese a la manera en que es recibido por el alumno, el acto de «rechazo» del maestro es, en verdad, un acto de amor, un acto que no solamente está totalmente a tono con la naturaleza de la relación entre ellos, sino que sirve para profundizarla y mejorarla. Superficialmente, están separados uno del otro; en esencia, jamás han estado más cerca. (Esta metáfora también explica por qué el galut aumenta en severidad a medida que nos aproximamos más a nuestra reconciliación con Di-s. Si la función del galut fuera únicamente la de servir como castigo por los pecados, su intensidad debería disminuir a medida que transcurre el tiempo y expiamos nuestras transgresiones. Históricamente, lo cierto es todo lo contrario: cuanto más cerca nos encontramos de la Redención, tanto más denso se pone el ocultamiento del galut. Un ejemplo es nuestro primer galut, nuestros 210 años de esclavitud en Egipto. Durante su primera generación en Egipto, nuestros antepasados florecieron; durante el siguiente siglo su situación se deterioró; pero la llana esclavitud y cruel tortura asociada a este galut sobrevino en sus 86 años finales, y el período más difícil fue el año final del exilio egipcio, ¡después de que Moshé ya había profetizado su culminación! Lo mismo es cierto de nuestro exilio actual: el estado espiritual de nuestras vidas -el factor más básico del galut- ha conocido una declinación constante desde el día de la destrucción del Templo hace aproximadamente 2.000 años. En sus generaciones más tempranas, una era poblada por los grandes sabios del Talmud, nuestra relación con el Omnipotente, aunque oscurecida por el ocultamiento del galut, era todavía una realidad hondamente sentida en las vidas de mucha gente. A medida que las generaciones avanzan, encontramos un creciente aumento en cuanto a la tosquedad y materialismo de la vida, conduciendo a la casi total extinción de espiritualidad y sensibilidad a lo Divino que caracteriza nuestra existencia de hoy en día. Esto, pese al hecho de que cada generación sucesiva nos ha llevado mucho más cerca de la Redención Final. Pero este modelo refleja el proceso del metafórico maestro «abandonando» a su discípulo: cuanto más profundo se sumerge en el concepto, tanto más debe retirarse hacia dentro de sí mismo, distanciándose aún más del angustiado alumno; sin embargo, cada retirada subsiguiente representa una mayor consideración por su discípulo y un mayor compromiso con su rol de maestro).

Rebe Menajem M. Shneerson

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