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Pesaj
Pesaj Sheini (El Segundo Pesaj)
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Camino Distante

Pesaj Sheini (El Segundo Pesaj), según el jasidismo de Jabad

Camino Distante

El decimocuarto día del mes de Iyar es Pesaj Shení, el “Segundo Pesaj”. Cuando el Gran Templo estuvo en pie en Jerusalén, este día sirvió como una “segunda oportunidad” para aquellos que no pudieron traer la Ofrenda de Pesaj en su día designado, un mes antes, el 14 de Nisán[1].
En el noveno capítulo de Números, la Torá relata las circunstancias que llevaron a la institución del Segundo Pesaj. El primer día de Nisán del año 2449 desde la Creación (1312 antes de la era común), dos semanas antes del primer aniversario del Exodo, “Di-s habló a Moshé en el desierto del Sinaí… diciendo: Los Hijos de Israel prepararán la [ofrenda] de Pesaj en su tiempo estipulado. El decimocuarto día de este mes, en la tarde… conforme todos sus decretos y leyes…”.

Había, sin embargo, ciertos individuos que se habían vuelto ritualmente impuros por el contacto con un cadáver y por lo tanto no podían preparar la Ofrenda de Pesaj en ese día. Ellos se acercaron Moshé y a Aharón… y dijeron: “¿Por qué habríamos de vernos privados de presentar la ofrenda de Di-s en su tiempo, entre los hijos de Israel?” Y Moshé les dijo: “Esperen aquí, y yo oiré qué ordenará Di-s en cuanto a ustedes”.
Y Di-s habló a Moshé, diciendo: “Cualquier persona que esté impura por un muerto, o esté en un camino distante, sea entre ustedes ahora o en generaciones futuras, preparará una Ofrenda de Pesaj para Di-s. La prepararán en la tarde del decimocuarto día del segundo mes, y la comerán con matzot y hierbas amargas…”[2].

El Poder del Retorno

La importancia eterna del Segundo Pesaj, dice el Anterior Rebe de Lubavitch, Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, es que nunca es demasiado tarde para rectificar un desliz del pasado. Incluso si una persona ha fracasado en la tarea de cumplir un determinado aspecto de su misión en la vida porque ha sido “contaminada por un muerto” (o sea, un estado de desconexión de la fuente Divina de Vida[3]) o “en un camino distante” de su pueblo y su
Di-s, siempre hay un “Segundo Pesaj” en el que puede enmendar lo que ha desaprovechado.
El Segundo Pesaj, así, representa el poder de teshuvá, el poder de “retorno”. Teshuvá es mucho más que arrepentimiento, mucho más que “abrir una nueva página” y lograr el perdón por los pecados del pasado. Es el poder de regresar al propio pasado para rectificar sus fracasos y reivindicar sus oportunidades perdidas.
La teshuvá se logra cuando una experiencia o acto negativos se aplican de tal forma que transforman totalmente su significado. Cuando el contacto de la persona con la muerte evoca en él un afán por la vida que jamás hubiera reunido sin aquella experiencia, cuando sus andanzas por caminos distantes despiertan en ella un anhelo por casa que jamás hubiera sentido de otra manera – estas experiencias hasta ahora negativas literalmente se dan vuelta. El contacto con la muerte se transforma en una involucración más intensa con la vida; la distancia, en una proximidad mayor.

Más Allá de la Torá

Esto explica las peculiares circunstancias bajo las cuales la institución del Segundo Pesaj se volvió parte de la Torá.
Virtualmente todas las mitzvot de la Torá, incluyendo aquellas que rigen circunstancias extrañas e imprevisibles, fueron ordenadas directamente a Moshé por Di-s. La ley del Segundo Pesaj es uno de los pocos casos en el que una “nueva” mitzvá fue generada por una solicitud del hombre mortal [4], por el clamor de varios individuos que protestaron: “¡¿Por qué habríamos de vernos privados?!”
¿Por qué no se incluyó la posibilidad de un “Segundo Pesaj” en la legislación inicial de la Torá de las leyes de Pesaj? Porque el don de teshuvá no podría haberse otorgado a través de los canales regulares de la ley de la Torá.

La Torá es la articulación de la voluntad Divina por medio de un cuerpo de 613 mandamientos y prohibiciones, un código de ley que describe qué desea Di-s que hagamos y no hagamos. Si la Torá define un determinado acto o situación como contradictorios a la voluntad Divina, no puede a continuación considerarlos positivos y deseables. Así, el Midrash cuenta:
Preguntaron a la Sabiduría: “¿Cuál es el castigo para el pecador?” La Sabiduría contestó: “La maldad persigue a los pecadores”[5]. Preguntaron a la Profecía, y la Profecía contestó: “El alma que peque morirá”[6]. Preguntaron a la Torá, y la Torá contestó: “Traerá una Ofrenda por Culpa y será perdonado”[7]. Preguntaron a Di-s, y Di-s contestó: “Que haga teshuvá y será perdonado”[8].
La Torá puede proveer una fórmula para el arrepentimiento; pero no puede ver una vía de escape al hecho de que la persona ha violado la voluntad Divina. En el mejor de los casos, puede perdonar el acto y reconectar a la persona con su fuente de vida. Pero no puede cambiar la negatividad del pecado, el hecho de que, en un punto determinado en el tiempo, la persona ha pasado por un estado de desconexión de Di-s.

De modo que el Segundo Pesaj, con su premisa de que nada, ni siquiera el pasado, está más allá de la rectificación, no podría haber ingresado en nuestras vidas a través de la convencional “cadena de mandos” de la Torá. Se precisó que un pequeño grupo de judíos, contaminados por la muerte y languideciendo en un camino distante, obtuvieran el don de teshuvá desde el Omnipotente.
Su clamor, “¿Por qué habríamos de vernos privados?”, expresando un profundo anhelo por el apego a Di-s que sólo su estado actualmente distante podría haber evocado, impulsó a Di-s a superar la formulación de Su voluntad según se expresa en la Torá y les otorgó un mandato para re-definir el pasado con un “Segundo Pesaj”.

Vida Instantánea

Un principio central en la enseñanza jasídica es que la totalidad de la sabiduría Divina, desde las deliberaciones más técnicas de la halajá (la ley de la Torá) al más esotérico pasaje cabalístico, constituyen “una única Torá”. La Torá puede poseer un “cuerpo” y un “alma”, pero estos constituyen en su conjunto un organismo único plenamente integrado: el alma, o el significado espiritual, de una ley, se refleja en su cuerpo, y cada “extremidad” y “órgano” de su cuerpo tiene su correspondiente significatividad en su alma.
Lo mismo es cierto de las leyes que rigen el primer y segundo Pesaj. Todo un tratado en el Talmud (el de Pesajím) detalla las centenares de leyes que se aplican a la Ofrenda de Pesaj. La mayoría de éstas se aplican igualmente a ambos Pesaj; pero hay ciertas diferencias significativas. Estas diferencias “técnicas” reflejan el significado conceptual más profundo de los dos Pesaj: el Pesaj original observado por los “rectos y justos”, y el Segundo Pesaj establecido para el baal teshuvá, el “retornante”.
Una de las diferencias primarias entre los dos Pesaj es que la Ofrenda de Pesaj traída en la tarde del 14 de Nisán es seguida por una festividad de siete días[9], en tanto que el Segundo Pesaj no es sino un único día.
Siete días significan un proceso, una rutina, un curso natural de acción. Di-s creó el mundo en siete días y con ello selló un ciclo de siete días de trabajo/descanso en la fibra misma de la realidad natural. El corazón del hombre posee siete atributos principales (amor, temor, armonía, ambición, devoción, conexión y receptividad), reflejando los siete atributos Divinos (las sefirot) que Di-s invistió en Su creación de siete días. De modo que cuando hablamos de un Pesaj de siete días, hablamos de los graduados, de los logros paso a paso del tzadík, el individuo justo que construye su relación con Di-s y cumple su misión en la vida de acuerdo a la fórmula y “reglas del juego” dispuestas en la Torá.

No así el baal teshuvá, aquel que se aparta del curso natural de su alma y luego rebota con una sed para la vida que sólo quienes han vagado por un desierto mortal pueden experimentar. El Talmud cuenta la historia de Elazar ben Durdaia, un hombre que violó virtualmente cada pecado en el libro. Un día, una mujer de la calle le dijo: “Elazar ben Durdaia nunca podrá arrepentirse”. El reconocimiento de cuán lejos había llegado lo estremeció hasta el núcleo mismo de su alma. “Puso su cabeza entre sus rodillas, y gimoteó y lloró hasta que su alma partió de su cuerpo”. Al oír la historia de este hombre, Rabí Iehudá HaNasí lloró y dijo: “Hay quienes adquieren su mundo mediante el esfuerzo laborioso de muchos años, y quienes adquieren su mundo en un único instante”.
La esencia de teshuvá es un único giro de la personalidad, un destello de remordimiento y determinación. “Hay quienes adquieren su mundo en muchos años”, dijo el más grande tzadík de su época, construyéndolo ladrillo a ladrillo con las herramientas convencionales del logro; “y hay quienes adquieren su mundo en un único giro[10] y momento”, en un único instante que modela su futuro y redefine su pasado[11].
No todo baal teshuvá logra la transformación instantánea de Elazar ben Durdaia. Pero la duración de un día del Segundo Pesaj expresa la naturaleza de teshuvá: no la vida convencional, progresiva, del tzadík, sino el salto drástico del baal teshuvá de un extremo a otro.

Conquistando la Inflación

Otra diferencia halájica entre los dos Pesaj es la prohibición de los alimentos leudados. No solamente toda forma de levadura está severamente prohibida, sino que hasta la última mácula y migaja debe desterrarse de nuestra propiedad. No así el Segundo Pesaj. Aunque la Ofrenda de Pesaj es también entonces comida con la matzá ázima, no hay necesidad de librarnos de la lavadura; en las palabras del Talmud, “leudado y matzá están con él en la casa”[12].
El Primer Pesaj libra una guerra extrema contra todas las substancias leudadas. Los maestros jasídicos explican el significado espiritual de la prohibición de leudado en Pesaj: la masa que se ha alzado e inflado representa la tendencia del ego humano a alzarse y ensancharse. Lo leudado debe erradicarse completamente de nuestra propiedad, pues un ego inflado es la fuente de todo mal. Toda la Torá está basada en la premisa de que “no hay nada más aparte de El” [13], que Di-s es la única realidad absoluta, pues cada cosa creada es totalmente dependiente de El, quien continuamente la abastece de vida y existencia. Quien se percibe a sí mismo como una existencia en derecho propio, en última instancia rechaza toda la Torá.

La realidad del tzadík consiste de dos esferas distintas: lo permisible y lo prohibido; aquello que él desarrolla y aquello que él rechaza. Los 248 mandamientos positivos de la Torá se relacionan con aquellos elementos de su carácter y entorno que utiliza en su servicio a Di-s; las 365 prohibiciones de la Torá definen qué no está en su poder redimir y sublimar, y por lo tanto fuera de sus límites. Leudado y todo lo que representa no tienen lugar en su vida.
El baal teshuvá, sin embargo, es uno que, habiendo deambulado por el plano prohibido, explota ahora estas experiencias y elementos negativos para abastecer su búsqueda de vida Divina. En su hogar, leudado y matzá residen juntos; lo que está más allá de la vista de la personalidad “Primer Pesaj” forma parte integral del servicio a Di-s por parte del baal teshuvá.

El Justo Arrepentido

El Talmud cita una disputa entre varios Sabios en cuanto a la condición del Segundo Pesaj. Algunos son de la opinión que es “una festividad por derecho propio” mientras que otros sostienen que es “la compensación del primero”, a definirse únicamente como una segunda chance para una oportunidad frustrada[14]. (Hay varias ramificaciones prácticas en esta cuestión. Por ejemplo, si alguien alcanza la mayoría de edad legal [“bar mitzvá”] durante el mes entre los dos Pesaj, o si un no-judío se convierte al judaísmo durante este período, ¿deben traer una Ofrenda de Pesaj en el Segundo Pesaj? Si el Segundo Pesaj se define como “la compensación del primero”, entonces se aplicaría únicamente a aquellos que estaban obligados a observar el primero y no lo hicieron. El nuevo adulto o nuevo judío no tienen carencia a compensar. Por otra parte, si es “una festividad por derecho propio”, entonces cualquiera que no haya traído una Ofrenda de Pesaj en el Primer Pesaj podrá hacerlo en el Segundo).
Estas dos definiciones del Segundo Pesaj se aplican a su “alma” tal como también a su “cuerpo”. De hecho, es sólo en el alma de la ley donde ambas opiniones pueden aplicarse a pleno. Con respecto al “cuerpo” de la ley de la Torá, sólo podemos seguir una única opinión: aunque consideremos a ambas como visiones legítimas de la Torá (en las palabras del Talmud: “éstas y éstas son, ambas, palabras del Di-s viviente”[15]), en la práctica seguimos la opinión mayoritaria. Pero cuando se trata del alma de la Torá -del significado conceptual-espiritual de la ley- todas las opiniones son igualmente aplicables.

En el nivel más básico, la teshuvá es el resultado de un pecado en el sentido literal, haciendo de los términos baal teshuvá y tzadík cosas mutuamente excluyentes: quien no ha violado concretamente la voluntad Divina no puede experimentar teshuvá y la poderosa atracción a Di-s que sólo ella puede traer. Este es el equivalente de ver al Segundo Pesaj exclusivamente como una “compensación del primero”, un fenómeno que viene sólo como resultado del fracaso concreto.
Sin embargo, hay también otra, más universal, teshuvá. La esencia de teshuvá es el impulso por regresar al propio estado anterior, inmaculado, un impulso que es abastecido por el deficiente estado actual mismo. Ordinariamente, consideramos al alma libre de pecado de un tzadík como perfecta en su relación con Di-s, y por lo tanto desprovista de la posibilidad de teshuvá. En verdad, sin embargo, la colocación misma del alma en un cuerpo físico, y su subsiguiente enredo en los intereses y las necesidades materiales, es por sí misma una transgresión a su original nada inhibido vínculo con Di-s. El nacimiento mismo del hombre significa que las facultades físicas del cuerpo son ahora el medio mediante el cual el alma deberá percibir, experimentar y relacionarse con su Creador, limitando enormemente la calidad y el alcance de su vida espiritual.
Pero al igual que la teshuvá convencional por pecados “verdaderos”, el camino distante de la vida física contiene el potencial para un nexo con Di-s aún más intenso, más significativo, que antes. En este sentido, el Segundo Pesaj es “una festividad por derecho propio”, ofreciendo una oportunidad para una teshuvá que no está limitada al pecador literal: una oportunidad para explotar la distancia y ausencia de vida espiritual del mundo material como un ímpetu hacia una conexión mayor y más profunda con la propia fuente de uno.

Basado en Likutéi Sijot, Vol. XVIII, págs. 117-125

Notas:
1. Hoy, conmemoramos la ocasión comiendo matzá en ese día.
2. Números 9:1-12.
3. “Vida”, en el sentido más absoluto y auténtico de la palabra, es el apego a Di-s, el creador y proveedor de vida. En las palabras del versículo: “Ama al Señor tu Di-s… pues El es tu vida” (Deuteronomio 30:20); “Ustedes, que se apegan al Señor su Di-s, están todos vivos hoy” (ibíd., 4:4). Así, nuestros Sabios han dicho: “Los justos, incluso tras su muerte, son considerados vivos; los malvados, incluso durante sus vidas, son considerados muertos” (Talmud, Berajot 18a-b).
4. Otro ejemplo es la ley de herencias por herederas mujeres, lograda por solicitud de las hijas de Tzlofjad (Números 27).
5. Proverbios 13:21.
6. Iejezkel 18:4.
7. Levítico 5.
8. Ialkut Shimoní, Tehilím 702. Para un análisis de estas cuatro perspectivas del pecado, véase “Pecado en Cuatro Dimensiones”, en “El Rebe Enseña”, Vol. 2, pág. 429.
9. Fuera de la Tierra de Israel, se observa un “día adicional de Festividad de la diáspora”, haciendo un total de ocho días. La Festividad original, ordenada bíblicamente, es sólo de siete días.
10. La palabra hebrea shaá empleada por Rabí Iehudá se traduce como “hora” y “momento”. La palabra también significa “giro”, implicando el cambio de un estado a otro que es la medida elemental de tiempo y la esencia de teshuvá.
11. Así, el Talmud (Kidushín 49b) reglamenta que “Si un hombre desposa a una mujer a condición de que es un tzadík, ella se considera como posiblemente casada con él aun cuando él es un hombre totalmente pecador, pues quizás, en el momento en que la desposó, tuvo un pensamiento de teshuvá”.
12. Talmud, Pesajím 95a.
13. Deuteronomio 4:35.
14. Talmud, Pesajím 93a.
15. Ibíd., Eruvín 13b.

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