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El Verdadero Amor

Dos hermanos vivían en un pequeño pueblo y se amaban mucho. Cada uno había heredado un campo de su padre. Uno de los hermanos prosperó financieramente, pero desgraciadamente…
Una historia sobre dos hermanos

En el siguiente relato, el Gran Rabino Yosef Jaim de Bagdad –el renombrado Ben Ish Jai– nos enseña el significado del verdadero amor y cuán apreciado es a los ojos del Creador:

Dos hermanos vivían en un pequeño pueblo y se amaban mucho. Cada uno había heredado un campo de su padre. Uno de los hermanos prosperó financieramente, pero desgraciadamente no tenía descendencia. El segundo hermano era pobre, pero fue bendecido con muchos hijos.

Cierta vez, el hermano pobre se despertó en medio de la noche preocupado por su hermano, a quien tanto amaba. Su corazón se llenó de compasión por él, que era rico pero no tenía hijos. El hermano pobre pensó lo difícil que debía de ser la vida de su hermano sin la alegría de tener niños en su hogar, mientras él había sido bendecido con una familia numerosa. Entonces sintió gran congoja por él y se puso a pensar en algo que pudiese brindar un poquito de felicidad a su sombría vida. Al final, decidió que cada noche le daría secretamente un poco del grano de su campo a su hermano. Quizás tener más riquezas le traería algún consuelo…

Desde esa noche en adelante, el hermano pobre empezó a levantarse a medianoche y cargaba un saco de grano de su campo al de su hermano.

Esa misma noche, cuando el pobre se despertó con tanta compasión por su amado hermano, éste se despertó también con el mismo sentimiento. Pensó: “Yo soy tan rico y sin hijos que alimentar, mientras que mi querido hermano está tan necesitado. Tiene muchas bocas que alimentar; él necesita dinero mucho más que yo. Le llevaré un saco de mi grano cada noche sin que lo sepa y así lo ayudaré un poco…”. Y así también él se despertaba a mitad de la noche para llevar un saco de su grano al campo de su hermano pobre…

Una noche tras otra, los hermanos llevaban sacos de grano desde sus respectivos campos, uno al campo del otro, cada uno ignorando lo que el otro había hecho. Pero grande fue el desconcierto cuando, para su gran sorpresa, notaron que a pesar de que habían llevado un saco de grano la noche anterior al campo de su hermano, ¡encontraban el mismo número de sacos al día siguiente!

Una noche, los dos hermanos decidieron quedarse despiertos a lo largo de la noche para descubrir el misterio. Y así, a medianoche, se encontraron en el campo y finalmente entendieron el misterio del grano que nunca disminuía. Entonces se abrazaron con lágrimas de emoción en los ojos.

Cuando HaShem vio a los hermanos exhibiendo un amor tan extraordinario, decidió que en ese mismo lugar Su Divina Presencia debía habitar en este mundo terrenal. Ese lugar se convirtió en el monte del Templo Sagrado en Jerusalén.

Otros dos hermanos…

Mientras tenía lugar el hecho de los dos queridos hermanos, en otro lugar aconteció una historia muy diferente:

Había también otros dos hermanos, uno rico y sin descendencia, y el otro pobre pero bendecido con muchos hijos. Sin embargo, entre estos dos hermanos había un gran odio.

Una noche, el hermano pobre se despertó y pensó: “Mi hermano no tiene necesidad de toda esa riqueza; después de todo, no tiene hijos que alimentar y cuidar – ¡yo podría aprovechar bien su dinero!”. Y entonces entró sigilosamente al campo de su hermano, ¡y le robó un saco de grano!…

Del mismo modo, el hermano rico despertó de su sueño, envidioso y molesto por el hecho que su hermano tenía tantos hijos y él ni siquiera uno. “¡¿No le basta con los hijos que tiene que también quiere grano?!”, pensó. Entonces ¡entró cautelosamente en el campo de su hermano y también le robó un saco de grano!

Una fría noche, cuando cada uno de ellos preparó una emboscada al ladrón de su campo, chocaron uno con el otro y descubrieron sus malas acciones. Con corazones desbordados de odio, se abalanzaron el uno sobre el otro, golpeándose y maldiciéndose.

Viendo HaShem la terrible disputa, decidió quitar Su Presencia Divina de ese lugar. En ese mismo sitio, en el vacío que se formó, fue erigida una casa de idolatría que difundiría un mensaje de odio, división y conflicto.

Tu templo personal

Las historias anteriores enfatizan cuán precioso es el atributo del amor a los ojos del Creador, a tal punto que para Su Templo Sagrado escogió el lugar donde sucedió un acto de verdadero amor. Este principio se aplica a todo lugar y todo momento. Aunque es verdad que nuestro Templo Sagrado en Jerusalén fue destruido, cuando HaShem es testigo de un verdadero amor entre marido y mujer, Su Divina Presencia habita entre ellos, transformando su hogar en un Templo Sagrado en miniatura, un lugar de santidad y bendición.

Por otra parte, si una pareja vive en conflicto y con odio, el Creador retira Su Divina Presencia de su hogar – ¡lo que convertirá sus cuatro paredes en un lugar de contienda y controversia perpetua!

Dar con todo el corazón

Otra cosa que podemos aprender de los dos queridos hermanos es que el verdadero significado del amor es dar. El acto de dar desinteresadamente caracterizaba el amor que existía entre ellos. Cada uno dio con todo su corazón, sin esperar nada a cambio. El amor entre marido y mujer debería ser igual, cada uno disfrutando verdaderamente del mero acto de darle al otro.

Toda mujer debería evaluarse a sí misma y preguntarse si ella verdaderamente le da a su esposo, sin esperar o exigir compensación. Ella debe ser honesta consigo misma, pues si se da cuenta de que se queja y pide un pago por lo que da, debe entender que eso está muy lejos de ser amor verdadero. Y si no hay verdadero amor, la Presencia Divina no morará en medio de la pareja.

Eso fue lo que vimos en la primera historia. El hermano pobre no pensaba en sí mismo en absoluto. No pensó en su propia pobreza ni se entretuvo con pensamientos egoístas. Nunca se preguntó por qué su hermano rico no estaba ayudándolo financieramente. Del mismo modo, el hermano sin hijos pensaba acerca de las dificultades de su hermano en vez de pensar en su propia desgracia. Ambos se preocuparon solamente de las necesidades del otro y trataron de aliviar sus tribulaciones, fueran éstas emocionales o financieras. Sin duda, la pareja debe esforzarse por alcanzar esa misma clase de amor desinteresado.

Alguien que sinceramente ama a otro, debe dar constantemente al ser amado. Cualquier cosa que hace a la persona amada feliz, lo hace feliz a él también.

gentileza breslev.co.il

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