3) La luz y el resplandor
El mes de Iyar, sobre el cual intentamos develar su esencia, es relacionado por la sabiduría mística con el concepto de ziv, de resplandor.
En los textos más profundos de sabiduría la luz alude siempre a la fuente original de luminosidad. La misma fue creada desde un comienzo con el objeto de iluminar y minimizar la oscuridad. Al hacerlo, el emitir su luz, cumple el objetivo buscado.
Sin embargo no toda luz puede darse el lujo de expresarse libremente y en toda su dimensión. Más aún, en muchos casos el deseo es que la luz se mantenga oculta, sellada.
Como ejemplo de esto conviene explicar la relación cabalística entre vasija y luz.
Cuando nos dirigimos a una persona, o cuando simplemente la nombramos, en ningún caso nos referimos a su aspecto material, a su carne o a sus huesos. Por el contrario, apuntamos a su aspecto espiritual, a su forma. ésta incluye sus cualidades personales, sus ideas, sus sentimientos, etc.. El cuerpo no es nada más que el utensilio que contiene la forma, es decir el conjunto de elementos espirituales.
Aquí la luz desde un inicio es creada dentro de límites definidos.
El cuerpo por su parte, traduce en lenguaje «físico» el aspecto espiritual del individuo. El cuerpo es el instrumento de expresión de la persona
Aquí encontramos el modo en que la luz oculta puede trascender los límites que la encierran.
Los sabios cabalistas identifican la forma con la luz. Esta última, a pesar de su nivel de excelencia, no puede actuar de modo independiente; precisa de una vasija, de un recipiente y se manifiesta a través de ‘el.
Por consiguiente los conceptos de vasija y luz coinciden con los de materia y forma.
La luz representa la interioridad, el contenido más profundo. La vasija alude al aspecto más superficial, al instrumento. La luz, aspecto esencial, se reviste con la vasija, la dirige, la guía. Cuando el aspecto interior – la luz – logra someter al aspecto exterior – la vasija – entonces la luz alcanza a revelarse y a darse a conocer en el mundo.
en resumen, encontramos que un aspecto del individuo – la forma: su luz – ocupa un lugar interior, oculto. Más dicha luz no está condenada a permanecer en el encierro: puede – y debe – hacer el máximo esfuerzo por superar las barreras y darse a conocer.
El resplandor, por su parte alude a la luz que, a pesar de haber sido colocada entre muros, cubierta, tapada, y protegida, de todos modos logra romper las barreras que la apresan y logra trascender.
El resplandor alude a la victoria de la luz sobre la vasija.
La historia bíblica, la luz y el resplandor
De acuerdo con el relato bíblico, el calendario hebreo comienza a girar en el inicio del mes de nisán, el primer mes lunar. el capítulo 12 del libro del éxodo no deja lugar a dudas: «El Eterno le dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto: Este mes [Nisán] será para vosotros el principio de los meses, será para vosotros el primero de los meses del año«.
El mes de nisán, además de ser el primer mes del calendario, es el mes de los milagros – nisim -. Las 10 plagas milagrosas, la prodigiosa partición del mar.
El milagro por definición, es un hecho sobrenatural que rompe la cubierta de la realidad y permite observar lo que está del otro lado. La grieta de la vasija nos permite contactar directamente con la luz.
Mas la impresionante luz revelada por los milagros durante el mes de nisán normalmente está oculta, encubierta, sellada por los límites y las leyes naturales.
Entonces se podría plantear un dualismo engañoso: ¿O la luz de nisán o la total oscuridad? ¿O es que tal vez se puede lograr que la luz milagrosa de nisán se transporte también más allá de su territorio limitado de intramuros?
La respuesta de sabiduría es muy sencilla: el poder esencial del mes de iyar es precisamente el de proyectar esta luz oculta al ámbito de lo cotidiano y lo rutinario.
Significa: el mes de iyar contiene la luz de nisán pero ya no de modo milagroso sino de modo natural.
Nisán es el mes de la luz, iyar el mes del resplandor.
Aunque es conveniente tener siempre presente que no hay nada absolutamente nada en el resplandor que no se encuentre enraizado en la luz original que lo genera.
El poder y la potencia del resplandor se miden por su capacidad de proyectar en términos naturales la milagrosa luz original.
La letra hebrea que se relaciona con este mes de iyar es la letra vav. En la gramática hebrea la letra vav sirve para conectar conceptos separados, tal como la letra «y», la letra va une y conecta.
No es casual entonces que los textos de sabiduría mística establezcan una relación estricta entre el mes de iyar y letra vav. Ambos conectan, unen, y establecen una relación entre un punto inicial y un objetivo.
La salida de Egipto [nisán] y la entrega de la Gran Sabiduría en el Monte Sinaí [siván] están separadas no solamente por una distancia física o geográfica. Lo que separa al mes de nisán – primer mes – del mes de siván – tercer mes – no es nada más que una suma casual de días, el Segundo mes: iyar.
Por el contrario, el mensaje de sabiduría no deja lugar a dudas: no basta con salir de Egipto y tampoco basta con la claridad del objetivo, que no es otra cosa que recibir la Sabiduría entregada a Moisés.
El peligro es enorme: el camino en muchos casos puede ser un puente directo o una trampa mortal.
Si el hombre moderno hubiese salido de Egipto bajo el liderazgo de Moisés, sin lugar a dudas hubiera intentado evitar la travesía por el desierto. Hubiese puesto toda su energía en saltar de Egipto al Sinaí: de la luz…a la luz.
Sin embargo el deserto nos demora, nos presenta dificultades, nos pone a cada paso un desafío y una prueba. Pero a su vez nos enseña el valor del camino, el sentido más profundo del resplandor.
Ben Itzjak

Me siento triste ♀️ este 2026 aún no se dio la redención final . falta mucho conocimiento de la Torá en la humanidad