Festejando
Rosh Hashana
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Aieka : Donde estas?

Y ELEGIRÁS LA VIDA

Mira, puse delante de ti el día de hoy la vida y el bien, y la muerte y el mal… la vida y la muerte puse delante de ti, la bendición y la maldición, y escogerás la vida, para que vivas tú y tu descendencia ” .
Este pasuk es uno de los más conocidos de la Torá. Pero, ¿qué quiere decir elegir la vida? Acaso, ¿no es una obviedad que no merece aclaración? ¿Por qué uno elegiría el sufrimiento o la muerte, por sobre la vida?
Sin embargo, sucede que muchas veces elegimos (sin ser conscientes) para nuestra vida cosas que nos dañan. Adicciones, comidas, pensamientos tóxicos, etc. Elegimos mal, en el sentido más simple y llano. Desde lo físico, lo psicológico, lo social, lo espiritual. Dañamos nuestros cuerpos con comidas que hacen perder la salud. Nos sometemos a niveles de estrés que atentan a nuestra paz mental. Elegimos situaciones, personas o espacios, que no nos hacen bien. Nos desviamos por el mal camino. Al final, no parece tan sencillo elegir la vida. Al final, quizás sí necesitemos que Hashem nos lo diga una y otra vez, nos aclare, sea explícito. Existir sí es sencillo. Todos sabemos respirar. Nadie se olvida de comer, o de abrigarse. El instinto de supervivencia es básico. Pero, existir no es lo mismo que vivir. Existimos en tanto ocupamos un espacio físico. Pero vivimos en tanto logramos quebrar a nuestro yo cáscara, anularlo, conectarnos con nuestro yo genuino y, en consecuencia, con Hashem mismo. Uno puede existir a merced de su ego, y no elegir la vida. De hecho, muchas personas que parecen muy vivas, en realidad, están muertas por dentro.
Así como ocurre en un parto, para que haya vida, deben haber contracciones. Tiene que haber dolor. Tiene que poder quebrarse el yo cáscara, anularse, achicar el ego. Y eso, por lo general, se siente cómo pérdida. Pero esta pérdida nos enriquece. Esta pérdida nos genera ganancia.
“La muerte, el mal y la maldición” que nos habla el pasuk se identifican con el yo cáscara. Nos quiere hacer elegir todo el tiempo cosas que nos limitan, que nos hacen daño, que no nos nutren. Es quién nos habla constantemente en nuestra cabeza, implantando deseos y necesidades que no nos son propias.
“La vida, el bien y la bendición” se identifican con el yo esencial, el genuino y auténtico.
Hashem nos pide que elijamos la vida. Ya nos dijo qué es bueno y qué es malo. ¿Para qué continuar? Pero, Él es explícito con nosotros, nos insiste. Nos pide un compromiso.
El libro de la vida y el libro de la muerte están abiertos delante de Hashem en Rosh Hashaná . “La vida y la muerte puse delante de ti. ¡Elegirás la vida!”
Y de eso se trata Rosh Hashaná. De elegir la vida. De elegir quiénes seremos. Elegir cómo podemos mejorar ahora mismo para el futuro. Qué cambios podremos realizar. Tenemos que proyectar ser mejores , pensar cómo podemos evolucionar. No tienen que ser promesas gigantes , tienen que ser reales, alcanzables, en la medida de nuestras posibilidades.
Al final, sólo debemos trabajar en nuestra voluntad y, cada año, paso a paso, podremos ser mejores personas. De esa forma, rechazamos la muerte, rompemos nuestro yo cáscara, y elegimos la vida. Elegimos vivir desde nuestro yo esencial. “Que se termine el año y sus maldiciones. Que comience el año y sus bendiciones” . Que se termine nuestro yo cáscara. Que se revele nuestro yo esencial. Este es el Sefer Hajaim, el libro de la vida.

EL MUNDO FUE CREADO PARA MI

Rosh Hashaná. Día de juicio.
Desde que somos muy pequeños nos enseñan que en Rosh Hashaná somos juzgados. Sabemos que en Rosh Hashaná se juzga a las personas. Pero en rigor de verdad, la Mishná no utiliza la palabra “juzgar” para hablar del juicio del hombre, sino simplemente dice que cada una de las personas pasan delante de Hashem. De acá se desprende que la definición de juicio es pasar de a uno, en solitario.
Es Rosh Hashaná. Estamos solos frente a Hashem. No hay nadie más alrededor.
¿En qué otro momento de la creación sucedió esto? Los animales fueron creados de a varios, muchos individuales de cada especie. Sólo una creación fue única, un individuo solo de esa especie: Adám Harishon. ¿Por qué el hombre fue creado solo? Para enseñarnos que si salvamos una vida, salvamos al mundo entero . Si todo el mundo viene de una sola persona, entonces, una vida tiene el sentido del todo.
En el juicio de Rosh Hashana ponen en contraste a nuestro yo actual con nuestro yo solitario. Este yo solitario es ese yo creado único, como si todo el mundo se justificara en él, como si todo el mundo dependiera de él. En cada uno de nosotros se tiene que poder justificar la creación y toda la existencia. Entonces, Hashem nos muestra cuál es nuestro potencial y nos contrasta con quiénes estamos siendo en la actualidad. En Rosh Hashaná tenemos el potencial de volver a Adam antes de la transgresión original. Tenemos que poder darle sentido a todo el mundo, como si fuéramos el único ser humano sobre el universo .

VOLUNTAD

Existe el ietser hatob y el ietser hará. Antes de la transgresión de Adám, el ietser hatob, la inclinación al bien, estaba dentro, y el ietser hará, la inclinación al mal, fuera de la persona. El ietser hará estaba personificado por la serpiente, era externo al hombre. Se lo podía escuchar y reconocer como un ser diferenciado. Después del jet, de la transgresión de Adám, la serpiente le metió el veneno a Javá , metiéndose dentro suyo. Se mezcló con la sangre y pasó a ser parte de ella. “No habrá en vos un dios ajeno y no te prosternes a un dios extraño” . Se preguntan nuestro sabios , ¿quién es este dios ajeno que está dentro del mismo hombre? Y responden; es el ietser hará. El yo impostor no es otro sino un dios falso que está dentro nuestro, al que muchas veces le rendimos culto, nos anulamos y prosternamos ante él. Por eso ahora las inclinaciones al mal están dentro nuestro. No podemos identificar la voz de la serpiente hablándonos. Se entremezcla con la de nuestro yo verdadero y pensamos que son nuestros gustos, nuestros deseos, nuestras necesidades. Cuando sufrimos de malas inclinaciones, no somos nosotros quienes hablamos en nuestra cabeza. No es nuestra esencia. Nosotros queremos hacer la voluntad de Hashem. Pero ella nos confunde.
Imaginemos que hay un demente que quiere que tomemos veneno. Nos dice que nos da dinero a cambio. Nos reiríamos. No lo haríamos. Ahora, ese demente, vive dentro nuestro, y nos incita desde adentro a que hagamos cosas que atentan contra nuestra salud, hábitos saludables, relaciones, etc. ¡Y las hacemos! Pensamos que somos él, pensamos que queremos hacerlo y, peor aún, creemos que es para nuestro bien pero, en realidad, nos estamos dañando. Ese es el poder de la serpiente, el veneno que tenemos dentro de cada uno de nosotros. El Rab. Shapira siempre da un ejemplo para explicar esto. Dice que hay dos formas de robar un banco. El primero, el modo más grotesco, más bruto, es ir encapuchado con un revólver y gritar que nos den el dinero. La cajera no quiere dar el dinero. Pero alguien le está exigiendo contra su voluntad. Lo hace porque corre peligro. La otra forma de robar el banco es que estos ladrones, en vez de ir por la fuerza, piden una cita con el gerente del banco. Una vez allí, lo duermen, y lo encierran con llave. Entonces, ocupando su lugar, comienzan a llamar, a mandar mails, y a pedir que le entreguen el dinero. ¿En qué cambian estos dos modelos? En el primero, queda claro que hay un tercero que nos quiere obligar a hacer algo que no queremos, y lo hacemos presionados. En el segundo, no. Todo el banco está contento haciendo la voluntad del gerente. Nadie se da cuenta del peligro que hay, ni de que están siendo estafados.
Esto mismo se aplica para nuestras vidas. Cuando decimos que somos nosotros, en realidad, no, no somos. Es nuestro yo cáscara, nuestro ego, que se está haciendo pasar por nosotros mismos, está tomando nuestra identidad. Tomó el lugar de dueño de nuestro banco y está realizando los movimientos.
Nosotros queremos hacer la voluntad de Hashem, queremos estar conectados con nuestro yo divino. Pero el ietser hará no nos deja. No nos deja conectarnos con nuestra voluntad esencial. Él nos invade con otra voluntad ajena a la nuestra y nos hace vivir alienados en nuestro propio cuerpo.

AIEKA

Aieka, ¿dónde estás?
Esto fue lo primero que le dijo Hashem a Adam luego del jet. Aieka es una pregunta retórica. Luego de comer del fruto prohibido, Adam se esconde. Hashem le pregunta aieka. ¿Dónde estás?
Antes del jet Adam vivía en estado de redención. Vivía en armonía y felicidad. Él estaba en estado de satisfacción, cumpliendo su tikún, su misión personal. Luego de comer el fruto, tuvo pérdida de conciencia esencial y pasó a habitar el yo cáscara. Se fue al exilio. Se alejó de sí mismo. Por eso Hashem le pregunta aieka. No porque no pueda verlo. Sino para que tenga conciencia que está irreconocible. Para que entienda que ya no es él mismo. Que algo cambió dentro suyo. Y, a modo de pregunta, le dice, sin decir, que ya no va a ser tan sencillo encontrarse. No es una pregunta física. No es que no pueda verlo. Es que no lo reconoce, simbólicamente.
El día de mayor dolor del pueblo judío, el día de máximo exilio, es Tisha eAb. Y la meguilá, el texto, que leemos en este día, se llama Eijá, lamentaciones. Tiene exactamente las mismas letras. Eijá, aieka, significa que nos fuimos, que salimos al exilio, que empezamos a habitar un yo impostor. Y por eso vienen todas las lamentaciones. Por eso todo el sufrimiento. Todo se reduce a la palabra exilio.
Todos los días debemos preguntarnos a nosotros mismos dónde estamos. Debemos preguntarnos si estamos cumpliendo nuestro tikún.
Tres cosas sacan al hombre de su mundo interno . La envidia o codicia, los deseos físicos y descontrolados, y la búsqueda de honor. Estas tres cosas tienen en común que son hacia afuera. Queremos cosas materiales para saciar nuestros deseos. Buscamos la atención de los demás. Queremos lo que los otros tienen. Estos enemigos nos confunden, nos sacan de la realidad y nos hacen vivir en una fantasía, siempre buscando y buscando afuera, cosas que nunca nos saciarán.
¿Sabemos dónde estamos? No. Nos perdimos. En nuestro lugar está el Najash, la serpiente, dictándonos qué hacer. Nuestro yo esencial quedó encerrado, aprisionado por el yo cáscara que se adueñó de él. Y así vamos todo el tiempo, con el yo genuino perdido, al mando de un ladrón que quiere sacar provecho. Y seguimos buscando afuera, sin darnos cuenta que, en realidad, lo esencial está dentro, muy dentro.

MUCHOS PROBLEMAS

“Ojalá que tengas muchos problemas”.
Si nos dicen esto, posiblemente nos enojaríamos. Es extraño pero esta frase es una bendición.
Cuando una persona tiene un problema muy serio, ¿qué pasa con todo el resto? Desaparece. Y, no sólo eso, sino que nos preguntamos cómo antes nos amargábamos con cosas tan pequeñas. Los grandes problemas nos muestran qué tan desajustada teníamos nuestra escala de valores. Nos muestran cómo la mayoría de las cosas insignificantes, que antes nos preocupaban tanto, ya no tienen importancia frente a lo que nos pasa. Si hacemos una lista de todas las cosas que nos preocuparon o molestaron en la semana que pasó, seguramente pasen a ser insignificantes ante la enfermedad o la muerte de un ser querido.
En un avión comienza una fuerte turbulencia. Las alarmas se activan, y uno siente que puede ser el final. De golpe, todo ese miedo, toda esa adrenalina, hace que recordemos cuáles son las cosas importantes en nuestra vida. En ese momento, repentinamente, todos se acuerdan de Dios. En ese momento nadie piensa en el trabajo, nadie recuerda las cosas materiales que deja en el camino. Cuando fue la caída de las torres gemelas, las personas agarraban sus teléfonos y llamaban a sus familiares para decirles cuánto los amaban. Ellas nos mostraron cómo, al final, lo único que importa en la vida, se traduce en el amor, los afectos, y nuestro crecimiento espiritual.
El shofar genera ese estupor , ese temblor que inmediatamente acomoda los valores. Sube lo importante y baja lo trivial. Lo que antes estaba mal ubicado arriba baja a su correspondiente nivel, y lo que antes estaba abajo olvidado, sube a su verdadero lugar.
Si tenemos muchos problemas, significa que no hay uno muy grande. Lo mismo pasa con las voluntades. Si tenemos una voluntad muy fuerte, las demás comienzan a desaparecer. Estamos llenos de voluntades ajenas, estafadoras. Ellas todo el tiempo tapan nuestra voluntad verdadera. La única voluntad real que tenemos es la de hacer la voluntad de Hashem. Por supuesto que tenemos voluntades secundarias por ejemplo, comer, que nos da fuerza y nos permite realizar la primaria. Pero, la forma en la que queremos realizar esa voluntad secundaria la convierte en una voluntad ajena: queremos sí o sí esa comida, caemos en la gula, o comemos por el sabor y el placer en exceso, cosas poco saludables.
David Hamelej decía: “Una sola cosa pedí de Hashem: Estar, habitar, en la casa de Hashem, todos los días de mi vida”. ¿Por qué pedir una sola cosa si podemos pedir todo? Porque si pedimos varias, entonces, la primera voluntad ya no es tan importante. David Hamelej logró salir de su yo cáscara, enajenado, exiliado, y habitar en su yo esencial. Él logró reconocer que lo único importante es estar cerca de Hashem. “Y yo la cercanía con Hashem para mí es buena” , escribió. Parece redundante el uso del “yo” y el “para mí”. Podría haber dicho “la cercanía con Hashem es buena”, y parecería ser lo mismo. La novedad es que ese “yo” y ese «para mí» se refiere a su yo esencial verdadero. Aquel que sabe verdaderamente qué es bueno y qué no.

CORONAR A HASHEM

Rosh Hashaná es coronar a Hashem como rey. ¿Qué significa realmente coronar a Hashem?
Decía el Rebe de Kotzk: “Las personas están acostumbradas a mirar al cielo y preguntarse qué pasa allí arriba. Pero sería mejor que miraran bien su interior y se preguntaran qué pasa ahí adentro”. No hay que viajar muy lejos, ni irse hacia el otro extremo del mundo. No hay que buscar hacia afuera. Se trata de mirar en nuestro interior. “No se encuentra en el cielo, ni más allá del mar, sino muy cerca tuyo está el asunto, en tu boca y en tu corazón para realizarlo” . Lo que estamos diciendo es que todo movimiento hacia afuera nos desconecta y nos exilia. Todo movimiento debería ser hacia adentro. Nos referimos a pensamientos, voluntades, emociones. No abarcamos solamente lo físico.
¿Dónde está puesto nuestro foco? ¿Dónde se concentra nuestro interés? ¿Trabajamos nuestras midot, nuestras cualidades tanto como lo hacemos con el afuera? ¿Cuidamos nuestra alma así como nos preocupa la belleza de nuestro cuerpo? ¿Dedicamos algo de tiempo en trabajar nuestro interior?
¿Qué es coronar? Para que se pueda hacer, tiene que haber un rey y súbditos. A su vez, tiene que ser posible coronar a un otro. Tenemos que tener la posibilidad de elegir.
Nos presentamos a elecciones. Por un lado Hashem y, por el otro lado, el Sitrá Ajará , literalmente “el otro lado”. Hay dos partidos, dos propuestas. En Rosh Hashaná tenemos que votar entre una de las dos propuestas. Los dos nos otorgan beneficios. El beneficio que nos ofrece el Sitrá Ajará es inmediato, en cambio, el de Hashem se muestra a largo plazo. ¿A quién le damos nuestro voto? Estamos parados en el Bet Hakneset y tenemos que elegir. ¿Con quién uniremos fuerzas este año, quién será nuestro aliado? ¿En qué urna pondremos nuestra voluntad? En el otro lado están todas las voluntades ajenas que entraron y se apoderaron de nosotros. Pensamos que son buenas y que son nuestras, pero no. Son como el ladrón del banco que está dando órdenes para que cumplan sus deseos. Tenemos que amputar nuestra voluntad, así como lo hizo Abraham Abinu.
En Rosh Hashaná se produce una de las historias más controvertidas y la prueba más difícil que le pide Hashem a un hombre. El pedido del sacrificio de Itsjak en manos de su padre. Abraham tenía que sacrificar su voluntad máxima, estaba dispuesto a entregar la vida de su hijo, para votar en la urna de Hashem. Es lo más difícil que se nos puede pedir. Es reconocer y aceptar que la mayoría de las cosas que nos gustan, que creemos que nos hacen bien, que deseamos, son en realidad deseos de un estafador externo a nosotros. No es nuestra voluntad esencial, es la del otro lado que nos hace creer que sin ese teléfono último modelo, sin ese status social, sin ese viaje, sin esa pareja, sin ese puesto, no podremos ser felices y estar completos.
Tenemos que sacrificar nuestra voluntad externa y elegir cumplir con nuestra voluntad esencial. Y duele. No es fácil. Abraham estaba decidido a sacrificar a su hijo. No le pidió nada simple. Era su único hijo , lo que más amaba. Y así es para nosotros, quebrar nuestro ego, nuestro deseo, y todo aquello que creemos que deseamos más que a nada en el mundo. Este enorme desafío, el sacrificio de Itsjak, ocurrió nada más y nada menos que en Rosh Hashaná.

¿QUÉ NOS MUEVE?

¿Qué mueve nuestra mente? Cuando vamos a dormir, y nos quedamos finalmente quietos después del trajín de todo el día, ¿en qué pensamos? Este es un gran momento para conocer nuestra voluntad.
¿En qué pensamos cuando no pensamos en algo? Cuando soltamos nuestra mente, ¿a dónde se va?
Tenemos un perro. Le ponemos la correa y le mostramos un trozo de carne. Todo el tiempo se quiere ir, pero nosotros no se lo permitimos, lo tenemos amarrado. En el momento que lo soltamos, ¿dónde va? Con sus emociones, con sus pensamientos.
Si nosotros soltamos la correa que nos ata seguramente nos vayamos a nuestras preocupaciones, a nuestras cosas sin resolver del día, a nuestras emociones tóxicas. ¿A dónde va el pensamiento de cada uno cuando soltamos la correa? ¿A dónde va la emoción? ¿Y el cuerpo?
Esa es nuestra voluntad estafada. No es la real. Es la que nos genera ansiedad, la que nos deprime, la que nos impide conectarnos con nuestra esencia y estar plenos.
¿Quién se estresa por no poder estar cerca de Hashem? No, nadie. Pensemos un minuto qué nos genera angustia, qué nos da miedo, qué nos da ansiedad… Nada de esto es nuestra voluntad real. Vivimos estafados. De cosas, de estímulos, de presiones y situaciones que no son importantes realmente. Y, en Rosh Hashaná, cuando uno está desnudo de todas las máscaras, solo, pasando frente a Hashem, nada de esto va a ser excusa. Cuando él nos pregunte qué estamos haciendo con nuestras vidas, dónde estamos, por qué estamos desperdiciando el tiempo sagrado que nos regala, no podremos justificar las faltas en nuestros deseos materiales, nuestra gula, nuestra codicia… No podremos escondernos detrás del arbusto y hacer de cuenta que no estamos.
Acá es donde debemos enfocarnos, donde debemos trabajar. Tenemos que ubicar nuestra voluntad, y tenemos que poder votar correctamente. Hashem va a juzgar dónde está puesta nuestra voluntad.

ESCLAVOS

Somos esclavos, somos prisioneros dentro de nuestro yo cáscara. Estamos constantemente siendo estafados por él, pensando que somos eso. Y, nuestro yo verdadero, está dentro, como muerto, encerrado, sin poder hacer valer su voluntad.
¿Qué hace el shofar? ¿Qué función tiene? ¿Cuándo se tocaba el shofar?

Muchos no lo saben, pero el shofar se tocaba en el jubileo. Se tocaba en Iom Kipur del año 50 (Iobel) para liberar a los esclavos. Entonces, el shofar, no solamente nos despierta, como bien es conocido. También nos libera. Con el shofar se libera a los esclavos y las tierras vuelvan a sus dueños. Las cosas vuelven a su estado esencial, original. Los esclavos salen de la opresión y vuelven a ser dueños de sí mismos. Vivir en estado de yo cáscara es similar a ser esclavo. Vivimos alejados de la esencia, exiliados de nosotros mismos. No habitamos nuestro yo esencial, vivimos dispersos, siempre en esclavitud. Estamos dispersos con el objetivo de la vida. No tenemos claro ni para dónde vamos, ni para qué vivimos. No sabemos cuál es nuestro objetivo. Peor aún, la mayoría de las veces, siquiera sabemos que estamos dispersos. La definición de exilio es que no estamos en nuestra tierra, no estamos en nuestro hábitat. Porque, nuestra tierra verdadera es nuestro yo esencial. “Vete hacia ti, de tu tierra… a la tierra que Yo te mostraré” . A eso se refería Hashem cuando le dijo a Abraham: “Lej lejá”. Andate de la casa de tus padres, del lugar donde naciste… Hashem lo estaba convocando al desafío de irse hacia su yo interior. Ese es el punto de inicio de un viaje que no termina más. Un viaje de placer y descubrimiento. El yo interior es infinito, es una chispa de Hashem. Cuando Hashem le dice a Abraham que salga, le deja bien en claro de dónde tiene que irse, pero no hacia dónde tiene que ir. “A la tierra que te voy a mostrar”, le dice. Pareciera que una vez que uno inicia el camino, da el primer paso , luego Hashem nos guiará y mostrará la tierra prometida. Y, a veces, el mayor desafío es salir. Porque, nunca se llega al punto final. Siempre se busca y se puede encontrar más y más.

Este relato de la Torá, además, tiene algo curioso. Siempre que Hashem se comunica con un profeta, lo hace diciendo dos veces juntas su nombre. Sin embargo, en esta ocasión no lo hace. Hashem simplemente empieza a hablar. Sin introducción, dice el lej lejá. Vienen nuestros sabios a explicar que, en realidad, esa orden no se la dió Hashem exclusivamente a Abraham. Esa orden nos la da Hashem a todos. Todo el tiempo, y en cada instante de nuestras vidas, hay una voz que nos dice lej lejá. Todo el tiempo nos dice que nos vayamos. Nos dice que soltemos lo conocido que nos limita y no nos deja ser nuestra mejor versión. Nos dice que nos animemos al cambio. Quedarse en lugares que no son para nosotros causa dolor. Es como usar una talla de zapatos que nos quedan chicos. Al intentar caminar nos dolerá el cuerpo. No es que Hashem le estaba hablando a Abraham. No era un mensaje exclusivo para él. Abraham logró escuchar esa voz que siempre está disponible para cada uno de nosotros. Logró captar un mensaje constante y eterno. Logró escuchar lo que Hashem nunca se cansa de pedirnos…
Lej lejà. Vete hacia ti, hacia adentro. Buscarnos y encontrarnos. Una búsqueda de no acabar. Y esa es la única forma de encontrar a Hashem.
Este es el grito del shofar. Él viene a sacarnos de ese lugar, nos invita a irnos hacia nosotros mismos. Nos hace volver a conectarnos con nuestro yo esencial. Y por eso, decimos que el shofar nos despierta y nos libera.
Hacer teshuvá, ¿qué significa? Retornar, pero… ¿retornar a dónde? Significa salir del yo cáscara y volver al yo despierto, al yo esencial. Es volver hacia uno mismo. Por eso decimos que cuando sonaba el shofar las cosas vuelven a sus dueños originales. En palabras de Maimonides : “Despiértense, dormidos, de su sueño (espiritual), hagan introspección de sus acciones, arrepiéntanse de las malas acciones y recuerden a su Creador. Aquellos que se olvidan de la verdad en medio de las vanidades del tiempo, y se dedican todo el año a cosas insignificantes y vacías, que no ayudan ni salvan. Observen sus almas, mejoren sus senderos y sus acciones; abandonen cada uno de ustedes sus malos caminos y sus pensamientos negativos…». El shofar nos despierta y nos sacude. Le grita a tu yo interior, ese que está siempre despierto (aunque lo tenemos tapado, como dormido). Como dice Shelomó Hamelej en el Cantar de los Cantares : “Yo estoy dormida, pero mi corazón está despierto”. Es cierto. Puede ser que nuestro yo, nuestra conciencia, está dormida. Pero, aun así, la chispa divina que está en nuestro corazón permanece siempre despierta. Y el shofar viene a potenciar esa chispa interior hasta lograr expandirla y despertar nuestro yo verdadero.
Entonces, Rosh Hashaná es el juicio, es la votación y coronación de Hashem. Todo esto está directamente relacionado con la capacidad que tenemos de elegir liberar a nuestro yo interior, que es nuestra voluntad esencial. Es elegir quitar las mantas que cubren nuestra chispa interior para que finalmente pueda brillar e irradiar su luz hacia afuera.
¿Acaso vieron una familia comiendo todos con el celular? Nadie habla con nadie. Existe una forma sencilla de hacer que comiencen a interactuar; les sacamos los teléfonos. Esta acción genera, automáticamente, un vacío. Y, ante el vacío, ¿qué pasa? Empiezan a hablar. En realidad, la necesidad de conexión estuvo siempre. Solo que la adicción al celular la tapaba. En el momento que sacamos la adicción que daña y desconecta, florece lo verdaderamente importante. En ese momento, reconocemos nuestra verdadera inclinación, al igual que deberíamos reconocer que nuestra única voluntad es estar cerca de Hashem. Ese es nuestro máximo bien.

DERRIBANDO MUROS

Cuando nuestro pueblo llega a Erets Israel, luego de 40 años recorriendo el desierto, se encuentra con la ciudad de Ierijó. Esta primera ciudad parecía infranqueable. Una muralla gigante la protegía. Hashem les propone al pueblo rodear la ciudad tocando el shofar durante 7 días. El séptimo día marcharon 7 vueltas, y 7 cohanim tocaron el shofar hasta que las murallas cayeron milagrosamente .
Todos tenemos murallas internas que nos separan de nuestra verdadera esencia, de nuestro verdadero yo. Ellas son una cáscara que nos recubre, que nos exilia, que nos tapa, y no nos deja entrar. En su rescate viene el shofar. Este es su secreto, su fuerza.
¿Cuáles son nuestras murallas interiores, aquellas que creemos que no podremos derribar?
No debemos caer en la autocompasión. No debemos echarnos para atrás, pensando que es imposible, que no lograremos entrar en nuestro yo interior.
Escuchando el shofar, tenemos el poder de quebrar las cáscaras, el ego, las murallas que nos rodean, para así revelar nuestro yo esencial y entrar en contacto con él, identificarnos con él. Este es nuestro trabajo personal. Tenemos el poder de reconocer qué cosas realmente necesitamos, y dónde debemos hacer foco para trabajar en nuestra corrección.

PERDIDOS

El shofar viene a ayudarnos con esta tarea. Sirve para liberar a nuestro yo esencial y a nuestra voluntad verdadera. Sirve para ver claramente dónde debe ir nuestro voto y a quién debemos coronar. El shofar sirve para la redención. Como dice en Ishaía , el gran shofar hará que retornen los que están perdidos. Este shofar no será uno más, sino que será un gran shofar porque será el definitivo.
Los perdidos no son otros. Somos nosotros mismos. Hoy en día, nuestro yo esencial está perdido. No reconocemos nuestras voluntades, perdimos nuestro rumbo. Perdimos nuestro eje. El shofar viene a rescatar ese yo perdido, esencial. A ayudar para que pueda salir en libertad. A despertar.
Es momento de votar. Con conciencia de que nuestro voto le dará poder de gobernar durante todo el año a quien elijamos. Si votamos a Hashem, él va a poder gobernar nuestra vida de modo revelado. Y si damos nuestro voto al otro lado, es como si le “sacaramos fuerza” a Hashem en nuestras vidas.

ELEGIR

Una persona borracha choca un auto. ¿Por qué es juzgado un borracho si no estaba en su sano juicio a la hora de manejar? No es una mala persona, solamente estaba bajo los efectos de una bebida que le hacía perder el control. Entonces, ¿por qué enviarlo a la cárcel? La ley diría que no es culpable intencionalmente, pero sí que es responsable. La responsabilidad se basa en la premisa de que, en algún momento, mientras estaba aún lúcido, decidió seguir tomando, y decidió tener encima las llaves del auto. En ese momento, en el que todavía estaba consciente, sin pasarse de alcohol, eligió no frenar. No fue precavido con las consecuencias. Es cierto que hay un punto en el que entramos en la bebida y ya no podemos salir. Pero, antes de que eso ocurra, decidimos dar el paso, decidimos seguir adelante.
Todos tenemos momentos de decisión donde podemos elegir una vida más consciente o más dormida. Todos tenemos momentos en el que podemos elegir a quién coronaremos, a quién le daremos nuestro voto, quién será nuestro socio en este año.
El shofar es nuestra alarma, es nuestro despertador. Es el grito que nos da Hashem para que despertemos, para que elijamos no dormir más. Al fin y al cabo, es el llanto de nuestra propia neshamá. Es un grito para que podamos reconocer los gastos de emociones, de plata, de tiempo y de energía, en cosas sin sentido. Es un grito para reconocer que no somos nosotros quienes estamos gobernando.
Dos personas idénticas pueden estar haciendo el mismo acto. Dos personas pueden estar yendo a comprar ropa. Pero una lo hace por la mitsvá de vestir bien en Rosh Hashaná. La otra, en cambio, lo hace para llamar la atención, para que todos la alaben. Es el mismo acto, aunque una es libre, ya que hace una mitsvá, y la otra es esclava de su ego, de su vanidad, de su yo social desesperado por un poquito más de interés y reconocimiento ajeno.
Lo más importante es empezar a ser sinceros con nosotros mismos. Por eso, pasamos delante de Hashem solos. No hay nadie más. No hay a quién engañar. No hay a quién echarle la culpa. No podemos victimizarnos. Estaremos solos con Hashem en el momento del juicio.
¿Dónde estará nuestra voluntad?
¿Dónde pondremos nuestro voto este año?
Este año nos reuniremos con los seres queridos alrededor de la mesa. Tenemos que tener todo esto presente. Como enseña el seder, al tomar el dátil o el puerro, pediremos a Hashem que quiebre, extinga y destruya a nuestros enemigos. Quizá podamos concentrarnos en nuestros verdaderos adversarios. Quizá podamos entender dónde están las fuerzas que nos debilitan. Quizá podamos ver que las fuerzas más peligrosas, y que más nos amenazan, siempre están en nuestro propio interior. Nuestro único y verdadero enemigo no es otro más que nuestro propio yo cáscara.

“Sea Tu voluntad, D’s Nuestro y D’s de nuestros padres, que se extingan nuestros enemigos, nuestros adversarios y todos los que buscan
nuestro mal… “

Rab Shimon Axel Wahnish

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