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La fascinante historia de Rabbí Aquibá

LA ADMISIÓN A LA ACADEMIA DE YABNE

Si bien recién a los 40 años aprendió a leer (ver aquí ), una vez que comenzó su meteórico ascenso intelectual y espiritual, Ribbí Aquibá nunca se detuvo. Pero tuvo que tener paciencia. Después de seis años de arduo trabajo y la constante motivación de su esposa Rajel, Aquibá (aún sin la ordenación rabínica o semijá) estaba listo para emprender sus estudios rabínicos superiores. En aquellos tiempos, alrededor del año 80 o 90 de la era común, la academia rabínica más prestigiosa se encontraba en Yabne, una ciudad que sirvió como refugio para los judíos después de la destrucción del Bet Hamiqdash. Además de ser la sede del nuevo Sanhedrín, la corte Suprema de Justicia y la autoridad máxima en términos de ley judía, Yabne también era una academia donde las puertas estaban abiertas para todos, sin embargo, Aquibá se encontró con un obstáculo: era muy pobre y debía mantener a su familia, lo que hacía imposible estudiar formalmente en la Yeshibá ya que se requería dedicación total y falta de preocupación por necesidades materiales.

EL SACRIFICIO MAS GRANDE

Pero su esposa Rajel, quien había descubierto su genio y extraordinarios talentos intelectuales, decidió trasladarse con su hijo a otra ciudad por unos años para permitir que Aquibá se dedicara por completo al estudio. A pesar del gran sacrificio que esto significaba para la pareja, ambos sabían que era la única manera de lograrlo. Finalmente, Aquibá fue admitido en Yabne, pero al intentar estudiar directamente con los grandes maestros, no fue aceptado debido a que, aunque era brillante, todavía no estaba preparado en cuanto a sus conocimientos. Fue entonces cuando Ribbí Eliezer ofreció generosamente que estudiara con uno de sus prestigiosos alumnos: Ribbí Tarfón, quien con el tiempo se convirtió en colega de Aquibá.

¿DE QUÉ SE MANTENÍA RIBBI AQUIBA?

Al igual que Hilel haZaquen, Ribbí Aquibá se mantenía cortando leña. La mitad la vendía y la otra mitad la utilizaba para cocinar su comida, protegerse del frío, y según sus propias palabras, «como iluminación» para estudiar Torá por la noche, usando la luz del fuego. Ribbí Tarfón, que era muy pudiente y valoraba cada vez más a su prodigioso alumno, le ofreció muchas veces mantenerlo económicamente para que dejara de trabajar y se dedicara aún más al estudio. Pero Aquibá rechazó la oferta, quizás para no beneficiarse materialmente del estudio de la Torá. Finalmente, Ribbí Tardón le ofreció dinero para que lo invirtiera. Ribbí Aquibá aceptó. Pero en lugar de hacer lo convencional en esa época, es decir, comprar un terreno y poner alguien a trabajarlo, para luego dividir los frutos entre terrateniente y empleado, Ribbí Aquibá repartió el dinero entre aquellos alumnos que eran más pobres que él. Cuando unos meses más tarde Ribbí Tarfón le preguntó si ya había invertido el dinero, Ribbí Aquibá le dijo que sí. Ribbí Tarfón le preguntó: “¿Me puedes mostrar la escritura?”, y Ribbí Aquibá le respondió: «Sí, aquí está». Abrió entonces el libro de los Salmos y le mostró a Ribbí Tarfón la “escritura”, el Salmo 112:9 que describe su gran inversión: «Cuando uno distribuye [sus posesiones] y las comparte con los pobres, el metro de este acto de caridad le será guardado para la eternidad».

SUS PRIMEROS MAESTROS

Al principio, como todo joven alumno, Ribbi Aquibá era más «apasionado» que «Sabio», y en todos los casos que había que expresar o apoyar una opinión rabínica, Ribbí Aquibá tomaba la postura más rigurosa, la menos facilista. Pero poco a poco, la genialidad de Ribbí Aquibá se fue desarrollando y su nombre y fama iban creciendo. Además de estudiar con Ribbí Tarfón, Ribbí Aquibá comenzó a acercarse a un importante rabino, Najum de la ciudad de Gimzó (también conocido como Gam Zu ). Rab Najum había desarrollado un método de interpretación bíblica muy sofisticado, partiendo de la premisa de que la Torá es un libro infinito, como su Autor. Por lo tanto, sostenía, las preposiciones, los artículos y los pronombres del texto bíblico no pueden ser vistos como meros instrumentos gramaticales, sino que tienen que servir algún propósito más elevado: de esas palabras se debe obtener algún significado. Najum tomó la preposición hebrea «et», que en hebreo sería equivalente a la preposición «a» o «al», es decir, la más común del lenguaje hebreo, y propuso una teoría muy creativa. Esta preposición viene a sumar significado (ribbui), a expandir y extender el mensaje del texto bíblico. El Rab Najum se había dedicado por años a analizar una por una todas las veces que esa palabra aparece en la Torá, un total de 9228 veces, para demostrar que su teoría era aplicable (ver ejemplos abajo).

LA INTEGRIDAD INTELECTUAL DEL RAB NAJUM

La metodología de Najum resultó fascinante para Ribbí Aquibá y definió por el resto de su vida su actitud hacia el texto bíblico. Aunque Ribbí Aquibá fue más lejos que Najum. El texto bíblico es, como su Autor,“infinito”, y, por lo tanto, no solo de las preposiciones se debe “extraer significado” (lidrosh), con esta misma lógica, no puede haber nada en el texto que no “produzca” un significado adicional. Así, no solo las palabras pueden / deben ser interpretadas más allá de su semántica convencional, sino también las letras, independientemente de su función en las palabras. Y no solo las letras, sino también los espacios vacíos entre las letras y hasta los adornos caligráficos taguim que ilustran ciertas letras hebreas. Cada uno de estos signos contiene potencialmente infinitud de significado que debe ser descubierto, y luego validado por los Sabios, como una enseñanza legítima. Fue en este terreno, la teología, que Najum se encontró con un problema que no pudo resolver. En Debarim 20:10 el texto dice את ה אלקיך תירא “y temerás / respetarás al Eterno tu Dios”. Para ser consistente con su metodología, Najum debía explicar qué agregaba esta vez la preposición ET o “al” la orden de “respetar” a Dios. ¿Acaso nos viene a enseñar que el respeto a Dios debe extender también hacia los ángeles, o hacia fenómenos naturales, misteriosos o de un gran poder?

PARAR A TIEMPO

Comparar el respeto a Dios a cualquier otra entidad, sería una herejía, una aproximación a la idolatría, o por lo menos una afrenta a Dios. En una increíble muestra de respeto y amor a Dios, y en una envidiable demostración de honestidad intelectual —luego de haber invertido muchos años de su vida en intentar probar la consistencia de su metodología— Najum declaró más o menos esto: “Es imposible ¡y ofensivo!, comparar el honor a Dios con el respeto a cualquier otra entidad natural, física o metafísica. Y, por lo tanto, queda demostrado que mi sistema de interpretación estuvo equivocado, ¡y es por eso que lo doy por terminado!.

El Rab Najum también se dijo a sí mismo que de la misma manera que Dios le reconocerá su mérito por haber tratado de demostrar ese método, también reconocerá su mérito por haberlo abandonado cuando se dio cuenta de que su método puede crear una idea ofensiva hacia Dios.

LA CREATIVIDAD DE RIBBI AQUIBA

Y en ese momento, cuando el Rab Najum propuso abandonar su tesis, apareció su brillante alumno, Ribbí Aquibá, y presentó su propia interpretación a este delicado versículo “lerabbot Talmide Jajamim». En este versículo, la preposición “ET” viene a agregar el honor a los estudiosos de la Torá, viene a enseñarnos que honrar a los que honran a Dios con su incansable dedicación a Su enseñanza, es una extensión de su honor y respeto, una forma de honrar al Creador. Para el deleite del Rab Najum, Ribbí Aquibá demostró así que la metodología de su maestro no debía ser descartada.

Ribbí Aquibá siguió estudiando con su primer maestro por los próximos 22 años. Incluso cuando el Rab Najum era ya muy anciano y no podía ir más a la Yeshibá, Ribbi Aquibá iba a visitarlo periódicamente para contarle todo lo que habían discutido y aprendido en la Academia Rabínica de Yabne.

Rab Iosef Bitton

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