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Y Boaz le dijo a Ruth…

extraido de El jardin de las almas

“Y Boaz le dijo a Ruth…”

Y Boaz le dijo a Ruth, “¿No oyes, hija mía? No vayas a espigar a otro campo, ni tampoco pases de aquí… Fija tus ojos en el campo donde ellas segaren y anda en pos de ellas. He ordenado a los criados que no te toquen. Cuando tuvieres sed, ve a las vasijas y bebe el agua que han sacado los criados”.
(Ruth 2:8-9)

Y Boaz le dijo a Ruth: Boaz representa el intelecto divino, el sejel, como está escrito, “La sabiduría le da fuerza (oz) al sabio” (Eclesiastés 7:19). Ruth representa el alma, el nefesh, que es la fuente de todas nuestras palabras en la plegaria, en la canción y en la alabanza. Los sabios aludieron a esto cuando dijeron, “¿Por qué su nombre era Ruth? Porque de ella saldría David, quien sació (RiVáH) al Santo, bendito sea, con canciones y alabanzas” (Berajot 7b).

¿No oyes, hija mía?:
Él la llama su hija, porque el alma es la hija del intelecto divino, como vimos más arriba. El intelecto le dice al alma que escuche, que oiga las palabras de la plegaria, como en la afirmación de los sabios citada arriba: “Que tus oídos escuchen lo que estás diciendo con los labios” (Berajot 15). Escucha cuidadosamente y presta atención a lo que las palabras están diciendo, escucha cada una rogando, “No te vayas, no nos dejes detrás”.

Esto está aludido en las palabras, no vayas a espigar a otro campo. Porque todas las letras y las palabras de las plegarias son preciosos ramilletes recolectados en los campos superiores. Y cada palabra le ruega al alma que no la deje detrás, que no se vaya a recolectar otros ramos, pero esto es imposible. Debes continuar y juntar más, debes continuar con el resto de la plegaria.

ni tampoco pases de aquí
: es decir, incluso si pasas a otra palabra, no dejes la primera. La única manera de hacerlo es alcanzar el objetivo final, tal y como se vio más arriba. Y esta idea está aludida en las palabras que siguen:

Fija tus ojos en el campo donde ellas segaren: Uno debe centrarse en el objetivo último; segar simboliza el objetivo último de la creación, porque cosechar es el objetivo de arar y de sembrar.

He ordenado a los criados que no te toquen: Estas palabras aluden a la idea de cerrar los ojos, porque uno debe cerrarlos con fuerza para centrarse en el objetivo último. Sin esto es imposible contemplar la meta. La palabra hebrea para “He ordenado” es TZiVITi, una expresión que también tiene la connotación de sujetar y atar. Uno tiene que sujetar y atar la visión al objetivo, cerrando con fuerza los ojos ante las vanidades de este mundo. Los ojos son llamados “criados”, porque ellos son los que sirven al intelecto divino. La visión es el agente y el emisario del intelecto, como vimos más arriba.

…que no te toquen
(Heb. niguesh). Esto alude a las aflicciones (nigaim) del alma, porque cuando la visión se disipa y uno se distrae con todas las cosas que están enfrente, cuando uno no logran cerrar con fuerza los ojos como para no mirar a este mundo, el alma se aflige. Uno tiene que “ordenar a los criados”, es decir, cerrar con fuerza los ojos, para no mirar las vanidades de este mundo ni siquiera de reojo, para no afligir el alma. Entonces uno puede mirar el objetivo último. Y al observar el objetivo último, todos los sufrimientos desaparecen, tal como se explicó más arriba.

Sin embargo, más tarde, cuando uno retorna del estado del bitul (auto trascendencia) el sufrimiento se siente con más intensidad que antes. Esto es debido a la sed del alma. Y entonces: Cuando tuvieres sed, ve a las vasijas y bebe el agua que han sacado los criados. Pues la manera de apagar la sed del alma es logrando nuevas percepciones de Torá. Las obtenemos del cerebro, el recipiente del intelecto, mediante el vestigio que permanece luego de la experiencia del bitul. Es de aquí que el alma bebe para saciar su sed. Bebe el agua que han sacado los criados: Porque los criados, los ojos del intelecto, traen nuevas percepciones de Torá a partir del vestigio que queda después de contemplar el objetivo último. Mediante esto el sufrimiento desaparece y se aplaca la sed del alma.

Rabi Najman de Breslov

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