HALEL
Bereshit
El alma en el relato de la Torá
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Vaierá «La voz que escuchó Abraham»

« En un mundo en el que el sacrificio humano sigue siendo parte de las «prácticas espirituales», es imperioso que todos los que se dicen hijos de Abraham escuchen la misma voz que él escuchó diciéndole: No extiendas tu mano contra el niño y no le hagas na

Cuando experimentamos plenitud no diferenciamos entre ésta y el deseo de recibirla, los percibimos como uno. En cambio, la falta de plenitud provoca inmediatamente que surja el deseo. Ambos aspectos tienen su origen en el Kadósh Barúj Hú, sólo que “allí” se encuentran en estado de unidad, más allá de la dualidad Creador-Creación, conocedor-conocido, masculino-femenino, etc. Previo a la Creación la plenitud llena al deseo lo cual impide la manifestación de la voluntad de recibir, de esa forma el alma no puede tomar conciencia de todo su potencial, ya que recibe pasivamente. El acto de la Creación genera que el deseo de recibir se vacíe de Su plenitud, y posteriormente, en forma gradual, la recupere a través de su propia voluntad. Este proceso es lo denominado libre albedrío, a través del cual el alma logra restaurar la conciencia de la unidad deseo-plenitud, tal como lo expresa el profeta “En ese día El y Su nombre serán Uno (Zejaria 14:9). La Creación es el desafío en recuperar el estado de Plenitud Infinita. La Torá nos hace tomar conciencia de la forma en que debemos asumirlo y concretizarlo, ya que nos enseña a discernir entre lo esencial y lo superfluo para que los esfuerzos humanos no se desvíen del objetivo por el cual la humanidad fue creada.

Situaciones límite
Cuando atravesamos una situación límite descubrimos “de repente” que poseemos un potencial desconocido que normalmente nunca hubiéramos activado, y que ocurren “milagros”, revelamos fuerzas fuera de lo común. La Creación misma es una situación límite para el alma: el vacío de plenitud. La vida nos enfrenta permanentemente a desafíos que nos hacen crecer y tomar conciencia de nuestra esencia y potencial. Abraham Avinu enfrentó y superó diez desafíos, su vida tuvo un único objetivo revelar el potencial humano en pos de su esencia. Abraham Avinu, el primer hebreo, reveló para la humanidad como trascender la mecanicidad egoísta del deseo, enseñando a través de cada acto de su vida como alcanzar lo increado y eterno, el altruismo que unifica a todo y a todos.

Orden y caos dos formas de percibir la realidad
Sin elección no hay desarrollo. La “tensión” generada por el propio esfuerzo en pos de la superación crea el “espacio” que posibilita el discernimiento que expande nuestra percepción de la realidad. Ese “espacio” es la conciencia que cada ser humano posee de la dimensión espiritual de la Creación. La Torá nos dice que Elokím puso a prueba a Abraham, “HaElokim nisa et Abraham (Bereshit-Génesis 22:1)”. Elokím es uno de los diez nombres que la Torá utiliza para designar una de las formas en que la Energía Infinita es aprehendida por los seres humanos. El libre albedrío nos da la posibilidad de aprender, y siendo que el conflicto y la elección son necesarias en todo proceso educativo, podemos relacionarnos con Su energía, en este caso Elokim, como la generadora de multiplicidad y caos -En el principio creó Elokím los cielos y la tierra, y la tierra estaba caótica- o, como la generadora de un orden con un plan y un objetivo preciso -como el descrito a partir de Bereshit-Génesis 1:4-. Cuando un arquitecto construye un edificio lo primero que debe hacer es preparar el terreno perforando y cavando. Ante la percepción de una persona que desconoce ese propósito y la forma de implementarlo, esta etapa necesaria y preparatoria, será percibida como caótica. Esa persona pensará que los trabajadores están simplemente destruyendo el paisaje. La realidad del Kadósh Barúj Hú es la Plenitud Infinita, pero para que los creados puedan acceder a ella manifestó la Creación, a través de la cual el alma alcanza gradualmente Su realidad. Es similar al estudiante que avanza de grado en grado hasta alcanzar el conocimiento que sus maestros ya poseen. El ritmo y el modo en que se desarrolla este aprendizaje depende, en primer lugar, de la forma en que percibimos la realidad: 1. Justificando nuestros instintos, deseos y debilidades 2. Discerniendo en base a Principios Universales y objetivos la consecuencia de nuestros actos. El aspecto 1. limita la realidad al ego, imposibilitándonos expandir nuestra realidad más allá de lo inmediato. En cambio, el esfuerzo en prever la consecuencia de cada uno de nuestros actos en pro del bien colectivo, aspecto 2., nos des-cubre el orden a través del cual el mundo fue creado.

La décima prueba de Abraham
El episodio denominado erróneamente “el sacrificio de Itzják” Akedát Itzják– La ligadura de Izják es el décimo desafío que Abraham supera para conformar una nueva tendencia en la historia humana: el altruismo como forma de vida y medio para el desarrollo espiritual. Este proceso no se logra acumulando información o conocimiento, como lo hace un investigador científico, sino que Abraham supera en cada desafío otra índole del egoísmo humano alcanzando un estado de ser superior para transformarse así en un modelo para las futuras generaciones. Esta cadena continuará a través de su hijo Itzják, su nieto Iaacov, permaneciendo intacta y actual hasta el presente. Para comprender en profundidad los desafíos que atravesó Abraham y principalmente el décimo, Akedát Itzják, la Kabalá nos enseña que los Patriarcas así como los Profetas y los verdaderos Sabios de Israel reproducen en sus vidas, como el átomo al universo, el anhelo humano en pos de su armonía.

Analogía espiritual
Nos explica Rabí Moshé Jaím Luzzatto, conocido como el Ramajal, que lo primero que debemos saber es que tanto en la Creación del mundo como en su conducción el Kadósh Barúj Hú no manifiesta su Energía Infinita sino que actúa como los seres humanos, que hacen las cosas gradualmente. Si aplicase todo su poder no podríamos captar ninguna de sus acciones, mientras que el accionar gradual nos permite captarlas. Ello es a lo que se refiere el libro Etz Jaím al expresar que “El Infinito contrajo Su luz”, o sea que no actuó con toda su potencialidad en la Creación sino en forma medida. La Energía Infinita puede revelarse de dos formas: manifestando todo su potencial o, gradualmente. El Kadósh Baúj Hú creó el mundo mediante la medida, entonces graduó su potencial infinito lo cual generó etapas y medidas con sus detalles que son lo que nosotros podemos comprender. En el lenguaje de la Kabalá, también denominada la Sabiduría de la Verdad, a Todo su Potencial lo denominamos Infinito-EinSof que es la Voluntad Superior. A las gradaciones las llamamos sefirót. EinSof contrajo Su Luz y así se revelaron las sefirót. La Sabiduría de la Kabalá se transmite en el lenguaje de las sefirót con sus respectivos niveles o gradaciones. Toda acción en el plano inferior tiene su raíz u origen en lo superior mediante la graduación sefirótica, por lo que cuando comprendemos cabalmente el desarrollo y concatenación de las sefirót podemos entender cuál es el origen de todas las creaturas y sus conductas. El Infinito-Ein Sof no lo podemos alcanzar directamente mediante el pensamiento ni la profecía. Pero, por medio de la gradación o sefirót podemos aprehenderlo con el entendimiento y la visión profética.

Akedát Itzják– la Ligadura de Itzják
Así como en los procesos de la naturaleza cuando des-cubrimos una ley accedemos a un código que nos permite definir y reproducir un fenómeno, así en los mundos espirituales rigen principios que generan causas y consecuencias que ordenan la realidad en forma precisa. El desafío de la Akedát Itzják– la Ligadura de Izják manifiesta en la realidad material sensorial lo que sucede en el ámbito de la realidad espiritual denominado Olám haAkudim-Mundo de las Ligaduras (uno de los mundos incluidos en Adám Kadmón). “Allí” las sefirót, o sea las gradaciones, se encuentran ligadas o relacionadas sin poder manifestar sus características específicas. Es un plano sutil “donde” la conciencia simple no puede acceder, sólo las almas que poseen una poderosa fuerza de voluntad, como Abraham Avinu, logran discernir “allí” los grados de la Luz Infinita. Abraham representa la sefirá Jésed, el arquetipo del altruismo, la bondad con sabiduría, la energía que sostiene a todos los procesos creativos tanto materiales como espirituales. Todo proceso creativo, toda iniciativa es generada por Jésed: una poderosa fuerza de voluntad en la entrega. Itzják, su hijo, representa a la sefirá Guevurá, el arquetipo de la voluntad de superación, el coraje que logra implementar el Jésed. En su origen, en los mundos espirituales, Itzják esta ligado a Abraham, como Guevurá-superación, coraje está ligado a Jésed-bondad, voluntad en la entrega. Al igual que sin padres no puede haber hijos sin Jésed no puede revelarse Guevurá, ese es el orden superior. Pero, en nuestra realidad, luego que Jésed y Guevurá atraviesan el estado de caos creativo -En el principio creó Elokím los cielos y la tierra, y la tierra estaba caótica- para manifestarse en la realidad material-sensorial, Jésed y Guevurá son percibidas desligadas del orden superior y por ende la valentía y el coraje en lugar de ser parte del desafío para alcanzar la forma superior: el altruismo, pueden ser utilizados para el egoísmo. En nuestra realidad Jésed y Guevurá se desligan de su estado arquetípico permitiéndonos captarlas como independientes sin ninguna relación esencial. Akedát Itzják-la Ligadura de Izják representa la acción que reintegra Guevurá-el coraje, la superación manifestada por Itzják al Jésed-la bondad superior expresada por Abraham, religando la percepción caótica y egoísta humana a la arquetípica divina.

La misma voz que le habló a Abraham
En un mundo en el que el sacrificio humano sigue siendo parte de las “prácticas espirituales”, peor aun que en la época de Abraham e Itzják, hoy padres sacrifican orgullosos a sus hijos enviándolos al asesinato suicida, es imperioso que todos los que se dicen hijos de Abraham escuchen la misma voz que él escuchó diciéndole: Abraham, Abraham, y él respondió: héme aquí. Y Le dijo: No extiendas tu mano contra el niño y no le hagas nada… ya que a través tuyo y de tus descendientes la humanidad heredará el orden para alcanzar el objetivo para el cual los seres humanos fueron creados. Abraham e Itzják logran unificar bondad, sabiduría y coraje, instaurando así un modelo a seguir para las futuras generaciones en donde cada ser humano es valorizado como una pieza insustituible y sagrada para el logro de la armonía universal. Ellos nos enseñaron que la valentía consiste en el desafío de vivir una vida sabia y bondadosa amando al prójimo como a sí mismo, no sólo en teoría, sino a través de actos concretos: mitzvót. Y que los sacrificios que realizamos deben tener un único objetivo: lograr un mundo mejor como medio para alcanzar nuestra verdadera Esencia y Origen, pero valorizando lo sagrado que El nos dio como medio para alcanzarLo: la Vida. Lejaim!!!

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