Estudiando
Devarim
Estudio de los libros de la Torá
+100%-

Vaetjanán

Primer comentario (Selección de comentarios del Lubavitcher Rebe M.M. Schneerson)

Segundo comentario (Rab Daniel Oppenheimer, www.ajdut.com.ar)

Tercer comentario (Rab Moshe Hoffer,)

Primer comentario – La voz que no tenía eco

En esta Parashá Moshé describe delante de la generación que está pronta a entrar a la Tierra de Israel, la entrega de la Torá en el Monte Sinaí. Les cuenta sobre la voz de Di-s diciendo: “una voz grande que no se interrumpía”. Una de las explicaciones dice que esto se refiere a que no tenía eco. Además de aclarar el tema en sí mismo, debemos entender para qué debía Di-s hacer este milagro, sabiendo la regla que dice que “Di-s no hace milagros sin necesidad”, ¿para qué entonces cambió las leyes de la naturaleza causando la falta de eco?

La voz que se absorbe

El eco es la voz que rebota en los diferentes elementos. Cuando choca con una pared, montaña o algo parecido retorna. La condición es que el elemento sea duro y tenga la potencia de devolver, ya que si se trata de algo blando absorberá la voz y no se creará el eco. Esto explica por qué no tuvo eco la voz de Hashem. Cuando Di-s dijo: “Yo soy Di-s, tu Di-s” lo hizo con una voz tan potente que nada podía hacerle frente, penetrando en toda la existencia. Toda la Creación, incluidos los elementos inertes absorbieron la Voz Divina y Su influencia. Se dio el mismo fenómeno que veremos cuando venga el Mashíaj, es decir que con nuestros ojos apreciaremos la revelación de Di-s, así como sucedió en el momento de la entrega de la Torá, en que todos se empaparon de ella.

Las paredes atestiguarán

Entendemos entonces, que no hubo un cambio, sino que así es la naturaleza del mundo, cuando la voz penetra en el objeto no produce eco. En realidad este fenómeno no fue único. Cada vez que un judío estudia Torá, su voz penetra en los objetos que lo rodean. Nuestros Sabios nos explican que cuando venga el Mashíaj “las paredes de las casas de los hombres atestiguarán”, ya que ellas absorben las palabras de Torá que allí se estudian. De acuerdo a esto entendemos la razón de por qué grandes tzadikim (justos) ordenaron que sus ataúdes fueran confeccionados con la madera de la mesa sobre la cual estudiaban Torá, o repartían tzedaká, ya que las palabras de Torá y las buenas acciones son absorbidas por la madera.

Nada la detiene

ésta es la fuerza de la Torá. Nada puede enfrentarse a ella. Ciertamente el mundo fue creado de manera que lo material se une a lo físico y lo espiritual se capta a través de elementos espirituales. Sin embargo este tipo de limitación no abarca a la Torá. Ella tiene la fuerza de penetrar en la existencia física como continuación y con la vitalidad de la gran voz que se escuchó frente al Monte Sinaí.


Segundo comentario – Epoca de consuelo

Quién mejor que los judíos sabe que el mundo es como una rueda: en ciertos momentos está arriba, mientras que en otros está abajo… pero volverá a subir. Es, posiblemente, uno de los puntos por los cuales el pueblo de Israel se compara con la luna. La luna, a su vez, crece y mengua para volver a aparecer al mes siguiente. Acabamos de evocar el día más triste del calendario hebreo, para comenzar el período de consuelo (siete semanas) que supera en duración a la etapa de tres semanas de luto anual y que culmina con el propio comienzo del año nuevo judío en Rosh haShaná.

Si uno quiere examinar este tema más de cerca, podrá observar que este período de serenamiento se superpone con el lapso de las Selijot (rezos de perdón) previo a Rosh haShaná, cuando los judíos procedemos a llevar a cabo una introspección para poder solicitar y merecernos otro año de vida. Esto en si es asombroso: ¿Existe, acaso, alguna relación entre ambos estados de ánimo? ¿Es compatible la disposición hacia la remordimiento y la Teshuvá (retorno a D-s) con la tranquilidad y el sosiego que pretende el consuelo? Según parece, la respuesta es que sí. Es más: La Haftará de Rosh HaShaná misma, declara que: “ajaré shuví, nijamti” (luego de haber retornado, fui consolado), es decir que no existe un alivio genuino y duradero que no contemple un “retorno”. ¿Por qué? ¿Y a qué retorno se refiere?

El judío reconoce que los pesares que le suceden o que le han acontecido en el pasado nunca ocurren en forma fortuita. Si bien, puede no conocer o admitir en dónde radica su falta para con D”s, sabe que la hay y que en cualquier punto de su vida, debe retornar hacia la Fuente de la que siempre está aún distante. Desdichado aquel que no sabe hacia dónde dirigirse. Esa persona está inexorablemente en continuo desconsuelo. Los padecimientos de la vida se producen sin que él sepa cómo realmente modificar su destino, ni tampoco conoce un significado a lo que sufre. No así aquel que ve en su aflicción un desafío que lo reta para “retornar” aun más a D”s. Su consuelo surge de la conciencia que el pesar tiene remedio y sentido. Es justamente esto lo que lo reconforta. Todo mal duele menos si se sabe que puede y que va a terminar (cuanto antes, mejor). El mes hebreo en el cual ocurrieron tantas desgracias a nuestro pueblo se denomina “Menajem Av“, (= consuela nuestro padre). Posiblemente, el mensaje sea el mismo que aquel que acabamos de enunciar. Nuestro aliento radica en el hecho que sabemos que existe un Padre, Quien decide que nos sucedan determinadas cosas y que todo eso es parte de Su gran plan para los objetivos de la historia. Nuestra generación es una generación privilegiada. Hemos visto suceder cómo en menos de un siglo, una parte significativa de nuestro pueblo ha vuelto a su hogar en la tierra de Israel, cosa difícil de concebir hace apenas 100 años atrás, y posteriormente, estamos vivenciando un retorno contra viento y marea, hacia las fuentes espirituales de la Torá aun a aquellos que no tuvieron la ventaja de una educación “religiosa” en su hogar o en la escuela. Quienes tenemos la suerte de estar próximos a las personas que poseen la voluntad de hacer el esfuerzo por modificar su estilo de vida más fácil, para comenzar a obedecer leyes que hasta el momento les fueron ajenas y extrañas, no dejamos de impresionarnos y recibir inspiración para intentar imitar ese empeño y crecer personalmente, como lo hacen ellos.

Daniel Oppenheimer


Tercer – Sonria… lo estamos filamando

La Perasha de esta semana cuenta un suceso muy importante, especialmente para el pueblo judio: MAAMAD AR SINAI (congregacion frente al Monte Sinai para recibir la Tora). En el, Am Israel vio la honra de Hashem, escucho Su voz y se elevo a los mas altos niveles. Los angeles le colocaron coronas en sus cabezas, se anulo en ellos el instinto malo y la influencia del angel de la muerte. Todos, sin excepcion, tuvieron un alcance muy alto respecto al reconocimiento de Hashem y fue muy fuerte el acercamiento que tuvieron a el.

Explica el Rab Saadia Gaon z”l que en los Diez Mandamientos que recibieron los iehudim en Monte Sinai estan incluidas las 613 mitzvot, por tal motivo, luego de recibirlos comieron alimentos lacteos -porque no podian consumir carne que no fuera casher-. En el Monte Sinai recibieron toda la Tora. Explica el Rab Ben David que precisamente en ese momento tan elevado, cuando se asemejaban a los angeles, Hashem les dijo: “Vuelvan a sus tiendas (sus casas)”, pero tu (Moshe) quedate conmigo. A Moshe Rabenu se le encomendo permanecer al lado de D”s, apartado de su casa y de los asuntos mundanos, en cambio a Bene Israel les fue encomendado regresar a sus casas, a sus vidas cotidianas y no estar apartados de la vida en este mundo.

Parece decir que esa vuelta a las casas, a la vida, tiene un objetivo muy importante: a Am Israel se le ordeno algo muy dificil de cumplir, trasladar toda esa atmosfera espiritual que vivenciaron en Ar Sinai a sus hogares, “Conduzcan sus vidas materiales, segun la Tora que recibieron ahora en el Monte de Sinai”. De aca podemos aprender que no basta con elogiar una buena disertacion; debemos tener en cuenta el objetivo principal de ella: ¡Apliquemos sus ensenianzas! De todo lo antedicho surge una pregunta: ¿Cual es la formula para tener la certeza de que cumpliremos todas las mitzvot? Necesitamos de una conviccion muy fuerte y profunda en D-s, pero por sobre todo es preciso recibir sobre nosotros el yugo celestial; eso significa aceptar las ordenes de Hashem y cumplirlas con reverencia. Muchas veces actuamos como si nadie nos estuviera viendo. En esos casos seria bueno recordar lo que nos ocurre cuando ingresamos a un lugar donde hay un cartel que dice “Sonria, lo estamos filmando”. En ese momento, de lo que menos tenemos ganas es de sonreir, se despierta dentro de nosotros una especie de temor donde cada cosa que hacemos nos hace pensar que el duenio del local esta sospechando de nosotros y que quizas hasta nos puede llamar la atencion.

Esto podemos ilustrarlo con el siguiente relato: Ocurrio cierta vez que festejando el casamiento de su hijo, el padre del novio se saco el saco y se puso a bailar. Al colocarse de nuevo su saco, se encontro con una novedad… le robaron el dinero que tenia para pagar el salon y la orquesta. Este hombre dudo si interrumpir la fiesta, para de esa forma revisar a cada uno de los presentes y descubrir quien robo el dinero o ir a su casa a ir a buscar dinero para pagar el salon y la orquesta. Opto por lo ultimo. No quiso arruinarle la fiesta a su hijo. Dias despues, se reunieron los padres de la novia y del novio a ver la pelicula del casamiento, pero mientras observaban la proyeccion, vieron como el padre del novio se saco el saco, y aparece su consuegro -el padre de la novia- quien mira para un lado y para el otro, asegurandose de que nadie lo observara y le quito el dinero del saco a su consuegro… La filmadora registro ese momento… Si queremos no incurrir en pecados, recordemos: D-s nos esta filmando.

Rab Moshe M Hoffer

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