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Devarim
El alma en el relato de la Torá
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Vaetjanán

Moshé instó al pueblo a implementar los Principios Superiores contenidos en la Torá, siendo que cuando la Torá no es elaborada, es como quien tiene semillas, tierra y agua, todo está en potencia, pero para que la tierra produzca y nos alimente hace falta el trabajo del hombre. Y para que todos coman hace falta enseñar a arar, plantar, cosechar, hornear y saber dar.

Comprendiendo al mundo
La física clásica nos proporciona elementos suficientes para comprender el mundo que nos rodea. Pero cuando nos proyectamos a dimensiones como tiempo-espacio, la velocidad de la luz, la física clásica revela sus carencias y así surge la teoría de la relatividad, la física cuántica, etc.

Pragmatismo una solución para el presente
De la misma forma sucede con la búsqueda del sentido de la vida, si sólo nos restringimos a lo presente el pragmatismo nos da respuestas que satisfacen nuestras necesidades inmediatas. Pero cuando nos confrontamos a la historia, a lo trascendente, el pragmatismo resulta insuficiente.

Sistema de coordenadas
Desde la antigüedad se sabe que para describir el movimiento de un cuerpo es preciso utilizar una referencia, ya que nada se mueve con respecto a sí sino con respecto a otro cuerpo.
En física, ello se denomina «sistema de coordenadas». Las leyes sólo pueden ser formuladas con la ayuda de un sistema de coordenadas.
Cuando observamos una estrella ¿qué estamos viendo?: la historia, ya que su luz tarda años en llegar a la tierra y tal vez esa estrella ya ni exista. Nuestros ojos ven la luz tras lo cual decimos: hay una estrella en el firmamento, pero sabemos que eso es relativo al observador. Todo es relativo al sistema de coordenadas al que esté expuesto.

Tiempo y simultaneidad
En el artículo sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento que Einstein publicara en 1905, dice: “Hay que tener en cuenta que todos aquellos juicios en los que interviene el tiempo son siempre juicios referentes a sucesos simultáneos. Si decimos: Ese tren llega a las siete, lo que intentamos decir es algo así como: La posición de la manecilla pequeña de mi reloj en las siete y la llegada del tren son sucesos simultáneos. Tal vez para superar todas las dificultades en torno a la definición de tiempo sería suficiente sustituir la posición de la manecilla pequeña del reloj por tiempo. Esa definición es satisfactoria cuando lo que interesa es definir el tiempo sólo para aquellas coordenadas donde está situado el reloj; pero deja de serlo cuando se trata de conectar en el tiempo una serie de sucesos que ocurren en lugares diferentes (como el caso de la estrella antes mencionado). Dos sucesos que vistos desde un sistema de coordenadas son simultáneos, pueden no serlos al contemplarlos desde un sistema que se halle en movimiento con respecto al otro.

Valores relativos
De la misma forma nuestros valores, que consideramos absolutos, son en realidad relativos a las «coordenadas» que modelaron nuestra educación, cultura, sensibilidad, etc.
Así como la física clásica es insuficiente para evaluar determinados fenómenos, así sucede con muchos de esos valores con los cuales fuimos educados a analizar la realidad económica, social y espiritual. El presente nos revela sus carencias para superar los desafíos a los cuales nuestra época nos enfrenta.
Lo que nos parecía suficiente para que el bien triunfe ya lo no es.

Los parámetros del bien
Como en física no tiene sentido hablar de simultaneidad sino en relación a un sistema de coordenadas, así carece de sentido hablar del bien sino en relación a parámetros que tengan como objetivo las necesidades de cada individuo que compone la humanidad.

La Kabalá y la esencia del alma
La Kabalá nos enseña que la esencia humana es parte de la Esencia Universal y que los seres humanos podemos alcanzarla únicamente cuando el altruismo guía nuestra vida: Amarás al prójimo como a ti mismo (Levítico 19,18) y Rabbi Akiva nos dice: «Este es una gran Principio en la Torá»
Desde tiempos inmemoriales la Kabalá nos enseña que Ein Sof es el ámbito de Esencia, de la Plenitud, donde no percibimos diferencia entre la Plenitud y el deseo de recibirla, allí trascendemos el tiempo y el espacio y percibimos toda la realidad unificada en un presente continuo. En cambio, cuando anhelamos la plenitud que no poseemos, surge el movimiento en pos del placer, lo que genera la conciencia temporal-espacial, pasado, presente y futuro.

Pasado, presente y futuro
Nuestra forma de percibir la realidad transforma inmediatamente el presente en pasado. No podemos detener el tiempo ni apresar la plenitud, el tiempo la va diluyendo.
La realidad material-sensorial es cambiante, es un mundo de búsqueda donde el desafío consiste en aprehender el orden superior que nos enseñe a discernir en la forma correcta para que alcancemos nuestro destino, lo Infinito. Finalmente todo y todos alcanzamos nuestro destino, pero la forma y el tiempo en que ese proceso se realiza depende de la fuerza de voluntad que desarrollemos para superar la atracción que ejerce el ámbito material-sensorial cuando se transforma en un fin en sí mismo.

¿Qué deseamos?
En realidad no es la materia ni los objetos lo que deseamos sino el placer que ellos nos proporcionan. El placer no es algo material es espiritual. No existe en los objetos ni en las situaciones. El placer es una forma en que percibimos la realidad.
La forma en que disfrutamos nos está enseñando sobre nosotros mismos. Por ello la Torá detalla un sistema que educa a nuestro deseo en las formas armónicas del placer. El placer es la energía que activa nuestro deseo. Pero la energía puede construir o destruir, de acuerdo a la forma en que la utilicemos.

Torá y armonía
Moshé instó al pueblo a implementar los Principios Superiores contenidos en la Torá. Las leyes en que armonizan las energías más poderosas de la Creación: el placer con el deseo. De este modo el pequeño pueblo de Israel se transformaría a través de la historia en el portador de los códigos destinados a ser la base de la civilización.

Cinco aspectos
Cinco aspectos determinan la forma de actuar de todo ser humano: lo presente, lo inmediato, lo cercano, lo lejano y lo trascendente.
Estos cinco ámbitos los podemos representar como cuatro círculos concéntricos en torno a un punto central. El centro indica nuestra realidad presente, el primer círculo señala lo inmediato y así sucesivamente hasta el cuarto, el más exterior y lejano que define el alcance de nuestra conciencia.
El cuarto círculo, lo trascendente, es en última instancia el que marca nuestros límites: los valores que consideramos absolutos y que no estamos dispuestos, de ningún modo, a sacrificar: es lo que consideramos sagrado.
Cuando un individuo, una nación etc. pierde los límites que establecen el ritmo que armoniza lo presente con lo trascendente termina por distorsionar su concepto de lo sagrado.

La estructura del alma
El alma posee cinco grados generales de conciencia denominados: Néfesh –lo presente: el ámbito material sensorial, Rúaj -lo inmediato: el plano emocional, Neshamá -lo cercano: el pensamiento, Jaiá –lo lejano: la voluntad y Iejidá -lo trascendente: lo eterno, el plano espiritual.
Lo presente así como lo inmediato y lo cercano, instinto, emoción y pensamiento respectivamente surgen naturalmente en cada momento de nuestro diario vivir. Lo lejano y trascendente, la voluntad para alcanzar los valores eternos-espirituales, en cambio, exige un esfuerzo, siendo que debemos trascender nuestros instintos, emociones y pensamientos supeditándolos a través de la voluntad a principios eternos-espirituales.

El alma y las sefirót
Cada uno de estos cinco grados se relaciona con una sefirá: Néfesh con Maljút, Rúaj con Tiféret, Neshamá con Biná, Jaía con Jojmá y Iejidá con Kéter.
Cada sefirá representa un grado de la Luz Infinita, como una serie de cristales a través de los cuales la Luz va adquiriendo más y más presencia. El Zóhar nos transmite una imagen de ese proceso designando a cada una de las sefirót como el resultado de la luz atravesando cristales de diferentes colores. Negro para Maljút, verde para Tiféret, rojo para Biná, blanco para Jojmá y transparente para Kéter.
Los cinco niveles que estudiamos representan cinco grados a través de los cuales se manifiesta nuestro deseo. Los tres básicos y más familiares se denominan: Néfesh –lo presente, la reacción instintiva, Rúaj -lo inmediato, las emociones y Neshamá -lo cercano, el pensamiento.

El pensamiento y la voluntad
Cuando el pensamiento no alcanza a discernir en la voluntad por captar lo trascendente, los seres humanos terminamos por justificarnos y adaptar la realidad a nuestras debilidades en lugar de expandirnos a lo eterno.
El pensamiento-lo cercano, es lo que puede darnos el discernimiento para alcanzar lo lejano, la voluntad que no poseemos para alcanzar lo trascendente.
La función del pensamiento es discernir en nuestros deseos, a partir de Principios Objetivos, con el propósito de alcanzar lo trascendente.
Cuando un individuo, una ideología o una cultura se identifican únicamente con lo presente, inmediato y cercano no perciben más que la muerte al final del lapso de la vida física. Entonces los objetivos presentes, inmediatos y cercanos tienen comienzo y fin, mueren. En cambio, cuando los supeditamos a lo trascendente son ellos los conductos hacia lo eterno. Desde esta perspectiva la vida física adquiere un sentido, se transforma en el conducto hacia lo infinito. De ahí lo sagrado de cada vida para el judaísmo.

Moshé, el discernimiento superior
Moshé instó al pueblo a implementar los Principios Superiores contenidos en la Torá. Moshé representa el poder del discernimiento superior que activa a Israel. Israel indica el potencial del alma que logra la voluntad para aprehender los Principios Superiores, aquellos capaces de lograr la Armonía Universal.

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