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La Armonia Universal
La armonía universal
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Un ecosistema que relaciona a todo

Cada persona y civilización, como sucede con los campos de fuerza que estudiamos en física, es un todo orgánico que se expande influenciando aun más allá de su espacio corporal y de su propia conciencia. Queramos o no, sepámoslo o no, todo influye en todo. La realidad es dinámica y global, nada ni nadie existe aislado sino que hay un ecosistema que relaciona a todo, y a medida que avanza la historia ello sucede cada vez con más velocidad e intensidad.

Por ejemplo: el sol no es solamente una partícula situada en un punto del universo, es una fuerza que influye sobre todo nuestro sistema planetario, con un punto de máxima concentración en ese astro. El sol es un campo gravitatorio que afecta a otros campos y que con su presencia influye al espacio y al tiempo, determinando así la forma en que se mueven los planetas y en algún grado el resto de los cuerpos celestes que pueblan el universo.
El campo de influencia de un cuerpo celeste, de un individuo, de una ideología, de una civilización, es una proyección en el espacio y el tiempo que influye en mayor o menor grado en toda la realidad.

Desmistificando la realidad
En un mundo de campos de fuerzas en el cual interactuamos y nos influimos recíprocamente no hay movimientos producidos por fuerzas extrañas. Pueden ser ajenas a nuestro conocimiento pero son partes inherentes a la realidad. Cuando se manifiestan no hacen sino que tomemos conciencia de nuestra ignorancia. La realidad del mundo es el resultado de la interacción de todas las fuerzas que lo conforman, sean estas materiales, sensoriales, emocionales, mentales y/o espirituales. El hombre tiende a mistificar las fuerzas que desconoce y así surgen los mitos, demonios, los estados depresivos y/o estados neuróticos que no son sino el resultado de una conciencia insuficiente de la realidad. En ese sentido es que la tradición de Israel posee una nomenclatura que no sólo nombra sino que le da significado a todos los procesos de la existencia. Todo posee un significado trascendente y es por ello que la Torá valoriza solamente las vivencias necesarias para que los seres humanos alcancen la armonía con el prójimo y para que descubran, por sobre la aparente multiplicidad de fuerzas que rigen la realidad, que todo proviene de una Fuerza y Voluntad única. En el lenguaje espiritual de Israel tales vivencias se denominan mitzvót y esa fuerza única Kadósh Barúj Hú.

Kabalá: la llave a un lenguaje objetivo
La conciencia de estos parámetros de influencia y la articulación de la realidad en el lenguaje correcto hacen desaparecer las supersticiones, sean éstas sensibles y/o inteligibles. El lenguaje correcto suprime la imaginación fantástica, producto de las carencias en nuestra forma de expresarnos, que genera la falta de interacción objetiva con la realidad en toda su dimensión. En ese sentido el estudio correcto de la Sabiduría Interior de Israel, la Kabalá, nos permite el acceso a un lenguaje que no sólo nombra sino que nos activa en pos de la Fuente Infinita del Altruismo.

Rosh haShaná entendido en este lenguaje adquiere una proyección universal. Rosh haShaná se traduce generalmente como año nuevo. Rosh significa cabeza y Shaná año. Rosh haShaná implica mucho más que el pasaje de un año a otro, lo cual sucede naturalmente sin la intervención del hombre. Rosh haShaná es un estado de reflexión espiritual para superar el egoísmo y no un momento en el cual observamos pasivamente el devenir del tiempo. La palabra Shaná, literalmente año, proviene del vocablo shinúi que significa cambio. Rosh haShaná nos señala tanto la “cabeza del cambio” como shinúi baRosh “cambio en la cabeza”. También en la primera palabra de la ToráBereshít– encontramos el concepto Reshít-principio, también proveniente de Rosh.
Así como en la cabeza se encuentran las facultades superiores del ser humano donde se toman las decisiones de cada movimiento que va a realizar el cuerpo, así Rosh haShaná nos enseña que todo lo que hacemos debe partir de la cabeza. Pero, cada uno tiene su cabeza, sus ideas de lo que deben ser las cosas, y cuando las confrontamos a otros a veces encontramos espacios comunes y otras no. Cuando concordamos no hay problema, pero cuando discrepamos en cómo armonizar las diferentes perspectivas, entonces surgen los conflictos. La única forma de diluir un conflicto es un punto de vista superior que armonice las discrepancias, como dos planetas que pasan uno cerca de otro pero finalmente es el sol quien marca sus orbitas ya que su influencia es la más poderosa, o sea que siempre hay un campo de influencia que contiene a otros y éstos a otros hasta la causa primera. Hay un Rosh, una cabeza que unifica a todas las fuerzas y todo gira y encuentra finalmente su ritmo en torno a ella.

Bereshít-Génesis
No es casual que la primera de la palabras de la Torá: Bereshít contenga también los vocablos Rosh y Reshít. Reshít-principio nos enseña que cuando tomamos decisiones basadas en principios objetivos podemos solucionar los conflictos, ya que no dependen de lo que nosotros creemos, sino que al realizar el esfuerzo mental y emocional en comprender cómo son realmente las cosas sólo entonces crecemos. El conflicto es parte del aprendizaje, pero debe ser aquel que surge al confrontarnos a nuestras debilidades y equivocaciones y no el que surge cuando las justificamos o queremos imponer nuestra subjetividad, miedo y/o supersticiones que nos impiden avanzar. El mal no es sino una fuerza que nos neutraliza. Pero el conocimiento de los principios superiores nos proyecta a una realidad en donde activamos nuestras potencias en armonizar todos los conflictos, eso es el bien.
Cuando elevamos nuestro discernimiento a la cabeza-Rosh que generó el funcionamiento del ecosistema material y espiritual que rige el mundo podemos evitar que surja el egoísmo producto de la ignorancia y la superstición, sea ésta espiritual, psicológica y/o científica. Rosh haShaná nos desafía a tomar conciencia de esos principios y activa los actos altruistas que cada uno debe implementar para que la humanidad alcance su armonía.

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