HALEL
Bereshit
El alma en el relato de la Torá
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Toldot

En Bereshít-Génesis 25:30 la Torá nos relata el siguiente episodio entre Esav y su hermano Iaacóv: Dáme de comer ahora de lo rojo, el rojo éste, pues estoy cansado. Entonces le dijo Iaacóv véndeme tu primogenitura. Esav le respondió: He de morir y para qué me sirve la primogenitura. Y Iaacóv le dio pan y guiso de lentejas a cambio de la primogenitura.

Conciencia, en su acepción profunda, implica poder analizar valores y conceptos que, sin saber porqué, consideramos absolutos.
Cuando somos niños aceptamos casi sin discernimiento previo lo que nos enseñan. Las vivencias familiares, la educación, la amistad al confrontarse con nuestra estructura mental y emocional moldean nuestra forma de comprender e interactuar.
El desarrollo de la capacidad de cuestionar lo que nos ha sido inculcado desde la infancia como verdad indiscutible nos plantea las situaciones más dramáticas y más difíciles de enfrentar.
Esas «verdades indiscutibles» fueron gradualmente fortaleciendo «una voz interior», «una autoridad», que focaliza nuestra atención en mantener vivos, valores y recuerdos que pasan a ocupar la categoría de «sagrados».
Esa «voz interior», que intensifica su presencia a través de nuestra vida, es lo que nos sostiene, nos pone límites, etc., es la voz de quien precisamos aprobación.

¿En base a qué principios esa «voz interior» que aceptamos a priori nos impone su autoridad?

Formas de discernir
Nuestra percepción de la realidad se puede dividir en dos aspectos generales:

a) La realidad expuesta a la forma y al sistema a través del cual la percibimos.

b) La realidad que existe independiente de nuestra percepción.

El aspecto a) relativiza la realidad a nuestro modo de pensar y/o sentir, siendo imposible así percibir al objeto en sí mismo. Sin embargo, es la base, y comprende a todas las formas y sistemas de percepción y concepción de la realidad, ya que es muy difícil superar nuestra subjetividad.

Justificar o discernir
El desafío consiste en alcanzar una forma de percepción que permita expandir la conciencia más allá de sí mismo y así trascender la subjetividad.
El logro de este objetivo depende de la forma en que el hombre es educado a utilizar su intelecto:
1) Justificando sus instintos, deseos y debilidades.
2) Discerniendo en base a Principios Universales y Objetivos la consecuencia de sus actos.
El primer aspecto limita la realidad al individuo, imposibilitándolo de expandir su percepción. En cambio, el esfuerzo en prever la consecuencia de cada uno de sus actos, en pro del bien colectivo, le des-cubre nuevos caminos y espacios de interés. La energía generada por este proceso fortalece la voluntad y activa las potencias cognoscitivas en dirección a nuevos ámbitos, expandiendo así la percepción de la realidad.

Una presencia real
La «voz interior» es una presencia real que juega un rol fundamental en la vida de todo ser humano. Cuando «esa voz» es el eco de relaciones no resueltas, pérdidas, lealtad a valores asumidos en etapas inmaduras que sin analizar el porque incorporamos como verdades incuestionables, etc., ese «diálogo» puede atraparnos en un laberinto psicológico de difícil resolución.

Una comunicación objetiva
La «voz interior» en última instancia es siempre HaKadósh Barúj Hú. Pero debemos superar las identificaciones aún no resueltas para salir del laberinto psicológico que eclipsan el corazón y la mente para establecer una comunicación objetiva.
La Kabalá nos enseña el lenguaje que des-cubre los significados de la realidad, entonces comenzamos a comunicarnos objetivamente, sin inhibiciones, con nuestra esencia: HaKadósh Barúj Hú y por ende con los seres humanos.

Ilusiones espirituales
En la vida espiritual también existe el riesgo de la distorsión, y que «esa voz» sea subjetiva, de ahí la importancia del estudio y los maestros que guíen el desarrollo espiritual enfrentándonos a una actitud de responsabilidad que ofrezca seguridad y un discernimiento inteligente.

Essav y Iaacov
Essav y Iaacov señalan dos aspectos de «esa voz», ese «diálogo» que puede atraparnos en un laberinto psicológico de difícil resolución. Iaacov indica la voluntad del alma por alcanzar la armonía universal, Essav los límites, la auto-justificación. Altruismo versus egoísmo, ietzer hatov versus ietzer hará, respectivamente.
La voluntad del alma por alcanzar la armonía universal es un principio inherente a la realidad espiritual y no está en nuestro poder anularlo, de la misma forma que no se encuentra en nuestras manos el poder sobre la vida. Tal como sucede con las leyes ecológicas que debemos respetar, de lo contrario la naturaleza se revela en contra nuestro, así sucede con los principios espirituales: son objetivos.
Essav contradice su esencia y la propia esencia del mundo y del alma que es el anhelo por lograr la Armonía Universal. Aunque queramos ir en contra de los principios espirituales la realidad nos conduce finalmente a tomar conciencia de lo objetivo y así trascendemos nuestras ilusiones sobre nosotros y el mundo.

La Voz es la voz de Iaacov
Iaacov representa el discernimiento inteligible capaz de ver más allá de lo momentáneo. Essav, en cambio, señala el discernimiento sensible desligado de lo inteligible, el cuerpo y los sentidos “que saben como Essav que va a morir”.
Cuando Iaacov se presentó ante Itzják su padre, haciéndose pasar por su hermano Essav, Itzják dijo “la voz es de Iaacov pero las manos son de Essav”.
«Esa voz», nuestra conciencia, es la Voz destinada a recibir la bendición, para activar al cuerpo, a las manos que van a ejecutar la obra “las manos son de Essav”. Ese es el orden correcto: el alma discierne y el cuerpo ejecuta. Sin el discernimiento del alma el hombre termina perdiéndose en un laberinto psicológico pero, en determinado momento, cuando supera lo sensorial como un fin en si mismo reconoce que la Voz es la voz de Iaacov.

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