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Sobre la paz y la guerra

“Cada vez que hay derramamiento de sangre se activa la maldición de Caín”
Rabí Najman de Bratzlav

“Quien quiera que mate a Caín siete veces será castigado” .
Génesis 4:15

Caín y Abel representan dos formas de percepción de la realidad y la vida.
En el relato bíblico, Caín se acerca ofreciendo elementos del reino vegetal y Abel los del reino animal. En primera instancia parecería el ofrecimiento de Caín superior al de Abel. Pero, sin embargo, en el relato del Génesis encontramos que la acción de Abel es vista con agrado mientras que la de Caín es vista como incompleta. Para comprender esto en profundidad debemos saber que, de acuerdo a la Kabalá, lo vegetal y lo animal son niveles de la voluntad y el deseo.
Los aspectos mineral y vegetal del deseo de recibir son menos intensos que el deseo animal, y mínimos comparados con la voluntad y el deseo del hombre.
Lo animal representa el estado del deseo concentrado totalmente en nosotros mismos, en lo pasajero, sin tomar conciencia de la proyección y alcance de nuestra vida. Tanto Caín como Abel están dispuestos a dar de sí, a limitar su egoísmo en pos de su semejante, sólo que Caín lo hace en forma incompleta ya que pone un límite a su entrega, hasta lo vegetal, es decir mi intelecto, mis ideas pero no mis actos, mis acciones concretas.
En cambio Abel está dispuesto a entregarse por completo involucrando así su pensamiento, emoción, instintos y sus deseos más preciados. La acción de Abel logra elevar el deseo animal al nivel de hombre, debido a que es capaz de ver más allá de su propia realidad venciendo su egoísmo.
La muerte de Abel provocada por su hermano Caín sucede dentro del hombre cada vez que no comprometemos nuestro cuerpo y actos concretos en el “trabajo” espiritual

Todo derramamiento de sangre activa la maldición de Caín, ya que el hombre en lugar de expandir su deseo en dirección a la vida como un todo se limita al plano material – sensorial reduciendo así la realidad a sí mismo. En tanto no sepamos resolver los conflictos a nivel interior – espiritual, la maldición de Caín se activará creando nuevas formas y límites que como válvulas de escape le permiten al mundo subsistir. A partir de ello aparece una nueva posibilidad de resolver el conflicto por el camino espiritual.

La finalidad de este mundo y de la Creación en general es que paulatinamente el hombre llegue a tal grado de rechazo por la violencia y los enfrentamientos materialistas, que desee, tal como el sediento desea el agua, la paz. No nos referimos a una paz basada simplemente en el aspecto material, ya que volveríamos a activar la maldición de Caín dejando fuera nuevamente el aspecto de Abel que hay dentro nuestro. Es justamente en este punto donde reside el poder de elección del hombre: o matamos a Abel y activamos la maldición de Caín, o hacemos el trabajo espiritual en forma completa abarcando todos los aspectos de la realidad y la vida.

Sólo la implementación de un sistema educativo altruista producirá el antídoto necesario para combatir la violencia y la maldad. Debemos inspirar a cada ser humano a revelar su verdadera conexión con lo sagrado canalizando su potencial para la vida “le jaim”, y diluir las fuerzas de la ignorancia que inconscientemente sacralizan la muerte.
Cuando no se poseen sistemas de vida altruistas basados en “no hagas al prójimo lo que no quieras que te hagan a ti” ningún convenio ni tratado de paz tendrá éxito.

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