HALEL
El encadenamiento de los mundos
La Estructura de la Realidad
+100%-

Sistemas de análisis de la realidad

« los actos humanos influyen en todos los aspectos de la realidad »

2:1 En sus intentos por comprender la estructura de la realidad, sus principios y la relación causa-consecuencia que la rigen, el hombre concibió variados sistemas para analizarla:

2:2 Aquellos que consideran que «la naturaleza» controla los procesos de la vida, postulando que «una fuerza mecánica» denominada naturaleza impulsa a todos los estratos y seres, tanto minerales, vegetales y animales como humanos, a «desarrollarse» a través de «procesos de selección natural»; creando así nuevas formas sin otro objetivo que la supervivencia física.

2:3 Algunos sistemas determinaron que la casualidad y la selección natural no pueden crear nada inteligente, y que por detrás de todo debe haber una conciencia y una voluntad. Llegaron entonces a la conclusión de que hay dos fuerzas: una que genera el bien y otra el mal.

2:4 A partir de estos sistemas surgieron aún otros, según los cuales cada acción y cualidad es generada por otra fuerza. Así, la belleza, la música, el tiempo, etc. eran cada una producto de una «deidad» determinada.

2:5 Otros, finalmente, reconocieron que toda la realidad está interrelacionada aceptando que hay «una fuerza única» que rige todos los procesos.
A partir de esta última idea se consolidaron muchas de las religiones y filosofías que se relacionan con dicha concepción de diferentes formas.

2:6 Los que creen que los actos humanos tienen una influencia insignificante en la realidad y que la existencia sigue casi indiferentemente su curso.
Esta percepción de la realidad conduce a la humanidad a actuar de acuerdo a lo que sienta y piense en cada instante, «liberando» a los seres humanos de todo compromiso y responsabilidad con respecto al prójimo, la sociedad y todas las formas en que la vida se manifiesta.

2:7 Toda concepción educativa que se base en este modo de pensar está destinada inevitablemente a degenerar en las formas más bajas del egoísmo.
Estos sistemas en última instancia se relacionan con los de la naturaleza (1:9), antes expuestos; es decir que a pesar de «reconocer» una única energía creadora, la perciben como una fuerza automática completamente desligada de la conciencia y la actitud humanas.

2:8 Los que piensan que las acciones de los hombres sí influyen aunque sólo a nivel general.
Aquí encontramos una conciencia un poco más desarrollada, siendo que a partir de esta forma de entender la realidad comienza un «cierto compromiso» con respecto a los otros seres.

2:9 Los que comprenden que los actos humanos influyen en todos los aspectos de la realidad. En este grado la conciencia y el compromiso con el prójimo, la sociedad y la vida son mayores, puesto que surge la certidumbre de que cada acción tiene su consecuencia. Pero aún no es suficiente para corregir el egoísmo y transformarlo en altruismo, dado que poseen muchas sabidurías y modos de evaluar la realidad pero aún carecen de criterios objetivos para aprehender los principios que rigen y generan las acciones humanas.

2:10 La Torá codifica y define la conducta humana a través de la tradición escrita y oral, educando al ser humano a prever los efectos de sus actos (items 1:4 a 1:7).
La percepción judía de la realidad le revela al hombre, si éste la aplica correctamente, las consecuencias de cada pensamiento, emoción y acto. Por ello la ley judía, la Halajá, especifica meticulosamente la relación del hombre con su prójimo y con todos los seres y ámbitos de la realidad, tal como está codificado en el Talmud, el Shulján Arúj, etc.

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