HALEL
El camino del hombre
La iniciación
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Shabat

Recuerda el día de Shabat
Los recuerdos son los componentes fundamentales de la identidad. Un individuo, una familia, una nación no pueden existir como tales sin memoria. Cuanto más recuerdos, más intenso será el sentido de pertenencia e identidad. De ahí la insistencia de la Torá en mantener vivo el recuerdo: Recuerda el día que saliste de Mitzráim-Egipto todos los días de tu vida. No te olvides lo que vieron tus ojos el día que estuviste frente a HaKadósh Barúj Hú en Jorev (la entrega de la Torá). Recuerda el día de Shabat para santificarlo. Recuerda el acto de la Creación, etc. Recordar es evocar algo que conocemos. La Torá nos pide que recordemos las situaciones arquetípicas que activan el anhelo esencial del alma. Cuando las evocamos activamos nuestra memoria colectiva y, entonces, tomamos conciencia de nuestra identidad.

La tradición de Israel posee una nomenclatura que no sólo nombra sino que le da significado a las situaciones existenciales. Todo posee un significado trascendente y es por ello que la Torá valoriza las vivencias necesarias para que los seres humanos alcancen la armonía con el prójimo y para que descubran, por sobre la aparente multiplicidad de fuerzas que rigen la realidad, que todo proviene de una Fuerza y Voluntad única. En el lenguaje espiritual de Israel tales vivencias se denominan mitzvót y esa fuerza única HaKadósh Barúj Hú

De la multiplicidad a la unidad
Cuando la Torá relata la creación del Sol y la Luna establece tres unidades básicas de tiempo para toda la humanidad. El día, el mes y el año se deducen de la observación sensorial a partir de los ciclos solares y lunares, la semana, en cambio, y por ende Shabat es un concepto que la Torá no toma de la naturaleza sino que replica en el tiempo la percepción sensorial humana, dos ojos, dos oídos, dos narinas y la boca; siete días y siete orificios situados en la cabeza. El desafío espiritual que nos propone la Torá involucra todo el potencial humano: voluntad, pensamiento, emoción y acción, dándonos así la posibilidad de elevar nuestra percepción sensorial y temporal septenaria a una dimensión unitiva: el ámbito espiritual.

Espacios en el tiempo
El tiempo judío, como el universo, no es uniforme hay zonas más intensas, Shabat y Jaguim, que le otorgan dirección y forma. Estos espacios en el tiempo unen material, emocional y mentalmente al pueblo judío con un objetivo: inspirar a la humanidad a alcanzar la armonía universal.

Mediante el cumplimiento del Shabat y el comienzo del mes (Rosh Jodesh) el hombre se libera de la tiranía del espacio, el materialismo y la mecanicidad del tiempo.

La Torá transmite a través de su sistema una disciplina que nos activa concientemente para sobreponernos a las influencias temporales. La Tefilá -meditación objetiva-, la posibilidad de superar la influencia astral del planeta que rige cada día. El Shabat –proyección al estado pre-Creación, el potencial de superar la influencia astral del sistema planetario. Rosh Jodesh -comienzo del mes- la superación de la influencia astral lunar. Rosh haShaná -principio de año- la superación de la influencia astral solar.

El tiempo implica mucho más que el pasaje de un instante a otro, lo cual sucede naturalmente sin la intervención del hombre. Shabat y jaguim son lapsos cualitativos, así el tiempo se transforma en un proceso de reflexión activa lleno de desafíos para superar y no un mero devenir que observamos pasivamente.
Cuando hacemos una pausa con respecto a la realidad material-sensorial creamos un espacio en el tiempo: Shabat.

El objetivo de la realidad
Quien vivió pendiente de estímulos exteriores deberá activar su voluntad para salir de la inercia y “cambiar el rumbo”. Ese es un momento muy importante, ya que aparece la oportunidad de comenzar a conocernos des-cubriendo quiénes realmente somos.

El Shabat “es la puerta” al objetivo de toda la realidad: la plenitud infinita que existe “desde siempre”, independiente y previa a la Creación.

¿Cómo puede el hombre alcanzar la comprensión que le permita percibir que hay una realidad infinita y plena que existe desde siempre y, más aún, que no fue creada?

El hombre vive pendiente de lo que posee y de lo que los otros poseen. El Shabat nos desafía semanalmente a asumir una nueva percepción de la realidad.
El desafío en la realización del Shabat y las mitzvót nos enfrenta al interrogante de quién soy y no qué poseo. El Shabat crea un conflicto en nuestra relación egoísta con la realidad material-sensorial, surgiendo así un nuevo espacio, un espacio de reflexión y un modo superior de ser.

Entre las diferentes religiones, culturas y filosofías existentes unas consideran al plano material-sensorial como un fin en sí mismo, otras como algo malo que debemos excluir de nuestra labor espiritual.
La originalidad de la Torá reside en tomar al plano material-sensorial como un medio, que al ser empleado correctamente nos ayuda a lograr el bien colectivo. Por ello observamos que el desafío de realizar el Shabat, así como el resto de las mitzvót, no anulan el plano material-sensorial sino que nos introducen a una nueva forma de relacionarnos con él: como un medio para ayudarnos a transformar nuestro egoísmo en altruismo.
Sólo entonces el plano material-sensorial deja de ser el objetivo final, transformándose ahora sí en un medio para el verdadero logro: la Plenitud del hombre.

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