HALEL
Arquitectura de la mente
La mente y sus caminos de conocimiento
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Saber y Ser

La Sabidura de la Torá se expresa mediante cuatro lenguajes generales:

1) El lenguaje de la Torá.
Expresado en los 5 libros de Moshe (Pentateuco).

2)El lenguaje de la Halajá.
Compendio de leyes y codigos, que incluye la Mishná, el Talmúd, el Shulján Arúj, etc., transmitido en un lenguaje técnico y sintético.

3)El lenguaje de la Hagadá.
Midrásh, relatos que amplían y continúan la tradición escrita, Torá shevijtáv (Pentateuco) y la tradición oral, Torá shevealpé (Mishná, Talmúd, Shulján Arúj, etc.)

4)El lenguaje de la Kabalá.
El lenguaje de la Kabalá utiliza todos los lenguajes antes mencionados. La Kabalá por ser la parte interior de la Torá, no es una materia separada de la Torá sino que sintetiza, une y le da forma a toda la Torá como un todo indivisible.

El vocablo Kabalá significa literalmente recepción, es decir, que dicho estudio prepara al hombre para recibir todos los grados y planos de la vida como una realidad única.

El capítulo Pirkei Avót de la Mishná nos relata que: “Moshé Kibél Torá MiSinai Umsará
leIehoshúa … ” : “Moshé recibió la Torá desde Sinaí transmitiéndosela luego a Iehoshúa . . . “.
El vocablo kibél / recibió se refiere a la Kabalá / recepción. Todos los Patriarcas, Profetas y verdaderos Sabios del pueblo de Israel fueron y son Mekubalím/Kabalistas, es decir receptores y transmisores de la Sabiduría Interior de la Torá, la Kabalá.

La Kabalá, nos permite a través de su estudio, forjar los instrumentos para lograr una lectura profunda, lúcida y objetiva de la Torá escrita/Torá shevijtáv y oral/Torá shevealpé.
El conocimiento de esta Sabiduría nos introduce al trabajo espiritual conciente a partir del estudio de las leyes que rigen los diversos planos de la realidad. Dichas leyes están codificadas en los diversos textos de la espiritualidad de Israel: la Torá, el Séfer Ietzirá, el Talmúd, el libro del Zóhar, el Etz Jaím, el Shulján Arúj, el Sidur, etc.

El lenguaje de la Kabalá se denomina: lenguaje de las ramificaciones / sfát haAnafím. Este lenguaje le da al vocabulario de la Torá, de la Halajá y de la Hagadá una perspectiva multidimensional.

Cada concepto del lenguaje de las ramificaciones/sfát haAnafím se desprende de un concepto previo, encadenando así causa y consecuencia, tal como sucede en un árbol en donde cada rama surge de otra rama. Quien siga cuidadosamente el camino de las ramas llegará al tronco y luego a las raíces que sustentan al árbol.

El lenguaje de las ramificaciones / sfát haAnafím no se revela al estudioso en su aproximación exterior, ya que se dirige a las causas interiores de la Torá para lo cual es imprescindible el estudio de los códigos propios de la Kabalá. Estos códigos actúan en todas las perspectivas simultáneamente, y cuando logramos incorporarlos, adquirimos la sabiduría para ver las causas y consecuencias interiores de la realidad y la vida.

Los primeros libros que menciona nuestra tradición (de acuerdo al Midrásh y al Talmúd como también a todos los escritos kabalísticos de todas las épocas), aún antes de la entrega de la Torá, son libros netamente de Kabalá como el libro “Raziél haMaláj” cuya existencia supera los 5000 años (Véase ” Midrásh Shojer Tov Bereshít “, ” Meám Loez Bereshít “, ” Sefer haIashar Nóaj “), y también el “Sefer Ietzirá “/”Libro de la Formación” escrito por Abraham Avinu (“Sefer Yetzirah”, Aryeh Kaplan, Introduction XII).

La Torá escrita/Torá shevijtáv y la oral/Torá shevealpé conforman las leyes objetivas que rigen la Creación, por lo tanto existen aún antes del mundo. Esto es similar a las leyes físicas que el hombre no inventa, sino que descubre.

Nos enseña el Rab Ashlag que en lo espiritual, a diferencia de lo material, el acto de dar y de recibir no son simultáneos.
Cuando alguien me da un objeto yo lo recibo inmediatamente.
En lo espiritual no es necesariamente igual. El dar y el recibir no son simultáneos.Quien enseña una sabiduría no tiene garantía alguna de que ésta sea recibida, sino que el “alumno” tendrá que esforzarse con el fin de aprehenderla.

La Torá nos es entregada, Matán Torá, pero la recepción depende de nuestro esfuerzo. Cada generación, a través de sus Sabios, debe revelar nuevos aspectos de la Torá, ya que la Torá es un proyecto para todas la generaciones.
Abraham, Itzják, Iaacóv, nuestros Patriarcas, como individuos, previo a la consolidación del pueblo de Israel, llegaron a entender los principios generales contenidos en la Torá aún antes de Matán Torá. En cambio, cuando se piensa en todo un pueblo a lo largo de todas las generaciones, necesitamos un sistema educativo integral basado en principios y leyes que abarquen a todos los individuos, la recepción de la Torá / kabalát ha Torá.

La Kabalá nos introduce al conocimiento de cómo recibir todos los grados de la Sabiduría a través de la aplicación de las leyes y códigos contenidos en la Torá, las mitzvót.

Cuando entendemos y llevamos a cabo las mitzvót en forma conciente, es decir, no solamente en su manifestación exterior sino que también cambiamos nuestra actitud interior, comienza a surgir la verdadera armonía entre las personas. Entonces sí podemos pensar en la verdadera espiritualidad y en la fusión del hombre con el Kadósh Barúj Hú. En cambio, hasta no llegar a ese momento aún estamos centrados en nosotros mismos, es decir que no estamos prontos para dar. Sólo cuando podemos dar, es decir extraer de nuestro interior hacia el prójimo y la sociedad, comenzamos a conocer al Kadósh Barúj Hú.

El libro del Zóhar nos enseña que el hombre fue creado para realizarse plenamente. Sólo cuando nos relacionamos con la vida en forma completa podemos llegar a percibir el orden en el que cada aspecto de la realidad cumple su función.
De acuerdo a la Torá, el hombre y la mujer deben encauzar todas sus energías positivamente dando así continuidad a la vida(Génesis 1:28). Por dicha razón el ideal judío es la familia, ya que nos brinda el marco propicio para que el hombre y la mujer manifiesten sus instintos, emociones y pensamientos en forma armónica. En familia aprendemos a compartir y a asumir la responsabilidad por nuestros hijos y a entender a nuestros semejantes y a la comunidad.

Nuestra tradición nos enseña que no juzguemos a nadie hasta no estar en su lugar. Cuando damos, comenzamos a comprender a la fuente que sólo da, el Kadósh Barúj Hú. De ello deducimos que el dar y crear armonía entre los hombres requiere una voluntad constante, ya que no es suficiente dar sino que se debe hacer con sabiduría.
Cuando pensamos sólo en recibir en forma egoísta, vemos a todos los hombres como nuestros competidores, en cambio cuando queremos ayudar encontramos en los hombres aliados para nuestro proyecto.
La verdadera construcción en la cual debemos invertir todos nuestros esfuerzos es la de construirnos interiormente.
Hasta que el hombre no sea íntegro en su interior nada de lo que haga perdurará.

La torre de Babel (Génesis 11) es un claro ejemplo.
La Torá nos relata que había una sola lengua en toda la tierra … y los hombres quisieron edificar una torre cuya cúpula llegue al cielo … entonces el Kadósh Barúj Hú confundió su lengua y ya no pudieron entenderse, y cesaron de construir la torre.
Los hombres quisieron expandirse exteriormente sin tomar en cuenta su crecimiento interior. Cuando no maduramos interiormente comprendiendo que el deseo de recibir egoísta lleva a la destrucción, perdemos el lenguaje verdadero, los códigos que nos dan la posibilidad de entender que tanto el bien como el mal nos van a afectar a todos por igual.

Nuestro estudio y el desarrollo de nuestra vida de acuerdo a la Torá y la Kabalá no son algo externo a nosotros. Conforman nuestro SABER y fundamentalmente nuestro SER. A partir de ello nos convertimos en partícipes del “programa de la Creación” que consiste en beneficiar a todas las creaturas infinitamente.

La mitzvá central de toda la Torá es “Amarás al prójimo, a quien está próximo a tí, como a ti mismo”, y hasta que el hombre no comprenda este principio, todas las mitzvót serán incompletas. Amarás al prójimo como a ti mismo es la actitud interior que nos ayuda a no repetir el error de la torre de Babel.
Babel proviene del vocablo hebreo confusión (Bilbul), lo que nos indica que cuando el hombre piensa sólo en sí, es porque está confundido, y no comprende la razón por la cual está en este mundo ni el objetivo de su vida y de la Creación.

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