HALEL
La Armonia Universal
La armonía universal
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Rigurosidad o flexibilidad

Así como hay hombres que nacen con “un talento especial” para la ciencia o el arte, lo mismo sucede en el plano espiritual. El talento, cuando es orientado correctamente, produce individuos que pueden des-cubrir los principios que rigen los diferentes ámbitos de la realidad.

En el plano material-sensorial llegamos al conocimiento a través de la experimentación y la actividad intelectual. En Torá y Kabalá no es suficiente. Para acceder a la Sabiduría debemos educar nuestros instintos, emociones y pensamientos, sobreponiéndonos a la atracción que ejerce la realidad material-sensorial cuando se transforma en un fin en sí mismo.

Los Sabios
El auténtico Sabio de Israel no se basa en meras especulaciones para llegar a la Sabiduría y des-cubrir los principios y leyes espirituales. El estudio de la Torá en todos sus estratos: Halajá, Midrásh, Kabalá, etc. conjuntamente con la práctica de las mitzvót, es un proceso interior basado en recrear, vivenciar y superar las diferentes situaciones existenciales. Sólo cuando el hombre vive este proceso concientemente alcanza dichos principios y logra aplicarlos en la vida.

Los Sabios de Israel se pueden dividir en dos grupos generales: a) “rigurosos” b) “flexibles”.
a) Los “rigurosos” son aquellos que se concentran en des-cubrir los Principios Superiores que rigen la vida y de su transmisión práctica en forma estricta y precisa. La vida, de acuerdo a la forma en que estos Sabios exponen la Sabiduría, exige una gran voluntad y preparación.
b) Los “flexibles” se concentran, además, en aproximar dichos Principios Superiores a las posibilidades de la sociedad y de cada individuo.

Los Sabios “rigurosos” y los “flexibles” se necesitan mutuamente y constituyen dos aspectos complementarios en la formulación de la Sabiduría; pues sus discrepancias son en nombre del altruismo, es decir, en tratar de ayudar al hombre a vencer su deseo de recibir egoísta.

Dos tendencias humanas
En el judaísmo estas tendencias son representadas por las dos escuelas Talmúdicas tradicionales: Shamai
rigurosos) e Hilel (flexibles).
La escuela de Shamai se relaciona con la medida rigurosa (midát hadín). La de Hilel, en cambio, es más flexible (midát harajamím). Las dos escuelas buscan el bien, sólo que Shamai es más directo; para quien tome dicha medida los resultados serán más rápidos. Pero Hilel comprendió que son pocos los individuos que logran adoptar dicha medida y por lo tanto fue más flexible. Hilel se preocupó de encontrar el límite para que el hombre no caiga en el ámbito caótico de la vida, del cual es difícil liberarse, y asimismo de ayudar a las personas para que paulatinamente fortalezcan su voluntad.

Hilel, como todos los Sabios que dictaminan la ley judía, la Halajá, buscó encontrar las condiciones posibles para la continuidad espiritual de su generación y las futuras, estableciendo las normas que nos orienten a permanecer dentro de los límites de la Torá.

Los límites
El criterio para establecer los límites del “hasta dónde”, lo da la Torá escrita y oral basada en la experiencia y el discernimiento de cientos de generaciones de Sabios. Si somos estrictos en demasía, sólo un grupo muy reducido podrá cumplir las exigencias halájicas. Pero si somos excesivamente permisivos, vamos camino a desaparecer. La milenaria existencia del pueblo judío reside en el hecho de haber encontrado siempre el punto medio. El sistema educativo de la Torá y las mitzvót le exige al hombre según sus posibilidades. Pero en el momento en que desaparece la exigencia, la tensión que lo obliga a superarse, el hombre sucumbe ante sus instintos y deseos, y la educación judía deja de ser efectiva. Estas condiciones son la causa fundamental de la asimilación, puesto que al desaparecer el objetivo la voluntad se diluye transformando la vida judía en algo meramente social.

La historia demostró cómo grandes culturas desaparecieron y la actual sociedad degenera cuando sus sistemas educativos no logran desarrollar individuos con la voluntad suficiente para superar los instintos y deseos egoístas.
La Torá y las mitzvót, llevadas a cabo desde su perspectiva interior, elevan al ser humano por sobre los deseos inferiores que conducen a la pérdida del objetivo: el bien absoluto, para el cual fuimos creados.

El Midrásh relata que HaKadósh Barúj Hú “quiso” crear el mundo a través de la medida rigurosa. HaShem quiso dar el bien en forma directa, evitando el sufrimiento y la pérdida de tiempo, pero el mundo no pudo soportarlo. Entonces flexibilizó la medida rigurosa y creó el mundo tal como es.

La Torá no exige lo imposible, sino que nos brinda un espectro muy grande de alternativas que contempla todos los tipos de individualidades y su convivencia armónica.

Setenta grados de trabajo espiritual
¿A qué se refiere nuestra tradición cuando nos relata que HaKadósh Barúj Hú “quiso” crear el mundo por la edida rigurosa pero el mundo no pudo soportarla?
Esto significa que esa medida existe, y que quien esté preparado puede tomarla. En cambio quienes aún no están prontos deberán ser guiados por aquellos que sí la adoptaron para sus propias vidas: los llamados justos (tzadikím) de cada generación. El tzadík es riguroso consigo mismo y flexible con el prójimo, de forma tal que logra acercar gradualmente a todos hacia el bien, el altruismo.

La Torá comprende setenta grados de comprensión y aplicación de las mitzvót, y no setenta interpretaciones como muchas veces se ha dicho. Debajo de estos setenta grados ya no hay más Luz sino que es todo oscuridad, egoísmo y autojustificación. En cambio, cuando ascendemos sobreponiéndonos a nuestras debilidades, cada grado es un nivel más intenso de la Luz Infinita. Tales grados son peldaños espirituales por los cuales el alma asciende gradualmente al ir transformando su deseo egoísta en altruismo, hasta finalmente ser en HaKadósh Barúj Hú.

Desde la perspectiva judía, el saber, lo intelectual, no es un fin en sí mismo, sino un medio para desarrollar nuestra potencialidad de dar y beneficiar. El verdadero Sabio de Israel es el hombre que dedica su vida a profundizar en el estudio y la práctica de las leyes que logran armonizar al hombre con su semejante y con la Fuente de Energía que nutre a toda la realidad y la vida.

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