Estudiando
Devarim
Estudio de los libros de la Torá
+100%-

Ree

Primer comentario (Rab Daniel Oppenheimer, www.ajdut.com.ar)

Segundo comentario (Selección de comentarios del Lubavitcher Rebe M.M. Schneerson, www.jabad.org.ar)

Tercer comentario 

Primer comentario – ¡MáS POBRES!

La familia se había vestido de gala para ir al casamiento. Subieron todos al auto y emprendieron el viaje. A las pocas cuadras llegaron a una esquina en la cual debieron detenerse para esperar que cambie el semáforo. Como sucede a menudo, un niño de apenas 5 o 6 años vestido con ropa harapienta, se acercó a la ventana del que maneja y golpeó extendiendo la mano y mostrando su cara triste y sufrida. El conductor, sin cortar la conversación en la cual estaba inmerso, tomó una de las monedas que tiene preparadas para tales contingencias, bajó la ventanilla y “colaboró con la causa” a la cual había sido invitado. La luz cambió, y puso en marcha el auto… Dada la mala sincronización de los semáforos, a las pocas cuadras, se repitió la escena, con la diferencia que esta vez se trataba de una mujer con un bebé en brazos. En el transcurso del viaje, fueron cuatro los que le solicitaron ayuda. “¡Cada vez son más!” – pensó la cuarta vez que le pidieron. Efectivamente, cuando se acercó a la sinagoga, ya lo esperaba un grupo de personas necesitadas: “Somos cinco!” – dijo una de ellas, que era la que tenía la bolsita de plástico en la mano, dando a entender que esperaba una cantidad de Tzedaká que tuviese en cuenta la cantidad de menesterosos que debía ayudar. Nuestro buen conductor, una persona generosa en dinero, corazón y con su tiempo, colaboraba en la comisión directiva de la escuela a la cual concurrían sus hijos. Esa semana debían tratar el tema de los pedidos de becas y las solicitudes de reducción en el monto de aranceles. Al mirar la cantidad de pedidos que se habían “acumulado”, pensó desesperado y en voz alta: “Si le damos beca a todos estos alumnos, cuándo nos pondremos al día con los docentes a quienes ya les debemos dos meses de haberes…”.

Volvió a casa afligido por la impotencia. Los pedidos eran reales. Las familias pasaban un muy mal momento, pues los padres de familia habían perdido sus puestos de trabajo. Conociendo los nombres que habían sobre las solicitudes, sabía que no mentían. Recordaba que en su niñez se hablaba de la gente que moría de hambre en Biafra. Su papá le había mostrado en el mapa dónde quedaba áfrica, y dónde se ubicaba Biafra. Sus hijos habían vuelto a casa en distintas ocasiones con pedidos de ropa y alimentos no perecederos para luchar en contra de la indigencia en “el interior del país”. En la escuela había leído acerca de la pobreza que había en varios países después de la depresión de los años treinta… Todo parecía tan lejano en tiempo y en espacio…

¿Qué dice Ud. querido lector? Lamentablemente es así. La pobreza está aquí no más, “a la vuelta”. Frente a nuestros ojos. ¿Qué actitud tomar? Los reclamos son muchos. Camine un día por el centro cerca de la Casa de gobierno. Lea la información acerca de los nuevos integrantes que se suman a la clase “que vive debajo del índice de pobreza”, acerca de “los pobres que se vuelven más pobres”, etc. Efectivamente, nos toca a nosotros encarar el tema. Muchos hemos nacido en épocas en las cuales de a poco las cosas iban siendo paulatinamente más fáciles o más cómodas. Muchos hijos o nietos de inmigrantes, recuerdan aún sus humildes comienzos en el país. Cuando la memoria falla, las fotos de la época recuerdan la precariedad en la que se vivía en otros momentos. La modernidad trajo consigo muchos adelantos tecnológicos, aliviándonos de muchas molestias, grandes y pequeñas. En lugar de colgar al ropa mojada, Ud. tiene un secaropas. Ya no necesita lavar y fregar los pañales, pues los compra descartables. En lugar de esperar en el frío de la noche hasta que la leche para la mamadera del bebé esté caliente (y no se pase), Ud. tiene un microondas. ¿Y el teléfono? Se acuerda cuando debía girar el disco? (¡Verdad! Las características eran más breves, pero tampoco estaba el “redial”, por si daba ocupado…). No podemos negar que en muchos aspectos la vida se tornó, lentamente, más fácil, más confortable. ¿Pero esto? ¿Quién hubiese imaginado que la cosa podía darse vuelta hacia abajo de modo tan precipitado? ¿Es que la calle por la que transitábamos era “doble mano”? ¡Cómo nos cuesta adecuarnos a situaciones de estrechez, de carencia!

En distintos países y en diferentes épocas, la tasa de pobreza es más alta o más baja. La cuestión de la correcta distribución de los bienes ha provocado en muchos pensadores idear proyectos justos para las sociedades que habitan en los más variados lugares del mundo. Muchas de ellas (o todas) terminaron siendo un rotundo fracaso. Cuando la población pobre se sintió abrumada por la indigencia en la cual estaba sumida, hizo saber su dolor y su hambre en forma violenta. La solución marxista tampoco pudo crear una sociedad equitativa pues no permitió el desarrollo de las empresas, al negar uno de los principios básicos de los seres humanos: su deseo de procurarse sustento y poseer bienes materiales. ¿A quién le incumbe el problema? ¿Es un tema que lo tiene que resolver el Estado con nuestros impuestos? ¿quién es el Estado? ¿por qué no se termina de resolver jamás? ¿qué dice la Torá al respecto?

En Parshat Re-é, la Torá habla sobre la obligación de dar Tzedaká. Este no es el único lugar, ni la única Mitzvá relacionada con los menesterosos. En Parshat Behar, ya habíamos leído acerca de la Mitzvá de prestar ayuda económica en calidad de préstamo sin cobro de intereses y en otros sitios se mencionan las Mitzvot de lo que el campesino debe dejar para el pobre en la época de la cosecha y el diezmo para los necesitados. Sin embargo, en Re-é, hay una aparente contradicción: una cita dice (Devarim 15:4) que “no habrá entre ti pobres…” y, más tarde (Devarim 15:11) se menciona que “no dejarán de haber pobres en la tierra”. ¿Es posible imaginar un mundo sin gente carenciada? Esto no se entiende. ¿Cuál es la fórmula mágica?

Rash”í analiza los versículos y responde que se trata de diferentes situaciones: cuando cumplen la voluntad del Todopoderoso, automática baja la tasa de pobreza. ¿Qué significa todo esto? A pesar que los seres humanos no lo hemos logrado (al menos en los últimos siglos o milenios) existe la posibilidad de erradicar la pobreza de la faz de la tierra. ¿De quién depende? Según lo que estamos viendo, no del Estado. Sí depende de nosotros. El Estado tiene sus leyes creadas por seres humanos y puede y debe implementarlas. Pero no puede obligar a las personas a ser buenas. Las leyes, por más justas que sean, son obligaciones legales y no crean bondad. La bondad es la parte esencial de la ética que deben practicar las personas. La indigencia de parte de la población es señal de pobreza y miseria espiritual generalizada al resto de la población. Ud. preguntará: Pero… ¿Qué puedo hacer yo? ¿Debo organizar una manifestación pública para protestar por los necesitados y los hambrientos? No creo que esta sea una respuesta útil o efectiva. La Torá depositó su confianza en cada uno de nosotros para encargarnos hacer lo que nos está al alcance con nuestro patrimonio intelectual, emocional y material. Y, sin duda, es mucho más de lo que cada uno está enterado que posee. Aquí no se trata de ser extrovertido o tímido (“¡¿quién soy yo para hacerlo?!”, etc.). Cada uno de nosotros está dotado de ciertas cualidades de las que otros carecen. Depende de nuestra buena voluntad, la decisión de compartir. Obviamente, sumado a esto, y una vez que se mostró con el ejemplo lo que se puede llegar a hacer, si la persona posee talento organizativo y entusiasmo podrá contagiar a sus allegados a participar o a que tomen conciencia para que cada uno haga lo suyo. La Mitzvá de Tzedaká depende de cada individuo y hoy en particular, la coyuntura nacional llama a cada uno a reflexionar y actuar.

Daniel Oppenheimer


Segundo comentario – El Mal: Dos Traducciones

Mira, Yo te doy hoy la bendición y la maldición.

— Deuteronomio 11:26

La bendición y la maldición – todos los fenómenos, y toda la actividad humana, parecen sujetos a la categorización por estos dos más básicos definidores de la realidad. Un desarrollo es positivo o negativo, un evento es afortunado o trágico, un acto es virtuoso o desafortunado.

De hecho, el principio de “libre elección” -que al hombre se le ha otorgado la absoluta autonomía para escoger entre el bien y el mal- yace en el corazón de la más básica premisa de la Torá: que la vida humana es con un fin determinado. Que nuestros actos no son predeterminados por nuestra naturaleza o ley universal alguna sino que son el producto de nuestra voluntad independiente, convirtiéndonos en auténticos “socios con Di-s en la Creación” cuyas elecciones y acciones afectan el continuo desarrollo del mundo como ha sido concebido por su Creador.

Filósofos y teólogos de todas las épocas han preguntado: ¿De dónde surge esta dicotomía? ¿Viene el mal de Di-s? Si Di-s es la fuente exclusiva de todo y es la esencia del bien, ¿puede haber mal en Su obra? Si El es la máxima singularidad y unidad, ¿puede existir semejante dualidad dentro de Su potencial?

En las palabras del profeta Jeremías: “De la palabra del Uno Supernal / no pueden surgir / tanto el bien como el mal”. Sin embargo, la Torá declara inequívocamente: “Mira, Yo te doy hoy la bendición y la maldición”; Yo, y ningún otro, soy el exclusivo otorgante y fuente de ambos.

Transmutación

Un enfoque para comprender la concepción de la Torá de “la bendición y la maldición” es ver cómo este versículo es interpretado por los grandes traductores de la Torá.

El arameo, ampliamente hablado por el pueblo judío durante quince siglos, es la “segunda lengua” de la Torá. Es la lengua del Talmud, e incluso de varios capítulos bíblicos. Hay también un número importante de traducciones arameas de la Torá, incluyendo una compuesta al final del primer siglo de la era común por Onkelós, un romano convertido al judaísmo, sobrino del emperador Tito; y una traducción compuesta medio siglo antes por el gran sabio talmúdico Rabí Ionatán ben Uziel.

En la traducción de Onkelós, la palabra hebrea klalá en el citado versículo es traducida literalmente como “maldición” (lotín en arameo). Pero en la traducción de Rabí Ionatán, el versículo aparece así: “Mira, Yo te doy hoy la bendición y su transmutación”. El autor no está meramente evitando el desagradable término de “maldición”; él mismo emplea ese término apenas tres versículos después en Deuteronomio 11:29, y en otros lugares de la Torá donde aparece la palabra klalá. Además, si Rabí Ionatán simplemente hubiera querido evitar usar una expresión negativa, habría escrito “la bendición y su opuesto” o algún eufemismo similar. La palabra aramea que usa, jilufa, significa “cambio” y “transmutación”, implicando que “la maldición” es algo que resulta de la bendición y es, así, una forma alterna de la misma esencia.

En las palabras de nuestros Sabios: “Ningún mal desciende del Cielo”, sino solamente dos tipos de bien. El primero es un bien “descarado” y obvio, uno que sólo puede experimentarse como tal en nuestras vidas. El otro también es bueno, pues nada salvo el bien “surge del Uno Supernal”; pero es un “bien oculto”, uno que está sujeto a cómo nosotros elegimos recibirlo y experimentarlo. A causa de la libre elección otorgada a nosotros, está en nuestro poder deformar estas bendiciones celestiales en maldiciones, subvertir estas energías positivas en fuerzas negativas.

La de Onkelós es las más “literal” de las dos traducciones. Su propósito es proveer al estudiante el significado más rudimentario del versículo. Este, en hebreo, dice “la bendición y la maldición”, y Onkelós lo traduce como tal al arameo.

Por otra parte, la traducción de Rabí Ionatán ben Uziel provee una interpretación más esotérica de la Torá, incorporando muchos pensamientos midráshicos y talmúdicos. De modo que en vez de llamar simplemente “maldición” a una maldición, alude al verdadero significado de lo que experienciamos como mal en nuestras vidas. En esencia, Rabí Ionatán nos está diciendo que lo que Di-s da es bueno; pero El nos ha otorgado la capacidad de experimentar ambas cosas, “la bendición y su transmutación”, de desviar Su bondad a fines destructivos, Di-s libre.

Esto explica también por qué Rabí Ionatán traduce klalá como “transmutación” en el citado versículo (vers. 26) y en un versículo posterior (vers. 28), pese a que en el versículo 29 lo traduce literalmente como “maldición”, al modo de Onkelós. En vista de lo dicho, la razón de la diferencia es clara: los primeros dos versículos hablan de Di-s dándonos tanto una bendición como una “maldición”; pero Di-s no da maldiciones, sino sólo la opción y capacidad de “transmutar” Sus bendiciones. Por otra parte, el tercer versículo (“Y será que, cuando el Señor tu Di-s te haya traído a la tierra… proclamarás la bendición sobre el Monte Guerizím y la maldición sobre el Monte Eival”) habla de nuestra articulación de los dos senderos de la vida, donde el “bien oculto” puede recibirse y percibirse como una real “maldición”.

Galut

En un nivel más profundo, las diferentes perspectivas acerca de la naturaleza del mal expresadas por estas dos traducciones arameas de la Torá reflejan las circunstancias histórico- espirituales bajo las que se compusieron.

El galut -el estado de desalojo espiritual y físico en que nos encontramos desde la destrucción del Gran Templo y el exilio de nuestra tierra hace aproximadamente 2000 años- es una causa primaria para la distorsión de la bendición de Di-s en “su transmutación”. Cuando el pueblo de Israel habitó la Tierra Santa y experimentó la presencia manifiesta del Omnipotente en el Gran Templo de Jerusalén, experimentó la verdad Divina como una realidad táctil. La perfección y bondad intrínseca de todo lo que viene de Di-s era abiertamente perceptible y accesible.

El galut, por su parte, es un estado que vela y deforma la visión interior de nuestra alma, haciendo mucho más difícil relacionarse con la esencia Divina en cada suceso y experiencia de nuestras vidas. El galut es un ambiente en el que el “bien oculto” que se nos otorga es demasiado fácilmente convertido en negatividad y mal.

La traducción de Rabí Ionatán ben Uziel, llamada también “Traducción de Jerusalén”, fue compilada en Tierra Santa en la generación anterior a la destrucción del Templo. El hecho mismo de que su composición fuera necesaria -el hecho de que para muchos judíos la lengua de la Torá ya no fuera más su lengua materna y la palabra de Di-s fuera accesible únicamente con la mediación de un dialecto local- expresa el carácter intrusivo del galut. El “bien oculto” ya estaba siendo experimentado como algo distinto que una expresión de la relación cariñosa de Di-s con nosotros.

Con todo, en la época de Rabí Ionatán el Gran Templo se alzaba en Jerusalén. El descendiente velo del galut todavía era translúcido, permitiendo el reconocimiento, si no la experiencia, de la verdadera naturaleza de la realidad. Uno era consciente de que lo que percibía como negativo en la vida propia era una distorsión de la bondad Divina.

La traducción de Onkelós fue compuesta una generación más tarde por el sobrino del emperador romano que destruyó el Gran Templo y condujo al pueblo de Israel a exilio. En la época de Onkelós, el galut se había intensificado al grado de que la realidad prevalente era la de un mundo dicotomizado por el bien y el mal, un mundo en el que el “bien oculto” es considerado simplemente como “la maldición”.

Pero es precisamente un mundo tal el que ofrece el máximo de libertad de elección, cosa que, a su vez, presta genuina importancia a los actos del hombre. Es precisamente semejante mundo el que posee el mayor -y más gratificante- desafío de revelar la bondad, unidad y perfección subyacente a la Creación de Di-s.

— Basado en una Sijá de Shabat Reé 5726


Tercer comentario – La mitzvá de Tzedaká y el mes de Elul

“Si hubiera un pobre entre tus hermanos, en una de tus ciudades, en tu tierra que Hashem, tu Di-s te concede a ti, no endureceras tu corazon ni cerraras tu mano a tu hermano pobre, sino que abrir habras de abrir tu mano a el y prestar le prestaras lo suficiente para su carencia, lo que el necesita”. (Deuteronomio 15:7-8)

Dar tzedaka (caridad), es una mitzva para todo tiempo. Cuando y dondequiera surja la necesidad de ayudar al pobre, sostener la educacion de Tora en una yeshiva, en un Bet Kneset, etc. uno tiene la mitzva de contribuir, tal como leemos en Parashat Ree: “no cerraras tu mano…” y como tambien nos instruye el Rambam al respecto en sus “Leyes de dadivas para los pobres” (7:1): “Es una mitzva positiva el dar caridad al pobre para aliviar su penuria, de acuerdo a la capacidad financiera del donante, pues “abrir abriras tu mano” “.

Parashat Ree siempre es leida alrededor de Rosh Jodesh Elul (comienzo del mes). Y es que en este, el ultimo mes antes de Rosh Hashana, uno debe aumentar sus contribuciones de tzedaka muy por encima de las entregadas en el resto del anio. Este mandato de dar mas tzedaka es puntualizado por el Rambam (Maimonides) en referencia a los Diez Dias de Arrepentimiento, entre Rosh Hashana y Iom Kipur. Asi escribe en Hiljot Teshuva 3:4: “Aunque el tocar el shofar en Rosh Hashana es un mandato de la Tora (sin una razon explicita), es sabido que alude a la necesidad de que aquellos que permanecen dormidos (de mitzvot) despierten… y mejoren su camino… Cada persona debe verse, a traves de todo el anio, como si fuera mitad meritoria y mitad culpable…

De modo que si realiza una sola mitzva, inclina su balanza y la de todo el mundo, hacia el lado del merito, trayendo asi salvacion para si mismo y para los demas. Acostumbra entonces el judio a aumentar su cuota de tzedaka, a realizar mas buenas acciones y, en general, a ocuparse en mitzvot entre Rosh Hashana y Iom Kipur mas que en el resto del año”. No debe haber ningun hermano pasando necesidades sin que extendamos nuestra mano para contribuir.

Y cuanto mas cercano es el vinculo familiar, mayor es la obligacion de ayudar: por ejemplo un hijo a su padre, un hermano a otro hermano, etc. Es un deber ineludible que, ademas, atrae todas las bendiciones del Cielo, tal como dicen nuestros Sabios: “mas de lo que el donante hace por el que recibe, este hace por su donante”. Es comun creer que hay que ser pudiente o tener un comodo pasar economico para dar tzedaka. No es asi. Todos deben cumplir con esa obligacion, de acuerdo a sus posibilidades… y aun mas que eso.

Aquel que piensa que si tuviera mas dinero, daria a mano abierta a todos, olvida que junto con la riqueza, crece en el corazon del rico, su ietzer ha-ra (mala inclinacion) que le causa una embriaguez parecida a la del vino…

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