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¿Que Torá estás dispuesto a recibir?

Selección extraída del libro “Autoestima”, escrito Rabí Ezriel Tauber. © Ed. Jerusalén de México

Na’asé [haremos] se refiere a la estructura de los 613 mandamientos, mientras que nishmá [comprenderemos] se refiere a kedoshim t’hiyú [santos serán]. Cada uno fue enfatizado por un maestro diferente y destacado durante una era específica.
Na’asé fue enseñado por Moshé. ‘Recuerda la Torá de Moshé, Mi siervo’. Moshé es llamado eved Hashem, un siervo. Un siervo se anula a sí mismo por algo mayor. Todos los sirvientes son iguales, en el sentido de que son responsables hacia su amo. Moshé y la gente de su tiempo eran siervos de Hashem por excelencia. Así, la unidad del pueblo judío en el tiempo de Moshé no tuvo paralelo. ‘Todo el pueblo vio los estruendos…’. Estaban parados al pie del monte ‘como un solo hombre, con un solo corazón’. Todos los judíos estaban unidos como uno.

La grandeza de Moshé consistía en que él no era más que un conducto a través del cual la Torá de Hashem fluía; él era el sirviente prototipo. El Kuzarí explica que cada judío en el Monte Sinaí llegó al nivel de Moshé. Se anularon a sí mismos al punto de que cada uno de ellos actuó como una parte integrada de un sólo cuerpo a través del cual la Torá pulsó.

En contraste, la Torá representada por nishmá, es una Torá donde uno tiene que crearse a sí mismo. (Y crearse a sí mismo una y otra vez día tras día. El jasidut de ayer tiene que mejorarse o de otra manera, ya no es jasidut; se espera -es obligatorio- que seas esclavo de ese nivel de jasidut. Así, la Torá de nishmá debe siempre ir más allá de sí misma. El jasidut de ayer, es la esclavitud de hoy. Un verdadero jasid -un judío kedoshim t’hiyú– debe recrear continuamente su servicio a Hashem). Uno debe ser primero un individuo y después preocuparse por integrar los talentos de uno en un todo mayor. Mientras que el maestro de na’asé fue Moshé, el maestro de nishmá es Rabí Akiva.
Esto lo aprendemos de las palabras de Jazal.

Cuando Moshé subió al cielo para recibir la Torá, vio a Hashem (que no había terminado aún la Torá y estaba todavía ocupado) decorando las letras de la Torá con coronas (k’tarim). Moshé preguntó: ¿Hashem, quién Te retrasó terminar la Torá?
Hay un adam’ejad’, una persona, Hashem contestó, que va a vivir al final de cierta generación (es decir, algún tiempo en el futuro). Akiva el hijo de Yosef es su nombre. (‘Yosef’ también significa ‘aumentar’ constantemente, es decir, jasidut). De todos y cada uno de los puntos (de las letras de la Torá), él va a ser capaz de innovar montañas y montañas de halajot.

Hay dos períodos históricos distintos con dos tipos distintos de Torá. Uno es el período de 2,000 años de Torá -la Torá de Moshé – y el otro es de 2,000 años de yemot HaMeshíaj, período que estamos viviendo ahora – la Torá de Rabí Akiva. La diferencia entre la Torá de Moshé y la Torá de Rabí Akiva es significativa, la diferencia entre la Torá observada bajo condiciones óptimas, y la Torá observada en las condiciones menos óptimas, entre la Torá en la soberanía de la Tierra y la Torá del exilio. Es la diferencia entre la Torá que es dada (matán Torá) y la Torá que es recibida (kabalat Torá).

La Torá de Moshé es la Torá dada a través de milagros y profecía. Esta Torá, en esencia, es la obra de Hashem; es la Torá entregada en Sinaí (y está representada por las letras hebreas en el rollo de la Torá). La Torá de Rabí Akiva, por el otro lado, es la Torá recibida a través del exilio y el sufrimiento. Esta Torá está escrita con el sudor y la sangre de uno (y está representada por los k’tarim, ‘coronas’ de las letras).

Existen muchas desventajas en la Torá de Rabí Akiva, todas derivadas del principio de hester panim, es decir, Hashem ocultando Su rostro; toda Su naturaleza verdaderamente benevolente, y todopoderosa. Los judíos que viven en una época de hester panim parecen vivir sin la protección benevolente de Hashem. Sin embargo, existe una ventaja a todo esto. Cuando el pueblo judío parece haber perdido todo, regresan al punto donde empezaron: Abraham. Abraham era el individuo por excelencia, que descubrió a Hashem en el vacío de una época desquiciada.
A veces, puedes ganar solamente cuando primero perdiste todo. ésta es la ventaja de la Torá de Rabí Akiva. Cuando pierdes todo, también puedes perder aquellas personas y cosas que te esclavizan. Pasas a ser como Abraham, que creció en un mundo donde nada espiritual se podía haber esperado de él. Aun así, te puedes volver como Abraham – el gran individualista – que creció enormemente debido a esta situación y sacrificó de manera voluntaria cada aspecto de su vida para Hashem.

Rabí Akiva, un descendiente de conversos del origen más bajo, fue analfabeto hasta la edad de 40 años, no obstante, se convirtió en un erudito y en un personaje modelo sin igual en los siguientes 2,000 años. Justamente como Abraham era único, ejad, Akiva era único, ‘adam ejad’, como el pasaje arriba citado. Rabí Akiva era el epítome del individuo (ejad) que contiene el mundo entero dentro de sí mismo. Es el representante de nishmá.
Los Sabios relatan que Rabí Akiva ‘innovó la Torá (m’jadesh jidushim) aun de los puntos de las letras’ y derivó montañas de enseñanzas de ellas. Tenía la habilidad de tomar a cada judío pequeño y convertirlo en una montaña, en un nuevo mundo en sí mismo. él era capaz de hacer esto por otros porque él lo hizo primero con la materia prima de su propio ser.
La misma cita continúa:

‘Por favor, enséñame esa persona (Rabí Akiva), pidió Moshé.
Ve (proféticamente) a su generación.
Así hizo Moshé. Fue a la yeshivá donde Rabí Akiva enseñaba, y se sentó al final de la octava fila. Sin embargo, no pudo entender la lección’.

Cuando a Moshé se le dio la oportunidad de sentarse en la yeshivá de Rabí Akiva, solamente pudo sentarse en la octava fila en oposición a la primera fila, que significa de que no era capaz de comprender las lecciones como aquéllos que estaban en las primeras siete filas. Moshé estaba dedicado a explicar las enseñanzas básicas de la Torá, los 613 mandamientos, en los cuales todos son anulados por el todo mayor (na’ásé). Rabí Akiva enfatizó kedoshim t’hiyú, la Torá del individuo, del ejad (nishmá). Esta Torá, Moshé no la podía penetrar.
El pasaje continúa:

“él (Moshé) se sintió débil (por no ser capaz de comprender la lección de Rabí Akiva). Finalmente, la lección llegó a davar ejad (literalmente), ‘una cosa’ (es decir, a un punto particular) donde los discípulos preguntaron a Rabí Akiva: ¿cómo sabe eso?
Rabí Akiva contestó: Halajá le Moshé mi Sinaí, recibimos la Torá del Sinaí a través de Moshé.
Moshé se sintió confortado”.

Moshé se sintió débil debido a su incapacidad de entender el enfoque de la Torá de Rabí Akiva. Escuchó a Rabí Akiva llevar la lección sobre davar ejad, que literalmente puede ser entendido como: la lección sobre la ‘cuestión de ejad‘. Rabí Akiva habló acerca de la esencia de su enfoque, el enfoque del individuo (ejad).
Antes que Moshé se pudiera sentir más perturbado, los discípulos le preguntaron a Rabí Akiva el origen de su enfoque, a lo que Rabí Akiva contestó: Moshé es el origen. En otras palabras, ‘Mi Torá de nishmá – del ejad – no puede existir por sí misma. Debe arraigarse en la Torá de Moshé de na’asé. Uno no puede observar la Torá de jasidut si primero no observa los 613 mandamientos. Lo am ha’aretz jasid, ‘un hombre inculto no puede ser jasid‘.
Así, a pesar de que no está dicho claramente con detalles en la Torá de Moshé, el principio de kedoshim t’hiyú está arraigado y se deriva de su Torá. Cuando Moshé escuchó esto, se sintió confortado.
El pasaje continúa:

‘él (Moshé) dijo a Hashem: Si tienes una gran persona como ésta (Akiva), ¿por qué Tú estás dando la Torá a través de mí? Dala a través de Rabí Akiva’.

La pregunta de Moshé fue: si el objetivo real es kedoshim t’hiyú – la Torá de Rabí Akiva – ¿para qué entregar primero mi Torá? Dáles la Torá de Rabí Akiva de una vez. (ésta es una pregunta paralela a la pregunta del ensayo de Pésaj, parte I, donde Rashí cita a Rabí Yitzhak quien pregunta por qué la plataforma de bereshit bará Elokim precede a la de haJodesh hazé lajem).
El pasaje concluye:

‘No digas nada’, Hashem dijo. ‘Esto surgió en Mis pensamientos ante Mí’.
Entonces Moshé preguntó: Hashem, ‘Tú me has enseñado su Torá. Por favor enséñame su recompensa’.
Ve a su generación, le dijo Hashem.
Moshé fue a los días de Rabí Akiva y vio que la carne de su cuerpo (de Rabí Akiva) estaba siendo pesada en una báscula de carnicero. (Rabí Akiva fue asesinado brutalmente por los romanos). Moshé preguntó: ‘Amo del universo, ¿ésta es su Torá y ésta es su recompensa?’
‘No preguntes más’, Hashem le dijo nuevamente. ‘Esto surgió en Mis pensamientos’.

Hashem parece haber sido breve con Moshé. ¿A qué se refería realmente?
El objetivo primario de este ensayo es que existe espacio para ser creativo e innovador dentro del marco de la Torá y las mitzvot. No obstante que el versículo dice: ‘No hay nada nuevo bajo el sol’ -es decir que no existe nada nuevo desde que Hashem hizo la creación – el Zohar señala que existe un jidush, novedad, arriba del cielo – es decir, antes de la creación.
Con frecuencia, las fuentes talmúdicas y midráshicas usan la expresión: ‘pensamiento de Hashem’, ‘el primer pensamiento de Hashem’, o expresiones similares. El pensamiento precede al lenguaje y a la acción. Hashem creó la Torá 2,000 años antes de crear el mundo, es decir, que la intención verdadera de la Torá precedía todo lo anterior. El mundo, y los mandamientos dados en el Monte Sinaí fueron solamente vehículos para transportar esta intención. El mundo del pensamiento – el mundo del jidush -es el objetivo real y final de toda la existencia.

Cuando Hashem le dijo a Moshé que la Torá entera de Rabí Akiva ‘surgió en Mis pensamientos ante Mí’, él le indicaba la naturaleza de la Torá de Rabí Akiva. Moshé había cuestionado la decisión de Hashem de dar Su Torá. Hashem le dijo que estuviera callado. La razón es que si Hashem hubiera dado primero la Torá de jasidut con sus millones de detalles, no hubiera habido oportunidad para las personas de convertirse en socios con él en la creación. Tenía que permanecer indefinida, ‘incompleta’, a fin de que las personas la mantuvieran voluntariamente. Así, Hashem dijo: Moshé, no digas nada, porque Yo tenía que dar primero tu Torá con su naturaleza tangible. Las personas necesitan tu estructura a fin de ser capaces de venir a hacer las cosas voluntariamente.

El pasaje concluye cuando Hashem le informa a Moshé de la muerte brutal de Rabí Akiva. él estaba aclarándole acerca de la cuestión clásica de por qué le pasan cosas malas a la gente buena.
El mundo de la naturaleza trabaja de acuerdo a las leyes de causa y efecto. Pones una semilla en la tierra y poco tiempo después crece una planta. Sin semilla, no hay planta. Así también en el mundo espiritual. La Torá y las mitzvot establecen causa y efecto. Si las realizas, obtienes recompensa. Si no las realizas, obtienes un castigo.
Sin embargo, la causa y efecto de recompensa y castigo, sólo se aplica a la Torá de Moshé. Uno que cumple la Torá de Moshé es fiel a las reglas que Hashem estableció en la creación, y así es recompensado en esta vida. No obstante, observando la Torá de Rabí Akiva –kedoshim t’hiyú – no es recompensado en este mundo – por lo menos no en términos materiales – porque precedió a la creación y así su recompensa no puede ser dada en términos de este mundo.

¿Qué tenía Rabí Akiva que lo hizo el representante perfecto de kedoshim t’hiyú? El sufrimiento.
Cuando Hashem nos aflige con sufrimiento, nuestra primera reacción es generalmente: no se espera mucho de mí. Soy libre de hacer lo que yo quiera porque ¿quién puede esperar que yo logre algo si estoy sufriendo tanto? La libertad para ‘actuar locamente’ es el sutil placer psicológico vinculado al sufrimiento.
Y existe legitimidad en este sentimiento. Sin embargo, la ventaja real del sufrimiento es cuando tomamos aquello en lo que nos permitimos ser poco estrictos y lo mantenemos más fuerte que nunca antes. Eso es kedoshim t’hiyú. Hashem te permite ir libremente con el sufrimiento, pero te apegas a él, santificando lo que es mutar laj, lo que te es permitido. Cuando lo haces, te conviertes en tu propia creación. Le das algo a Hashem que él no te obligó a dar.
ése era Rabí Akiva. Descendiente de conversos y analfabeto hasta la edad de 40 años. ¿Quién podía esperar mucho de él? Las limitaciones de su nacimiento y de su formación no fueron por sus acciones. Trató de ser una persona honesta, una buena persona. ¿Podía alguien haber esperado que a la edad de 40 años se hiciera un erudito de la Torá?’ No obstante, porque lo hizo, se volvió no sólo un gran judío sino Rabí Akiva.

Al final de su larga vida, cuando fue torturado hasta la muerte, lenta y públicamente, encontró su jasidut interno para pronunciar con dicha: Shema Israel, Hashem Elokeinu, Hashem ejad, ‘Escucha Israel, Hashem es nuestro D-os, Hashem es Uno’. Bajo tal intolerable dolor, nadie hubiera podido culparlo si no hubiera sido valiente como lo fue o si hubiera verbalizado alguna queja acerca de su destino. Aún así, como le dijo a sus discípulos que estaban cerca de él mientras los romanos desgarraban su carne, él había esperado su vida entera para este momento: el momento en el que estuviera completamente libre de arrojar todo, y que lo pudiera ofrecer libremente a Hashem.

Moshé dijo a Hashem: Tú me mostraste su Torá -me demostraste la Torá de kedoshim t’hiyú – muéstrame su recompensa. Hashem le respondió mostrándole la muerte de Rabí Akiva. En esencia, Hashem le estaba respondiendo: su recompensa es el sufrimiento. En el lenguaje de Jazal esto se llama: tzadik verá lo, una persona justa a quien le pasan cosas malas.
A veces, la recompensa de alguien comprometido a ser socio con Hashem es ra lo, le pasan cosas malas. Hashem siempre lo absuelve enviándole sufrimientos. Lo libera del na’asé y le permite comprometerse con su propio nishmá. El tzadik se santifica a sí mismo dedicándose más a Hashem, aun cuando le estaría permitido quejarse y quizá rendirse.
El clímax del tzadik ocurrirá en el tiempo anterior a la llegada del Meshíaj. Mientras más tzadik sea una persona -más entiende, más está comprometida a ser un Akiva ben Yosef- más oportunidad de santificación le va a dar Hashem. La recompensa de la Torá de Rabí Akiva es que Hashem esconde Su rostro, oculta Su presencia y permite al tzadik ganar su propia recompensa, crear nuevamente su propio ser. Esto Moshé no lo podía entender al principio. ‘¿ésta es su Torá y ésta es su recompensa?’, le preguntó a Hashem.
Hashem le explicó, ‘Esto surgió en Mi pensamiento’. La Torá de Rabí Akiva es algo que precede a la creación. Si Yo lo recompensara en este mundo, él sería guiado a realizar su jasidut debido a la recompensa. Esto, a su vez, limitaría su libertad de ofrecerse voluntariamente y por lo tanto, frustraría el propósito entero de kedoshim t’hiyú.

Por siglos y siglos hemos vivido en una época marcada por un episodio inverosímil de sufrimiento judío tras otro. Esto es llamado la era de yemot haMeshíaj, la era del Mesías. El símbolo de esta era es Rabí Akiva. Despojado de toda recompensa material, el judío promedio no puede ser culpado realmente por continuar en los pasos de la asimilación y alienación del judaísmo. No obstante, aquél que hace teshuvá y hasta prospera en estos tiempos, se santifica a sí mismo en lo que es permitido. ésas son las personas que están utilizando verdaderamente la oportunidad única de ésta relativamente breve ventana en el tiempo. Se elevan por sobre la creación y realmente se vuelven socios con el Creador en los trabajos de la creación.

Cada uno de nosotros debe preguntarse a sí mismo durante el período de la sefirá hasta Shavuot: ¿Qué Torá me estoy preparando para recibir? ¿La de Moshé o la de Rabí Akiva? La respuesta es: primero, debemos esforzarnos en graduarnos en la Torá de Moshé. Luego, tenemos que sumergirnos en la Torá de Rabí Akiva.

Rabí Ezriel Tauber

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