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La Armonia Universal
La armonía universal
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¿Puede el humanismo humanizar al hombre?

La historia de acuerdo a la espiritualidad de Israel tiene un sentido, una dirección y un objetivo al cual el hombre deberá inexorablemente arribar: la armonía y el bien absoluto, lo denominado en el lenguaje de la Kabalá Ein Sof: la Plenitud Infinita.
La finalidad del sistema de vida propuesto por el judaísmo a través de la Torá tiene como objetivo el logro de una sociedad altruista como medio para que el hombre alcance su perfección y armonía. Dicha perfección sólo podrá surgir cuando la humanidad logre sobreponerse al mundo material como un fin en sí mismo y alcance el Bien, el mundo del Creador, denominado en el lenguaje espiritual de Israel: Kadósh Barúj Hú.

¿Por qué surgen los conflictos?
Todas las crisis y los conflictos que surgen a lo largo de la historia son el resultado de la implementación de proyectos, sistemas y formas de vida contrarias a los principios y leyes que rigen la Creación. Sean de la naturaleza, perceptibles a través de los sentidos como la ecología. Sean del espíritu, perceptibles a través de la inteligencia y el alma como no codiciar, no engañar, etc.
La Torá y todos los textos tradicionales judíos nos enseñan, desde variadas perspectivas, cómo armonizar la energía de la vida: el deseo. Así podemos disponer de la didáctica espiritual necesaria para superar y armonizar finalmente las crisis y los conflictos que aparecen en cada etapa de la historia personal y universal.

La civilización
Nóaj (Noé) es el ser humano que inicia una nueva civilización sobre la tierra luego que un mundo basado en el mal desaparece.
La vida de Nóaj se desarrolló en medio de una generación cruel, en la cual la violencia y la promiscuidad eran la norma. Nóaj reconoció, previo a la revelación colectiva de los principios civilizadores expresados en la Torá, algunas de las formas en que la humanidad se autodestruye.
Nóaj, luego del diluvio, instauró un mundo fundado en los principios del respeto mutuo por la vida, la propiedad y la familia, pero no fueron suficientes para crear una humanidad mejor.
Abraham, a partir de la experiencia de Nóaj comprendió más profundamente la problemática humana. Su ideal no era sólo el de una conducta civilizada contra el salvajismo prediluviano.

La idolatría
Abraham lucha contra la idolatría. La idolatría del ser humano que rinde culto al ámbito material-sensorial y a sí mismo en oposición a una vida dedicada al prójimo y a los estados superiores del Ser como medio para que toda la humanidad alcance su armonía.
Moshé (Moisés) posteriormente lleva este concepto a toda una nación, con un código cuyo propósito no es civilizar a la humanidad como un fin en sí mismo, sino con la Torá, cuya finalidad es lograr universalmente el objetivo de la Creación, ya des-cubierto por Abraham: la unificación de todas las voluntades con el objetivo de alcanzar el altruismo y así revelar lo infinito.

Etapas de desarrollo espiritual
Nóaj, Abraham, Moshé, David y Mashiaj (Mesías) representan cinco etapas que cada ser humano y la humanidad van alcanzando en su desarrollo espiritual.
El Rey David reveló cómo los principios espirituales pueden funcionar en un sistema de gobierno humano. La denominada era mesiánica impulsará a la humanidad a elevarse por sobre la naturaleza instintiva: el egoísmo, hacia la armonía y perfección del mundo: el altruismo. Pero, un mundo finito no puede contener una perfección infinita, por ello finalmente dicha realidad se proyectará aún más allá del ámbito material-sensorial revelando así la plenitud infinita donde realmente todo y todos somos Uno.

Nóaj no es suficiente
Nóaj educó a sus contemporáneos en cuanto a valores morales y de justicia se refiere, lo para nuestra época sería el humanismo.
A ello se debe que el Zóhar nos exprese: “En las generaciones de Abraham, Moshé y David, Nóaj no aporta nada”.
Luego de que Abraham, Moshé, David, el Ari’zal y el Baal Shem Tov revelaron que el deseo es la energía que impulsa todos los procesos del alma humana, la bondad básica de Nóaj, el humanismo de nuestros días, resulta insuficiente ante los desafíos y compromisos que nos exige el presente y los tiempos por venir.

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