HALEL
Bamidbar
El alma en el relato de la Torá
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Pinjás

Los midianitas vieron que con la fuerza no podían doblegar al pueblo de Israel, comprendieron que el poder de Israel se basa en la fidelidad a Principios Superiores Espirituales. Entonces instruyeron a sus hijas para que perviertan a los hijos de Israel.
Zimrí, uno de los jefes de la tribu de Shimón fue atraído por una mujer de Midián y frente a los ojos de todo Israel Zimrí la tomó de acuerdo a su criterio personal transgrediendo los Principios Espirituales. Ante semejante situación y previendo las consecuencias de tal comportamiento público de un líder (lo que marcaría un precedente a imitar y por consiguiente la pérdida de la fuerza espiritual y la continuidad de Israel) Pinjás mata a Zimrí y a Kozbí la mujer midianita. HaKadósh Barúj Hú le comunica a Moshé: Por tal conducta Yo le confiero a Pinjás Mi Pacto de Paz.

Las potencialidades del alma
Las diferentes personalidades que la Torá describe indican las potencialidades del alma y la forma de activarlas. Cada situación indica un desafío espiritual que el alma deberá superar en su proceso por alcanzar la armonía universal.
Zimrí, uno de los jefes de la tribu de Shimón, toma a Kozbí una mujer midianita. El vocablo Midián, pueblo al cual pertenecía Kozbí, posee las mismas letras que la palabra hebrea dimión que significa imaginación.
Cuando escapamos de nuestras responsabilidades la imaginación produce imágenes mentales, ídolos a quienes queremos imitar y así, casi sin darnos cuenta, nos vamos debilitando hasta perder nuestra identidad.

Universos paralelos
La Kabalá nos enseña que existen cinco universos paralelos denominados Adám Kadmón, Atzilút, Briá, Ietzirá y Asiá. Adám Kadmón y Atzilút son universos totalmente espirituales, Briá es un universo inteligible, aprehensible mediante la mente mientras que Ietzirá y Asiá son universos sensibles y los más familiares para la mayoría de los seres humanos, la percepción emocional y sensorial de la realidad.
Ello es similar al proceso de escribir un libro, un tratado de medicina, por ejemplo. El libro es creado en la mente del autor respondiendo a un objetivo: curar y prevenir las enfermedades. El objetivo sería el plano espiritual, pero para que éste se concretice el autor deberá previamente ordenar sus ideas y posteriormente plasmarlo en el papel.
El proceso del lector es inverso, a partir de la palabras escritas por el autor tendrá que discernir hasta alcanzar el objetivo, desde lo tangible deberá aprehender lo inteligible -los principios de la medicina allí expuestos- para alcanzar la sabiduría a partir de la cual el autor concibió el libro.

La Causa que antecede a todas las causas
La multiplicidad de componentes que integran la realidad pueden ocultar o revelar la causa que los produjo. La multiplicidad sería como un puente, mientras que para algunos es visto como aquello que los separa, para otros es percibido como objeto de unión. Complejidad y sofisticación ocultan una relación simple que en primera instancia aún no estamos preparados para percibir. De la misma forma que el uno precede a los demás números y la unidad precede a la multiplicidad, existe una Causa que antecede a todas las causas.

El objetivo del Autor
Imaginemos que ante un tratado de medicina dediquemos horas analizando el diseño de las tapas, la calidad del papel, contando las letras y las palabras que lo conforman; de esa forma nunca llegaremos a curar a nadie. Así sucede con nuestro mundo: está poblado de objetos y situaciones pero debemos utilizar nuestra mente para discernir en su objetivo y no solamente quedarnos en lo exterior, la valorización descriptiva y estética del mundo. Así como las letras escritas con tinta sobre el papel encuadernado son medios para alcanzar el objetivo del autor del libro, así este mundo es un mensaje para descifrar el objetivo de su Autor. El objetivo que nos proponemos alcanzar con el estudio ya existe previo a nuestra lectura y, más aún, existe en la mente del autor antes de que escriba el texto. Así la sabiduría que rige el universo es anterior al mismo, como el plano que antecede al edificio.

«Todos los ríos van al mar mas el mar nunca se llena. Al mismo lugar hacia el cual los ríos se dirigen, allí regresan»
Kohélet –Eclesiastés 1:7

Dice Rabi Jía (Zohar, parashá Pikudei) que los ríos indican el torrente de las fuerzas espirituales: las sefirót. El hombre toma contacto con las fuerzas espirituales cuando estas se revisten en sus sentidos, sentimientos y/o pensamientos. El gran mar señala al universo-realidad espiritual denominado en el lenguaje de la Kabalá Olám Atzilút -Mundo de la Emanación o de la Cercanía. El Olám Atzilút es el universo de la Voluntad Superior, la que está en armonía con los principios objetivos y que nutre a los tres mundos inferiores: Briá, Ietzirá y Asiá que señalan al pensamiento, la emoción y a los actos, respectivamente.

Visualizando lo que no está presente
El discernimiento inteligible nos permite a partir del lenguaje correspondiente visualizar y transmitir algo que no está presente materialmente, algo que existe en un universo paralelo.

¿Quién es Sabio? Quien prevé lo que va a nacer
Talmúd de Babilonia, tratado Tamid 32:1
La experiencia de nuestros días refuerza el concepto de coraje que nos enseña la Torá.
El coraje surge en quienes prevén lo que va a nacer, los que visualizan algo que aún no está presente.
Aquel que sacrifica la paz por la calma se hace cómplice de los enemigos de la paz. No puede haber paz si no está basada en la verdad y en la justicia. Nunca lograremos construir una nueva realidad basados en la imaginación. El futuro pertenece a la cooperación, sólo la unión en base a principios Superiores trae la paz. Un futuro mejor depende de la rectitud y no de una política de compromisos con el terror. Pactar con el terror señala la debilidad del liderazgo de Zimrí quien «olvida» la Torá y actúa instintivamente ante la tentación de la mujer midianita. Zimrí decide basado en sus fantasías y así sacrifica lo trascendente por lo presente. Pinjás señala la fuerza interior que prevé lo que va a nacer, entonces podemos fundamentar nuestras vidas en el auténtico coraje, aquel que resulta de los Principios Superiores Espirituales.

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