HALEL
Arquitectura de la mente
Mente y cuerpo
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Pensamiento

« Ante los controles de una poderosa fuente de energía se debe ser muy preciso. La misma energía puede crear o destruir, depende de la forma en que la utilicemos »

De acuerdo a la Kabalá la función del pensamiento consiste en discernir entre nuestros deseos, previendo las consecuencias de nuestros actos Cuando el hombre piensa no (ver Cuatro formas generales). hace más que racionalizar sus necesidades, anhelos, deseos y en última instancia su voluntad (consultar Emuná…). . Pero para tomar la decisión de concretizar o no nuestros deseos, cuándo y de qué forma, debemos confrontarlos a un objetivo. Sólo después de esto puede surgir la posibilidad de elegir y desarrollar la voluntad. El objetivo nos hace tomar conciencia de nuestro deseo y sólo así podremos generar la voluntad para canalizarlo correctamente. El deseo es innato e inconciente, en cambio la voluntad es conciente y adquirida. El deseo en su forma instintiva es denominado por la Kabalá «ratzón lekabel», voluntad de recibir, egoísmo. En cambio, a través del trabajo conciente en la Torá y las mitzvót (consultar las mitzvót, mitzvót bein adám lejaveró…  y mitzvót asé…) se lo puede transformar en voluntad de dar, altruismo, en hebreo «ratzón lehashpia».

Cuando los hombres des-cubren determinadas combinaciones para implementar la energía, deben tomar conciencia no sólo del aspecto técnico, del dinero que se obtendrá con la «venta de la fórmula», sino que también es imprescindible prever su correcta utilización para el bien de la humanidad.
Este es el desafío al cual la Torá nos enfrenta desde el principio de la Creación: En el «Paraíso», en hebreo Gan Éden, el árbol de las vidas [20] representa la fuente de la Sabiduría, y el árbol del conocimiento del bien y del mal la fuente de la experimentación. El primero nos señala la índole espiritual, lo interior, las causas y los objetivos, mientras que el segundo indica la manifestación exterior, las consecuencias en el plano material-sensorial, (ver items 5, 25, 27, 44 y 45).

Cuando el hombre actúa de acuerdo al árbol de las vidas adquiere la Sabiduría para evitar el sufrimiento, ya que aprende a discernir entre el bien y el mal (véase El bien y el mal). Luego puede «probar» del árbol del conocimiento del bien y del mal, dándole la forma correcta a la manifestación de su voluntad: altruismo.

El árbol del conocimiento del bien y del mal conforma el ámbito sobre el cual el hombre debe discernir aplicando el conocimiento adquirido de la Torá, que es el árbol de las vidas.

Ante los controles de una poderosa fuente de energía se debe ser muy preciso. La misma energía puede crear o destruir, depende de la forma en que la utilicemos. Debo conocer el manual que preparó el creador de dicho mecanismo para activarlo en la forma correcta y no causar daño.

Cuando la mente discierne dentro de parámetros objetivos y no en mera especulación intelectual, surgen pensamientos positivos que nos dirigen hacia la realización del bien. El pensamiento imprime la intención y dirección, en hebreo kavaná, hacia el objetivo que nos impulsa a realizar la mitzvá.

El estudio de la Torá en todos sus niveles (Pardés [21]), nos ayuda a comprender más profundamente la kavaná, intención y dirección, en la aplicación de las mitzvót. La kavaná es la sabiduría de cómo orientar la mente, para des-cubrir las leyes objetivas de causa y consecuencia que generan todos los ámbitos de la realidad.

[20].- El vocablo hebreo jaím/vidas es un plural que no posee singular
[21].- El concepto pardés es explicado en el ítem 52

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