HALEL
El camino del hombre
La Torá, un proyecto universal
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No tendrais deidades ajenas

« Cuando el hombre no comprende que la vida tiene un único origen y una sola fuente, cae en una percepción caótica, creyendo que todo es casual, sin orden ni objetivo »

La multiplicidad de aspectos de la Creación no son sino diferentes formas que adquiere la energía creadora ante nuestra percepción.
De la misma manera en que la energía eléctrica activa distintos artefactos generando calor, frío, luz, etc., la energía creadora adopta diferentes manifestaciones ante la percepción humana. Pero nosotros no debemos dejarnos confundir por ello, sino que debemos saber que todo proviene de la misma fuente.

Shemá Israel haShém Elokeinu haShém Ejád

Cuando el hombre no comprende que la vida tiene un único origen y una sola fuente, cae en una percepción caótica, creyendo que todo es casual, sin orden ni objetivo.
La casualidad no puede crear nada inteligente. Sólo hay creación en base a un objetivo (ver items 11 y 12).

Si sentamos a un mono frente al teclado de una computadora y éste comienza a teclear, ¿escribirá alguna vez algo coherente: un tratado científico, un libro, un poema, una frase? Tal vez luego de muchos años de teclear encontremos algunas palabras aisladas. La casualidad no crea absolutamente nada. Toda persona que haya desarrollado un proyecto, bien sabe que sólo una voluntad perseverante guiada por una meta determinada puede crear algo inteligente.
Al reflexionar sobre la Creación, concluímos que sólo puede ser producto de una Conciencia Suprema en pos de un objetivo.

Las deidades surgen cuando nuestra percepción se limita al ámbito material-sensorial, cuya influencia, como vimos en los items 2 y 58, nuestros Patriarcas lograron superar; creando así una nueva forma de percibir la realidad: el judaísmo.
Las deidades son producto de nuestro egoísmo e ignorancia, que muchas veces nos inclinan a justificar debilidades en lugar de enfrentar la realidad con lucidez y altruismo.

Si toda la realidad es generada por una Conciencia Suprema -el Kadósh Barúj Hú– con un objetivo, como vimos a lo largo del libro, significa que hay un orden que nos compromete asociándonos a Su proyecto, en el cual nada es dejado al azar y del cual todos los seres somos parte inmanente (ver La armonía universal).
Dicho proyecto no es ni más ni menos que el logro del altruismo que conduce a la unificación de toda la realidad con su Fuente y Origen.

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