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¿Por qué no puedo tener lo mejor de ambos mundos?

Extraido del libro ‘Preguntas’ de Rab Moshe Speiser, traducido al español por Rab Jonathan Berim, editado por Judaismo Academico, todos los derechos reservados’

A muchas personas les resulta difícil llevar a la práctica el autocontrol y necesitan concretar sus deseos para poder disfrutar de la vida. Un argumento frecuente es “Quiero divertirme y disfrutar ahora; me conformaré con una porción pequeña en el próximo mundo.” (¿No es incluso una pequeña porción mucho, cuando dura para siempre?) O dicen que van a divertirse ahora mientras son jóvenes y más tarde van a serenarse y enderezar sus vidas. En pocas palabras, “¿Por qué no puedo tener lo mejor de ambos mundos?” Hay algunas razones por las que dichos criterios no son sinceros o convenientes.

En primer lugar, vamos a definir la palabra “diversión”, ya que tiene diferentes connotaciones para diferentes personas. Diversión es hacer algo que dé placer, entretenimiento, goce o emoción. Podemos dividir la diversión en tres categorías básicas: significativa, sin sentido y peligrosa.

Una experiencia de diversión significativa puede ser una salida familiar, en la que los miembros de la familia disfrutan de la compañía de los otros y construyen una conexión más fuerte entre sí. Lo mismo ocurre cuando se trata de amigos, se trata de una experiencia que conecta y nutre las relaciones de unión. Jugar a la pelota o hacer ejercicio con la intención de mantenerse sano también se incluye en esta categoría.

Una experiencia de diversión sin sentido podría ser, por ejemplo, subir a una montaña rusa. Para algunas personas es una forma de divertirse, pero no tiene un sentido profundo para ellas. Aunque no va a ser perjudicial para su futuro (a menos que se caiga o grite tan alto que se arruine la voz), no aporta nada a su existencia más que una fugaz emoción.

Las experiencias de diversión peligrosa incluyen el comportamiento promiscuo, consumir drogas o alcohol, conducir peligrosamente o conducir sin licencia. Aunque estas actividades pueden parecer divertidas, es probable que dañen el futuro de la persona.

Casi todo el mundo necesita pasar un buen rato. Ayuda a recargarnos, lo que nos permite desempeñarnos correctamente. Especialmente los adolescentes necesitan tener diversión en sus vidas, ya que esto les ayuda a estabilizar su equilibrio emocional. Sin embargo, la diversión debe ser proporcionada en la medida adecuada y de tal manera que sea útil para el futuro. En caso contrario, se convierte en contraproducente.

Experiencias de diversión significativas crean sentimientos de satisfacción, autoestima, felicidad y complacencia en la persona.

Experiencias de diversión sin sentido dejan a la persona con un vacío, una sensación interior de “¿cuál era el objetivo de todo esto?”

Un grupo de personas fue consultado sobre qué harían si sólo les quedaría una semana de vida. La mayoría dijeron que pasarían el tiempo con sus familias, lo que indica que la gente prefiere hacer algo significativo en sus últimos momentos a “comer, beber y divertirse”. Inherentemente, las personas sienten que deben obtener tantas experiencias significativas como sea posible a lo largo de la vida.

Cuando una persona es joven, piensa que le queda mucho tiempo para ocuparse de las cosas significativas, de modo que ahora puede dedicarse a la diversión sin sentido o peligrosa. Por alguna extraña y desconocida razón, muchos adolescentes sienten que son invencibles y nada malo les sucederá nunca (incluso al conducir en estado de ebriedad a 160 km/h).

Examinemos a las personas que están muy implicadas en la diversión pasajera y veamos si la diversión que están experimentando los conduce realmente a una vida feliz.

Los placeres mundanos se encuentran mayormente en la imaginación. Vemos algo que parece atractivo y seductor, por ejemplo: una chica / chico, un coche de lujo nuevo, una ropa elegante, un viaje alrededor del mundo o similares, y sentimos que nos faltan cuando no los tenemos. Nos imaginamos teniéndolos y disfrutando de ellos en nuestras mentes. Luego intentamos adquirirlos. Cuando lo conseguimos, sentimos que llena nuestra “falta” y eso nos gratifica.

Esta satisfacción dura sólo por un corto período de tiempo, por dos razones. En primer lugar, la adquisición no es intrínsecamente satisfactoria, ya que las cosas materiales nunca pueden satisfacer a la persona en su totalidad (rúaj* y neshamá*). En segundo lugar, ahora que lo tenemos, la emoción y la satisfacción de alcanzar y llenar este vacío ha terminado. Tendremos que buscar otra cosa que perseguir. Por esta razón, la gente no está satisfecha con lo que tiene – la satisfacción de rellenar la falta se termina, y lo que se tiene no es algo que realmente crea la felicidad. Así uno imagina que la siguiente meta será “la” verdadera, la que lo hará feliz. “Si logro obtener esto, entonces voy a ser feliz”. Así ocurre que la persona está en constante búsqueda de nuevas fuentes de placer – las antiguas cosas simplemente no lo complacen más.

Si involucrarse en demasía en temas físicos, carentes de sentido, no logra la felicidad, ¿por qué hacerlo? ¡¿Por qué esperar hasta tarde, gastando tu vida en vano, cuando puedes llevar una vida productiva e intrínsecamente feliz ahora?! Tu vida adulta se basa en tu juventud, ¿por qué construir una base inestable? Estas son cuestiones dignas de tu seria consideración.

Hay otra razón por la cual la filosofía de tener lo mejor de ambos mundos no es útil. Recuerda un momento en el que sufriste un gran dolor. Podría haber sido un corte grave, un choque eléctrico o cualquier otra situación similar. Entonces imagina que, tras el consumo de una comida agradable específica, inevitablemente re-experimentas ese dolor. Si este fue realmente un dolor intenso, es dudoso que vuelvas a comer ese alimento en particular, no importa cuán bien sepa. Incluso si llegaras a comerlo, probablemente no lo disfrutes tanto, a sabiendas de lo que te sucederá a continuación. Por el contrario, si cada vez que experimentaras cierta molestia fueras recompensado con una enorme suma de dinero, encontrarías que el pago vale la pena. La analogía es evidente. Nuestras acciones tienen consecuencias.

¿Por qué no sentimos temor por los dolores o deseo por los placeres del mundo por venir? Puesto que nunca hemos experimentado el dolor del Guehinom* o el placer de estar cerca de Dios*, no los percibimos como algo real, por lo tanto no los tenemos en cuenta.

Con el fin de hacer una evaluación honesta sobre si vale o no la pena disfrutar de este mundo a expensas del siguiente, la persona necesita visualizar al mundo por venir como una entidad real. ¿Cómo te sentirías si tus padres o algún otro pariente decidieran dar a los demás miembros de la familia una gran parte de su dinero y darte a ti una porción mucho más pequeña? ¿Lo aceptarías felizmente o no? Y, de la misma manera, si antes de hacer alguna maldad imaginas que más tarde obtendrás una descarga eléctrica (el Guehinom* es todavía más chocante), ¿no lo pensarías dos veces antes de hacerlo?

¿Estás seguro de que estarás contento con una porción pequeña en el Mundo por Venir?

Un tercer punto a tener en cuenta es que cuando una persona se involucra profundamente en la búsqueda de diversión, es difícil después detenerse y empezar a hacer las cosas bien. Cuanto más profundo uno se involucra en algo, más difícil es salir de él. Fíjate en cualquier adicto y verás como comienza con algo pequeño y se mantiene en curso hasta hundirse a un nivel nunca antes soñado. La indulgencia extrema en lo físico es similarmente adictiva.

El cuarto y principal punto es que todo lo que hemos discutido hasta ahora fue visto desde una sola perspectiva. Hemos estado viendo desde la perspectiva del “tomar”; que estamos aquí para recibir el “bien” de Dios*. Sin embargo, si queremos ser honestos, debemos mirar también a nuestra existencia desde la perspectiva del “dar”. Es decir, que “debemos” a Dios* nuestra devoción. Él nos ha creado, sin lo cual no existiríamos en absoluto. ¿No es lógico que uno tenga una obligación para con alguien que salvó su vida? ¿No es lógico que uno tenga una obligación para con sus padres sólo por que lo trajeron al mundo?

Ciertamente le debemos fidelidad a Dios* por habernos creado, por mantenernos vivos y por todo lo que Él nos da constantemente. Nosotros le deberíamos lealtad incluso si no consiguiéramos nada por ella. Tanto más si Él quiere que seamos buenos para recompensarnos por ello. Podemos comparar esto a un prestamista que recompensa al prestatario con una enorme suma de dinero, sólo por el cumplimiento de su obligación y el reembolso del pequeño préstamo que le otorgó. ¿Hay alguna razón para no hacerlo?

Muchas personas en el mundo están buscando sin éxito el sentido de la vida. Se preguntan, “¿Cuál es el propósito de todo este dolor y agitación interna dentro mío?” Muchos de nuestros jóvenes judíos están buscando sentido en diversos cultos, en el Lejano Oriente y en otras religiones, mientras que la respuesta se encuentra aquí, en nuestro propio jardín. La neshamá* judía necesita encontrar el significado y el propósito a la vida. Cuando tu neshamá* te dirige hacia el camino a Dios*, para conectarse con él a través de los medios que Él nos dio, entonces, y sólo entonces, tú sientes que la vida tiene un propósito. Sin un propósito en la vida, uno no puede ser feliz, no importa cuánto placer físico se esté experimentando.

Lo que se desprende de nuestra discusión es que la lucha contra nuestro iétzer hará (mala inclinación), que es tan difícil para nosotros, realmente debería ser nuestra mayor fuente de felicidad. Sí, es difícil. Sí, a menudo perdemos batallas. Sin embargo, si podemos tener en cuenta que es exactamente esta la razón por la que estamos aquí, que esta lucha vale la pena como ninguna otra, que todo conflicto interno que se gana da forma a nuestro destino, entonces sabremos que la vida tiene un propósito. Cuando entiendas “por qué estás en este mundo”, estarás listo y dispuesto a disfrutar de los retos de la vida.

Rab Moshe Speiser

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