Estudiando
Bamidbar
Estudio de los libros de la Torá
+100%-

Nasó

Primer comentario

Segundo comentario (Rab Daniel Oppenheimer, www.ajdut.com.ar)

Tercer comentario 

Primer comentario – La individualidad dentro de la Estructura

Iosi esta radiante. No solo va a ser esta semana su Bar Mitzvá, sino que le tocara leer la parashá mas larga de toda la Tora: “Naso”, nada menos que 176 versículos! Sus primos y amigos se alegran con el. Su padre, en tanto, le pide que preste atención al capitulo 7. Por que? Si bien Naso es la parashá la mas larga, tiene 89 versículos que son repetitivos.

En efecto, en doce sucesivos días, el príncipe de cada una de las tribus de Israel trajo al Santuario su propio conjunto de regalos y ofrendas. Por ejemplo el primer día vino el Príncipe de Iehuda, Najshon ben Aminadav, trayendo una fuente de plata que pesaba 130 shekel, un bol de plata 70 shekel de peso (ambas repletas de harina flor), un incensario de oro de 10 shekel de peso, y animales varios que totalizaban cinco bovinos, seis carneros, seis cabras y seis ovejas. El segundo día se acerco el Principe de Isajar, Netanel ben Tzuar, trayendo exactamente lo mismo que su antecesor. Y asi con todos los siguientes. Sorprendentemente la Tora repite la misma exacta descripcion 12 veces. Y cada uno de los principes dono EXACTAMENTE lo mismo! Esto parecería contradecir el principio básico de que la Torá nunca es superflua y no contiene ni una letra de mas (lo que es la base de muchas ensenanzas talmudicas). Uno debería preguntarse: “Por que no enumera simplemente las ofrendas traidas por Najshon y después dice que las demas tribus donaron exactamente las mismas cosas?”. La respuesta es que a pesar de presentar ofrendas iguales, cada uno de los principes realmente trajo su propia y única ofrenda.

En verdad hay todo un libro escrito basado en el Midrash (Bamidbar Raba13:13) que detalla como cada príncipe trajo cada item por su propia y especifica razón. Por ejemplo, el Midrash dice que cada uno trajo un bol de plata que pesaba 70 shekel y para un príncipe simbolizaba las 70 almas judias que bajaron a Egipto. Para otro representaba los 70 jueces del Sanhedrin. Para otro las 70 naciones del mundo. Para otro la edad de Abraham (70) en el Brit ben Habetarim (Pacto entre las partes, Bereshit 15), y asi sucesivamente. El hecho de que la Torá repite lo mismo 12 veces significa que aunque las ofrendas eran idénticas, cada una estaba sellada con su propio significado y sentido. Dice un Midrash sobre esta parashá que Di-s afirma: “Las ofrendas de los principes Me son tan queridas como la Canción que el Pueblo Judio canto junto al Mar”. La comparación surge de la palabra “Ze” usada en ambas referencias: Shemot 15:2 y Bamidbar 7:17. Junto al mar Rojo varios millones de hombres, mujeres y ninios cantaron las alabanzas de Hashem y gritaron: “Ze Keli v-anvehu“(Este es mi Di-s y Lo glorificare). Pero el versículo en verdad deberia haber dicho Ze Kelenu (Este es nuestro Di-s). Como es que millones de personas pudieron afirmar que “Este es MI Di-s personal”? Junto al Mar Rojo, cada individuo vio la misma cosa, pero cada uno la experimento en forma diferente, al grado de decir “Este es mi Di-s personal”. Y asi como lo del Mar Rojo fue una experiencia única y personal, asi tambien cada uno de los príncipes que trajeron una ofrenda única y personal.

Dentro de la estructura de leyes y preceptos dados por la Tora, cada judio posee una forma especial y única de servir a Di-s, siempre dentro de los lineamientos Divinos. El Rashba (Rabi Shlomo ben Aderet, Espania S XIII) decía que cada judio posee un particular conducto espiritual por el cual canalizar las enseñanzas de la Torá en una forma adecuada a su alma especial y única.

A través de la ley mosaica formamos esa diversidad mosaica que es el Pueblo Judio, pero por supuesto nunca fuera de las reglas. La Torá establece sus eternas e inmutables mitzvot para la expresión y la observancia judias, pero al mismo tiempo esta en nosotros el “buscar Su Presencia” individualmente con nuestros propios talentos y caracteristicas.


Segundo comentario – Un saludo para todos

“Buenos días, señorita” – decíamos los alumnos de aquel entonces, todas las mañanas cuando entrábamos al grado para aprender a escribir, a sumar y a tener buenos modales como el de saludar a las personas. Desde entonces tenemos asumido que “corresponde” – a quien pretende considerarse bien educado – saludar a toda persona conocida en cuanto lo vea. En esto coinciden plenamente los seres humanos de las más diversas extracciones, con la diferencia que su saludo puede variar en la forma de realizarse. Los militares tienen su propia venia y otros saludan con los gestos más diversos: algunos se besan, otros se inclinan respetuosamente a la distancia, otros aun se abrazan y se dan efusivas palmadas en la espalda, y otros poseen diferentes maneras o ademanes. En el idioma hebreo es corriente saludarse con la palabra Shalom, que sirve tanto para decir “hola” como para despedirse con el “chau”. La palabra “shalom”, sin embargo, no se reduce a una forma de saludo, sino que significa, a su vez “paz”, y, aparte de eso, no por casualidad, es uno de los nombres y atributos del Todopoderoso. ¿Qué hay de todo eso? ¿Por qué se utiliza un nombre de D”s para saludarse y por qué precisamente con la palabra “paz”?

Para comprender esto, debemos aclarar que el saludo no es únicamente uno de los modales de cortesía, sino un deseo, o, mejor expresado en términos del judío creyente, un rezo (a D”s) por el bienestar del semejante. En ese significado, ni siquiera es necesario que el beneficiado se entere de los buenos augurios, pues se debe bregar por su dicha tanto si él lo sabe, o no. (En cierta oportunidad, R. Natan Tzvi Finkel sz”l, pasaba por la ventana de una casa y saludó en aquella dirección. Un alumno que lo acompañaba, se extrañó, pues no veía a nadie en la ventana. A lo cual le respondió R. Natan Tzvi: “Nunca entendí a la gente que sólo desea bien al prójimo, cuando el otro la ve…”) Pues entonces, no existen verdaderamente los modales como una virtud en si. Los modales pertenecen a un juego de nuestro mundo occidental ficticio e hipócrita en el cual prima el concepto de “cómo quedar” por sobre el “cómo es”. Lo que la Torá espera de la persona es que realmente desee bien al semejante de corazón, aun si aquel no sabe de sus buenas intenciones. La demostración pública y la manera visible del ademán del saludo es un acto adicional al deseo sincero y sirve para que el semejante sienta que está acompañado, pues eso también le da fuerza y ánimo en su tarea personal. Entenderemos entonces, porqué la mención del nombre de D”s en el saludo. Más que un gesto hacia el otro, nuestra plegaria en el momento de ver al amigo (o el que aún no lo es), está dirigida hacia D”s para que le colme con buenaventura. El hecho que entre todos los nombres de D”s se acostumbre utilizar “shalom”, aquel que significa paz, integridad o armonía, es porque nada del mundo se puede realizar ni disfrutar, sin el beneficio de la paz y de la tranquilidad.

La forma de saludarse con el nombre de D”s no es nueva. En la lectura de Ruth, que se escucha en Shavuot, encontramos a Boaz que saluda a sus empleados que le están cosechando el campo con “Hashem imajem” = D”s con Ustedes, a lo cual éstos le responden “ievarejejá hashem” = que D”s te bendiga. A muchos que estén leyendo esto les sorprenderá saber que saludar a la gente es una obligación religiosa. A otros les costará aprender a realmente el desearle bien al otro. Lo segundo es indudablemente más difícil que lo primero. Pues la parte ostentosa del saludo, es cuestión de costumbre, mientras que cultivarse en la manera de anhelar permanentemente el bienestar del prójimo requiere un trabajo sobre las características humanas propias, que pocos están dispuestos a asumir.

Si analizamos la lectura semanal de este Shabbat, encontraremos que se le encargó a Aharón y a su descendencia la tarea de bendecir diariamente a los judíos. Es lo que conocemos por Bircat Cohanim (fuera de Israel, los Ashkenazim únicamente lo cumplimos en los días de fiesta). Uno se pregunta: ¿Por qué justamente Aharón? La respuesta la encontramos en su historia personal. Por qué mereció Aharón vestir sobre su pecho los Urim veTumim (nombres sagrados que formaban parte del pectoral que lucía el sumo sacerdote)? Contestan los Sabios: “Un corazón que se entera que su hermano menor fue agraciado con la tarea de convertirse en el mensajero Di-vino y líder del pueblo para extraer a los judíos de Egipto (en lugar de él mismo) y alegrarse de verdad sin ningún dejo de celos, se merece vestir este adorno…”. Es más fácil solidarizarse con el dolor ajeno, que fraternizar o adherir a su alegría (aun más, cuando uno mismo no la posee). Aharón es entonces el paradigma de aquel que aspira por el bienestar de los demás. Por lo tanto, no hay nadie más digno de bendecir al pueblo que Aharón. ¿Qué nos enseña el Sabio Hillel y nos exige que aprendamos de Aharón? “Ama la paz, busca la paz, ama a las personas y las acerca a la Torá” (Pirkei Avot 1). En la misma época de Hillel vivió otro famoso Sabio, llamado Shamai. Ambos fundaron importantes Ieshivot mencionadas a lo largo del Talmud. ¿Qué nos legó Shamai en su enseñanza? “Hevé mekabel et kol adam besever panim iafot” = recibe a toda persona con un buen semblante. No alcanza con sólo saludar. Se nos demanda tenerlo en cuenta y darle la debida consideración e interés (“besever“). A su vez se nos pide que se lo vea con el contacto facial, es decir: aproximarse a él y no atender a sus necesidades de reojo (“panim“).

Por último se habla de “iafot” = radiante. Es decir que la cara que ven los demás debe ser alegre y con una sonrisa. La expresión de un rostro alegre contagia a los que lo rodean y hasta puede cambiarle el día a nuestros seres queridos. Es más, en muchas instancias la alegría del semblante puede quitar los habituales prejuicios y resquemores que surgen entre los seres humanos por los malos entendidos que suelen ocurrir por error o por el hecho que dos personas tienen diferencias de opinión en algún ámbito. Por otro lado, los Sabios de Mussar, el estudio minucioso de rectificación de la conducta propia, consideran que la exhibición notoria de una cara triste es equivalente a la ley de “bor birshut harabim”, una foza peligrosa cavada de manera irresponsable en un lugar de tránsito público catalogada como acto sancionable en la Torá. El saludo diario hace sentir importante al oyente. Se cuenta acerca de R. Iojanán ben Zakai, uno de los Tanaím más importantes de la Mishná, que nunca una persona le adelantó el saludo, aun un desconocido en el mercado (tratado Brajot 17).

El Talmud es aun más severo con aquel que no responde al saludo y lo considera como que “roba a un menesteroso”, pues lo único que es posible quitarle al pobre que carece de todo lo material es el saludo que se le debe como ser humano. La cualidad que acabo de citar del Talmud acerca de R. Iojanán ben Zakai, caracterizó a todos los Sabios de la Torá en todos los tiempos. Yo tuve el privilegio de conocer a muchos e invariablemente mostraban alegría al saludar aun cuando yo era un extraño desconocido para ellos.

El R. Arye Levin sz”l, quien visitaba regularmente las cárceles de Israel se distinguió en esta meritoria actitud. Cuenta uno de los presos: “En uno de los Shabatot de 5499 (1939), vi a R. Arye que estaba saludando y conversando con un asesino (preso) de quien era difícil pensar que le quedaba algo del “semblante Di-vino”, me asombré y sospeché de la actitud de R. Arye quien estaba dispuesto a dispensar su amor a un homicida de su propia esposa, madre de sus hijos… “Al día siguiente, cuando me estaba quitando los Tefilín y el Talit, se me acercó aquel individuo y me solicitó que le prestara estos objetos sagrados. Dudé, conociendo el pasado de este hombre, pero dado que insistió, consentí en dárselos. Se colocó el Tefilín y comenzó a rezar del Sidur. Se me acercaron varios presidiarios para castigar a aquel hombre. “¿Desde cuándo este hombre dice Tefilá (rezo)? Seguro que se debe estar burlando de los objetos sagrados de nuestra religión!” Como demostración, aludieron a que se había colocado el Tefilín sobre la mano derecha (en lugar de la izquierda, como se debe hacer). “Dado que sabía que eran capaces de cualquier atrocidad, les pedí tiempo para analizar el tema. Cité al “interesado” y en confianza le pregunté por qué se había colocado el Tefilín de manera indebida. A lo cual me respondió emocionado: “Entendé, luego de la visita de R. Arye, reflexioné todo aquel día sobre mis acciones y decidí arrepentirme de mis crímenes. Sentí la urgencia de rezar. Pero… ¿cómo iba a colocar el Tefilín sobre mi mano izquierda que está impura por derramar sangre inocente? Por otro lado, la derecha aún está pura…”. “En aquel momento, comprendí la fuerza espiritual de nuestro maestro que lograba extraer las chispas sagradas del alma aun del propio barro.” Esta historia es auténtica. También la de R. Iojanan ben Zakai y la de Aharón. Cuánto nos queda por aprender! Por lo pronto, podemos saludar con respeto, cordialidad y afecto.

Daniel Oppenheimer

 


Tercer comentario – De quién es todo eso?

Hay un conjunto de versiculos algo misteriosos en la perasha de esta semana: “Y cada ofrenda de todo lo sagrado de los hijos de Israel que acercaren al Kohen (Sacerdote), de el sera. Lo sagrado de un hombre de el sera, y lo que un hombre da al kohen sera suyo“. (Bamidbar 5:9-10)

Este versiculo tiene tantas interpretaciones midrashicas y homileticas! Aun despues de que Rashi, el gran maestro de la explicacion de la Tora, aclara el simple significado del versiculo, afirma el que existen variadas interpretaciones de fuentes midrashicas. Obviamente esto necesita de una profunda interpretacion. Para que fin dare mi contribucion? Que quiere decir la Tora con eso de que “la ofrenda sagrada de un hombre, de el sera”. Como puede ser lo sagrado suyo? Y que quiere decir sagrado de todos modos?

Despues de todo, cuando uno dedica ofrendas al Templo, ya no son mas “sus” cosas sagradas, ya pertenecen al Templo. Una placa podria quizas aceptarse como reconocimiento, pero ciertamente que eso no es un certificado de titularidad. Si el versiculo se esta refiriendo a los articulos sagrados que posee un individuo, en ese caso parece tambien demasiado redundante: las posesiones de una persona son por supuesto suyas!

Hace algunos años, una ieshiva invito para su ceremonia de comienzo de cursos a cierto senador del estado norteamericano de Delaware para que ofreciera una conferencia. El senador fue invitado en razon de que era un buen amigo de un famoso filantropo y miembro de la comunidad local, ademas de buen amigo de la escuela. Despues de la ceremonia, un rab tuvo el privilegio de viajar con el senador y el hombre rico en la lujosa limousina de este ultimo. Se trataba de un vehiculo suntuoso y apropiado para llevar a los altos dignatarios y hombres de negocios que solian frecuentar al acaudalado businessman. Luego de andar por un rato discutiendo de todo, desde politica de Israel hasta temas concernientes a la educacion, algo en un rincon de atrás de la limousina llamo la atencion del rabino. Se trataba de un estuche de tefilin, una bolsa de terciopelo que contenia las sagradas filacterias que su dueno habia apoyado contra un rincon del parabrisas trasero. Sobresaliendo de la bolsita se veian los retzuot, las sagradas correas que unen al hombre judio con su Creador en el ritual diario. El rabino estaba sorprendido y perplejo al mismo tiempo. No estaba ni siquiera seguro de que el hombre guardara el kashrut (leyes de alimentos aptos segun la Tora). Sin embargo los tefilin estaban justo ahí, casi expuestos a la vista de todos, en la misma limousina en que se cerraban asuntos multimillonarios con prominentes hombres de negocio y se discutian importantes asuntos con prominentes estadistas.

Unas semanas mas tarde, el rabino visito al acaudalado filantropo en su oficina. Fue alli donde salto la pregunta. “No consigo llegar al punto. Por lo que yo entiendo, Ud. no es observante y su vehiculo constituye apenas un lugar de recepcion de rabinos. Sin embargo Ud. guarda sus tefilin en su auto, a la vista de todo el mundo. Por que?”.

Su limpia respuesta resuena hasta ahora en los oidos del rabino. “Cuando yo viajo llevo mis cosas. Esos tefilin son mis cosas”.

La Tora emite un profundo decreto que define no solo lo que tenemos sino tambien quienes somos. Aquellos de nosotros que pensamos que la vida, con todo lo completa que pueda parecer, con todo lo suculento que puedan gustarse los platos que ella sirve, no es mas que un fugaz momento en la gran escala de la infinita eternidad… que somos y que tenemos!

La Tora nos dice que, despues de que todos los “partidos” sean jugados y la multitud se retire del repleto “estadio”, tendremos solo una cosa: nuestras cosas sagradas. SON NUESTRAS. Los automoviles se rompen, las computadoras se destruyen, los satelites explotan, las fortunas decrecen y la fama vale tanto como el diario de ayer. Solo las cosas sagradas que hacemos, solo nuestros actos espirituales, sean en la relacion con nuestros semejantes o con nuestro Creador, ESO permanece. Esas cosas sagradas son nuestras! Siempre nos perteneceran. Es lo que nos acompania al viajar y eso es lo que podremos llevarnos. En este mundo y en el proximo.

Cuando empezaremos a cumplir mas mitzvot?

(Basado en Rab M.Kamenetzky)

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