Festejando
Reflexiones y comentarios
Shavuot
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Naase VeNishmá (Haremos y escucharemos)

(selección extraída del libro “Autoestima” por Ezriel Tauber, © Ed. Jerusalem de México)

Los judíos no celebran las festividades como meras fechas de aniversario. Cada año causa una expansión y profundización del mensaje transmitido la primera vez. Si Shavuot es la celebración del recibimiento de la Torá en el Monte Sinaí hace 3,300 años, entonces Shavuot este año nos dará un aspecto de la Torá que no recibimos el último año o ninguno de los años anteriores.
Cada Yom Tov (día festivo) decimos la bendición “Shehejeyanu…” que se traduce: “Bendito Hashem… Quien nos ha dado vida, nos ha sustentado y ayudado a alcanzar este tiempo”. ¿De qué estamos agradeciendo a Hashem? ¿De ser capaces de consumir más alimentos? ¿De ser capaces de dormir la siesta? ¿Estamos realmente agradeciendo a Hashem de hacernos llegar a este tiempo?
La respuesta es que este tiempo nos está enriqueciendo de una forma que nunca antes nos había enriquecido. Por lo tanto, agradecemos a Hashem permitirnos alcanzar este tiempo cuando recibimos un entendimiento nuevo que nunca nos había sido dado previamente.
¿Qué entendimiento nos da Shavuot, el día del recibimiento de la Torá?
Puesto de manera simple, nos da el entendimiento de na-asé venishmá.

Na-asé Venishmá

El segundo día de Siván -justamente unos días antes que recibiéramos la Torá – el pueblo judío le dijo a Moshé: “Todo lo que Hashem nos diga, lo haremos”. Moshé subió a la montaña y Hashem le instruyó enseñar dos mitzvot al pueblo que lo prepararían para kabalat HaTorá (el recibimiento de la Torá): prishut (separación de relaciones conyugales) y hagbalá (límites alrededor de la montaña). Cuando Moshé regresó con el pueblo el 4 de Siván, dijeron: “Todo lo que Hashem diga, na”asé venishmá haremos y escucharemos”. Repitieron “haremos” y añadieron “escucharemos” es decir, trataremos de entender.

¿Qué es lo que estos términos significan realmente? Si dijeron uno, ¿para que añadieron otro?
Podemos empezar respondiendo estas preguntas formulando otra: ¿existe alguna diferencia entre los mandamientos que observa un gentil – un verdadero gentil bueno que cree en Hashem – y aquéllos que un judío religioso observa? Más específicamente, los gentiles tienen siete mandamientos que deben observar – uno de ellos, por ejemplo, no robar – ¿existe alguna diferencia entre su mandamiento de no robar y el mandamiento judío de no robar?
A primera vista, uno pensaría que no hay diferencia. Sin embargo, sí existe.
Pregunta a un gentil ético por qué uno no debería robar, y te va a decir que si no existe respeto por la propiedad de otros no habría ley ni orden. La sociedad se destruiría. Por lo tanto, te contestaría que ya que la gente tendría una necesidad inherente de robar, es necesario contrarrestarla con las leyes en contra del robo. Es por esto que D-os nos ordenó no robar.
Rabí Eljanán Wasserman, zt-l, preguntó: Sabemos que cada ser humano será juzgado por Hashem un día. Sin embargo, ¿cómo puede Hashem juzgar a un gentil por no cuidar sus siete mandamientos? Puede decir que nunca oyó hablar de ellos. O decir que creció en una comunidad de ladrones y asesinos, con padres que eran drogadictos. ¿Cómo puede ser que el no observar los siete mandamientos sea usado en su contra?
Sin embargo, Rabí Wasserman respondió: los siete mandamientos son leyes exigidas por la lógica natural. Son instintivas. Su lógica inherente se nubla sólo cuando uno se corrompe. Así, de acuerdo a Rabí Wasserman, los gentiles son responsables de observar los siete mandamientos de Noaj no importando cuáles sean sus antecedentes, porque los siete mandamientos son naturalmente razonables. Tienen una filosofía en sí mismos. Y la filosofía dicta la ley.

Cualquier religión basada en los siete mandamientos de Noaj es una religión válida. Y más gentiles deberían ser seguidores fervientes de tales religiones. Sin embargo, cuando una ley es ley porque se adapta al entendimiento humano está, por definición, limitada al entendimiento humano. Sus objetivos son solamente para aquellas cosas que los seres humanos pueden concebir, el objetivo supremo es el funcionamiento armonioso de la sociedad. El problema con esto es que implica que D-os creó leyes con objeto de corregir la naturaleza humana. Sin embargo, si D-os hubiera querido, habría creado un mundo donde la naturaleza humana fuera perfecta, donde no hubiera pobres y nadie quisiera robar. Si sientas un mono a la mesa con un plato de dinero, ¿lo va a robar? No. No obstante, pon un plátano en el plato y sí lo hará. Hashem no le dio al mono la necesidad de robar dinero y él tampoco se la tenía que dar a los seres humanos. Por lo tanto, decir que la verdadera razón por la que uno no debe robar es porque la humanidad se beneficia con esta ley, es una falacia. Implica que Hashem tiene que reaccionar a las deficiencias del mundo. Hashem creó también las deficiencias.

“2,000 años antes de la creación del mundo, Hashem creó la Torá”

“No robarás” fue escrito 2,000 años antes que el mundo empezara a existir. Así, cuando llegó el tiempo para Hashem de crear el mundo, él preguntó: “¿Qué tipo de mundo necesita la Torá? Si la Torá dice “No robes” entonces debo crear un mundo donde la gente quiera robar”.
Por lo tanto, el argumento de que la Torá fue escrita para que la humanidad funcione bien es superficial. ¡La humanidad fue creada para cumplir la Torá!
Y es por esto que los mandamientos de los judíos difieren de los que corresponden a los gentiles. Para el gentil, el objetivo de la ley es por el bien de la humanidad. Para el judío, el objetivo de la ley es por el bien de D-os; sirve al Plan Divino. En verdad, además de servir al plan de Hashem, los mandamientos también mejoran la condición humana. Sin embargo, la responsabilidad principal y más grande de un judío es realizar los mandamientos porque de alguna manera cumple el Plan Divino al hacerlo así.

Si pudiera expresar una analogía, piensa en una computadora programada para ganar millones de dólares de valores de renta. Todo lo que requiere es que el operador contratado para usar la computadora siga las instrucciones hasta sus más finos detalles. Como un valor agregado, la computadora está programada de tal manera que si el operador oprime la combinación correcta de teclas en el momento adecuado, se produce una hermosa melodía. Por lo tanto, mientras la persona está ejecutando el programa también está tocando música hermosa.

Ahora, imagina que se le pregunta al operador después de usar la computadora durante varias semanas qué es lo que está haciendo. “¿Haciendo? ¿Acaso no puedes oír? Estoy tocando música hermosa”.
ésta es una respuesta tonta. Está en un proceso para ganar miles de millones de dólares y ¡todo lo que cree que está haciendo es tocar melodías! Hashem fue bueno con nosotros ya que mientras nos puso en la tarea de ejecutar Su propósito en la creación, nos dio la capacidad de gozar la “música” del momento. Los mandamientos de Hashem sirven un doble propósito. Cumplen Sus necesidades y las nuestras. Sin embargo, somos tontos si pensamos que todo lo que estamos logrando es aquello que podemos percibir que nos beneficia.

La Torá es una idea muy bonita. Mejora la vida familiar, la vida comunitaria, etc. No obstante, cumplirla solamente por esas razones es pensar en términos gentiles. Cumplimos la Torá porque Hashem nos dijo que lo hiciéramos; porque él nos dijo que podemos estar seguros de que nuestra observancia produce algo millones y millones de veces más grande que cualquier cosa que percibamos. Y después de eso la cuidamos por las razones evidentes, por el mejoramiento que trae al individuo y a la comunidad.

Los Sabios explican que la bondad de los gentiles es pecado, queriendo decir que cuando un judío sigue valores – aun valores religiosos – que están basados en razonamientos seculares y no judíos, es un pecado. Para los gentiles está bien. Todo debe ser explicable a sus mentes racionales. No obstante, para el judío, no robar u observar cualquier otro mandamiento paralelo de la misma forma que un gentil, es un pecado. Es por esto que la razón para que un judío no robe, debe ser diferente a la razón por la que un gentil no roba. Un judío no roba, primero, porque así dice en la Torá. Esto se llama, na-asé, haremos; lo vamos a hacer sin cuestionar, a pesar de que nuestras mentes racionales encuentren o no atractiva la idea. Lo haremos porque el Creador del cielo y la tierra dijo que lo hagamos. Después de eso, buscaremos nishmá, entendimiento.

El orden de na-asé venishmá es de suma importancia. El máximo objetivo de un no judío es entender con su mente racional todo lo que pueda. Después, y sólo después, procede a hacerlo. Esto es nishmá venaaasé, el entendimiento precede a la acción. El objetivo de un judío es más elevado porque se esfuerza en cumplir los mandamientos de Hashem aun si su mente racional le dice lo contrario. Na-asé venishmá transforma el intelecto de un instrumento que informa al cerebro humano acerca de todo lo que ve, a un instrumento que permite al cerebro humano entender más de lo que puede ver. Ver es creer, pero creer es más que ver.

Antes del Monte Sinaí el pueblo judío era todavía miembro de la raza humana. No tenían más elección que la de actuar sobre lo que el intelecto les decía. Sin embargo, en el Monte Sinaí se les dio acceso a una revelación más grande que el intelecto humano. Se volvieron judíos, miembros del pueblo elegido de Hashem.

Ezriel Tauber

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