HALEL
De la teoría a la práctica
El camino del hombre
+100%-

Mitzvót asé, mitzvót lo taasé

(IIa,b) La Torá no es determinante sino que nos ayuda a encontrar los parámetros de lo posible y necesario, lo bueno y lo malo, para cada etapa y momento. Las mitzvót de expansión (asé) y de contención (lo taasé) nos indican cuándo actuar o posponer nuestros deseos, limitándolos en pro de una futura expansión.

Cuando deseo algo ¿cómo sé si es bueno o malo?

La Torá nos brinda mitzvót, parámetros objetivos (no asesinarás, no robarás, etc.) a través de los cuales podemos discernir entre el bien y el mal y de esa forma prever las consecuencias de nuestros actos a corto y largo plazo (ver Cuatro formas generales). El bien y el mal no pueden ser definidos en sí mismos, bueno y malo, como fue explicado en el bien y el mal, dependen del objetivo. En la Creación algo es bueno o malo con respecto a una realidad más allá del sujeto que la experimenta. Somos buenos padres, buenos esposos, etc., o sea el bien y el mal se evalúan de acuerdo a lo que proyectamos a nuestro entorno. El Kadósh Barúj Hú todo lo hizo para bien y queda en nosotros, aprehendiendo las leyes de la Torá, desvelar la forma y el momento para extraer el bien oculto existente en cada ser y aspecto de la realidad. La misma energía que destruye puede construir cuando la aplicamos en la forma adecuada, ver ejemplo al final del item 71.
Como lo expresa el libro de Kohélet “Todo tiene su tiempo …”.
La Creación es el «gran proyecto» y como todo plan tiene sus principios y fases de desarrollo.

La Halajá le enseña al hombre el ritmo y la forma de relacionarse con dichos principios.
La Kabalá nos ayuda a comprender el plan a través del cual HaShem beneficia a las creaturas en forma infinita. A partir de estas bases se logra edificar una sociedad en la cual cada individuo asume la responsabilidad por su prójimo, lo que nos conduce a percibirnos como diferentes partes de una misma unidad (consultar La armonia universal).
Al tomar conciencia de la realidad a partir de dichos parámetros, comenzamos a vivenciar la mitzvá de “Amarás al prójimo como a ti mismo”, ya no en base a nuestro parecer y sentir momentáneos sino des-cubriendo que amar al prójimo como a sí mismo es una ley objetiva como lo son las leyes de la naturaleza en el ámbito material. Entonces podemos percibir el orden de causas y consecuencias a nivel de nuestros deseos, emociones y pensamientos, de la misma forma en que sucede con los fenómenos físicos.
Así, el bien se torna objetivo, ya que comprendemos que el principio “Amarás al prójimo como a ti mismo” -igual que el resto de las mitzvót contenidas en la Torá– trascienden la índole humana adquiriendo una dimensión de leyes universales, las únicas capaces de combatir la raíz del mal: el deseo egoísta de recibir.

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