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Bamidbar
El alma en el relato de la Torá
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Matot-Masei

Estos son los desplazamientos de los hijos de Israel por el desierto

El mundo puede ser ante nuestros ojos un gran desierto, un objeto vago, indeterminado, ante el cual no sentimos ningún compromiso o, el desafío en transformarlo en un gran oasis.

Todos, de una forma u otra, luchamos por construir y preservar nuestro oasis personal. Pero cuando olvidamos que el prójimo también precisa su propio espacio vital todos los oásis corren peligro de desaparecer.

El bien para todos
La mayoría de los conflictos mundiales se fundamentaron en una ideología. Lo que para unos representa su ideal para otros significa una imposición que rechazan. No ha surgido una ideología que la mayoría de los hombres acepte, a pesar de que la mayoría dice buscar una paz justa. La única idea que podría contar con el apoyo de la mayoría sería: “El bien para todos”.
El desafío sería entonces cómo implementar ese objetivo.
“El bien para todos” trasciende los elementos particulares que conforman a cada individuo, cultura y nación. Es la única ideología que nos puede brindar la posibilidad de un desafío universal.
Si todos decidiríamos ahora ¡ya mismo! que estamos dispuestos a aceptar el compromiso de lograr “el bien para todos” ¿qué es lo primero que sucedería? Surgirían ideólogos que definirían qué significa “el bien para todos” estableciendo las pautas a seguir y la forma de alcanzarlo. En poco tiempo estaríamos donde estamos ahora, ya que cada uno terminaría adhiriéndose a tal o cual corriente. Traducido a nuestra realidad son las diversas culturas, religiones, filosofías, etc. que definen a su modo en que consiste “el bien para todos”.

Espiritualidad y responsabilidad
Verdadera espiritualidad es ante todo responsabilidad. Pretender reducir la espiritualidad a un mero sentirse bien sería como recetar calmantes ante una epidemia; así nunca podremos curar a nadie ni detener la expansión de la enfermedad. La enfermedad es el egoísmo y el antídoto el altruismo. Hasta que no ataquemos la causa de la enfermedad y dejemos de perder el tiempo recetando calmantes que no hacen más que disimular los síntomas, continuaremos alimentando una ilusión, mientras la humanidad agoniza de egoísmo.

Idolatría, adicciones y calmantes espirituales
El egoísmo es la causa de toda falsa espiritualidad, denominado idolatría en el lenguaje espiritual de Israel. Idolatría señala las adicciones, los calmantes que no hacen más que hacernos perder la oportunidad de recuperar la salud. La idolatría que combate la Torá es la ilusión de que ciertos ejercicios respiratorios, determinadas posiciones corporales, el culto a deidades, ángeles y santos o en la actualidad el terror asesino-suicida podrán “salvar”, sin tener que hacer ningún esfuerzo personal para trascender nuestro egoísmo.
Superar la idolatría significa trascender las ilusiones y asumir responsabilidades.
La idolatría reviste el egoísmo en espíritus y fuerzas misteriosas que deben ser exorcizadas y que líderes demagógicos aprovechan para crear delirios colectivos, instigaciones a guerras santas y revoluciones; en síntesis, manipulación de las masas a partir de la ignorancia y el miedo.

Lo mío es tuyo, lo tuyo es tuyo
Cuando el plano material-sensorial se transforma en el objetivo final desembocamos en una estrecha percepción de la realidad y de nosotros mismos.
El ideal que todos debemos lograr de acuerdo a la Torá es “lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo”. El egoísmo idólatra, el terror suicida, en cambio, proclama “lo mío es mío y lo tuyo es mío”.

La justicia
De acuerdo a la Torá la justicia es : “lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo”, tal como lo expresara Rabí Akiva, el gran Sabio del Talmud y maestro de Rabí Shimón Bar Iojái, autor del Zóhar. “Lo mío es tuyo” significa que lo que yo poseo como individuo, no es sino para ayudar a mi semejante. Como el árbol que es valorado por el fruto que da, lo mismo ocurre con el hombre: es superior cuanto más da de sí a la sociedad.
“Lo tuyo es tuyo” refuerza a “lo mío es tuyo”; ya que cuando todos colaboramos con nuestro semejante y la comunidad sin esperar recompensa, todos nos beneficiamos. Si sólo yo me ocupo de mí, solamente una persona puede ayudarme: yo mismo. Por el contrario, cuando cada uno piensa en ayudar al prójimo, se expande el sentido de responsabilidad y surgen miles dispuestos a colaborar.

Lo que tengo, lo que soy
El egoísmo aumenta nuestra dependencia hacia el mundo material transformándolo en un fin en sí mismo. En general, nuestro deseo es incentivado por el anhelo de poseer más. Esto produce progreso material en un determinado sector a costa del desequilibrio social, el aumento del egoísmo y por ende la disolución de los valores espirituales; siendo el parámetro “lo que tengo” y no “lo que soy”. Lo que el hombre tiene le fue otorgado por HaKadósh Barúj Hú, y por dicha razón lo importante no es lo que tenemos, dado que eso no se encuentra bajo nuestro control, sino que el libre albedrío consiste en decidir cómo lo empleamos: en forma egoísta o altruista.
El deseo de recibir no se puede anular, es la esencia del hombre, la energía básica que nos mueve, ya que él es el recipiente del placer. De acuerdo a la Torá debemos educar nuestro deseo y darle la forma correcta: altruismo. De ese modo aprendemos a disfrutar haciendo el bien y tomamos conciencia de las necesidades de nuestro semejante; por ende nuestra percepción comienza a expandirse a todos los ámbitos de la realidad. Sólo entonces el plano material deja de ser el objetivo final, transformándose, ahora sí, en un medio para el verdadero logro: la plenitud del hombre.

Torá y sabidurías
Cada una de las diferentes ciencias, artes y formas de conocimiento existentes se concentran en determinados aspectos de la realidad humana. Por ello, debemos distinguir entre la Torá, conjunto de principios universales que conducen al hombre a equilibrar la realidad espiritual, mental, emocional y material-sensorial, y las diferentes sabidurías que actúan en aspectos específicos de la vida.
Toda ideología cuyo objetivo consiste en neutralizar la individualidad, iniciativa y libre albedrío, se encuentra en sentido inverso a la verdadera naturaleza del hombre.
El propósito de la educación debe ser ayudar a balancear dichas tendencias, que conforman las características humanas esenciales en un todo armónico.

El altruismo
Altruismo es el afán de procurar el bien del prójimo aun a costa del propio. únicamente a través de este gran esfuerzo la humanidad puede alcanzar la verdadera justicia y su armonía. Altruismo es la cualidad de lo completo, la fuerza a través de la cual alcanzamos nuestra Esencia denominada en el lenguaje de Israel HaKadósh Barúj Hú, Fuente Infinita de altruismo sin una pizca de deseo de recibir, ya que ¿de quién ha de recibir?
Lo verdaderamente Infinito que hay en el hombre, el altruismo, no se manifiesta automáticamente, sino que está latente en nuestro interior aguardando que deseemos y logremos crear las condiciones adecuadas para revelarse. Esto es similar al talento con el cual nacemos. Cada niño viene al mundo con una potencialidad, lo que tiene para dar de sí, como la semilla que contiene en potencia todo el árbol y los frutos que a través de él surgirán. Cuando la Torá es aprehendida de acuerdo a su mecanismo educativo, o sea sin distorsión, entonces alcanzamos el altruismo que logra activar el potencial humano, el talento para el bien. Cuando una cultura, una filosofía o una forma de vida genera una percepción parcial de la realidad, ignorando los valores espirituales, está destinada a desaparecer, ya que se basa en parámetros que no responden a la esencia humana. La auténtica naturaleza del hombre y la única forma de lograr la justicia es a través del altruismo.

Una educación integral
La Sabiduría de la Torá nos propone un sistema que no evade ni anula las necesidades existentes en el ser humano, sino que las armoniza. El principio general y mitzvá central de la Torá es amar al prójimo como a sí mismo. Es deber de cada uno ayudar a su semejante a encontrar su lugar y rol para que tanto el individuo, y por extensión la comunidad y el mundo, logren liberarse de su dependencia del deseo egoísta de recibir, raíz de todo los males.
La labor espiritual consiste en transformar el deseo de recibir en deseo de recibir para dar, altruismo. Y así como el cuerpo lucha ante una enfermedad, del mismo modo los hombres, células del gran cuerpo de la humanidad, debemos unirnos ante nuestro enemigo común, el egoísmo, la verdadera enfermedad espiritual del mundo.
La única forma viable de lograr dicho objetivo es la educación, dado que toda imposición es contraria a la espiritualidad. Pero no una educación simplemente intelectual e informativa, sino una educación integral y formativa.

Un nuevo mundo
Cuando alcanzamos el altruismo renacemos en una nueva dimensión. Allí comenzamos una vida superior, donde realmente somos. Es el ámbito en el que encontramos la auténtica libertad, entonces ya no tiene sentido volver al limitado mundo del egoísmo donde se pierde por completo el sentido de sí.
El desplazamiento de los hijos de Israel por el desierto señala el retorno a nuestra esencia, al altruismo.
La Torá en la óptica de la Kabalá nos des-cubre la auténtica espiritualidad donde alcanzamos otro modo de ser, de transitar por la vida con un objetivo: el altruismo, donde todo encuentra resolución.

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