HALEL
La estructura incorpórea
Los estados del alma
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Lo que nos une

La Sabiduría de la Kabalá nos introduce, a través de sus códigos y conceptos, a la comprensión de los mecanismos interiores que rigen la Creación; su objetivo es que la humanidad alcance el bien absoluto y la armonía universal a través del altruismo. De esta manera su estudio orienta al hombre a des-cubrir los principios universales, que por ende abarcan en última instancia a todos los tipos de personalidades y tendencias humanas.

La Kabalá, por ser la parte interior de la Torá, no es una materia separada de ésta sino que sintetiza, une y le da forma a la Torá como un todo indivisible.

Los diferentes estratos de comprensión de la Torá, como la Halajá, el Midrásh y principalmente la Kabalá -que incluye todos los niveles de la Torá– nos revelan la Sabiduría interior de la vida a través de la cual el hombre puede tomar conciencia de los verdaderos objetivos y de cómo alcanzarlos. Así superamos el ámbito caótico y de cambio constante que resulta al vivir reaccionando a nuestro sentir momentáneo. Esto sucede cuando logramos definir objetivamente dónde reside el bien y dónde el mal. De este modo surge la comprensión del objetivo del bien por el cual el Kadósh Barúj Hú manifestó la Creación, y así comenzamos a definir qué es realmente el bien y qué es el mal. Entonces el bien será “verdadero” y podrá acercarnos al objetivo.

La Torá nos dice que el Kadósh Barúj Hú “demoró” 6 días en crear el Mundo y 40 en dar la Torá a Moshé en Sinái.
Eso nos indica que no es suficiente con dar sino que debemos enseñar cómo recibir correctamente la Sabiduría. En hebreo, el verbo recibir proviene del vocablo Kabalá (recepción), es decir el conocimiento que nos enseña cómo recibir los diferentes grados de la Sabiduría que nos transmite la Torá.
La Torá, a través de sus Sabios, nos enseña cuál es el modo de aprehender la Sabiduría, pero será cada individuo de acuerdo a sus características espirituales quien des-cubra “su forma” de lograrlo. Decimos “su forma”, ya que cada individuo tiene una función irreemplazable en el logro de la armonía y cuando la alcanza se completa una nueva parte del gran “puzzle universal”.

La Halajá le enseña al hombre el ritmo y la forma de relacionarse con dichos principios. La Kabalá nos ayuda a comprender el plan a través del cual HaShem beneficia a las creaturas en forma infinita. A partir de estas bases se logra edificar una sociedad en la cual cada individuo asume la responsabilidad por su prójimo, lo que nos conduce a percibirnos como diferentes partes de una misma unidad.
Al tomar conciencia de la realidad a partir de dichos parámetros, comenzamos a vivenciar la mitzvá de “Amarás al prójimo como a ti mismo”, ya no en base a nuestro parecer y sentir momentáneos sino des-cubriendo que amar al prójimo como a sí mismo es una ley objetiva como lo son las leyes de la naturaleza en el ámbito material. Entonces podemos percibir el orden de causas y consecuencias a nivel de nuestros deseos, emociones y pensamientos, de la misma forma en que sucede con los fenómenos físicos.
Así, el bien se torna objetivo, ya que comprendemos que el principio “Amarás al prójimo como a ti mismo” -igual que el resto de las mitzvót contenidas en la Torá– trascienden la índole humana adquiriendo una dimensión de leyes universales, las únicas capaces de combatir la raíz del mal: el deseo egoísta de recibir.

En el plano material-sensorial llegamos al conocimiento a través de la experimentación y la actividad intelectual. En Torá y Kabalá no es suficiente. Para acceder a la Sabiduría debemos educar nuestros instintos, emociones y pensamientos, sobreponiéndonos a la atracción que ejerce la realidad material-sensorial cuando se transforma en un fin en sí mismo.

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