Impacto Hebreo
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Las Maravillas de la Historia Judía
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Las Siete Maravillas de la Historia Judía [1]

Extraído de Mas alla de toda duda

SOMOS LLAMADOS EL PUEBLO ELEGIDO (Éxodo 4:22 [1]; Levítico 20:24,26 [2] Deuteronomio 4:37,38[3], 7:6,7[4], 10:15[5], 14:1,2[6] ). Más aún, D´s Se llama a Sí mismo el D´s especial de Israel en más de 100 ocasiones en las Escrituras [7]. Pero, independientemente de los versículos arriba citados, ¿está usted convencido de que el pueblo judío es realmente tan especial? ¿Lo siente en sus huesos? Estudiando las “siete maravillas de la historia judía” veremos más evidencias sobre la verdad de la Torá misma, nos convenceremos de que hay una Divina Providencia y sentiremos más que nunca que el pueblo judío es el Pueblo Elegido de D´s. Los siete aspectos extraordinarios de la historia judía que nos enseña esto, son:

1. El status eterno y elegido del Pueblo Judío
2. Su misión como “luz para las naciones”
3. Su singular relación con la tierra de Israel
4. Su preanunciada capacidad para la renovación espiritual
5. Su preanunciada supervivencia, a pesar de su exilio y de su dispersión por todo el mundo.
6. Su preanunciada supervivencia a pesar de un persistente y vehemente antisemitismo.
7. Su preanunciada supervivencia a pesar de su status como minoría dondequiera se haya establecido en el exilio.

El material de este capítulo ha sido adaptado de una presentación altamente recomendable que se llama: “Las Siete Maravillas de la Historia Judía”, ofrecida a través del Seminario Discovery de Aish HaTorah [8]. Las “siete maravillas” resaltan varios puntos importantes. Primero, el hecho de que nuestra historia fuera anunciada en la Torá mucho antes de que ocurriera, es una evidencia más del origen Divino de la Torá. Este punto será tratado más adelante en este capítulo. En segundo lugar, la naturaleza de las predicciones, como lo explicaremos hacia el final de este capítulo, demuestra que la historia ha sido controlada por D´s a fin de que todas las predicciones se hicieran realidad (este tema es el punto fuerte del siguiente capítulo). Tercero, las “siete maravillas” prueban, más allá de toda duda, que el pueblo judío es único y es, por cierto, el Pueblo Elegido de D´s.

Antes de comenzar, deseo encargarme primero de cierto escepticismo natural que pueda estar deslizándose sigilosamente por nuestras mentes. El pequeño escéptico que hay dentro de nosotros, puede estar pensando: “Por supuesto, estas predicciones de los Profetas parecen impresionantes ahora, pero tal vez fueron escritas luego de que los eventos realmente tuvieron lugar. Quién sabe, quizá hubo escritores que falsearon algunas de las profecías”.

En respuesta a ello, uno debe saber que existe una famosa traducción griega de la Torá llamada la Septuaginta, escrita en el año 3515 (245 A.E.C.), 313 años antes de que los romanos destruyeran el Segundo Templo (que fue en el año 3828), y todas las profecías que hemos tratado se refieren al período de tiempo posterior a la destrucción del Segundo Templo. Por lo tanto, aun si hubiéramos querido falsificar las profecías, no habríamos podido hacerlo porque ya se encontraba una traducción en manos de los gentiles desde mucho tiempo antes.

Éste es un punto importante para tener en mente. Todas las lejanas profecías prediciendo el exilio a los cuatro confines del planeta, el milagroso retorno del pueblo judío a su tierra, etc., no pudieron ser arregladas. Una copia de nuestra Torá ha estado todo el tiempo en manos de aquellos que han buscado detractarnos, denigrarnos y aniquilarnos. Ellos jamás se habrían quedado callados acerca de ninguna falsificación de las Escrituras a favor nuestro. Entonces, siga leyendo y asómbrese de las maravillas de la historia judía.

1. LA NACIÓN ETERNA

Algunos de nosotros dan por sentado lo extraordinarias que son realmente estas siete maravillas. Por ejemplo, podríamos pensar que, puesto que todavía estamos funcionando como pueblo en el presente, entonces debe de ser normal sobrevivir a miles de años de exilio y de persecución. En consecuencia, cuando leamos en la Torá sobre cómo el pueblo judío ha de ser una nación eterna, no quedaremos particularmente impresionados. ¡Gran cosa! Pero esa es una forma de pensar equivocada, como pronto lo veremos.

La nación judía es una nación eterna. Nuestra eternidad comenzó con la promesa de D´s a Abraham (Génesis 17:7): “Y estableceré Mi pacto entre Mí y tú y tu descendencia después de ti por las generaciones; será un pacto eterno, para ser para ti D´s, y para tus descendientes después de ti”.

Esta bendición de eternidad fue luego pasada a Isaac, como más tarde le dijera D´s a Abraham (Génesis 21:12): “A través de Isaac es que tus descendientes portarán tu nombre”. Esto, por supuesto, excluyó a Ismael de la bendición de eternidad. Isaac, a su vez, pasó la bendición a Jacob, con exclusión de Esau, cuando le dijo a Jacob (Génesis 28:3-4): “… [D´s} te conceda la bendición de Abraham a ti y a tu descendencia contigo, para que poseas la tierra que dio D´s a Abraham…”.

La bendición de Abraham es el pacto eterno. Es un pacto al que se hace referencia una y otra vez a lo largo de la historia de las Escrituras. Por ejemplo, Isaías (54:10) profetiza: “Pues las montañas podrán moverse y las colinas podrán sacudirse, pero Mi bondad jamás será sacudida, dice D´s Quien tiene compasión”.

Y en Malaquías (3:6): “Porque Yo, D´s, no cambio, y vosotros, oh hijos de Jacob, jamás seréis consumidos”.
Una persona aún podría argumentar: ¿Qué pasa si el pueblo judío no lograra mantener su mérito? ¿Mantendrá D´s Su parte del pacto en ese caso? En respuesta, citamos lo siguiente (Levítico 26:44-45): “Es que ni siquiera por todo eso, cuando estuvieran en la tierra de sus enemigos, Yo no los despreciaré ni los repudiaré para exterminarlos ni para abolir Mi pacto con ellos”.
En Jeremías (5:18): “Pero incluso en esos días [cuando por sus pecados recaigan castigos sobre el pueblo judío], declara D´s, no haré un exterminio completo [de vosotros]”.

El pueblo judío, los herederos de Abraham, puede que tengan que pasar por exilio y persecución, pero D´s promete que jamás los destruirá. ¿Por qué? Por el pacto que concertó con Abraham. Ellos serán eternos, no importa lo que pase. La Torá claramente testimonia que el pueblo judío es elegido para ser la nación eterna.

Además de nuestra Torá, hay mucha evidencia externa que respalda esta reivindicación. Primero, el odio de los gentiles es un indicador. ¿Por qué les molestaría a los gentiles que el pueblo judío alegue ser el Pueblo Elegido? Si se tratara de un reclamo totalmente absurdo ¿les molestaría entonces? Innegablemente, su odio tiene recónditas raíces de envidia pues, bien profundamente, saben que en realidad somos la Nación Elegida.

Otro indicador externo es el hecho de que algunos de los más educados y elocuentes gentiles de la historia reciente, han escrito floridos cumplidos acerca de nosotros. Elogios que jamás nos habríamos atrevido a escribir sobre nosotros mismos, ellos los han escrito. He aquí, entonces un apropiado lugar para citar el famoso artículo de Mark Twain, titulado “Respecto a los judíos “.

Si las estadísticas son correctas, los judíos constituyen sólo el uno por ciento de la raza humana. Esto es equivalente a una nebulosa y tenue partícula de polvo de estrellas perdida en el esplendor de la Vía Láctea. Correspondería, por lógica, que ni se oyera hablar del pueblo judío, pero se oye hablar de él y siempre se ha oído. Es tan prominente en el planeta como cualquier otro pueblo y su importancia comercial está increíblemente fuera de proporción respecto a la pequeñez de su volumen. Su contribución a la lista mundial de grandes nombres en los ámbitos de la literatura, el arte, la música, las finanzas, la medicina y los conocimientos recónditos, también es considerada como fuera de proporción respecto de su reducido número. Ha sabido luchar maravillosamente en este mundo, en todas las épocas y lo ha hecho con las manos atadas. Bien podría vanagloriarse y ser excusado de ello.

Los egipcios, los babilonios y los persas surgieron, llenaron el planeta de sonidos y esplendor y luego se desvanecieron como un sueño y desaparecieron; les sucedieron los griegos y los romanos, quienes también causaron un gran estruendo y desaparecieron; otros pueblos han surgido y llevado alta la antorcha durante un tiempo, mas ésta se consumió y ahora permanecen en el ocaso o se han desvanecido por completo. El judío los vio a todos y los venció a todos y prosigue siendo lo que siempre fue, sin mostrar señales de decadencia, ni achaques de vejez, ni debilitamiento de sus partes ni disminución de sus energías, ni entorpecimiento de su mente activa y dinámica. Todo es mortal menor el judío; todas las demás fuerzas pasan, pero él permanece. ¿Cuál es el secreto de su inmortalidad?

¿Quién debería, alguna vez, oír hablar de los judíos? Esa es una buena pregunta. ¿Sabe usted cuántas naciones tribales existen en África de las que nunca oyó hablar? Hubo y hay innumerables pueblos en África, Asia, el lejano Oriente, el cercano Oriente, Norteamérica, Sudamérica, etc., de los que jamás ha escuchado ni escuchará hablar. Sin embargo, este pequeño pueblo, esta pequeñita nación judía ?entre diez y catorce millones de nosotros? está siempre en las noticias, haciendo oleadas, influyendo en la sociedad.

Se dice que el mundo moderno ha sido modelado por cuatro pensadores fundamentales: Marx, Freud, Einstein y Darwin. Y, como al rabino Motty Berger, quien muchas veces presenta el seminario “Siete Maravillas” para Aish HaTorah, le gusta afirmar: “¡Tres de los cuatro eran judíos… y el cuarto (Darwin) estaba equivocado!”.

A pesar de su escasa cifra (alrededor del 2% de la población mundial hoy), señala Mark Twain, los judíos están siempre ampliamente representados en el comercio, la banca, las empresas, la literatura, la ciencia, el arte, la música, las finanzas, la medicina y los estudios complejos. (Por supuesto, Twain era sólo conciente de los logros de los judíos seculares. Hizo su declaración sin saber del insuperable genio y los logros de Rashi, Maimónides, Najmánides, Abarbanel, Rabi Josef Karo, el Maharal, el Baal Shem Tov, el Gaón de Vilna y otros).

Twain remarca que si un judío fuera vanidoso, nadie lo podría culpar. Las más grandes y más gloriosas naciones e imperios fueron eventualmente arrastrados de la faz del mapa terráqueo. Se han ido pero el judío permanece. Deberíamos estar orgullosos de ser judíos. Deberíamos sentir que: “¡Bien! Imagínese; todavía permanecemos aquí. Verdaderamente somos el Pueblo Elegido”.
Mark Twain no fue el único famoso y respetable no judío que reconoció la grandeza del judío. León Tolstoy, considerado por muchos como el más grande novelista de todos los tiempos, escribió este artículo titulado “¿Qué es un judío?”.

¿Qué es un judío? Esta pregunta no es tan extraña como parece. Veamos qué clase de criatura peculiar es el judío, a quien todos los gobernantes y todas las naciones, juntas y separadamente, han atropellado y molestado, oprimido y perseguido, atrapado y masacrado, quemado y colgado y, a pesar de todo ello, aún sigue vivo. ¿Qué es el judío, que jamás se permitió a sí mismo ser desviado por todas las posesiones terrenales que sus opresores y perseguidores constantemente le han ofrecido para que cambiara su fe y abandonara su propia religión judía?

Al final del artículo, concluye:
El judío es el emblema de la eternidad. Aquel a quien ni las matanzas ni las torturas de miles de años han podido destruir; aquel a quien ni el fuego ni la espada ni la inquisición pudieron borrar de la faz de la tierra; aquel que fue el primero en tener los oráculos de D´s; el que ha sido por tanto tiempo el guardián de la profecía y quien la transmitió al resto del mundo -una nación así no puede ser destruida. El judío es tan imperecedero como la eternidad misma [10].
[..]

Ésta es la eternidad del judío. Hay otros ejemplos, pero el objetivo se ha logrado. Todos concuerdan en que el judío es un pueblo eterno.

1- “…Mi hijo primogénito es Israel”.
2- “…Yo soy D´s, vuestro Señor, Quien os separó de los demás pueblos…. Y series santos para Mí, porque Yo, D´s, santo soy, y os he escogido entre los pueblos para que seáis Míos”.
3- “Y porque amó a tus padres y eligió a su descendencia detrás de ellos…”.
4- “Pues tú eres un pueblo santo [consagrado] para D´s, tu Señor, es que D´s, tu Señor te ha elegido para ser Su pueblo elegido de entre todos los pueblos sobre la faz de la tierra”.
5- “Pero solamente a tus patriarcas ha deseado D´s para amarlos, y eligió a su simiente tras ellos entre todos los pueblos, como el día éste”.
6- “Hijos sois para D´s, vuestro Señor…”.
7- En un diccionario inglés Random House de 1985, bajo la palabra Israel, una de las traducciones que aparece es como sigue: “Grupo de gente considerado como el Pueblo Elegido de D´s”.
8- Aquellos que estén familiarizados con esta presentación de Aish HaTorah, notarán que hemos cambiado el orden de las siete maravillas. Esto se hizo por varias razones, sin embargo, hemos mantenido esencialmente intacta, toda la fuerza de su lectura. Agradecemos el permiso para usar su material en este libro.
9- Este artículo apareció por primera vez en Harper´s magazine, en 1899. Ver también Los Ensayos Completos de Mark Twain (New York: Doubleday, 1963).
10- The Jewish World, Londres, 1908.

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